Fuduntu 2013.01: Gnome 2 sigue vivo

Aunque estoy al corriente de la salida de una nueva iso de Fuduntu hace apenas un par de días no voy a dejar de compartir mi experiencia con el lanzamiento anterior de la distro, teniendo en cuenta su carácter “rolling release” no existe diferencia alguna entre dicha versión actualizada y la que acaban de publicar los desarrolladores. Digamos que es un artículo que tenía pendiente de escribir y se alargó demasiado en el tintero por mis conocidos problemas que no volveré a comentar, no sea que me sigan “satanizando” por ser un mal usuario de Arch a los ojos de aquellos que dictan lo que está bien y está mal en cada distro, también conocidos como “fanboys”. Arch se fue, Manjaro llegó. Fin de la cuestión y vamos a hablar de Fuduntu.

No salió bien parada la última revisión que hice, hace más de un año, de esta distribución cuyos orígenes se remontan a un “fork” de Fedora pero que actualmente es algo completamente independiente del sombrero azul. Entonces fue una cosa, hoy es otra muy distinta, como veremos a continuación. Fuduntu es una de las contadas distros que siguen permitiendo al usuario disfrutar de aquella maravilla de escritorio que fue Gnome 2. Y, a tenor de lo experimentado, sus desarrolladores consiguen que esta versión del escritorio de la huella, lejos de estar muerta continúe vivita y coleando. Empecemos:

Instalación
De entrada Fuduntu nos deleita con un cuidado aspecto y una atención a los detalles que enamora visualmente. Mantienen, con buen criterio, el antiguo instalador de Fedora que además podemos poner en nuestro idioma con solo pulsar la tecla F2 en la pantalla de inicio del escritorio en vivo. Este instalador es, por mucho, más intuitivo que el actual, el cual tuvimos ocasión de probar durante el mes de uso de Fedora 18. Si adolece de algo es de la posibilidad de montaje de unidades NTFS o FAT (las de Windows) de inicio, provocando que deba ser el usuario quien haga esto manualmente por medio de su correspondiente línea en el archivo fstab.

Tras cinco escasos minutos de copia de archivos y un reinicio que demuestra que este Grub sí merece la pena nos encontramos en un bonito escritorio, que combina bien los colores claros con los omnipresentes iconos Faenza y un panel inferior, Cairo Dock, aparente y sencillo que no desentona para nada en el conjunto. Si a esto sumamos la presencia de Compiz, activado y con sus efectos principales funcionando a todo gas, pues tenemos miel sobre hojuelas. Una gozada comprobar como se puede conseguir que Gnome 2 siga pareciendo actual con unos cuantos (precisos) toques aquí y allá.

Como en toda distribución, más aún en las de marcado carácter “rolling release” como ésta, lo primero es lo primero: actualizar el sistema. Recomiendo, sin embargo, esperar unos minutos para hacerlo, de manera que no ocurra lo que a mí: intenté actualizar con el gestor de programas mientras un proceso en segundo plano trataba de obtener la lista de paquetes nuevos. El resultado fue un galimatías del que no me fue sencillo salir, la verdad. Por lo tanto, esperamos unos minutos que podemos aprovechar para descubrir los programas que Fuduntu nos trae por defecto, para luego abrir un terminal y escribir:

beesu yum update

El comando de arriba es la versión Fuduntu del extendido “sudo”. Yum, gestor de paquetes de cabecera en Fedora, hará el resto. Tras reiniciar podemos optar por instalar los controladores propietarios de nuestros respectivos dispositivos que así lo requieran. En mi caso, mediante el uso de Jockey, fue sencillo y rápido contar con los Catalyst para mi APU A8. Comprobaremos (con estupor, al menos yo) como nuestro kernel se actualiza a la versión 3.8.3-3 nada menos, algo que certifica lo actual del software y de los componentes principales del sistema que podremos disfrutar si usamos Fuduntu.

Navegación
Es el caso del navegador web, que no es otro que Chromium, versión 25. En Fuduntu tenemos preinstalados todos los extras que facilitan la vida al usuario, como los códecs multimedia, flash o Java. No es por tanto de extrañar que Chromium funcione muy bien ya desde el inicio.

