Un blog tranquilo

Me guste o no, no soy una persona multi-tarea. Dejando a un lado mi condición masculina, que ya de por sí me inhabilita para hacer más de una cosa al mismo tiempo – absténganse de calificativos despectivos hacia mi persona, para mí es un hecho comprobado que las mujeres nos dan mil vueltas en eso – pertenezco a una generación donde predomina la gente que hace una cosa cada vez. O, al menos, así era antes. Hoy día lo que se considera normal es estar viendo una serie en la televisión mientras se escribe lo que sea en el cliente Twitter y se mantiene una “conversación” por Whatsapp. Tiempos modernos.

Como digo, para mí esto no es viable. Ni tan siquiera cuando era estudiante y disponía de mucho más tiempo que ahora era capaz de llevar adelante demasiadas tareas. Tenía compañeros para los que el día parecía tener más de veinticuatro horas por la cantidad de cosas que eran capaces de hacer, mientras yo me movía despacio, pensaba despacio, actuaba… pues eso, despacio. Con la excepción obligada de las horas que paso en mi trabajo, donde moverse-pensar-actuar despacio puede costarle la vida a una persona, en el resto de situaciones continúo con mi “minusvalía”. Y ello, mal que me pese, incluye a este blog y a mi relación con GNU/Linux.

Os hablaba en uno de mis últimos artículos de una pequeña recaída en el distrohopping. Nada grave. Lo traigo a colación para poner en valor lo que significa el tiempo perdido para una persona tranquila y que piensa y actúa a mi ritmo. Horas y horas perdidas en un ritual infinito de instalar y configurar. Horas de un tiempo que escasea: la casa, el trabajo, mi mujer, mi hijo, la comunidad de vecinos, el coche, mi familia, mis otros hobbies… GNU/Linux ocupa en la actualidad muchos de los minutos que quisiera dedicar a estas otras personas y cosas, que con perdón de Tux, son para mí muchísimo más importantes.

Ya saqué este tema a principios del verano y, a decir verdad, conseguí lo que me proponía. Durante la época estival he sido un feliz y despreocupado usuario normal del ordenador, con su Ubuntu Precise para, valga la redundancia, hacer las cosas precisas y punto. Pero he de admitir que no era capaz de dejar de leer a todos y cada uno de los excelentes blogueros que nutren mi lista de la derecha, esa de “Sitios de interés”. Tampoco era capaz de dejar de colaborar con el proyecto Chakra, que me necesitaba a mí y a cualquiera capaz de aportar lo que fuese, dada la escasez de desarrolladores y simpatizantes activos. Y fue así como, sin darme apenas cuenta, volví a desordenar mi lista de prioridades.

Lo más fácil sería dar por terminada mi etapa de bloguero linuxero. Sin embargo, tras darle muchas vueltas – para variar – y consultarlo con algunas personas importantes para mí, he creído conveniente retomar la actividad con calma. Con mucha calma, para ser exactos. Creo que la temática que más interesa a la mayoría de seguidores del blog es la referida a la revisión de distribuciones GNU/Linux. Sabéis que andar instalando distros a cada momento ya no me divierte, sin embargo me parece que recuperar el modelo “12 meses 12 distros” que en su día puse en marcha solo durante un par de meses puede ser lo más acertado para guardar un equilibrio tan necesario ahora mismo.

De modo que espero que perdonéis este nuevo arrebato, esta nueva vuelta de tuerca al asunto. La vida, al menos la mía, es una cuestión de prioridades, y GNU/Linux ocupa ahora mismo un lugar que no le corresponde en la lista. Y hablando de listas, hace ya más de seis meses que coloqué una encuesta (también la tenéis a la derecha) sobre el sistema operativo de uso de los lectores del blog. Atendiendo al resultado obtenido, las distros que pretendo revisar con una cadencia aproximada de una al mes son: Ubuntu (octubre), Mint (noviembre), Debian (diciembre), openSUSE (enero), Xubuntu (febrero), Chakra (marzo), Fedora (abril), Manjaro (mayo), Kubuntu (junio), una distro a elegir por los lectores (julio), Zorin (agosto) y Mageia (septiembre). No he incluido a Arch, séptima preferida por los lectores, debido a que no obtendría una calificación justa por su condición de sistema a construir por el propio usuario, que la relegaría probablemente al último lugar a causa de su dificultad de instalación.

Y esto es lo que puedo ofrecer en este momento. Ni más ni menos. Aún siendo un asunto estrictamente personal, soy consciente de que este es un blog comunitario que siguen bastantes personas, por lo que me parece adecuado comunicar los derroteros por los que pretendo transcurrir a partir de ahora. Seguimos, eso sí, abiertos a colaboraciones, aunque os pido paciencia si tardo en responder o en publicarlas, quiero recuperar mi vida AFK, y voy a poner empeño en hacerlo. Hasta la próxima revisión, que será tranquila, pausada, meditada y mono-tarea, porque así soy yo y no sé ser de otra manera…

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Fedora 18 KDE: notablemente mejor

He de reconocer que desde mi reencuentro con Chakra me está costando la misma vida separarme de ella aunque solo sea unas horas, tal es el estado de satisfacción con su uso en el que me encuentro en este instante. La rapidez, el descubrimiento de pequeñas nuevas joyas como Krita, la excelente comunidad donde siempre hay algo que aportar, todo ello contribuye a la genial experiencia de uso que proporciona, hoy por hoy, Chakra Benz. Pero esto es LSDH, un blog sobre Linux, de modo que es turno para la versión KDE de nuestra distribución del mes, que no es otra que Fedora.

Por experiencia, tanto propia como de otros usuarios, pienso que no es buena idea instalar KDE sobre el entorno con Gnome: se mezclan los programas, se multiplican las instalaciones y, en definitiva, no permite hacerse una idea clara de lo que es Fedora KDE. Mi preferencia, la que he llevado a cabo, pasa por hacer una instalación limpia de la variante fedoriana con el escritorio alemán. Dicha instalación la he realizado en la partición donde tenía la versión Gnome, cuyo rendimiento, sin tenerme descontento, no ha sido todo lo bueno que esperaba.

