Linux Mint 15 Olivia: canela en rama

Últimamente, cada vez que llega el momento de acometer la revisión de rigor de ciertas distribuciones tengo la sensación de ser un hámster atrapado en una rueda que da vueltas y vueltas sin llegar a ninguna parte. Por lo general me ocurre con las distros de periodicidad semestral o trimestral, que sacan sus nuevas ediciones sin que apenas se puedan detectar cambios en casi nada de lo que ofrecen. No es que este hecho en sí sea malo, pues si el resultado es adecuado se puede entender la continuidad del modelo, el problema soy yo, que como ser humano probador de sistemas GNU/Linux me canso de encontrar lo mismo una y otra vez.


Pasa con Ubuntu y, por lógica extensión, con una de sus derivadas, Linux Mint, una distro con idéntica apariencia y maneras desde la versión 10, que en su día decidió prescindir de Gnome para apostar por su propio entorno, un simple parche primero (MGSE) y un escritorio completo después (Cinnamon). En anteriores revisiones de Mint he optado por quedarme con lo más cómodo y conocido para mí, el escritorio heredero de Gnome 2 que es MATE. Sin embargo creo que ha llegado el momento de dar la oportunidad a Cinnamon, tras leer por activa y por pasiva que en sus últimas versiones ha madurado lo suficiente como para suponer, por fin, una alternativa seria. Mi principal interrogante era si, al mismo tiempo, habría conseguido dejar de lado los típicos problemas en tarjetas gráficas como la mía, mi “querida” AMD. La respuesta no está en el viento, sino en las líneas que siguen.
Instalación
¿Qué decir del instalador? Pues que es el mismo de siempre, absolutamente idéntico, tanto en apariencia como en rendimiento. Es decir, un buen instalador que cumple su función perfectamente. Todo en español, rápido (apenas diez minutillos de nada) y seguro. Lo único novedoso es el gestor de inicio de sesión, que ha sufrido un remozado bastante destacable y al que los desarrolladores han dotado de un impecable aspecto que, entre tanto esquema ya conocido, resulta ciertamente un toque muy refrescante.

El primer reinicio ocurre sin incidencias, con la excepción de encontrar algunas partes del escritorio en inglés, como es el caso del centro de control. No hallé solución, aunque tampoco la busqué en exceso, la verdad. Tenemos el clásico Linux Mint Cinnamon, con la posibilidad de añadir tres tipos diferentes de extensiones en pos de dotar de mayor funcionalidad a nuestro sistema. A saber: applets, desklets y extensiones propiamente dichas. En el apartado destinado a tratar la personalización del escritorio ampliaremos el tema.
Arranque y apagado
Con un tiempo de inicio correcto, sin ser espectacular, de 43 segundos en mi equipo, destaca especialmente lo poco que tarda en apagar: ¡3 segundos!. Casi no me da tiempo de poner en marcha el cronómetro… Creo que en este sentido Linux Mint 15 establece un récord, es impresionante. En cuanto al gestor de arranque Grub, decir que detectó Chakra y que, para quienes no tengan tanta suerte, existe la utilidad Grub Customizer, que se puede instalar desde su PPA.

Software
Contamos con todo lo habido y por haber, pues Linux Mint hace uso todavía (quién sabe si esto cambiará algún día) de los repositorios de Ubuntu, por lo que el usuario se beneficia de la gran cantidad de programas disponibles para la distro de Canonical. En esta edición, de inicio, los desarrolladores incluyen Firefox 21, VLC, Gimp 2.8, Banshee, LibreOffice 4.0.2… El centro de software sigue siendo MintInstall, para mi gusto bastante más rápido y efectivo que el de Ubuntu.

Hardware
Para no variar, poner en funcionamiento mis periféricos y demás parafernalia en Linux Mint resultó una balsa de aceite, con cero contratiempos. Para utilizar la impresora basta ir al Menú –> Centro de control –> Printers –> Añadir. Todo lo demás, o sea escáner, webcam, adaptador inalámbrico y de red cableada funcionó sin requerir intervención alguna por mi parte. El buen reconocimiento de hardware, heredado de Ubuntu, continúa siendo uno de los puntos fuertes de la distro.

