Confesiones de un distrohopper II

Creo que antes de ser distrohopper fui un “softwarehopper”. Cuando Linux era un mundo desconocido para mí, en los tiempos en que Internet se limitaba al IRC y el TIN en un centro de cálculo de una facultad, la compulsión de probar cosas nuevas se centraba en Windows y su mundo infinito de programas. Ya fuera shareware, abandonware, freeware o directamente “pirataware” pasaba muchas horas de mi tiempo libre descubriendo todo aquello. Eran años en los que, efectivamente, tenía horas de asueto.

Digamos que hace más de quince años de todo eso. El imberbe que aporreaba teclas en casa y en la Facultad de Informática y Estadística ya peina canas y no es Informático. Desde que, en su forma ubuntera, Linux entrara en mi vida allá por 2007 se podría decir que he dedicado muchísimas horas a aprender, a ayudar y a probar distribuciones. Demasiadas, me temo. El blog está a punto de cumplir un año y, sinceramente, todo esto pesa. Me pesa a mí, consciente de que andar siempre de distro en distro, ya sea por gusto, compulsión o para tener material sobre el que escribir me crea un sentimiento desagradable. Lo apuntaba visesen en su excelente reflexión sobre esta enfermedad y es totalmente cierto: cuando te sientes agobiado, esclavizado por Linux, hasta el punto de que deja de ser divertido… es el momento de cambiar.

El problema alcanza tal magnitud que, habiendo adquirido un nuevo equipo hace algunos meses ya calculo que he debido pasar el 95 porciento del tiempo empleado en él probando distribuciones. Cambiando, configurando, trabajando a cambio de nada. Es la sumisión de la persona al ordenador y no al revés. El sistema operativo como fin, no como medio. Estaremos de acuerdo en que algo falla en esta actitud, los sistemas nos permiten usar el ordenador, pero si es el sistema lo único en lo que se fundamenta dicho uso, mal vamos.

Pongamos todo esto en perspectiva analizando solo los últimos meses de distrohopping. Estaba establecido por fin en Arch Linux, como escribía en este artículo de marzo. Un mes después, el sistema se rompe, lo que me lleva a saltar a Chakra. Entonces ya empezaba a vislumbrar un problema en tanto cambio de distribución, de modo que intenté implicarme todo lo posible con la distro y su filosofía (que nunca he compartido, para qué engañarnos) de centrarse en KDE y dejar de lado todo lo que huela a gtk. A continuación irrumpe con fuerza en el panorama linux la distro de Ikey Doherty, SolusOS, que me trae todo lo que estaba echando en falta en Chakra. Y vuelta a saltar…

Decido entonces escribir una primera parte de estas confesiones, agobiado ya por el hecho de tener que elegir entre Chakra y SolusOS. Agobiado, lo leo y no lo creo… pero así era. Vuelvo entonces a Arch, la distro en la que todo funciona siempre a cambio de unas horas de configuración. Unas semanas después, poniendo a mi cuñado como excusa, retorno a Chakra. No había problemas reales con Arch, esto es un salto compulsivo de manual. Entra entonces en escena una revisión de una excelente distro, LMDE, que de nuevo sirve como refugio para escapar de aquello que nunca me ha gustado de Chakra. Y así se inicia de nuevo el bucle infinito del que no puedo salir.

Si a estas alturas del tocho sigues leyendo, te doy las gracias. Continúo, pues. Se obra finalmente el “clic” mental del que hablaba visesen en su artículo, el ser consciente de que esto es una adicción como cualquier otra y que hay que acabar con ella. Cortar por lo sano, sin medias tintas, como haría si alguna vez hubiera fumado y lo fuese a dejar. Visesen eligió Ubuntu, yo elijo Arch. Sin alternativas, es Arch Linux o Windows 7, no hay más. No me ha costado más de un día volver a aquel escritorio donde todo funcionaba bien, mejorado incluso gracias a systemd. Y, en caso de futuros problemas, en tanto los arreglo recurriré al sistema de Microsoft.

Hasta ese punto ha llegado mi necesidad de acabar con esto, hasta volver a instalar Windows en el equipo. Pero así debe ser, tengo 35 años, un trabajo, una familia y responsabilidades. Y, qué demonios, sentirse mal por un comportamiento anómalo no es una de ellas. Supongo que comprenderán, los pocos pero fieles lectores de este blog, que las revisiones se han terminado. Os pido disculpas si era eso lo que os mantenía por aquí pero a partir de ahora pienso seguir la línea de artículos sobre Linux en general o sobre Arch Linux en particular. Esto no es óbice para seguir recomendando una serie de distros, pero para mí no existe más Linux que Arch desde este momento. El seguir revisando otras distribuciones se me antoja como llevar un bar cuando se es alcohólico (y que nadie se moleste, no estoy comparando una adicción tan grave con mis tonterías de ordenadores, es solo un ejemplo).

Gracias por aguantarme, una vez más. Un saludo.