Vídeos y música
Tenemos VLC como reproductor multimedia y ello incluye también los archivos de audio. Para ambos menesteres sirve sin dificultades de por medio, pero si preferimos un programa dedicado exclusivamente a la reproducción y organización de colecciones musicales, tenemos donde elegir. Mi preferido sigue siendo Clementine, instalado sin consecuencias y en su última versión disponible.

Ofimática
Un ejemplo más del carácter “a la última” de esta distro es la inclusión de la versión 4 de Libreoffice. El soporte para idioma español tenemos que instalarlo por nuestra cuenta, nada complicado si hacemos uso del gestor de programas, donde lo encontramos.

Fotografía e imágenes
Mis programas favoritos para estas actividades son los mismos escogidos por los desarrolladores de Fuduntu (estadounidenses, por cierto, con Andrew Wyatt a la cabeza). Gimp y Shotwell adornan nuestro escritorio desde el momento de la instalación.

Gestor de programas
El socorrido y ampliamente empleado gpk-application es el encargado del manejo gráfico de paquetes, es decir, la instalación y desinstalación de programas. Incluye un avisador de la presencia de actualizaciones en la barra de tareas.

Reconocimiento de hardware
En el caso de la impresora bastó encenderla para que se configurase y pudiera elegirla como dispositivo. No se muestra, sin embargo, ninguna notificación de dicho proceso, que transcurre de modo silente para el usuario. La webcam también funciona “de serie”, mientras que para que el escáner echase a andar tuve que recurrir a la instalación del paquete “sane-backends-drivers-scanners”, que no está instalado desde un principio y sin el cual el sistema no era capaz de identificar mi Epson Perfection.

Navegador de archivos
La versión ligera de Nautilus, el conocido Nautilus Elementary, hace las veces de navegador de ficheros y carpetas en Fuduntu. Como en otras ocasiones, con distintos sistemas y navegadores, mi pendrive grabado con el comando “dd” no es reconocido por Fuduntu, cosa que no sucede con el resto de dispositivos (disco duro externo USB y tarjeta de memoria SD). Respecto a la compartición de archivos con mi equipo Windows tuve que recurrir a la wiki de Fuduntu para lograr activar dicha característica. En el referido artículo se señala la necesidad de instalar los correspondientes paquetes de samba y cómo detectar si el proceso está activo. Nada se dice, sin embargo, de qué hacer cuando el comando que indican nos pone sobre aviso de que samba no se está ejecutando. Pues ya lo digo yo, que lo averigüé Google mediante:

beesu service smb start

Luego habrá que configurar el cortafuegos para que deje pasar al protocolo usado por samba (muy sencillo, basta abrir la utilidad Cortafuegos en el menú de Sistema).

Gestor de arranque
Si bien Grub reconoció Arch Linux y Windows 7 sin mediar mi intervención, en caso de que no sea así y nos veamos obligados a editar el fichero de configuración del gestor de arranque no nos quedará más remedio que hacerlo manualmente. No conseguí encontrar en los repositorios Startupmanager y, en lo referente a Grub Customizer, traté de usar una versión para Fedora que, pese a instalarse aparentemente sin problemas no fui capaz de siquiera iniciar. Lo cual es lógico, pues al igual que sucede con Arch y Chakra, Fedora y Fuduntu ya no comparten casi nada de lo que compartían en un principio.

Estabilidad y suspensión a RAM
Nos encontramos ante una “rolling release” que, pese a ostentar dicha etiqueta frecuentemente asociada a inestabilidad, es una roca. Montada en torno a un escritorio tan consolidado como Gnome 2 (al que hay quien compara con Windows XP, como en alguna ocasión he comentado, por su falta de vigencia) tendremos un kernel muy actual. Esta combinación se demuestra, al menos en Fuduntu, como referente de solidez.

Ciclo de desarrollo
Mientras sigamos haciendo actualizaciones contaremos con la última versión de la distro instalada. Ello no es óbice para que, cada tres meses, se publique una iso con los nuevos paquetes para quienes prefieran la instalación limpia o no cuenten con conexión permanente a la red.

Rendimiento gráfico
Se podría decir que el excepcional desempeño gráfico de Fuduntu es toda una sorpresa, pero no es del todo así. Siempre he considerado a Compiz como un gestor de ventanas muy bueno a la sombra del cual he obtenido los mejores resultados con pruebas livianas y poco concluyentes como glxgears. Pues bien, puedo afirmar con el respaldo de un test exigente (Unigine Valley) que Fuduntu logra los mejores resultados de entre las distribuciones analizadas hasta ahora, con una puntuación de 445. La guinda del pastel, pues.

