Ubuntu 11.10, seguimos siendo incompatibles

Voy a comenzar una serie de revisiones de distribuciones Linux sólo y exclusivamente por diversión. Consciente de que no me lee nadie, no me preocupa con estas entradas iniciar ningún tipo de “flame war” de las que tanto gustan – por desgracia – en el mundo del pingüino. Y voy a iniciar esta aventura con la distribución más popular de todas, Ubuntu, desarrollada por la compañía sudafricana Canonical, a la que muchos consideran la Microsoft (puede que incluso la Apple) de Linux.

Vaya por delante una información que considero esencial: qué hardware uso y para qué lo uso. No es lo mismo emplear el ordenador para, digamos por ejemplo, compilar intensivamente programas o editar vídeos que para navegar por Internet y escuchar música. Dispongo de un Pentium IV (un sólo núcleo) a 2.8 Ghz, 768 Mb de RAM y una gráfica integrada en la placa modelo Intel 82865G. Sencillamente, menos especificaciones es difícil reunir hoy día. La marca es hp. Cuento con dos discos duros SATA, el primero de ellos con 4 particiones: Windows XP, mi adorado Arch con KDE, swap y la partición de pruebas. El segundo disco, formateado por comodidad con NTFS – ya que Linux lee estas particiones de Windows, pero no al revés – es exclusivamente para los datos (documentos, imágenes, música, vídeos, dropbox, descargas). El uso que hago del ordenador no es para nada exigente:

  • Navegar, incluyendo sitios con flash, youtube, juegos sencillos online (Trophy Manager es mi preferido).
  • Ver vídeos, algunos de ellos en alta definición.
  • Escuchar música, principalmente con auriculares, de diversos estilos, predominando el rock y el punk.
  • Redactar documentos ocasionalmente, pdf sobre todo y usar hoja de cálculo de modo no profesional. Ver alguna que otra presentación “powerpoint” también.
  • Ver y clasificar fotografías, a veces editarlas.

Pues vamos allá. Descargo la iso de la versión 11.10, Oneiric Ocelot, de Ubuntu. Para grabarla en el pendrive utilizo la estupenda y versátil unetbootin corriendo bajo Arch. Al iniciar el ordenador con el pendrive aparece el logo de Ubuntu y, sin más dilación, el escritorio live. No soy aficionado a trastear demasiado con la sesión live, considero que no te va a dar una idea exacta de cómo funcionará el equipo, por lo tanto opto por la instalación. Esta transcurre sin problemas, excepto una gran demora en la descarga de paquetes – Ubuntu viene sin soporte para los codecs privativos de entrada, pero te permite instalarlos junto con el resto del sistema con solo clicar una opción.

La demora supongo que se debe a que el servidor para España se encuentra saturado estos días, la típica “fiebre Ubuntu” que sigue a cada lanzamiento de la distribución de Canonical. Nada que, una vez instalado, no se pueda solucionar haciendo un “mirror rank” y migrando a otro servidor. La primera impresión, nada más iniciar, es la de estar ante algo conocido. Ubuntu sigue fiel a su esquema de colores, sus fuentes tipográficas y al uso de la shell Unity bajo Gnome 3. No es mi opción preferida, pero no luce mal.

El “dash” de Unity me parece una utilidad bastante destacable. Se trata de un botón que da acceso a un buscador de archivos y aplicaciones – instaladas e incluso sin instalar – con rapidez y precisión. Me recuerda al concepto de “Run everything” que existe en los escritorios de la saga E17. Interesante concepto. A destacar también el centro de software de Ubuntu, utilidad que mejora con cada nuevo lanzamiento y que es imprescindible para aquellos que tienen pánico a la consola para instalar programas.

No me gusta, sin embargo, la práctica ausencia de posibilidades de configuración del escritorio. Sin instalar utilidades de terceros no se puede pasar de un simple cambio de fondo de pantalla. No existe el salvapantallas, no hay applets para la barra de tareas, ni siquiera el tan extendido applet meteorológico está disponible de entrada. Demasiada sencillez para mi gusto.