Más allá del poco apego que actualmente profeso hacia Gnome y aun considerando que se puede ser productivo usándolo, existía un error que no entiendo al que bauticé como el “arranque aleatorio”. Es muy sencillo, de cada diez arranques de Fedora Gnome, un par de veces el equipo se reiniciaba antes de llegar a GDM o, directamente, se quedaba colgado sin responder a nada. Como quiera que no hay controladores propietarios ATI de por medio a los que culpar, parece un error propio de Fedora. Sea como fuere creo que hay opciones más atractivas y más estables que Fedora 18 Gnome en las que confiar, sin ir más lejos… ¡Fedora 18 KDE! Vamos a verlo:

Instalación
No hay grandes diferencias con la versión Gnome, salvo la estética, que ya es cosa de los gustos de cada uno. Anaconda, con sus defectos ya reseñados en la entrada mencionada antes, completa la instalación del sistema en poco más de diez minutos. Tras el reinicio de rigor descubro la presencia de Apper como gestor de programas. Viejas heridas, en forma de problemas que tuve con este software en distintas distribuciones, vuelven a hacerse presentes, pero se queda todo en un temor infundado tras comprobar que el gestor ha mejorado bastante y no me plantea dificultad alguna.

Descargo más de 400 Mb en actualizaciones, kernel incluido. Tras reiniciar todo va como la seda, salvo por el detalle de la localización del sistema, que continúa en inglés. La solución: abrir Apper, buscar el paquete kde-l10n-sp e instalarlo. Luego abrimos Menú –> System Settings –> Locale –> Languages –> y movemos el español a “Preferred Languages”. Hacemos clic en “Apply” y cerramos la sesión. Al volver a entrar, KDE estará en nuestro idioma.

El siguiente paso que doy es el mismo que di en la versión con Gnome: descargar y ejecutar el script EasyLife. Instalo códecs multimedia, flashplugin y java. A continuación una nueva repetición de lo realizado con Gnome, al usar el tutorial de Xenode Systems para la optimización de los controladores libres de AMD. Todo perfecto.

Aunque en un principio pensé en instalar los controladores propietarios Catalyst estoy casi seguro de que las continuas actualizaciones que se producen en Fedora terminarían por dar al traste con el sistema. Prefiero quedarme como estoy, para el uso que doy al equipo los drivers libres me bastan y me sobran.

Navegación
Me sorprende la inclusión de Konqueror como único navegador predeterminado, en otro tiempo era lo normal, pero la mayoría de distribuciones actuales suelen decantarse por Rekonq, si desean incluir un navegador Qt puro, o Firefox o Chrome como opciones más mayoritarias. Konqueror en Fedora funciona muy bien, presenta los clásicos problemas de compatibilidad a la hora de mostrar ciertas páginas, pero en general va fluido y reproduce bien flash.

Vídeos
Con Dragon Player me ocurre lo mismo que con Tótem, que no es capaz de reproducir los archivos de vídeo digital (extensión .dv). La solución, la misma que en el caso de dicho reproductor, pasa por instalar el todo-terreno VLC.

Música
El reproductor habitual de cabecera en KDE, es decir, Amarok. Perfecto en su funcionamiento, ha ido ganando fluidez con las sucesivas versiones del escritorio y ya no parece arrastrarse como en sus inicios.

Ofimática
Fedora opta por dar una oportunidad a la incipiente Calligra, una suite ofimática orientada a KDE y heredera de KOffice que también mejora con cada nueva versión. Como siempre, para gustos colores, y quien lo desee puede instalar Libreoffice.

Fotografía e imágenes
De inicio solo contamos con Gwenview para visualizar. Prefiero el ShowImage de Chakra, que me recuerda bastante a Eye of Gnome. Podemos instalar Digikam para gestionar nuestras fotos y Gimp para editarlas, aunque últimamente me estoy acostumbrando a usar Krita con muy buenos resultados.

Gestión de programas
Apper, como comentaba antes, se ve muy mejorado. Me siguen molestando esas pausas en las que no se indica qué está descargando o procesando, pero por lo demás cumple su función. Una actualización del sistema con cambio de kernel incluido no supusieron contratiempo alguno, lo que ya es un logro de por sí. Una herramienta en la bandeja del sistema nos avisa de la existencia de actualizaciones puntualmente.

Reconocimiento de hardware
Tanto la impresora como la webcam fueron reconocidas automáticamente por Fedora KDE y puestas en funcionamiento tan pronto como las conecté. El escáner me dio algún problemilla, pues la instalación de Skanlite no fue suficiente para hacerlo funcionar. Lo arreglé con la instalación del paquete sane-backends-drivers-scanners y un reinicio.

Navegador de archivos
El siempre genial Dolphin no falla tampoco en Fedora. Las funciones de red van perfectas, pudiendo intercambiar archivos con mi equipo portátil con Windows. El auto-montaje y reconocimiento de mi pendrive, disco duro USB y tarjetas SD no planteó dificultades.

Gestor de arranque
Solo hecho en falta, como en muchas otras distros, lo que alguna ya trae por defecto (perdón por la reiteración, Chakra sin ir más lejos): un editor. Aparte de esto no hay nada que objetar al funcionamiento de Grub en Fedora, tanto Windows 7 como Chakra fueron reconocidos y perfectamente iniciables.

Estabilidad y suspensión a RAM
Durante el uso del sistema no se ha producido, por ahora, cuelgue o error alguno, ni siquiera de Plasma, lo que me lleva a concluir que estamos ante una edición mucho más estable que su homónima con Gnome. De la suspensión no voy a tratar, al no haber instalado los controladores propietarios que la permiten en el caso de mi hardware.

Ciclo de desarrollo
En Fedora se apuesta por la novedad y el “bleeding edge”, lo que lleva a los desarrolladores a sacar una nueva versión cada seis meses y darle soporte únicamente hasta transcurridos trece meses desde el lanzamiento. No es una distro para servidores, obviamente, pero a la velocidad a la que se actualiza todo hoy en día tampoco me parece nada descabellado. Aquellos que prefieren la seguridad y el largo soporte tienen muchas opciones donde escoger, pero Fedora no es una de ellas.