Fuduntu debería, en mi opinión, ir abandonando esa coletilla de “nombre cachondo, distro seria”. El nombre es lo de menos, lo que está fuera de toda duda es el carácter ya no serio, sino profesional de una distribución que sigue apostando, contra viento y marea, por Gnome 2. Se va quedando sola en esta batalla (se me ocurre CentOS, únicamente) pues el resto de las nostálgicas se refugian en MATE, como mucho. Carezco de los fundamentos suficientes para catalogar esta decisión continuista de acertada o errónea, supongo que conforme pase el tiempo será más complicado lograr la cohesión de los nuevos elementos (kernel o paquetes del servidor gráfico) con los antiguos que, prácticamente, ya no reciben actualizaciones.

Pero hoy por hoy es una gozada esta Fuduntu, auna un sabor añejo con una sensación de marcada actualidad que me encanta. El pasado no siempre fue mejor, aunque en el caso de Gnome yo tengo claro que sí. Para los que prefieren estar a la última en todos los aspectos puede que Gnome 2 sea ya antediluviano, en cuyo caso no tiene sentido dar una oportunidad a Fuduntu. Para mi gusto es una combinación que, de momento, funciona y muy bien. Al igual que lo hacía con Cinnamon en una entrada anterior, me reconcilio aquí con Fuduntu y felicito a sus desarrolladores por el gran trabajo realizado. Gran distribución, 9’20 en nuestra escala de valoración.

Arch, ATI y yo: lo imposible

No hay nada como volver a Arch Linux para que este vuestro blog pase de publicar artículos sobre revisiones de distros a llenarse de otro tipo de escritos, poblados de lamentos y maldiciones en arameo que, para qué vamos a engañarnos, son más divertidos de redactar y casi siempre acaban igual: con salto de distribución de quien suscribe. No tengo remedio, Arch vuelve a mi disco duro una y otra vez, siempre parece que será para quedarse, pero por maś empeño que pongo en que ello suceda, mi equipo, mi torpeza o falta de tiempo y el carácter “bleeding edge” de Arch, no sé si en este orden, acaban por dar al traste con la relación.

Hace apenas un mes instalaba Arch con KDE por enésima vez. A los pocos días llegaba la actualización del paquete xorg-server que rompía la compatibilidad con los controladores propietarios de ATI/AMD Catalyst, lo cual me obligaba a utilizar un repositorio de Vi0l0 para retener las antiguas versiones de xorg en el sistema. Hasta aquí, cero problemas, si acaso la leve molestia de tener que hacer esta especie de actualización parcial, que ya de por sí indican los desarrolladores de Arch que no es buena idea. Pero, insisto, todo parecía ir bien.

Al cabo de otros pocos días llegaba una actualización del kernel que no hacía saltar el recompilador automático de los controladores Catalyst que se suponía instalado. A base de googlear pude deducir que las últimas actualizaciones de systemd habían hecho incompatible a este paquete con el paradigma actual, de modo que tocaba compilar de modo manual o instalar otro script (catalyst-generator) que hiciera el trabajo. Como se puede observar, se van añadiendo pequeños inconvenientes que comienzan a pesar en el ánimo del usuario, en este caso en el mío, que no siempre me encuentro predispuesto y con ganas para andar con este tipo de averiguaciones.

Tras instalar el nuevo kernel, los efectos de KDE dejaron de funcionar y las ventanas se volvieron “pesadas” de arrastrar. Bastó recompilar el módulo fglrx con el susodicho script para que todo volviera a la normalidad. Así llegamos al día de hoy, cuando el nuevo kernel de Arch 3.8.6-1 aterriza en mi sistema. Se repite el mismo comportamiento, mas la solución otrora válida se presenta como inútil en esta oportunidad. Con gran pesar decido volver a los controladores libres, para lo cual sigo paso por paso lo que la wiki de Arch indica. Insistiré en lo de paso por paso, pues hay quien esgrime que cualquiera que sepa leer puede lidiar sin problemas con una instalación de Arch. El sistema, tras una escrupulosa instalación de los controladores libres previa eliminación absoluta de los propietarios, me lleva, una vez más, a una pantalla en negro.

