Presento mis disculpas y cábalas sobre el Distrohopping

Artículo escrito por Vicente Seguí para este blog. La autoría no es de Enrique Bravo, cuyo nombre figura por error al traspasar el blog a un nuevo alojamiento.

Lo cierto es que no podía titular esta entrada de otra manera. Antes que nada y para empezar, me gustaría pediros perdón, y expresaros que no era mi intención.
Hace unos meses, cuando presenté mi solicitud de colaboración a shadow, de verdad pensaba y tenía ganas de hacer cosas, pero el tiempo y mi situación personal hacen que tenga poco tiempo que dedicarle al análisis de distros, incluso llegué a hacer uno. Pero el tiempo pasaba, y mi enfermedad de distro hopping disminuía, ¿por qué?, simple, el tiempo.
Hubo un momento en el que me sentí muy agobiado, deseaba probar nuevas distros, pero al mismo tiempo también tenía cosas importantes que hacer en mi vida, que había dejado de lado “gracias” al distro hopping.

Pero… ¿por qué se vuelve uno distro hopper? 

Después de mucho cavilar, he llegado a la conclusión de que el distro hopping funciona como una adicción. Exactamente igual.
Al principio, se hace de vez en cuando, el miedo a lo nuevo, el “gusanillo” de probar, el reto personal de “este problema lo soluciono yo”. La siguiente fase es la fase de “resolución de problemas”; de repente, te falta un paquete ABSOLUTAMENTE IMPRESCINDIBLE -¿o no lo es tanto?- para tu supervivencia en la vida digital, un programa que está para Arch pero no para Ubuntu, o bien para Ubuntu pero no para Opensuse. Quizás un paquete que sí funciona en Ubuntu 10.04 pero no en Debian… Es en esta fase donde se fragua la adicción, donde adquiere sus raíces, de las que luego te va a costar mucho mucho soltarte.
Finalmente está la fase de “versionitis”. Una vez ya estás enganchado, una vez ya sabes formatear las particiones de tu ordenador mejor que freír un huevo, llegas aquí. La NUEVA versión de Gnome-shell, la NUEVA versión de Unity, o la versión menor del NUEVO KDE…
No voy a entrar en detalles de como el concepto “Novedad” afecta a nuestro cerebro y a nuestro comportamiento. Para la muestra un botón: estoy seguro de que todos los que lean esto, en algún momento de su vida habrán comprado algo (normalmente un gadget tecnológico) porque no podían esperar, y tiempo después se han arrepentido de su compra, descubriendo que, si hubiesen sido capaces de esperar un poco, hubiesen ahorrado un buen dinero (o comprado un producto mejor a un precio similar).
Finalmente, hay una razón oculta, más “meta” en mi opinión (más profunda), que al mismo tiempo es muy sencilla. Simplemente, el entorno no nos da lo que a nosotros nos gusta, por eso andamos saltando de distro en distro.
Algo similar pasa con el distro hopping, pero con un agravante. Es gratis.
Quiero aclarar una cosa antes que nada. Las tres primeras fases descritas arriba forman parte del impulso, de la parte irracional del comportamiento humano. La última forma parte del comportamiento racional -un argumento lógico- que en muchas ocasiones hará las veces de verdad, pero también de autoengaño para autotranquilizarnos a nosotros mismos, a sabiendas de que el comportamiento que seguimos no es del todo normal.
Que conste que estoy dando la explicación desde el punto de vista patológico del distro hopping. Es muy posible y probable que haya personas a las cuales esta conducta no les cause ninguna molestia ni quebradero de cabeza, simplemente sea un hobby o incluso su trabajo. Nada de que preocuparse entonces.
Pero yo he venido a aquí a hablar de mi libro :-D. Resultaba que para mi el distro hopping SÍ era un problema. No soy informático, y tengo más cosas en la vida, y para ser franco, estaba bastante cansado de tener que andar arreglando cosas a través de las distros en linux.
Creo que principalmente fue la fatiga la que hizo que replanteara las cosas. Hablando en términos psicológicos, creo que sufrí burnout (o síndrome de estar quemado). Sí, estaba quemado de no tener estabilidad, de andar con problemas. Llegó un día en que, sentado frente al ordenador, le dije:
– Sólo quiero que funcione todo correctamente ¿es mucho pedir?
Y así se activó un clic en mi cabeza, tenía que hacer algo. Y eso hice…
Como he dicho anteriormente, el argumento lógico utilizado es que no había una distro que me diera todo lo que yo quería, y no existía esa distro porque yo LO QUERÍA TODO. Quería que Unity se pareciese a Gnome-shell, quería que Gnome-shell tuviese cosas de KDE, quería que Ubuntu fuese Debian, y Debian, Ubuntu. Quería utilizar los mismos programas en todas las distros, y eso, simplemente no podía ser. No puedo tener un K3b con apariencia perfecta Gnome, no puedo hacer que Banshee tenga las mismas opciones que Amarok y a su vez sea ligero como Audacious. Por lo tanto sólo quedaba un camino, el fin del distro hopping pasaba por tener MUY CLARO, cómo iba a trabajar con mi ordenador y qué es lo que necesitaba y no necesitaba de él. ¿Para qué quiero dos programas de ripear DVD si ya nunca voy al videoclub? ¿Para qué quiero programas conversores de formatos si todos mis dispositivos leen todos los formatos?
Así pues, esa fue la solución. Definir YO MISMO como quería que fuese mi experiencia de usuario, y luego, buscar la distro que más se aproximase a ello. No dejarme llevar por el “NUEVO”, sino por “¿yo necesito esto?” -este es mi consejo-.
Y llegué a conclusiones. Y encontré una distro. Ya no salto de distro en distro, pero sigo siendo parte de Linux. Así pues, con permiso de shadow, quiero deciros que no voy a realizar más análisis de distros, no al menos como comúnmente los vemos. Me gustaría que a partir de ahora, mis publicaciones fuesen más “experiencias” en Linux (como por ejemplo, mi opinión de Unity, ¿qué se entiende por productividad?, “bondades y defectos de Opera en Linux”) en vez de análisis per se de diferentes distros.
Por supuesto, siempre a disposición del beneplácito de shadow y de vosotros, claro. Si no contase con este, simplemente seré como era antes, un lector encantado de haber descubierto este blog y a sus seguidores.
P.D.: Muchas gracias por leerme, sé que puede haber quedado un poco tostón, pero tenía ganas de expresar lo que sentía.