Linux Mint 17.2 Rafaela: una versión sobresaliente

¿Hueles eso, muchacho? Nada en el mundo huele así“. Y no es el olor del Napalm por las mañanas lo que emana un aroma a victoria, como en la película… es la esencia del triunfo de una versión nueva de Linux Mint que llega a nuestros ordenadores, con un giro de 180 grados en cuanto a experiencia de uso en mi equipo. Lo comentaba en el artículo dedicado a la versión anterior, cómo me disgusta tener que escribir en negativo de una distribución GNU/Linux que tanto trabajo tiene detrás… Pues bien, hete aquí que con Rafaela nos vamos al extremo opuesto: con gran placer redacto estas líneas sobre una edición que roza el sobresaliente.

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LMDE 2 Betsy: ¿estabilidad duradera?

Menudo mes y pico nos espera a los amantes del “distro hopping” por curiosidad y novelerío. Varios lanzamientos, algunos de ellos largamente esperados, copan los días venideros mientras nos frotamos las manos esperando a que caigan en nuestras ídem las imágenes prestas a su instalación. Elementary, Debian, Ubuntu y alguna que otra más, como aquella con la que vamos a comenzar el largo camino de revisiones: la nueva Linux Mint Debian Edition, de ahora en adelante LMDE, de nombre Betsy. Se trata de una versión un tanto especial, que se ha hecho de rogar y mucho, tanto que algunos de los que solían usarla llegaron a crear un “fork” (SolydXK) para satisfacer su demanda de actualizaciones.

LMDE 2, al contrario que su predecesora, asienta su base en Debian Jessie, que verá la luz, si todo va bien, de aquí a un par de semanas. Según entiendo de la documentación revisada, la distribución mantendrá los repositorios apuntando a la rama estable de Debian (LMDE 1 lo hacía a”testing”), pero con el añadido de varios “repos” de cosecha propia, donde aseguran que actualizarán ciertos paquetes, en especial los referidos a los dos entornos de escritorio que alcanzan su excelencia en Linux Mint, es decir, Cinnamon y Mate. Insisto, si he entendido bien el mensaje de Clem y compañía, las novedades en ambos entornos se lanzarán antes en LMDE que en la versión basada en Ubuntu.

Si esto es así, trabajo tienen por delante para conjugar la estabilidad a prueba de bombas que proporciona una base en Debian Jessie con la rabiosa actualidad de nuevos paquetes para Cinnamon o Mate. El tiempo dirá si lo consiguen. Por mi parte, os voy a comentar aquí mis impresiones sobre esta segunda versión de la distribución, que he probado con Cinnamon.

Instalación
Durante el inicio de la sesión en vivo se produce una larga pausa, de un minuto o más, durante la cual nada parece suceder. No hay lecturas en disco ni oigo el ventilador del equipo a tope como cuando la CPU trabaja duro. Nada de nada. Este comportamiento, que también he observado en una reciente prueba de Arch con Gnome 3.16, se reproduce una vez instalada la distribución, en todos y cada uno de los inicios al sistema. ¿Problemas con systemd? ¿El nuevo kernel? Ni idea, lo único que puedo aportar al asunto es que mi Ubuntu Trusty sigue arrancando con la rapidez habitual, libre de este problema.


En lo que a la instalación se refiere, poco nuevo que señalar. El proceso es sencillo, con una presentación de diapositivas que carece de imágenes y además, está en inglés. Todo concluye sin incidencias y al reiniciar, el entorno está en castellano y han sido reconocidos el resto de sistemas que coexisten en el equipo.

Arranque y apagado
Lo indicaba en el párrafo anterior: el arranque se hace eterno, con un minuto y treinta y seis segundos. Ya sé que el Windows de algunos tarda el triple en echar a andar, pero estamos en GNU/Linux, qué narices, y aquí en los dominios de Tux no es una cifra aceptable. Algo anda mal en el inicio del sistema. El apagado tampoco destaca para nada: once segundos. Se trata, sin duda, de los peores tiempos obtenidos últimamente en mis revisiones.