¿Cuántas veces mi Arch se ha convertido en esto?

Al contrario de lo que a veces pueda parecer tengo una vida (familia, trabajo, problemas) y el límite de la paciencia no siempre tan alto. Firmo, también por enésima vez, mi separación de Arch Linux. Visto lo visto, tendrá que ser con orden de alejamiento…

Saltar de nuevo, pero ¿adónde?
He rodado tanto por el mundo Linux, ora por diversión, ora por obligación, que estoy realmente exhausto. Mi primer reflejo ha sido regresar a Chakra, aun sabiendo que impone unas limitaciones que invariablemente terminan por resultarme insoportables. Pero a pesar de haber estado usando Arch no he dejado de seguir a la comunidad de la distro, estoy al tanto de que atraviesa por momentos delicados (dos de sus referentes principales han abandonado el barco por discrepancias en torno a ciertas cuestiones) y, si bien no voy a hacer apología del desastre porque no es para tanto, no me apetece volver ahora.

Cuando se es, como dicen por mi tierra, “culo de mal asiento”, y creo que está perfectamente demostrado que lo soy en cuanto a distribuciones Linux, la única forma de intentar quedarse por algún tiempo en una distro concreta tiene que ser, por fuerza, tratando de crear lazos con la comunidad que la desarrolla o soporta. Lo intenté en su día en SolusOS, lo intenté y creo que medianamente lo conseguí en Chakra. En Arch, sin embargo, por más que regreso jamás encuentro sus foros acogedores, la gran mayoría de lo que allí se discute es de un nivel técnico que me sobrepasa. En otras palabras, mucha gente usando gestores de ventanas de nombres impronunciables que son muy útiles para entornos de desarrollo y programación, pero poco, muy poco, referente al usuario doméstico. Y alguna que otra salida de tono, fruto de lo reiterativo de respoder preguntas que hallan su respuesta en la wiki que no todo el mundo se preocupa de revisar. Es una opinión personal, ojo, que espero que no moleste a nadie. Simplemente, no me identifico.

Refugiándome en Manjaro Linux
Si existe hoy un día una comunidad pujante e ilusionada con el futuro de su proyecto conjunto no cabe duda que ésa es la que arropa a Manjaro. Un “Arch para seres humanos”, parafraseando el famoso eslógan de Ubuntu en su día, o al menos, para gente que no tiene la paciencia o el tiempo de lidiar con los inconvenientes que acaban surgiendo en una instalación de Arch, sobre todo cuando el hardware ayuda tan poco como en mi caso. Soy “archer”, qué se le va a hacer, y añoro aquellas instalaciones que hacía en mi Pentium IV con gráfica integrada Intel que podían durar varios meses (por aquel entonces era “distro hopper” por aburrimiento únicamente) sin que nada fallara en un ápice.

Pero aquellos días, al contrario que las oscuras golondrinas, no volverán. En la actualidad me veo obligado a refugiarme en Manjaro, un proyecto que ha despegado con una fuerza enorme y cuyas virtudes principales son el entusiasmo de sus desarrolladores y comunidad, a la par que la existencia de múltiples sabores (en forma de ediciones oficiales y comunitarias) donde elegir. Manjaro lleva meses en mi portátil y, desde hoy, se hace hueco en mi ordenador de sobremesa como sistema principal. Es lo más parecido a Arch que puedo soportar en este momento personal en que me hallo, con menos tiempo y menos ganas de toquetear.

En fin, como escribía hace poco Manuel Tortosa en los foros de Chakra, en el mundo del software libre la gente viene y la gente va. Qué me van a contar a mi de ese particular… Espero que en Manjaro quede sitio para otro irredento nómada linuxero que ya no sabe dónde meterse. Salud.

Linux Mint Debian Edition: reconciliándome con Cinnamon

Si hay una distribución a la que no le auguraba futuro alguno esa es la conocida en el mundillo Linux por su acrónimo: LMDE, versión de la distro de Clem y su equipo que se basa directamente en Debian y no en Ubuntu. La razón era el creciente descontento entre sus usuarios habituales por lo que se había dado en llamar una especie de “traición” a los principios por los que se suponía se iba a regir la distro, muy especialmente a su carácter de “rolling release”. Para los que no estén familiarizados con LMDE, digamos que se trata de una distribución con una periodicidad y método de actualización algo peculiar, pues retienen los paquetes nuevos en pruebas durante meses, para luego lanzarlos todos juntos en un pack (“update pack”), al estilo de los “service pack” de Windows.