A una semana de transcurrir el mes de Fedora en LSDH puedo concluir que la experiencia ha resultado tal y como la esperaba. Fedora Gnome, incómoda para mí y con algún que otro fallo inexplicable. Fedora KDE, fácil de usar y estable. Si algo he aprendido de este tiempo fedoriano ha sido a apreciar el modelo que propone la comunidad. En mis revisiones puntuales de Fedora no había tenido tiempo de apreciar quizás el más importante valor que aporta esta distro, unas actualizaciones  frecuentes que dan la sensación de estar usando una rolling release, sin hacerlo.

Y es a este respecto al que me pregunto si no sería más conveniente que Fedora adoptara ese modelo. Sé que se ha debatido intensamente en la red sobre el tema y mucha gente opina que para eso ya está Fuduntu, pero al fin y al cabo ésta no es Fedora. Ignoro el pensamiento de la comunidad de la distro sobre ello, si alguno de sus usuarios pasa por aquí me gustaría conocer su opinión.

Rolling release o no, Fedora es una excelente forma de estar actualizado en Linux y contar a la vez con una amplia comunidad de usuarios, un buen reconocimiento de hardware y un gran desempeño, mucho mejor en su versión KDE que en la de Gnome. O, al menos, así ha sido en mi caso particular. Traduciendo esto en nuestra habitual escala de puntuaciones, Fedora 18 KDE obtiene un 9’24, curiosamente la misma nota que… lo habéis adivinado, Chakra Benz.

Reintentando con Fedora

El enfado que me produjo el comportamiento de Fedora 18 en mi equipo, breve cual sobre de dinero negro en manos de un político español, se disipó ayer en cuanto me di cuenta de que la mayoría de opiniones señalaban al ya clásico problema de los controladores propietarios Catalyst con Gnome 3 como posible causante del desaguisado. No tengo pleno convencimiento de que así sea, pero como estamos a las alturas del mes que estamos, supongo que Fedora se merece una nueva oportunidad con los controladores libres. Tan insigne distribución lo merece.

De modo que ayer me puse manos a la obra para intentar solucionar lo que más tarde me demostré incapaz de arreglar. Al no arrancar en modo gráfico intenté, mediante consola, ingresar como root y tratar de resolver el problema. Como el cuelgue se produjo en plena actualización, lo primero era dejar que ésta finalizase:

yum-complete-transaction

Una vez completado este paso, vuelvo a reiniciar, pero el resultado sigue siendo el mismo. Ingreso de nuevo al sistema como root en consola y decido librarme de los drivers propietarios por si fueran éstos los culpables:

yum remove kmod-catalyst akmod-catalyst xorg-x11-drv-catalyst xorg-x11-drv-catalyst-devel xorg-x11-drv-catalyst-libs

Para, posteriormente, volver a los controladores libres:

yum install mesa-dri-drivers

Y aquí me encuentro una sorpresa al notificarme el sistema de que los citados controladores libres ya estaban instalados. No entiendo nada, recuerdo perfectamente haberlos desinstalado, como recomendaba el tutorial de Xenode Systems. ¿Habrá venido por aquí el problema?

En cualquier caso tras el reinicio todo sigue igual, o incluso peor, pues ya no consigo ni abrir una terminal. Intento añadir a la línea del kernel el parámetro xdriver=vesa para forzar el inicio gráfico con el controlador genérico sin éxito alguno. Quemados todos los cartuchos, al menos los que yo estoy dispuesto a quemar, no me queda otra que la reinstalación.

Reinstalando Fedora
En mi segundo intento con la distro elegida por los lectores para este mes me quedo con los controladores libres, con idea de optimizarlos según otro tutorial de Xenode Systems (idea de un lector, Maw, en los comentarios de la entrada anterior). Y la cosa no puede empezar peor: tras el primer reinicio llego a la pantalla de bienvenida y tras hacer clic en mi nombre de usuario el sistema se congela. Cero absoluto, la única solución, una vez más, es apagar con el botón.

Teniendo en cuenta que no había hecho nada todavía, ni actualizar, ni añadir repositorios, ni cambiar a controladores propietarios, yo me pregunto: ¿de quién es la culpa ahora? Tras el “hard reset” consigo, finalmente, entrar al escritorio y configurarlo a mi gusto, dentro de las limitaciones que Gnome 3 impone, claro está.

La primera actualización del sistema tampoco comienza demasiado bien, la hago mediante gpk-application y el programa se tira veinte minutos en la fase de “Obteniendo información…”. Que siga la fiesta, pienso. Cancelo y lo hago mediante terminal y yum, sin nada que objetar en este caso. Un sudo yum -update y 649 paquetes descargados después inicio en Fedora 18 completamente actualizada y con kernel 3.7.4.

Finalmente sigo el tutorial de Xenode Systems citado más arriba y optimizo los controladores Gallium. Los extraños parpadeos y errores gráficos en las ventanas han desaparecido por completo. Obtengo unos FPS en glxgears similares a los conseguidos por Vicente en su equipo siguiendo los mismos pasos de optimización, los cuales se corresponden con la tasa de refresco vertical del monitor (60 fps). Es un valor que está muy lejos de los 2000 logrados con los drivers Catalyst y más lejos todavía de los 5000 que he conseguido con Compiz en SolusOS (récord hasta la fecha en mi equipo). Pero en este tema, posiblemente porque no soy usuario de videojuegos más que muy ocasional, no sé discernir si se trata de un valor aceptable o no. En tareas mundanas, como reproducir flash o vídeos, no he notado ninguna diferencia a favor o en contra.

Por último vuelvo a emplear el script EasyLife para instalar códecs, flash, java y demás. Rápido y sencillo. Por el momento, en el día y medio que llevo redescubriendo Fedora Spherical Cow no tengo queja alguna, si obviamos el primer cuelgue. Solo espero que a ése no le sigan otros y sea capaz de completar mi mes fedoriano sin más sobresaltos. En tal caso puede que acabe por concluir que todo lo acontecido en el artículo anterior tuvo que ver con Catalyst, o más exactamente, con su combinación con Gnome 3 y pueda así seguir recomendando a los usuarios de Linux que opten por mantenerse alejados de todo lo que huela a AMD. Y acercarse un poco más a Fedora, por qué no. Claro que, el primer cuelgue, sin controladores propietarios de por medio me escama un poco. Será cuestión de tiempo de uso averiguarlo.