Software
LMDE, como su hermana basada en Ubuntu, viene con una buena colección de programas, entre los que se incluyen Firefox 37, Libreoffice 4.3.3, VLC 2.2.0 o Banshee 2.6.2. Sobre la reiterada inclusión de este último, bueno, en mi opinión no es la mejor opción disponible… pero son sus costumbres y hay que respetarlas.


Reconocimiento de hardware
Realmente bueno. Para configurar mi impresora tuve que hacer uso de las utilidades de HP disponibles en el gestor de programas. HP-Setup no siempre funciona, en especial falla el apartado de descarga del “plugin” propietario en determinadas distribuciones, mas no es el caso de LMDE, donde todo va como la seda. El resto de dispositivos los reconoce de inmediato.


Conectividad
Vaya si echaba de menos los tiempos en que todo iba de maravilla en este apartado. La pre-configuración de Samba incluida en LMDE es perfecta, haciendo que la conexión con un equipo Windows sea un juego de niños. Recuerda las contraseñas de una sesión para otra y permite hacer “streaming” multimedia sin que el usuario tenga que configurar nada en absoluto. Perfecto. Los tiempos de acceso para lectura y escritura a periféricos, por el contrario, son harina de otro costal, obteniendo unos pobres resultados muy por debajo de los de Linux Mint Rebecca.


Experiencia “out of the box”
Absolutamente genial. Poco más que añadir. Reproducción sobre la marcha de cuantos archivos le puse por delante, de vídeos en Youtube, extracción y compresión, lectura de PDFs… Y, nuevamente, sin que el usuario deba preocuparse de instalar nada.


Estabilidad, fluidez y gestión de energía
Como comentaba antes, ignoro si el equipo de desarrolladores conseguirá mantener la estabilidad que se presupone a Debian Jessie tras la inclusión de nuevos paquetes de los repositorios de pruebas de Linux Mint. Hoy por hoy, doy fe de que lo han logrado. La experiencia de uso ha sido muy buena, con total fluidez del sistema y sin cuelgues de aplicaciones ni del entorno gráfico. Tan solo un pequeño lunar, que califico como error leve: tras un cierre de sesión, al volver a entrar, el entorno había cambiado al idioma inglés, siendo preciso volver a seleccionar el español en el apartado correspondiente. Es extraño, porque en dicho apartado figuraba el español como escogido, pero no fue hasta que volví a insistir en seleccionar lo ya seleccionado, que el entorno regresó al castellano. Nimiedad de fácil solución, por fortuna.

Rendimiento
Por debajo de Linux Mint Rebecca, con especial énfasis en los tiempos de lectura y escritura al “pendrive” y la tarjeta de memoria. En lo referente a la prueba de rendimiento gráfico en 3D, Unigine Valley, destacar que obtuve un valor mucho mayor tras seleccionar la casilla “desactivar composición de ventanas a pantalla completa”, disponible en las opciones generales de LMDE. Un considerable incremento del rendimiento, de 437 a 468 puntos. Valga el consejo para quienes pretendan usar la distro para juegos.

Finalizada la revisión de LMDE Betsy me vais a permitir que insista en que, quizás, lo más destacable estriba en la incertidumbre que adorna el título de este artículo. Como idea, esto es, en la teoría, la distribución puede ser un auténtico bombazo: la tan ansiada búsqueda del equilibrio entre estabilidad y novedad puede haber finalizado con la decisión que ha llevado a Clem Lefebvre y su equipo a plantear su versión “debianita” de Linux Mint en estos extremos.

Y es que, sinceramente, todo lo demás me sobra por ya conocido. Alguien que tenga la intención de instalar esta distribución podría plantearse, antes que nada, qué le va a aportar que sea distinto a instalar Debian puro y añadir Cinnamon. Algo que, dicho sea de paso, nunca fue tan sencillo al incluirse esta posibilidad en el nuevo instalador de la “gran dama”. La respuesta está en la propia página de descarga de LMDE:

LMDE no es tan “mainstream” como Linux Mint, con una base mucho más pequeña de usuarios, no es compatible con PPAs y carece de ciertas características. Esto la hace algo más complicada de usar y de encontrar ayuda, por lo que no se recomienda para usuarios noveles.