Imagen de Desde Linux

Como ya desarrollábamos en la última revisión de LMDE, era este estilo de manejar las actualizaciones lo que tenía a muchos usuarios molestos. Fue, a su vez, uno de los motivos que llevaron a Ikey Doherty, a la sazón uno de los creadores, si no el alma máter, de esta versión de Mint, a abandonar el barco e iniciar su propia aventura con SolusOS. Personalmente no encuentro tan dramático el asunto, observo que LMDE viene a situarse en un punto intermedio entre la tardanza en actualizarse de Debian Stable y el vertiginoso ritmo de las “rolling release”. No veo nada malo en ello. Y a juzgar por la continuidad del proyecto hay más gente que no lo considera tampoco un modelo tan nefasto.

El caso es que ahí sigue LMDE, que alcanza ya su versión 2013.03, correspondiente al pack de actualizaciones número 6 (UP6). Como quiera que ha desaparecido ya la advertencia que solía adornar cada nuevo lanzamiento de la distro referente a la conveniencia de usar MATE en lugar de Cinnamon, parece buen momento para tratar de probar un poco más a fondo la variante de Gnome 3 que más está calando entre los ex-usuarios del escritorio de la huella. Mis escarceos con Cinnamon han sido más bien escasos (un par de días en Debian Wheezy, creo recordar) debido sobre todo a la explosiva combinación de los controladores gráficos AMD/ATI y todo lo que huela a Gnome 3. Algo de eso ha habido, como vamos a ver a continuación.

Instalación
Procedo a iniciar LMDE 2013.03 desde mi pendrive de siempre, grabado con el socorrido comando “dd” desde Arch Linux con KDE. Como es habitual, parpadeos al iniciar que denotan la presencia de los controladores AMD/ATI libres. Inicio al escritorio en vivo sin dificultades, salvo la imposibilidad de escoger el idioma, que llevará a realizar todo el proceso de instalación en inglés. En veinte minutos cronometrados tenemos LMDE instalado en la partición de pruebas del disco duro.

El reinicio me confirma que Grub, por una vez, sí que ha identificado todas las particiones del disco, de manera que tengo disponibles para iniciar tanto Arch como Windows 7. Es un detalle que últimamente no ocurría con frecuencia, la verdad. Todo el escritorio aparece traducido a nuestro idioma, sin fallos o ausencias parciales. La sensación general que produce el entorno recién instalado es la de hallarnos en Linux Mint (cosa que es cierta, claro), con el “artwork” ya habitual de la distro, su fondo de pantalla, iconos y temas de siempre. No insistiré en el tema, ya desgranado en la entrada sobre Linux Mint Nadia, de la conveniencia de dar un refrescante lavado de cara al aspecto de la distro. Es una cuestión de gustos, por supuesto, y como tal es algo subjetivo.

Tan solo 3 paquetes requieren actualizarse tras la instalación, siendo uno de ellos el que contiene la lista de espejos (“mirrors”) desde los que podemos descargar las actualizaciones. Dicho paquete realiza, tras la descarga de su nueva versión, una comprobación de los mirrors más cercanos y nos permite ajustar, de modo automático, para que las sucesivas descargas se realicen desde dicho espejo. Un detalle muy interesante.

Controladores propietarios: un infierno
¿Qué voy a contar a estas alturas del cariño que le tengo a mi gráfica integrada AMD/ATI? Los lápices vienen con goma de borrar, lo sé, pero cualquiera se aventura, tal y como están los tiempos, a darse el capricho de comprar una Nvidia… si, a fin de cuentas, los problemas pueden ser parecidos. Sobra decir que, si las cosas no cambian mucho de aquí a unos años, mi próximo equipo será Intel con toda seguridad.