Veamos, punto por punto, como se adapta Ubuntu 11.10 a mis necesidades como usuario del ordenador:

  • La navegación resulta fluida, si bien se “atranca” un poco en algunas páginas muy cargadas de contenido, lógico tratándose de un equipo con pocos recursos. Es necesario instalar el paquete “ubuntu-restricted-extras” del repositorio oficial o su alternativa en el repositorio de medibuntu, llamada “non-free-codecs“, para disfrutar de flash en la web. La experiencia de navegación no está mal, pero no es tan fluida como en Arch o Windows. Le doy un 4 sobre 5.
  • En la reproducción de vídeo es donde más me falla esta Ubuntu. Los vídeos en HD se ven con excesiva saturación – problema que solucioné en Arch y que en Ubuntu no he conseguido arreglar con el xorg.conf – y, para colmo, muy entrecortados. Sé que el procesador no es bueno, pero a Arch no parece importarle y a Ubuntu sí. Un 1 sobre 5.
  • Para escuchar música no he tenido problemas. Buen sonido, pulseaudio cumple bastante bien y el reproductor elegido por defecto, Banshee, sin llegar a ser Amarok o Clementine es muy funcional y estéticamente agradable. 5 sobre 5.
  • En ofimática viene instalado Libreoffice, está bien integrado con el aspecto global de la distribución y se ejecutan sin problemas las aplicaciones. 5 sobre 5.
  • El programa elegido para clasificar fotografías es Shotwell, mi preferido dentro del mundo del software libre. Cumple su función perfectamente. A la hora de editar se echa en falta Gimp, nada que no se pueda arreglar desde el centro de software. 4 sobre 5.

Para completar la puntuación hasta 10, veamos una serie de puntos que para mí también son importantes en una distribución:

  • Reconoce la impresora directamente (+0’5) y el escáner (+0’5). La primera es una Epson Stylus Color 685 y el segundo un Epson Perfection 640U. Sí, son del año de la pera, 2001 concretamente.
  • Reconoce la webcam (+1). Se trata de una Hercules Dualpix Exchange que apenas uso, si acaso alguna videoconferencia en Skype.
  • Reconoce otros sistemas operativos al instalar (+1). Sin problemas para el reconocimiento de Arch Linux y Windows XP.
  • Hay disponibilidad de software en los repositorios, en concreto los que uso de vez en cuando: Vagalume (un cliente de Last.fm), Skype (archiconocido programa de videoconferencias), jDownloader (gestor de descargas), Google Earth (programa de visión desde satélite de todos los rincones de nuestro planeta) y Dropbox (solución de almacenamiento en la nube). Todos están disponibles en los repos (+1).
  • Ausencia de cuelgues, aquí falla. Cada vez que entraba en modo de suspensión, el procesador se disparaba a 100% y el equipo se colgaba. Un 0 en este apartado, vaya usted a saber por qué ocurre esto, ni tiempo ni ganas de averiguarlo, la verdad.

Esto hace una nota de 7’8 sobre 10 para Ubuntu Oneiric, insisto, aplicado a mi hardware y a mi caso particular. Habrá usuarios para los que será la distribución perfecta y otros que ni siquiera optarán por probarla. Digamos que, a modo general, me parece una distribución cuidada y orientada a los usuarios menos expertos – nada nuevo, por otra parte – y que ahora, además, se orienta a los menos exigentes en cuanto a personalización se refiere. No soy una cosa ni la otra, por lo que, como apuntaba en el título, Ubuntu sigue sin ser para mí.

Utopías de nuestro tiempo

El pasado sábado tuvieron lugar gran cantidad de manifestaciones por todo el mundo al hilo de lo que se ha llamado aquí en España el movimiento 15-M. El descontento “generalizado” abarca a muchos miles de personas, pero son muchos millones más los que no se sienten identificados con él.

Yo me encuentro entre dos aguas, comparto la gran mayoría de las reivindicaciones de este movimiento, de esta especie de utopía moderna, al igual que puedo entender que mucha gente esté hastiada de este sistema capitalista salvaje, donde prima el beneficio de unos pocos por encima del bienestar de muchos. Nos fueron envolviendo en una manta de consumismo imparable y ya no sabemos ni dónde estamos. Quizás sí sabemos dónde nos gustaría estar pero, ¿sabemos cómo llegar allí?