LMDE es, sin embargo, ligeramente más rápida que Linux Mint e incorpora paquetes más nuevos. La vida en LMDE puede ser apasionante. No hay versiones intermedias en LMDE 2, salvo para reparar errores y parches de seguridad, los paquetes básicos no cambian, mientras que los componentes del escritorio y paquetes propios de Mint son actualizados contínuamente. Cuando están listas, las nuevas características desarrolladas entran directamente en LMDE 2, mientras quedan aplazadas en Linux Mint hasta su inclusión en la nueva versión intermedia (N. del T.: point release, es decir, la 17.1 o 17.2, por ejemplo). En consecuencia, los usuarios de Linux Mint solamente acceden a las nuevas características cuando sale una nueva versión intermedia, y escogen actualizar. Los usuarios de LMDE 2 no tienen esta posibilidad de escoger, pero a cambio reciben los primeros estos paquetes, y no tienen que esperar. Es más arriesgado, pero más emocionante.

Creo que el texto lo deja bastante claro. LMDE Betsy es una distro estable pero inestable. Debian Jessie con paquetes nuevos que sirven de probatura a la distro principal de Linux Mint, en particular todos los referidos a nuevas características de Cinnamon y Mate, o a los programas de factura propia, como MintInstall. En principio parece una gran idea, aunque cabe puntualizar que del comunicado se desprende que los paquetes nuevos se van a limitar a los mencionados, por lo que nadie debe esperar encontrar en LMDE las últimas versiones de programas como Libreoffice o VLC, por poner un par de ejemplos. Con lo que el puzzle se completa: base estable + escritorio “testing” + programas obsoletos. Interesante, cuanto menos.

No seré yo quien prejuzgue esta extraña combinación. Bien llevada puede ser, como digo, una genial idea. Os corresponde a vosotros, a los que la curiosidad os esté picando para instalar este nuevo sabor mentolado, la última palabra. Por el momento, en mi experiencia durante sus primeras horas de vida, LMDE Betsy se ha comportado de modo impecable. El reto está en mantenerse así durante todo su larguísimo ciclo de vida.

Salud

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LMDE 2 BETSY LSDH
Instalación 10
Arranque y apagado 5
Software 10
Hardware 8,75
Conectividad 10
Out of the box 10
Estabilidad 10
Fluidez 10
Gestión de energía 3,33
Pybench 2.993
Apache 15.488,92
Encode-flac 13,15
Unpack-linux 17,92
Unigine Valley 468
Browsermark FF 2.930
Browsermark GC 4.146
Transf. pendrive 5,19
Transf. disco USB 0,56
Transf. SD-card 6,44
Corrección por rendimiento -0,81
Corrección por errores -0,25
CALIFICACIÓN 7,94

Dando otra oportunidad a Linux Mint Rebecca

Anda que no llevo tiempo intentando usar Chakra como único sistema operativo. La “tira”. El “manso”. Y así podría seguir con un montón de términos de mi tierra, hoy que celebramos elecciones al Parlamento, ése ocupado por los mismos del puño y la rosa desde hace más de tres décadas porque así lo ha querido la gente. A ver qué pasa hoy. Parafraseando a Pérez-Reverte en una entrevista cercana en el tiempo: “país de golfos y gilipollas. Por cada golfo, cien mil gilipollas”. Palabra de Arturo. Volviendo a lo que iba, pues últimamente tengo una facilidad para cambiar de tema que me pierde, decía que nunca consigo quedarme en Chakra por culpa de la falta de programas que necesito en CCR, además de que las últimas versiones de KDE me exasperan con pequeños errores. El diablo está en los detalles, ¿verdad? Y a nosotros, linuxeros “distro hoppers” perfeccionistas, nos bastan unos cuantos pequeños problemas para salir corriendo a por la siguiente distribución.