Pero, a día de hoy, me toca lidiar de nuevo con los controladores privativos y su instalación. Los quebraderos de cabeza que provocan son independientes de la distro que uno use. Por poner un ejemplo, actualmente tengo habilitado el repositorio [xorg113] en mi Arch (gracias, Vi0l0), debido a la conocida tardanza de AMD en sacar controladores que soporten las nuevas versiones de xorg (hace poco salió la 1.14). En LMDE el proceso fue largo y penoso…

En primer lugar decidí buscar algo de información al respecto, para ello me dirigí a blogs especializados en la distro, como LMDE cosillas y me dispuse a seguir los tutoriales, que básicamente se limitaban a describir el proceso de instalación de un par de paquetes de fglrx que tiraban del resto de dependencias necesarias. Tras instalar con Synaptic (¿estuvo aquí el error al no usar la consola?) la salida del paquete me indica hacer lo de siempre, un “sudo aticonfig –initial” y es lo que hago. Tras cruzar los dedos, reinicio al canto.

Aunque se muestra el escritorio, lo único que veo son los iconos. Cinnamon no se ha cargado, como se encarga de mostrarme un mensaje en la esquina superior derecha, por ausencia de aceleración gráfica 3D. Comienzo mi particular “ensayo-error” para depurar responsabilidades con la eliminación de los paquetes “xserver-xorg-video-ati” y “xserver-xorg-video-radeon”. Reinicio y obtengo más de lo mismo.

Decido, pues, que más vale prueba con controladores libres que ausencia de prueba. Sigo las instrucciones que encontré para regresar a ellos, pero obtengo como único resultado el fallo del servidor X que me obliga a entrar en LMDE en modo consola. Vuelta a los propietarios y como obviamente no he cambiado nada sigo sin tener aceleración 3D.

Se me enciende una bombillita y decido que va a ser la última intentona, pruebo a descargar el último controlador privativo disponible en la web de AMD, Catalyst 13.1, elimino y purgo cualquier resto de los controladores anteriores y ejecuto el script de instalación. ¡Eureka! Definitivamente, decir “no” a AMD en Linux te alarga la vida, seguro.

Navegación
En esta nueva versión de LMDE contamos con la versión 19 de Firefox. Como es la norma en cualquiera de los sabores de Mint, los códecs están instalados por defecto, proporcionando una experiencia de navegación sin sobresaltos.


Vídeos
El sencillo reproductor de Gnome, Tótem, cumple de sobra con la misión para la que fue creado. Insisto, la inclusión de todos los códecs necesarios tiene mucho que ver en ello.


Música
Banshee, al igual que en la versión derivada de Ubuntu, es el reproductor multimedia escogido. Sin problema alguno.


Ofimática
Libreoffice, versión 3.5. No es la última disponible, pero ciertamente los cambios acaecidos en la versión 4 de la suite ofimática no son tantos como para que la incorporada en esta LMDE resulte obsoleta en modo alguno.


Fotografía e imágenes
Echo en falta Shotwell (el gestor de fotos predeterminado es gThumb), pero nada que no se solucione con el gestor de programas. Gimp sí viene instalado de inicio. Ambos programas funcionan muy bien.


Gestor de software
El archiconocido mintInstall, que si bien parece ir un pasito por detrás del Centro de Software de Ubuntu, me da la impresión de funcionar con más fluidez que éste. Las actualizaciones automáticas están garantizadas con el script mintUpdate.


Reconocimiento de hardware
Al encender mi impresora aparece un mensaje que aduce la falta de un controlador como excusa para no completar la instalación. La solución es bien simple: Menú –> Impresoras –> Añadir. Desde esta ubicación se elige el modelo correspondiente y se acabó. Impresora funcionando a las mil maravillas. Con Simple Scan compruebo que el escáner marcha igualmente bien y con Cheese hago lo propio con la webcam. Fácil y rápido.


Navegador de archivos
El equipo de Linux Mint creó hace algún tiempo un derivado de Nautilus, llamado Nemo, que es el que incorpora LMDE. Resumiendo, no es más que el Nautilus de siempre, antes de que los desarrolladores de Gnome decidieran qué funciones no eran ya útiles en su navegador de cabecera y las eliminaran. Pensar (y decidir) por el usuario, vaya. En Linux Mint no estuvieron muy de acuerdo, y yo que me alegro, de modo que crearon su “fork”. Nemo funciona perfecto, no tuve problemas para la navegación remota en mi portátil con Windows, ni siquiera para la reproducción en “streaming”. El montaje de todos los dispositivos externos que probé funcionó como un reloj.