Fedora 18: fue bonito mientras duró

Febrero se escribe con f de Fedora, porque así lo han querido los lectores del blog, que han elegido a la distribución comunitaria base de Red Hat Enterprise Linux como la favorita para ser instalada y probada a fondo. Mis aventuras y desventuras con la distro del sombrero de Indy son conocidas por los habituales de por aquí: malas experiencias, malas sensaciones y cierta incomodidad a la hora de usar Fedora como distribución por unas pocas horas. Para mí, la prueba que nos ocupa era una suerte de consagración definitiva, para bien o para mal, de mi impresión de este sistema. Usarla durante un mes entero podía acabar por fin con los recelos que me provocaba. Nótese el tiempo verbal empleado…

Y lo escribo en pasado porque es eso, pasado, lo que Fedora representa en mi equipo. Ni dos días ha aguantado la distro. Eso sí, durante el día de ayer, que empleé en instalarla, configurarla y hacerla más usable para mí, Fedora 18 Spherical Cow se comportó con bastante estabilidad, quitando un par de reportes de error, simplemente incómodos, que no afearon del todo la experiencia. Hoy, cuando me aprestaba a continuar con el uso y disfrute, Fedora hizo “catacrac” y hasta aquí hemos llegado. Vuelta al redil de Chakra, donde me siento como en casa, para escribir estas líneas e intentar explicar qué conclusiones he sacado de Fedora y qué ha podido motivar que la distro se niegue a arrancar. Allá vamos.

Instalación
¿Qué decir del recién estrenado relevo de Anaconda como instalador de Fedora? Para resumir, podríamos catalogarlo de extremadamente sencillo en general y tremendamente complicado en parte. Sencillo en cuanto que bastan unas pocas preguntas para dejar configuradas la mayoría de opciones del sistema. Complicado porque la parte destinada al particionado es poco clara, ineficiente y conlleva un alto riesgo de pérdida de datos. Es mi opinión, forjada desde el rato que me llevé pensando qué tenía que formatear y montar y qué no. Tal vez sea el novedoso aspecto y lo reticentes que a veces somos al cambio, pero no me gustó la forma de abordar algo tan delicado como es dar formato y particionar el disco, especialmente para un usuario poco experimentado.

Salvada esta parte, el resto es una balsa de aceite. Una rápida instalación de menos de diez minutos y un par de pantallas de post-instalación nos llevan con celeridad al primer inicio de nuestro nuevo sistema fedoriano. Compruebo con satisfacción que Grub ha reconocido y configurado correctamente las entradas correspondientes a Windows 7 y Chakra. La entrada al sistema me muestra un fondo de pantalla de tonos azulados y mi viejo “amigo” Gnome 3, con su barra superior, sus favoritos y demás. Fedora ha reconocido mi gráfica integrada AMD/ATI y se inicia con los controladores libres, como no podía ser de otra forma, dada la filosofía de la distro. Por desgracia los drivers libres actuales son eso, una desgracia, y mi pantalla se llena de extrañas rayas y efectos oscuros en las ventanas que no son achacables a Fedora en sí, pues lo mismo me pasó en su día mientras probaba Gnome 3 en Arch Linux.

Esta misma filosofía que comento es la que nos entrega Fedora libre de códecs multimedia, flash y del resto de elementos que son imprescindibles para usar el ordenador. No es nada nuevo, no es nada malo, simplemente se precisa pasar un ratillo configurando cosas y descargando paquetes. En principio Fedora no me avisa de la existencia de actualizaciones, pero vaya si las hay: basta hacer un sudo yum update para darse cuenta. Con nuestro sistema ya actualizado, podemos proceder a usar alguna utilidad que nos haga más llevadera la tarea de dejar Fedora lista para la acción, aplicación que en mi caso se llama Easylife y es proporcionada por la comunidad brasileña. Este script habilita el popular repositorio RPMFusion y nos da a escoger qué queremos instalar desde el mismo.

Tras veinte minutos de arduo trabajo de mi procesador y mi conexión ADSL descargando e instalando paquetería reinicio el sistema sin mayor dificultad. Puesto que deseo librarme de las inconsistencias gráficas que aparecen en mi pantalla no me queda otra que instalar los controladores Catalyst, y lo hago siguiendo este tutorial de Xenode Systems. Pese a que en los comentarios al citado tutorial hay lectores que reportan incompatibilidades, todo salió bien y tras reiniciar tenía Fedora completamente operativa y con unos FPS en glxgears de 2000, aproximadamente, esto es, los mismos que obtenía con Unity y Compiz en Ubuntu 12.10.

Navegación
En Fedora me encontré con Firefox 17 que se actualiza a 18. En principio no trae flash, pero se instala fácilmente usando el script que veíamos más arriba. También probé Chrome y ambos funcionaron perfectamente bien.

Vídeo
El reproductor de vídeo, también conocido como Tótem, se quejaba de la falta de complementos para los archivos MP4. Pese a ofrecerse a buscarlos no encontraba nada. La solución fue instalar VLC y olvidarme de Tótem.

Música
Rhythmbox 2.98 es el reproductor de audio predeterminado de Fedora y funciona bien. Poco más que añadir.

Ofimática
Libreoffice 3.6.3 preinstalado pero en inglés. Ni siquiera tuve tiempo de buscar el paquete en español, tarea que pretendía realizar hoy cuando Fedora se inmoló.

Fotografía e imágenes
Como ya es habitual, Shotwell viene instalado y funcionando, en concreto su versión 0.13.1 y Gimp está disponible en los repositorios.

Gestor de software
Me costó un poco encontrarlo, se trata de gpk-application aunque viene con el nombre de “Software” a secas. Ayer no me avisó de ninguna actualización, pero sí lo hizo esta mañana y maldita la hora, vistos los resultados.

Reconocimiento de hardware
Muy bueno, como suele ocurrir con esta distro. Detección automática y veloz de la impresora, escáner y webcam.