Como yo soy perro viejo en estas lides, mantengo siempre una partición con la última LTS de Ubuntu. Siempre digo, e insisto en ello, que Ubuntu me gusta. Me gusta su modelo de desarrollo a largo plazo y me gusta Unity. Fin de la cita. El problema es que con las recientes actualizaciones y la aparición de la versión 14.04.2, no sé qué ocurre pero el ordenador de sobremesa ha empezado a hacer cosas raras, como perder la conexión a Internet de forma aleatoria o demorarse más de la cuenta al apagar. Algunos programas que antes no fallaban, lo hacen ahora (los indicadores, mayormente). Cosas que, justo es mencionarlo, no me han ocurrido en mi equipo portátil, que también viste y calza un Ubuntu Trusty, aunque corriendo sobre Intel. Me siento tentado, y mucho, de culpar al hardware AMD, pero eso sería lo más fácil y tampoco tengo pruebas certeras, así que mejor no.

De modo que vuelta a empezar en la búsqueda de una distribución estable, que se actualice poco y que no sea la propia Debian Stable. La primera que se me vino a la cabeza, merced a un comentario de Juan Carlos Senar en mi último artículo, fue Linux Mint. La experiencia vivida con la revisión de Rebecca no fue buena, pero siempre cabía la posibilidad, como así ha sido, de que hubieran solucionado los problemas en el tiempo transcurrido desde que la instalé. Ni rastro de los extraños errores que menciono en dicha revisión.

Puede parecer una mala idea, en principio, debido a que Linux Mint se basa en Ubuntu y ésta me ha fallado. Por simple lógica, también puedo tener problemas. No obstante, el equipo de Mint se aproxima a las actualizaciones con mucha más prudencia que Canonical. Y tal vez, por ahí pueda salvarse la cosa. Expectante me hallo.

De momento, todo bien. Cinnamon ha mejorado una barbaridad, tanto en estética como en funcionalidad. A nivel de desempeño gráfico, con la posibilidad añadida recientemente de deshabilitar la composición y efectos a pantalla completa, los juegos han ganado en fluidez con respecto a Ubuntu. También lo noto sin usar la pantalla completa, todo hay que decirlo. Los partidos en “Football Manager” se sienten tan ligeros como en Chakra.

Y en lo que respecta a funcionalidad, varias mejoras respecto a Ubuntu. Cinnamon incorpora un cambiador de fondos de pantalla, con lo que no preciso instalar Variety. El indicador de Pushbullet funciona perfectamente y sus notificaciones se integran mejor que en Unity. Con solo encender la impresora apareció el diálogo de instalación del “plugin” propietario de HP. Y las esquinas activas funcionan siempre, error que en Ubuntu no consiguen arreglar y eso que está presente desde la versión 12.04.

Me parecía justo dedicar este pequeño artículo a Linux Mint, toda vez que el equipo capitaneado por Clem Lefebvre parece haberse puesto las pilas y alisado los bordes rugosos que afeaban la experiencia con Rebecca. Bien por ellos. Yo, como sabéis, no soy hombre de palabra ni compromiso en lo que a fidelidad linuxera se refiere, aunque estoy tratando de mejorar eso. Ubuntu llevaba instalada y en uso desde Octubre. Además, ahí sigue en el portátil. De todas formas, gracias a Clonezilla, será sencillo regresar y ver si, como en el caso de esta distribución, los errores han desaparecido en unos meses. Mientras tanto, disfruto de una buena experiencia con Linux Mint Rebecca que quería compartir con vosotros.

Salud

Linux Mint 17.1 Rebecca: triste regresión

Menuda racha llevamos con los análisis del blog, con lo feliz que a un servidor le hace revisar una distribución GNU/Linux casi perfecta, que poder recomendar a diestro y siniestro. Como, por ejemplo, oh tremenda ironía, un par de versiones anteriores a esta Linux Mint Rebecca. Recuerdo lo bien que iba Petra, sin errores, con un rendimiento digno de reconocimiento, aunque algo escasa de soporte… Pues no hay manera, señor@s, y lo reconozco con pesar: las dichosas regresiones en GNU/Linux me tienen frito. Nuevas funcionalidades, algunas muy vistosas desde el punto de vista estético, otras que añaden facilidad para el usuario, que llaman poderosamente la atención en las nuevas versiones lanzadas de ciertas distribuciones. Todo ello, lamentablemente, se queda en agua de borrajas cuando nos encontramos, como es el caso que hoy nos ocupa, con un grave fallo que echa a perder toda la experiencia.