Gestor de arranque
Un Grub funcional y completo, por primera vez en varias revisiones es motivo de alegría. Por si fuera poco contamos con el viejo y útil Startupmanager en los repositorios, programa que nos permite, entre otras cosas, cambiar el sistema predeterminado de inicio.


Estabilidad y suspensión a RAM
Se puede afirmar taxativamente que LMDE con Cinnamon es estable. No hay cuelgues del sistema ni mensajes de error en las aplicaciones que he probado. Sí que noto pequeñas cosas que me resultan molestas, pero ninguna de ellas se puede poner como ejemplo de inestabilidad del sistema.


Rendimiento gráfico
Las pruebas con Unigine Valley reflejan resultados algo por debajo de los obtenidos con otras distros, si bien es una diferencia muy poco notable y que no supone una gran pérdida de eficacia en el rendimiento. 415 puntos logra LMDE Cinnamon, solo 2 puntos menos que Arch KDE o Chakra.

Ciclo de desarrollo
Queda bastante claro en el resto del artículo que el modelo que sigue LMDE es exclusivo de la distro, como comentaba más arriba, y se basa en la edición de paquetes de actualización sin una periodicidad establecida de antemano. Salen cuando están listos, con lo que la etiqueta “rolling release” no se puede aplicar a la distribución, claramente. Se basa en la rama Testing de Debian, por lo que esta versión todavía incorpora el kernel 3.2, por ejemplo.

El principal caballo de batalla lo he tenido con los controladores propietarios, nada nuevo bajo el sol. Me gustaría destacar de esta experiencia la notable mejoría que ha experimentado el entorno de escritorio Cinnamon, que se ha convertido en santo y seña de los desarrolladores de Linux Mint y cuyo uso se está haciendo extensivo a muchas otras distribuciones. Encuentro al Cinnamon actual mucho más usable que al de antaño, más fácil de configurar (cada vez se encuentran más extensiones, applets y temas en la web del entorno) y en definitiva supone una considerable mejora en la experiencia de usuario con respecto a sus anteriores versiones y, por descontado, con respecto a Gnome 3.

Sin embargo… no me convence del todo. Por un lado está la necesidad heredada del entorno en que se basa de tener que añadir extensiones para cosas que deberían proveerse de serie, a mi entender. Por otro, esos pequeños problemas gráficos que siguen presentes, esos “glitches” (no sé como nombrarlos en español, tal vez artefactos) que aparecen de cuando en cuando, las capturas de pantalla que no me funcionan bien (a veces solo captan un fondo negro) ni con el programa predeterminado ni con Shutter, el extraño renderizado de fuentes… Son eso, pequeños detalles, pero detalles al fin y al cabo que normalmente terminan por dar al traste con la experiencia de uso.

Como sé, y me consta, que todo ello no tiene por qué darse en otros equipos, especialmente si no tienen la “fortuna” de “disfrutar” de gráficos AMD/ATI, concluyo que es preferible quedarse con lo positivo de esta prueba, que en realidad es mucho. Cinnamon ha madurado y lo sigue haciendo con cada nuevo lanzamiento, demostrando que el equipo de Linux Mint que auspicia el proyecto tiene muy en cuenta la opinión de sus usuarios y en base a ella, junto con otras consideraciones, faltaría más, va perfilando y retocando su entorno de escritorio. Es la diferencia, obvia, con otras actitudes y otras aproximaciones con las que no estoy tan de acuerdo.

Añado, para acabar, que de ser usuario de Linux Mint Debian Edition probablemente seguiría optando por la nostalgia productiva que proporciona MATE. El tema de lo idóneo de la continuidad de este escritorio se ha debatido ya en la red, con opiniones que lo comparan con seguir usando Windows XP en la actualidad. Bueno, es cuestión de adaptación o no, a mí me sigue pareciendo una estupenda solución de escritorio. Para todo lo demás, este Cinnamon tampoco está nada mal. 9’81 de valoración para LMDE, una distro cuya filosofía y forma de trabajar tengo que admitir que me encanta. Es por ello que sigo aconsejando a los “minteros” que aún no la han probado que lo hagan. Un saludo.