Navegador de archivos
El nuevo Nautilus se denomina, simplemente, “Archivos”. No me molesta su excesiva simplicidad, incluso me gusta y no entiendo mucho que se le haya atacado tanto, la verdad. Pero bueno, es cuestión de gustos personales. En lo concerniente a su funcionamiento no tengo ningún pero que ponerle, conectó mediante Samba con mi portátil y fui capaz de reproducir vídeo en streaming. Los dispositivos de almacenamiento (pendrive, tarjeta SD, disco USB externo) los reconoció y montó de forma automática. Lo que me llamó la atención – también pasaba con Gnome 3 en Arch – es el chasquido que produce la inserción y extracción de cualquier dispositivo USB, un molesto sonido como de estática. Extraño como poco.

Gestor de arranque
Ya indiqué antes que Grub reconoció sin dificultad a los otros dos sistemas que había en el equipo. Sin embargo no fui capaz de encontrar ninguna utilidad que me permitiese editar el menú de arranque, ya que el Grub Customizer que intenté instalar no conseguí que iniciase.

Estabilidad y suspensión a RAM
En este apartado pretendía otorgar a Fedora la máxima puntuación, pues a parte de dos avisos de SELinux tras correspondientes errores en aplicaciones eran todo lo que podía poner en el debe de la distro a este respecto. Pero eso era ayer, hoy la cosa cambió del todo.

Y Fedora hizo “crack”
Tras iniciar esta mañana el equipo y entrar en mi escritorio se me advierte de la posibilidad de instalar varias actualizaciones, 46 para ser exactos. En un primer momento me extrañó, pues ayer no recibí notificación alguna en todo el día y ya pensaba que no estaba instalado o activado el avisador de actualizaciones. Acepto lo que se me propone, y mientras se descargan los paquetes abro Firefox. Pincho con el botón derecho en un enlace que me disponía a abrir en una nueva pestaña y… congelación absoluta. Ni responde el ratón, ni el teclado, ni nada de nada. Como compruebo que todo ha dejado de funcionar y no sigue adelante la descarga de paquetes (la luz del router está fija) hago un “hard reset” y cruzo los dedos.

Y hasta aquí llegó. No hay forma de entrar de nuevo a Fedora y lo único que obtengo es una pantalla negra. Si abro un terminal y entro, al intentar iniciar el servidor X se queja de la falta de no se qué librería. Me da igual, la que sea. La cuestión es que apenas se había iniciado la descarga de paquetes, con lo que no se había podido instalar nada nuevo. ¿Qué es lo que ha podido pasar?

Me hago la pregunta de modo retórico, pues ni en broma estoy dispuesto a investigar la cuestión, al menos no por el momento. Es lo que siempre me termina pasando con Fedora, simplemente falla. A mí personalmente me falla y ya pueden venir miles de felices usuarios de la distro a decirme lo equivocado que estoy que mi experiencia con ella no va a cambiar. Es la que es, la que ha sido siempre.

Con el tan debatido abanico de posibilidades que tenemos en Linux me resulta absurdo insistir una y otra vez con una distribución que no me funciona bien. Ni en este hardware ni en el anterior. Algunos sostienen que Fedora es poco más que el banco de pruebas que utiliza Red Hat para sacar mejores versiones comerciales. No lo sé, pero parece que la estabilidad de esta última versión está quedando un poco en entredicho, es algo que se comprueba con solo dar una vuelta por las numerosas revisiones que pululan por la red. Yo pretendía ser la nota discordante y “arreglar” mi relación con Fedora. No pudo ser, pero fue bonito durante el día que duró. Si de aquí a quince días se me pasa intentaré probarla con KDE, entre tanto estoy muy pero que muy a gusto en Chakra. 7’95 para la vaca esférica, solo ligeramente mejor que la ternera. Un saludo.

Conclusiones de mi mes con Ubuntu

En el artículo de hoy vamos a recapitular y hacer balance de la experiencia que ha supuesto pasar casi un mes usando el popular Ubuntu como único sistema operativo. Veíamos en la entrada anterior que me disponía a proceder a la actualización de Ubuntu Precise a Ubuntu Quantal y comentaba los temores que dicho proceso me suscitaba, a tenor de las experiencias anteriores tanto propias como de otros usuarios. Una vez pasada la prueba puedo concluir que no ha sido para tanto.


Actualizando Ubuntu 12.04 a 12.10
Puesto que la actualización de Ubuntu ha sido objeto de numerosas quejas en la red prácticamente desde que se generalizó el uso de la distro de Canonical, decidí empaparme de varios tutoriales y consejos antes de acometer la tarea. Encontré buena información al respecto en esta entrada del blog emslinux, escrita por David Gómez. Me fue especialmente útil la sugerencia que hace sobre deshabilitar los PPAs antes de actualizar, para lo cual utilicé una aplicación llamada Y-PPA-Manager, con la cual realicé una copia de seguridad de los PPAs que tenía activos para poder volver a ellos una vez finalizase el proceso, siguiendo instrucciones de El Atareao.

A continuación abrí Synaptic y utilicé la herramienta para escoger el espejo o “mirror” que mejor rendimiento me ofrecía. La razón es bien sencilla: una actualización de esta envergadura requiere la mayor velocidad posible, no en vano fueron más de 1’2 gigas los que tuve que descargar. El siguiente paso me llevó al Gestor de actualizaciones de Ubuntu, donde procedí a cambiar la notificación de nuevas versiones LTS para hacer que me fuese comunicada la aparición de cualquier versión. Tras pulsar “Recargar” ya tenía el mensaje que me avisaba de una nueva versión disponible y su correspondiente botón para actualizar.

Como decía antes, hay que armarse de paciencia, pues se descarga una ingente cantidad de paquetes. Una vez acabado el proceso se puede iniciar Y-PPA-Manager y restaurar la copia de seguridad que hicimos antes, para luego volver al Gestor de actualizaciones y recargar la información de los repositorios. Con estos dos pasos ya tendremos disponibles las versiones de los programas instalados vía PPA para el nuevo Ubuntu.