Y es que Cinnamon siempre me pareció una gran idea, al principio con sus problemas lógicos, pero que poco a poco se fue transformando en un escritorio de una utilidad estimable, en especial para aquellos que no conseguían adaptarse a los nuevos paradigmas de trabajo que introdujeron Gnome 3 y Unity. Distintas versiones de Linux Mint me hicieron reconciliarme con el entorno de escritorio, muy fallón y lento en mi equipo en sus comienzos, para concluir con la puntuación perfecta para Petra, que en su día todos celebramos. Veamos por qué motivo hoy no estamos de fiesta.

Instalación
Aquí hay poco que comentar, en tanto en cuanto Mint continúa con la apariencia y la funcionalidad de siempre. O, para ser más exactos, la línea de “artwork” iniciada en Linux Mint 10 Julia, que vaya si ha llovido desde entonces. El mismo fondo de pantalla, el mismo tema de escritorio (con alguna variación menor), el viejo y amigable Mint que todos conocemos, para concretar. En las fuentes tipográficas sí se aprecia alguna diferencia, con el uso de Noto, y un gran renderizado a la par. Bastante por encima de la mayoría de distribuciones que conozco, en este sentido. El grub sigue sin estar tematizado, algo que no debiera ser demasiado trabajoso y aportaría un plus de calidad al ya de por sí bien cuidado aspecto general.

Algo que sí se ha hecho con la pantalla de “login”, que nos muestra una sucesión de bellos fondos de pantalla paisajísticos muy de agradecer. Un detalle de los desarrolladores para con el usuario, como también lo supone el hecho de que se recuerde la contraseña de la red wifi introducida en la sesión “live”, de manera que tras el primer reinicio al nuevo sistema no es necesario volverla a introducir. Son las pequeñas cosas que hacen de Mint una distro puntera en cuanto a facilidad de uso y apariencia.

El clásico escudo de la bandeja del sistema nos muestra, como de costumbre, las actualizaciones disponibles ordenadas por niveles de seguridad. Algo que también es único en esta distro, donde se gradúan del 1 al 5 dependiendo de cuan peligrosas puedan resultar para la estabilidad de nuestro sistema. Como ya ocurría en la última versión, que no llegamos a analizar en este blog, podemos ver todos los niveles, aunque el 4 y 5 (dbus sería un ejemplo del primer caso, y el kernel del segundo) aparecen deshabilitados por defecto.

Tras la actualización de rigor y el consiguiente reinicio, no hay problemas ni errores que lamentar. Eso sí, merece la pena perder algo de tiempo entrando al módulo de “Idiomas” de la configuración general del sistema y eliminando la gran mayoría de los 43 (sí, leéis bien, cuarenta y tres) instalados. Con el inglés de los “states” y el castellano, a mí me vale. De igual manera recomiendo entrar en “Orígenes del software”, donde podemos elegir el mejor espejo como repositorio principal con una facilidad pasmosa, al ordenarse todos los disponibles según el tiempo de respuesta (un ping, supongo).

 

Arranque y apagado
Si queremos modificar el grub de un modo gráfico tendremos que instalar un programa adicional, como es el caso del Grub-customizer, mediante PPA. Los tiempos de inicio y apagado del sistema son más que correctos: 41 segundos para entrar y 6 para salir.

Software
MintInstall se encarga de facilitarnos la instalación de programas, siendo una utilidad que, en general, se maneja con más fluidez y es más simple que su equivalente para Ubuntu, distribución en la que Linux Mint se basa desde sus comienzos. De serie contamos con Firefox como navegador, VLC y Vídeos para multimedia, Banshee para música, Gimp para retoques gráficos y Libreoffice como “suite” ofimática.