Soy de la extrema opinión de que los cambios profundos son siempre traumáticos. En el sentido literal de la palabra. Pocas cosas se consiguieron en la Historia de la Humanidad sin mediar cruentas guerras o revueltas civiles. Y hoy en día no vamos a ser la excepción. Desbancar de sus posiciones de privilegio a políticos, ricachones sin escrúpulos y demás causantes de la sociedad de mierda actual no se va a conseguir con manifestaciones, ya se hagan 2 o 1.000.

Como me considero civilizado no voy a abogar por eso. La variante que, solo tal vez, podría acercarnos a la utopía tendría que venir desde dentro. El cambio de sistema que no pase por unirse a él para intentar cambiarlo no va a conducirnos a nada. Sin embargo, el movimiento 15-M insiste una y otra vez en que son apolíticos y no pretenden fundar un partido. Entonces, ¿de qué sirve todo esto? Hacer manifiestos, idearios y demás se queda en un brindis al sol, una voz en el desierto, ¿o acaso pensamos que el sistema actual, retroalimentado por nosotros mismos, va a decidir cambiar? Es más, ¿quién o qué debe cambiar?

Son las cosas que echo de menos en el 15-M. Apoyo la mayoría de consignas, pero no entiendo que no se tome una decisión sobre dónde se debe posicionar el movimiento, aunque esta posición sea a la izquierda. O revuelta, con todas sus consecuencias, o partido político que cambie la forma de hacer las cosas. Medias tintas no valen para nada.

El KDE perfecto con Arch Linux

Siguiendo con mis habituales inquietudes en el mundo Linux no me parecía suficiente con haber instalado y configurado un Arch con XFCE en mi máquina del pleistoceno, la cual, para colmo, había perdido memoria por un fallo en uno de los módulos RAM, quedando en 768 Mb para un Pentium IV a 2’8 Ghz.

Por alguna razón XFCE no me termina de llenar del todo. Es un buen escritorio, es liviano y cada vez tiene más y mejores opciones de configuración, pero echaba en falta algo. Como quiera que Gnome está ahora en pañales con su versión 3, nada que ver con la estabilidad de antaño y mucho menos con los requerimientos mínimos, decidí darle otra oportunidad a KDE.

Mis instalaciones anteriores de distros con este escritorio me habían dejado siempre un regusto amargo. A excepción, quizás, de la última con OpenSuse 11.4, que se complementa muy bien con KDE aunque de nuevo me echó para atrás el sistema de paquetes – no me gustan los RPM, qué le vamos a hacer.

La instalación de Arch, una vez más, fue como la seda. Ningún problema grave, algunos leves que la wiki se encarga de solucionar. Una vez andando KDE lo primero, esto es esencial, es desactivar Strigi y Nepomuk. Yo no sé si alguien usa estas cosas, pero desde luego son devoradores de recursos. Lo de indexar archivos no me parece útil, prefiero organizarme yo mismo y saber siempre dónde encontrar cada cosa, con lo cual, una vez deshabilitados ambos servicios, KDE va perfecto.

Quizás el problema que más quebraderos de cabeza me ha dado ha sido la configuración de vídeo. Por supuesto, compiz no es una opción en mi sistema, aparte de que no le veo utilidad más allá del consumo innecesario de recursos. Aún sin compiz, ciertos vídeos, en concreto los grabados en HD, se veían con una saturación excesiva, con los colores muy brillantes, usando VLC. Si cambiaba la salida de vídeo a XCB, los colores se arreglaban pero la reproducción se hacía lenta y a saltos.

La solución, de nuevo, estaba en la wiki de Arch. Concretamente en la entrada dedicada al driver de intel. La simple adición de la instrucción “SwapbuffersWait” “false” en mi xorg.conf resolvió el problema.

Y poco más, con unas cuantas horas de configuración, iconos faenza, paquetes de estilo qt para aplicaciones gtk y demás, el resultado es este:

Consume apenas 250 Mb de RAM en idle, un muy buen resultado para todo lo que ofrece, tanto en productividad como visualmente. Estoy en la versión 4.6 de KDE, más a gusto que un cochino en un charco, y de aquí – y esta es la definitiva, de verdad – no me muevo. Dejo para otra entrada mis experimentos con las distros más populares y por qué no son una opción para mi.

Después de todo estoy convencido de que hay una distribución ideal, no ya para cada persona, sino para cada hardware. Arch con KDE es la mía.