Usando el Quantal Quetzal
Nada más reiniciar ya cae uno en la cuenta de que algo va más lento de lo habitual. El simple hecho de pasar del Grub al escritorio ya se toma el doble de tiempo del que se tomaba en Precise. Además compruebo como se ha desactivado el “hot corner” que me mostraba las ventanas del escritorio actual (se puede volver a activar usando Ubuntu Tweak) y el FPS informado por glxgears ha caído de 2.000 a 500, aproximadamente.

Estas pequeñas molestias se quedan en agua de borrajas nada más que profundicemos un poco en el uso del sistema: congelaciones de Compiz que obligan a hacer un “hard reset” casi a diario, múltiples errores notificados por la herramienta Apport en un buen número de aplicaciones y un tiempo de apagado que, al igual que el de encendido, se ha duplicado o casi triplicado. Las lens de Amazon no me plantean problema alguno, pues aún tras llevar un mes con Ubuntu sigo sin usar el HUD para nada que no sea iniciar aplicaciones. Esto es así, mi forma de trabajar sigue siendo clásica, de manera que no aprovecho las supuestas ventajas que el dash de Unity me ofrece. Y mira que lo he intentado…

Resolviendo (o casi) los cuelgues de Compiz
Usar un sistema que se congela diariamente es perjudicial para la salud. Uno termina agarrándose unos cabreos curiosos cuando está haciendo algo tan trivial como cerrar una ventana y todo el escritorio se va al garete. Investigando sobre el tema de la caída en las FPS me dio por pensar que, tal vez, los controladores privativos no se habían recompilado al actualizar el kernel. De manera que decidí instalar los últimos controladores Catalyst disponibles que acababan de salir del horno: la versión 13.1.

Antes que nada es importante desinstalar el driver antiguo, es decir, el paquete fglrx y todas sus configuraciones, bien mediante Synaptic (opción de desinstalar completamente) o bien mediante terminal, con sudo apt-get purge fglrx. Luego, basta con ejecutar con sudo el script que contiene el paquete de la web de AMD y reiniciar. Para que todo salga bien se precisa el paquete linux-headers, que se hallaba en mi sistema, probablemente por tratarse de un equipo actualizado desde Ubuntu 12.04. Con esto quiero decir que el script arrojará un error si se pretende hacer esto en un Ubuntu 12.10 instalado desde cero, pues éste no incluye dicho paquete por defecto y tenemos que instalarlo manualmente.

Con los pasos anteriores conseguí que el desempeño gráfico mejorase, las FPS volvieron a su valor de 2.000 y pico y los cuelgues de Compiz desaparecieron casi por completo. De hecho pasé del cuelgue diario a un único cuelgue en todo el tiempo transcurrido desde que hice la susodicha actualización de los drivers de AMD.

En definitiva, ¿es recomendable actualizar?
Mi opinión a este respecto sigue siendo la misma que vertí en mi artículo de revisión sobre Ubuntu Quantal: no merece la pena. En unos días en los que la comunidad ubuntera debate sobre la conveniencia o no de que la distro se convierta al modelo “rolling release”, cosa que al parecer no sucederá, yo sigo enrocado en mi postura en lo referente a la periodicidad de las versiones de la distro. Si de mí dependiera, Ubuntu saltaría de LTS en LTS, pues en mi opinión son las únicas versiones con un acabado decente y un número de errores aceptable. No he encontrado, tras casi quince días de uso, nada en esta Ubuntu Quantal que mejore a Precise y sí algunas cosas que la empeoran. Luego la conclusión es obvia.

Y en cuanto a Ubuntu en general, como distribución, sin atender a la versión, podríamos decir que uno se acostumbra a usarla porque es cómoda. Unity no me disgusta, pero no le saco todo el jugo debido a que mi forma de trabajar con el escritorio es demasiado tradicional. Poniendo un ejemplo: si quiero buscar algo en Wikipedia, tiendo a ir al navegador, que casi siempre está abierto, y escribir en la barra de búsqueda, cuando podría ir al HUD de Unity y usar la lente de Wikipedia que tengo instalada. Pues no, el cerebro humano es así, somos animales de costumbres salvo que las novedades ofrezcan una destacada mejoría. Y es obvio que, al menos en mi caso, no es del todo así.

Para finalizar por hoy, algunas reflexiones en torno al nuevo enfoque del blog. No voy a negar que, como enfermo distro hopper que soy, me ha costado lo suyo quedarme con Ubuntu todo este tiempo. De hecho, dando por concluido el mes (día arriba, día abajo) de uso de la distro, estas líneas las escribo desde Chakra, otra distro que, como Arch, me sigue llamando, más aún cuando sigo colaborando en las traducciones y me gusta echar un vistazo a sus progresos. Pero no, no voy a desviarme una vez más de lo acordado, tan solo he reparticionado para poder contar con una distro fija, como solía hacer antaño, y tener a la vez una partición de pruebas a la que dedicar todo un mes. En esta nueva instalación “chakrera” le he dado una apariencia “a lo Unity”, tal vez Ubuntu sí que me ha dejado un poso, después de todo, aunque sea la conveniencia de tener la barra de aplicaciones a la izquierda y no en la parte inferior.

Lo cierto es que un mes es mucho tiempo para un distro hopper. El lado positivo es que se llega a conocer en profundidad la distro que toca, con lo que la opinión formada gana en calidad y de eso nos beneficiamos todos. Febrero se aproxima, con las votaciones aún abiertas, y tiene toda la pinta de que me espera la vaca fedoriana, que teniendo en cuenta las experiencias que he leído últimamente es muy posible que suponga todo un reto…

Dos semanas con Ubuntu: impresiones

El tiempo no corre, vuela, y ya son catorce días los que llevo usando Ubuntu 12.04 Precise Pangolin en mi equipo como sistema principal. Han sido dos semanas en las cuales me he dedicado a mis habituales quehaceres informáticos y alguna labor menos frecuente, como hacer copias de seguridad de muchos de mis CD musicales, todo ello sin ningún contratiempo importante que reseñar. No diré que me sorprende el hecho de que Ubuntu corra estable y fluido, no en vano ya analizamos en el blog esta versión con un buen resultado, lo que sí me es grato comprobar es que mi nivel de tolerancia para con la interfaz Unity ha alcanzado un alto grado.