Reconocimiento de hardware
Más o menos lo habitual para mi equipo: un ratillo para configurar la impresora y todo perfecto para la webcam, el escáner y la tarjeta de red inalámbrica. La instalación de los controladores propietarios de AMD se puede hacer sin temores gracias a la inclusión de un módulo “Administrador de controladores” que nos facilita, una vez más como es norma, el trabajo.

La impresora, desde el punto de vista del usuario novel, puede suponer algún problema si se opta por instalarla desde el módulo incluido en el menú de Mint. Dicho módulo instala el controlador libre foo2zjs, que antaño iba bien, pero que en la actualidad no provoca el resultado deseado, esto es, que la impresora funcione. Por ello recomiendo usar directamente la utilidad “hp-setup”, incluida en el paquete “hplip-gui”, fácilmente instalable desde el centro de software.

 

Conectividad
En distintos comentarios de otras revisiones pasadas he observado a algún que otro lector extrañado de mis problemas con Samba. Yo insisto en mi postura: solía ir bien con casi todas las distribuciones y ahora no funciona en ninguna. Que sí, que puedo perder el tiempo en configuraciones y demás… pero no me apetece volver a eso. No entiendo el porqué de esta regresión y además, al llover sobre mojado, incluso me llega a molestar. Absténganse los talibanes del “colabora y lo arreglas tú”, pues no soy programador. En resumen: seguimos igual, “no Samba, no party”.

Los dispositivos externos se conectan y son reconocidos. Los tiempos de lectura y escritura son buenos, similares a los de Ubuntu salvo en “pendrive”, bastante más lento. Si el dispositivo introducido contiene archivos multimedia, se lanza un importador, lo que supone otro paso más en pos de la facilidad de uso. Detalle a detalle se crea una gran impresión general que, por desgracia, acaba de un plumazo como veremos pronto.

Experiencia de uso
Linux Mint es casi inigualable en este aspecto. Incluye de serie todos los “codecs” y utilidades necesarias para cualquier tarea que precise un usuario medio. A tal punto llega que hasta se pueden reproducir archivos de vídeo digital puro (.dv), con el programa Vídeos, algo que no he logrado en ninguna otra distribución. Simplemente, perfecto.

Estabilidad
Cuando ideé el sistema de puntuaciones que sostiene el blog tenía dos cosas en mente: premiar la facilidad de uso para noveles en GNU/Linux y la estabilidad por encima de todo. Por este motivo, cualquier error de dicha índole es fuertemente castigado en la nota final. Y esto, como os temíais, es lo que ocurre aquí.

El fallo en cuestión no es de gravedad extrema, pues el sistema no se congela. Pero, de cuando en cuando y de un modo totalmente aleatorio, me encuentro con que Cinnamon no inicia ninguna ventana de modo tradicional. Esto es, ni mediante iconos de la barra de tareas ni usando el menú. Digamos que quiero abrir Firefox, pulso el icono, aparece el cursor de espera y… eso es todo. Tal como aparece, desaparece. Lo mismo con la terminal, con Nemo, con cualquier cosa.

Para añadir misterio al tema (o no, depende de los conocimientos de cada cual), si ejecuto un atajo de teclado, sí que se abre. Lo comprobé con la terminal, a la que pude acceder con CTRL + ALT + T, pudiendo observar un montón de líneas de “permiso denegado”, como muestra la imagen.

Esto, como digo, ocurre sin más. No parece obedecer a algo concreto, solamente sucede y el único modo de devolver el sistema a la normalidad es reiniciando el equipo, pues el “Reiniciar Cinnamon” de la barra de tareas no lo arregla. Y si trato de reiniciar sesión, una inquietante ventana con el mensaje “Su sesión ha durado menos de 10 segundos” me devuelve una y otra vez a lo mismo. Frustrante como poco, se puede decir que este fallo arruina lo que hasta entonces era una gran experiencia de uso. Una lástima.