Conectividad
Y de un punto fuerte a otro: no encontré problema alguno para conectar con mi portátil “del lado oscuro” a través de samba. Los dispositivos extraíbles (pendrive, disco duro USB y tarjeta SD) se montaron y extrajeron con total ausencia de incidencias. Perfecto.
Experiencia “out of the box”
Seguimos hablando de facilidad de uso, al fin y al cabo, y seguimos constatando lo mismo. Linux Mint se esfuerza en allanar el camino al usuario de forma que no tenga que configurar prácticamente nada para tener un escritorio funcional desde un principio. Todos mis archivos de vídeo y sonido se reprodujeron sin problema, pude abrir mis documentos de todo tipo y extraer tanto archivos comprimidos en formato zip como en rar. Repetimos: perfecto.

Estabilidad
No puedo decir que me sorprenda, porque ya es un clásico en mi vida informática, pero de todos modos lo volveré a recalcar: hay algo en Gnome/Unity/Cinnamon que se lleva fatal con mi equipo. Ignoro si los afortunados que usen hardware Intel tendrán problemas similares, en mi caso no hay revisión con cualquiera de estos tres entornos que finalice sin tener que reiniciar alguna vez o, en menor medida, sin que en algún inicio o reinicio del sistema haya tenido que usar el botón frontal de la caja del equipo. Este último es el caso de Linux Mint 15 Olivia, que durante uno de los inicios no conseguí llegar al escritorio y tuve que reiniciar, si bien para ser justos diré que ocurrió en una única ocasión. No recuerdo haber sufrido nada parecido con el resto de entornos de escritorio, ni con KDE ni con XFCE, ni siquiera con Openbox o E17.

No obstante hubo una excepción a esta regla en la edición debianita de Linux Mint, revisada en su momento con Cinnamon sin cuelgue o reinicio alguno, lo cual me lleva a intuir que el problema viene derivado de Ubuntu.
Fluidez
Linux Mint Olivia “pesa” únicamente 360 Mb en memoria recién iniciado. Es un valor muy bueno para todo lo que ofrece, sin duda. En cuanto a fluidez en el manejo de ventanas y demás no noté nada especialmente lento, el sistema se comportó muy bien durante las pruebas. Los “artefactos” que he notado otras veces en Cinnamon se limitaron a los breves momentos en que modificaba algo en la barra de tareas, nada más.
Gestión de energía
Si bien la suspensión funcionó correctamente, no fue el caso de la hibernación, tras la cual no fui capaz de recuperar el sistema y hube de matar el servidor gráfico y reiniciar desde consola. En lo que respecta al modo de ahorro de energía del monitor tampoco puedo decir que funcione como debe. En cuanto la pantalla entraba en dicho estado se producía un aumento considerable de la velocidad de rotación del ventilador del equipo que se mantenía indefinidamente hasta volver a encenderse el monitor. Cualquiera sabe el motivo, el caso es que con este comportamiento se consigue justo lo contrario de lo que se persigue, es decir, aumenta el gasto de energía.
Personalización
Al contrario que Ubuntu, Linux Mint continúa manteniendo la opción de instalar los controladores propietarios en un lugar bien visible del menú principal, concretamente en Centro de Control –> Device Drivers. Haciendo caso omiso a la recomendación que en dicho módulo hacen, que no es otra que la de mantener el controlador libre, instalé el propietario sin ningún problema.

Comentaba en un párrafo anterior la existencia de tres tipos distintos de extensiones para personalizar nuestro Linux Mint. Por una parte están los applets, parecidos a los de Plasma en KDE, que añaden funcionalidad al escritorio. En mi caso no añadieron nada de nada, pues de los tres que estimé necesarios e imprescindibles para instalar, únicamente me funcionó uno (el de apagado). Ni el notificador de correo electrónico ni el de meteorología conseguí que realizaran su función. En lo que respecta a los desklets, aparte de que hay muy pocos por tratarse de algo relativamente nuevo en Cinnamon, su apariencia me recuerda a la de los tradicionales gDesklets de Gnome 2, muy por debajo en calidad, para mi gusto, de los que siempre nos ha proporcionado KDE, ya sea con Plasma o con Superkaramba en su día.
Por último, tenemos también las clásicas extensiones en la línea de las existentes para Gnome 3 y que, en mi opinión, claro está, resultan un poco redundantes. Pero ahí están, para quien guste de instalarlas.
En mi Linux Mint Olivia instalé sin dificultades Clementine, Spotify e incluso el conocido “dockbar” Docky. Sin embargo, algo tan simple como escoger mi propio fondo de escritorio derivó en un comportamiento errático de la esquina superior derecha (el “hot corner” que presenta las ventanas activas en modo “Expo”), que a partir de entonces, y mediando incluso el reinicio del sistema, se negó a mostrar más que un fondo negro en lugar del escogido.