Hablando claramente, me he acostumbrado a Unity y lo veo un buen sustituto de los clásicos docks – Docky siempre fue mi favorito – que además añade un plus de integración con el escritorio que me parece muy acertado. Ubuntu con Unity da una “imagen de marca” que lo identifica y diferencia, pero nada de eso valdría para nada si no funcionase de acuerdo a lo que uno espera de una distribución enfocada en hacer la vida más sencilla al usuario. Y he de confesar que a medida que se usa se le coge cierto aprecio.

Vamos a repasar los principales puntos de la instalación y puesta a punto de Ubuntu. La razón de hacerlo ahora, con dos semanas de uso, no es otra que poder comparar el sistema con su siguiente versión: en efecto, pretendo actualizar mañana a Quantal Quetzal y tener así argumentos suficientes para desvirtuar – o ensalzar, quién sabe – la versión 12.10 frente a la de soporte extendido. Muy a mi pesar, el artículo que dedicamos a Ubuntu Quantal se ha convertido ya en el más visitado del blog, con lo que se hacen necesarios más elementos de juicio, pues queramos o no los usuarios tienden a instalar siempre las últimas versiones.

Instalación y configuración

Nada especial que destacar, instalé Ubuntu en su tiempo habitual – largo – y decidí no retocar demasiado el aspecto original. Tan solo un par de aplicaciones de configuración, Ubuntu Tweak y My Unity, con los que reducir un poco el tamaño de los iconos del lanzador y así ganar espacio en la pantalla. Así mismo añadí una serie de repositorios que me permitieron instalar diferentes “lens” para el dash de Unity, algunas de las cuales me parecieron útiles (wikipedia o torrents) y otras meras curiosidades (tiempo meteorológico). Puesto que la mayor parte del tiempo que uso el ordenador mantengo Firefox abierto, la verdad es que termino usando el buscador de toda la vida. Simplemente, no acabo de acordarme de emplear esta función de Unity. Por si alguien las desconocía, toda la información está aquí. Como se podrá comprobar hay lens de todo tipo.

Mi habitual caballo de batalla, también conocido como drivers propietarios de AMD/ATI para Radeon, tampoco ofrece dificultad alguna. El sistema me informa mediante Jockey de la disponibilidad de los controladores y los instalo. La combinación de dichos controladores y el gestor de ventanas que emplea Unity (Compiz) consiguen unos FPS en las pruebas con glxgears de 2000, aproximadamente.

Uso de mis programas preferidos
Con Ubuntu no se plantean problemas a la hora de obtener software, casi todo está disponible a través del canal habitual (Centro de Software) y, lo que no, se obtiene añadiendo los PPAs correspondientes. He estado usando Firefox, que se actualizó a la versión 18, VLC, Shotwell, Gimp (2.6), Cheese, Libreoffice, Clementine, Spotify… Incluso he descubierto la existencia de alguna aplicación nueva para mí, en concreto Asunder, cuya capacidad de búsqueda de las pistas de un CD a ripear en la CDDB me ha sorprendido para bien. Un comentario de un usuario en el Centro de Software mientras trataba de instalar Sound Juicer me orientó hacia el referido programa.

Handbrake, programa que me presentó dificultades en mi última instalación en Arch con XFCE, funcionó sin problemas. Un punto a favor de los llamados sistemas preconfigurados, pues estoy seguro de que el fallo en Arch se debía a la no instalación por mi parte de algún paquete necesario. Aún reconociendo que es muy grato el poder instalar una distro desde cero y añadir solamente lo que se desea, hay ocasiones en que esto se vuelve en contra de uno, sobre todo cuando tienes prisa por realizar algo y te das de bruces contra el error. Ese momento en que se desearía haber optado por una opción más sencilla… como Ubuntu, por ejemplo.

Esta instalación de la distro de Canonical también me ha servido para conocer Variety, una aplicación que se encarga de ir cambiando el fondo de escritorio cada cierto tiempo. Nos permite optar por fondos en la nube (incluye varios sitios) o por nuestros propios fondos de escritorio y viene a realizar la función que en mi Arch con XFCE encomendaba a Desktopnova. Funciona perfecto, todo sea dicho.

Pequeños contratiempos que solucionar
Pese a que había sido usuario de Compiz en innumerables distros anteriormente, la primera vez que me percaté de la utilidad del plugin Scale fue cuando instalé Gnome 3 (creo que fue en Fedora). Aunque lo que el escritorio mexicano implementa no es Scale, sino Expo, que no es exactamente lo mismo, ya desde el inicio me pareció muy útil poder cambiar de ventana llevando el cursor a una esquina de la pantalla. Evidentemente esto es opinable, sé de buena tinta que el “hot corner” no es del agrado de mucha gente, pero a mí me resulta, en particular, muy útil y sencillo de usar.

El caso es que en Ubuntu viene deshabilitado por defecto y se necesita de Ubuntu Tweak para activarlo. El problema viene cuando, tras cada reinicio, Compiz parece olvidar esta opción y se desactiva sola. La solución pasa por instalar gconf-editor (o Editor de configuración), dirigirse a /apps/compiz-1/general/screen0/options/active_plugins y mover, mediante clic y arrastrar, el plugin Unityshell por encima de Scale y Expo. Mano de santo, oigan.

Aparte de este pequeño detalle he notado que ciertas páginas en Firefox parecen “atrancarse” ligeramente, supongo que debido al mal desempeño del plugin de Flash, y que algunas tipografías tienden a verse algo difusas. No he conseguido arreglarlo, pero lo cierto es que se da con poca frecuencia y no llega a resultar molesto para nada. También debo reseñar algún que otro informe de error en aplicaciones, normalmente al cierre de las mismas, pero solo en casos excepcionales (intentar cerrar Clementine mientras trata de leer un CD ya viejo, por poner un ejemplo). Y en cuanto a la barra de tareas, todo bien, destacando de nuevo la excelente integración de todos los componentes para ofrecer una experiencia real de escritorio completo, Unity Mail incluido. El plugin My Weather Indicator, de Lorenzo Carbonell, es el único de los indicadores meteorológicos disponibles para Unity que me ha funcionado sin fallos, por lo demás, perfecto.