Fluidez
Exceptuando lo visto en el párrafo anterior, todo lo demás va muy bien, y ello incluye un sistema que responde con rapidez y fluidez al uso.

Gestión de la energía
Más de lo mismo, en ración doble: ni suspensión ni hibernación. Como siempre, Catalyst en el punto de mira. ¿Por qué, AMD, por qué este castigo? Qué cruz…

Rendimiento del sistema
Teniendo en cuenta que la base de Linux Mint es Ubuntu, uno esperaría resultados parejos entre ambas distribuciones. Y así es, en la mayoría de apartados, destacando Mint en lo negativo con el test de codificación de audio (casi 5 segundos más que Ubuntu, resultado comprobado), así como el ya mencionado desfase de copia en el “pendrive”. Igualmente, Mint también rinde peor en el “benchmark” gráfico Unigine Valley, con 20 puntos menos de valoración.

Las regresiones, una a una
Llegado este punto se me ocurre que sería buena idea comparar la “perfección” de Linux Mint Petra en mi equipo con las molestas regresiones encontradas en Rebecca. Veamos, pues:

– Arranque y apagado más lentos que en Petra. Esto es anecdótico, al ser una diferencia muy pequeña y carente de importancia.

– La impresora no funciona con foo2zjs, el controlador libre. En Petra opté por instalar directamente el privativo, de modo que no se puede probar la regresión, pero es cierto que en versiones anteriores sí que he podido constatar que funcionaba.

– Samba ya no conecta “de serie”. En Petra sí lo hacía.

– Estabilidad del escritorio. El Cinnamon de Petra no me planteó problemas. En Rebecca, ya hemos comentado el desaguisado.

– Gestión de energía. En Petra podía suspender e hibernar el equipo. Nada de esto es posible en Rebecca.

Recapitulando que es gerundio. ¿Cuándo podremos librarnos en GNU/Linux de estas molestas y continuas regresiones? La insistente sensación de que estamos usando una “beta”, ¿se acabará algún día? ¿Por qué existe esa necesidad, casi patológica, en desarrolladores y usuarios de seguir sacando versiones nuevas sin parar cuando todavía no se han perfeccionado las antiguas? ¿Merece la pena introducir funcionalidades nuevas cuando se arruina la experiencia de uso estable de anteriores sistemas?

Son muchas preguntas de golpe, lo reconozco. Y la respuesta a muchas de ellas no es simple en absoluto. Como nos conocemos (algunos, que nadie se me vaya a enfadar), este artículo no pretende arrojar improperios contra GNU/Linux, solo es una revisión más. El problema es que esperaba encontrar continuidad a la maravilla que supuso Linux Mint 16 Petra, cuyo soporte ya expiró, por cierto. Y en su lugar, me encuentro con que tengo que reiniciar el sistema cada dos por tres, no puedo poner el equipo en modo suspensión, no puedo usar el controlador libre de la impresora, tengo que hacer labor detectivesca para conectarme a mi portátil sobre por qué Samba no quiere funcionar…

Tenemos, por lo tanto, un sistema con una excepcional facilidad de uso de cara al usuario con pocos conocimientos, con herramientas que mejoran las incluidas en otras distribuciones, y un cuidado aspecto. Todo ello se va por el desagüe por culpa de errores groseros que no estaban presentes, en su mayoría, en anteriores versiones. ¿Qué necesidad hay de esto?

La respuesta, como os decía, quizás no sea sencilla. O tal vez sí: seguir con lo que conocemos y sabemos que va bien, por antiguo que pueda parecernos. Linux Mint 13 Maya, por ejemplo, todavía tiene soporte a día de hoy. Y no ha pasado tanto tiempo desde que vio la luz, en realidad. Sostiene Clem Lefebvre, a la sazón “alma máter” de esta distribución, que si algo funciona, ¿para qué cambiarlo? Creo que ha de tener razón, visto lo visto, pues con cada revisión que acometo las cosas parecen torcerse en uno o en otro sentido. En lo estrictamente referido a Linux Mint, puesto que Petra no tiene ya soporte, os recomiendo encarecidamente que os quedéis con Qiana. Por desgracia no puedo atestiguar que vaya tan bien como su predecesora, pues no la probé en su momento, pero cada uno es conocedor de su equipo y bien podrá sacar conclusiones.