Pruebas de rendimiento
Resultados muy en la línea de los obtenidos por la distro en que se basa, Ubuntu Raring. Apenas diferencias, ninguna destacable, desde luego. Son buenos resultados, sobre todo en lo referente al rendimiento general del sistema.
Conclusiones
Se me hace complicado sacar alguna conclusión de interés de mi revisión de Linux Mint Olivia. Una está clara para mí, y es que me aburre probar una y otra vez lo mismo, pero nada provechoso puede sacar el lector de esta queja. Si acaso, que me dedique menos a quejarme y más a probar otras distros diferentes, qué caramba.
Quizás podríamos llegar a preguntarnos, al igual que con Ubuntu, por el sentido que tiene sacar versiones una detrás de otra sin apenas aportar nada nuevo. También podría, de mi experiencia personal con esta distro, concluir que en otros tiempos proporcionaba algo que Ubuntu no tenía, como era  el traer instalados de serie todos los códecs multimedia y demás software propietario pero indispensable. Desde que Canonical incluyera la opción de descargar todo eso durante la instalación de Ubuntu resultan estar empatadas en esta cuestión. Entonces, ¿qué aporta Linux Mint al usuario?
Pues Cinnamon, para empezar, una alternativa muy válida para los que no se han acostumbrado ni a Unity ni a Gnome, no les gusta KDE y encuentran XFCE parco en opciones. No estoy entre los amantes de Cinnamon, es un secreto a voces, pero entiendo que ofrece un paradigma distinto al resto de opciones GTK y creo que su existencia es necesaria y beneficiosa. Por lo demás, pues algo tendrá el agua cuando la bendicen, y Linux Mint lleva muchísimo tiempo entre las distros más populares del mundo linuxero. Otra cosa es que, particularmente, opine que deberían dejar Ubuntu de lado y centrarse en exclusiva en LMDE.

No deja de ser mi opinión, expresada en un blog de opinión. Clem y compañía, faltaría más, seguirán haciendo lo que les parezca mejor para la distro y sus usuarios, y a tenor de lo que se puede captar en los ambientes foreros de Mint continúan acertando en sus decisiones y en su actitud de, al menos, escuchar lo que la comunidad tiene que decirles. Bien por ellos. Por mi parte, aprovechando el nombre que en su día decidieron ponerle a su entorno, concluyo que Cinnamon podría ser canela fina, pero de momento se queda en canela en rama. Un saludo para todos.

LO MEJOR

  • Absoluta facilidad de instalación y uso
  • Gran cantidad de software disponible
  • Mucha información y recursos sobre la distro en la red
LO PEOR
  • Algún problemilla de estabilidad con Cinnamon
  • Ciertos applets que no funcionan como deberían
  • El estilo visual se hace un poco repetitivo
FICHA TÉCNICA
Distribución: Linux Mint 15 Olivia
Entorno de escritorio: Cinnamon 1.8.6
Kernel: 3.8.0-19-generic
Xorg: 1.13.3
Driver gráfico: fglrx 9.1.11
OpenGL: 4.2.12002
Gcc: 4.7

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Linux Mint 15 Olivia Cinnamon LSDH
Instalación 10,00
Arranque y apagado 7,50
Software 10,00
Hardware 9,00
Conectividad 10,00
Out of the box 10,00
Estabilidad 5,00
Fluidez 10,00
Gestión de energía 5,00
Pybench 3.156,00
Apache 21.727,62
Encode-flac 8,26
Unpack-linux 17,92
Unigine Valley 419,00
Corrección por rendimiento 0,33
CALIFICACIÓN 8,45