En resumidas cuentas, una agradable experiencia esta Ubuntu Precise, sazonada además con unos tiempos de inicio y apagado realmente espectaculares, al nivel de mi Arch con systemd. Y no, Canonical no me ha incluido en nómina, solo cuento las cosas tal y como son, y mi opinión no difiere demasiado de muchas otras que he leído en el sentido de alabar las ediciones LTS de Ubuntu y denostar, por deméritos propios, el resto. También es cierto que no todo el mundo se acostumbra a Unity, eso es así. Pero, como indicaba al principio, a partir de mañana actualizaremos Precise a Quantal y ya veremos qué pasa. Obviamente, teniendo en cuenta experiencias pasadas, no espero nada bueno.

Doce meses, doce distros

Con el final de la época navideña llega el momento de retomar la actividad en este vuestro blog. Han sido unas semanas de asueto, tratando de descansar del mundo de Linux por un tiempo, pues bien es sabido que todo, hasta lo bueno, tomado en exceso cansa. Y yo hace tiempo que estoy exhausto, en términos linuxeros, sin ideas y con poco que aportar a la esfera de blogs sobre software libre. Durante mis vacaciones, aunque no he estado muy al tanto de lo que se cocía en Linux si que me he dedicado a pensar, reflexionar, pararme un poco a ver si conseguía encontrar el disfrute perdido.

Confieso que he vuelto a estar fuertemente tentado por la idea de abandonar el blog, pero después de darle muchas vueltas creo que todavía me queda alguna historia que contar y es posible que hasta me pueda volver a divertir escribiendo sobre Linux. El tiempo lo dirá, lo que está claro es que mi última vuelta de tuerca para centrarme en Arch Linux y sus derivadas ha tornado en fracaso absoluto. Poco más que el tutorial de instalación de Arch se me ocurre, la verdad. Lo escribí, me entretuve haciéndolo, pero… ¿y después qué?

Ya preparé en su día un tutorial sobre Chakra, de modo que por ahí poco podía aportar, al no haber cambiado prácticamente en nada la distribución desde el momento de su redacción. Sobre Manjaro tampoco tenía mucho que decir que no se hubiera comentado ya de sobra en Deblinux, por ejemplo. Archbang siempre me ha parecido una lata de configurar, casi tanto como Arch, y qué decir de Cinnarch, distro que ni tan siquiera fui capaz de hacer funcionar como es debido el tiempo suficiente para hacer una revisión. Para colmo, me topé con un par de interesantes artículos de opinión, uno de ellos escrito por Allan McRae, donde discute con su habitual ironía la utilidad de las derivadas de Arch, y como encuentra entre ellas una gran mayoría de paquetes compilados por él mismo para su distro madre. No digo que McRae tenga razón o que me gusten sus formas, pero al menos me dió para pensar un rato en la dichosa dispersión de Linux y su miríada de distros.

El otro artículo es de Rafael Rojas y trata sobre la dificultad de mantener un blog que se centre en Arch Linux. Él postula que de poco sirven los tutoriales sobre esta distro cuando en su wiki se encuentran todas las soluciones a los posibles problemas que surgen a la hora de instalarla y configurarla. Tampoco le falta razón al señor Rojas.

De modo que de nuevo me veo en la tesitura de qué hacer con el blog. La gota que colma el vaso llega cuando me veo en la necesidad de editar, con cierta urgencia, unos vídeos caseros familiares y grabar un DVD con ellos. En Arch me encuentro con algunos problemas de reconocimiento de formatos que no consigo solucionar, por lo general es lo que ocurre cuando se tiene prisa y algo no funciona como se espera. Termino iniciando en Windows 7 y usando Movie Maker para hacer el trabajo, con buen resultado, por cierto. La situación me vuelve a hacer reflexionar sobre la “esclavitud de Linux” a la que yo mismo me someto: instala, configura, investiga, colabora, y a la hora de la verdad… ¡corre a Windows!

Por esto, porque nunca jamás creo que pueda curarme del distro hopping mientras escriba este blog, vamos a hacerlo de forma más selectiva y, a la vez, más participativa. Mi idea es utilizar una distro cada mes, todas ellas de sencilla instalación y mantenimiento para el usuario. La lista de distribuciones la he obtenido de las más populares del año 2012 en Distrowatch, no se me ocurre mejor forma de medir el uso de las mismas. Pretendo usar la distro en cuestión como único sistema operativo durante los treinta días del mes, teniendo como solución de rescate al sistema de Microsoft… eso, ni más ni menos, es lo que pretendo.

Con este método puede obtener mi dosis mensual de distro hopping en vena al tiempo que evalúo más en profundidad lo que supone usar cada distribución. El ritmo de publicación va a ser bajo, eso lo tengo claro, pues es posible que no haya mucho que contar sobre algunas de ellas. Igualmente pretendo solicitar la colaboración de los lectores habituales y visitantes del blog (mil diarios, más o menos) para elegir mediante encuesta la distribución a probar el siguiente mes. He empezado con Ubuntu Precise, con la cual llevo ya una semana sin problema alguno que reseñar.

Así que dejo caer mi idea, soy consciente de que llevo un tiempo dando bandazos y os tengo un poco mareados, pero pido que entendáis que hago esto exclusivamente por diversión y como forma de devolver algo a la comunidad a cambio de lo que he recibido durante más de cinco años de uso de Linux de manera continuada. No creo que existan más motivos para seguir por aquí, la esclavitud ya se abolió en casi todo el mundo y ser esclavo de un sistema cuyo objetivo es hacerte libre se me antoja el colmo de las contradicciones…

Por otro lado yo no soy ningún gurú, a veces recibo comentarios o correos que me consideran algo parecido a eso, tal vez es culpa mía por mantener cierto halo de misterio (anonimato, diría más bien) que tampoco tiene mucho sentido: me llamo Enrique, soy enfermero en las Urgencias de un hospital y no uso el ordenador para nada que tenga que ver con programación o tareas complejas. Soy un simple usuario de Linux con algo de experiencia, nada más, no quiero ser otra cosa. Si en mis desvaríos de distro en distro consigo ayudar en algo me daré por satisfecho. Saludos y Feliz Año para todos.