El resto de la cuestión, con sus inquietantes preguntas, tal vez sea motivo para un debate sosegado. Os invito a ello.

Salud

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Linux Mint Rebecca LSDH
Instalación 10
Arranque y apagado 7,50
Software 10
Hardware 8,13
Conectividad 5
Out of the box 10
Estabilidad 5
Fluidez 10
Gestión de energía 3,33
Pybench 3.039
Apache 23.380,51
Encode-flac 13,21
Unpack-linux 17,98
Unigine Valley 454
Browsermark FF 2.832
Browsermark GC 3.966
Transf. pendrive 4,18
Transf. disco USB 1,08
Transf. SD-card 4,57
Corrección por rendimiento -0,55
Corrección por errores 0,00
CALIFICACIÓN 6,85

Linux Mint 16 Petra: 7 meses de excelencia

Después de una gran versión de Ubuntu suele venir otra de Linux Mint que no le va a la zaga. Es la lógica consecuencia de que ésta se base en aquélla. Pero como no siempre se cumple lo que en un principio parece obvio, tras acometer el análisis de la distro de Canonical hoy le toca el turno al reciente lanzamiento del equipo liderado por Clem Lefebvre. He usado Linux Mint en distintas etapas de mi vida linuxera, se podría decir que fue la distribución con la cual empecé a descubrir que hay todo un mundo más allá de Ubuntu, digamos que fue la que disparó al distrohopper que hay en mí. No le guardo rencor, pese a todo, más bien al contrario…

Recuerdo con un cariño especial aquellas primeras versiones (para mí lo fueron, aunque la andadura de Mint se remonta a Ada, en agosto de 2006) con nombre de mujer: Elyssa, Felicia, Gloria, Helena… Muy buenos sistemas, con sus problemas de detección de hardware inherentes a la época en que nos encontrábamos y que hoy, en su gran mayoría, han pasado a la historia. A lo largo de todos estos años el equipo de Mint ha ido poniendo su esfuerzo y dedicación al servicio de la comunidad GNU/Linux para mejorar en lo posible las respectivas versiones de Ubuntu, puliendo los pocos bordes rugosos que éstas pudieran tener. Elevando la ya de por sí excelente Debian al cubo, por así decirlo. Y con su decimosexta intentona, lo digo con la boca bien grande, lo han conseguido. Vamos a detenernos en un análisis pormenorizado de un sistema ideal para iniciarse en el ecosistema de Tux que, por desgracia, nace como un gigante con pies de barro debido al ridículo tiempo de soporte que tiene. La versión escogida, por su relevancia y su modernidad, tenía que ser la de Cinnamon.

Instalación
No hay nada nuevo que destacar en el instalador de Linux Mint Petra: es el mismo de siempre, con el aspecto de siempre y, claro está, la fiabilidad y rapidez de siempre. En 8 minutos tenía el sistema instalado en una de mis particiones de prueba, habiendo detectado Grub tanto a Ubuntu Precise como a Chakra Fritz. Tras el primer inicio se me advierte de la existencia de 92 paquetes para actualizar. Al contrario que en otras distribuciones todo el escritorio se encuentra en nuestro idioma, sin extrañas mezclas de ningún tipo.

Procedo a actualizar y a reiniciar, de nuevo sin incidencias. Ante mí contemplo el mismo “artwork” marca de la casa, que se mueve con fluidez en el nuevo Cinnamon 2.0 ocupando unos escasos 292 Mb de RAM. Para mi regocijo han desaparecido todas los pequeños detalles que se me hacían molestos en Cinnamon, en su mayoría artefactos gráficos, falta de agilidad en la ejecución de alguna aplicación o inconsistencias en la barra de tareas. Después de lanzar varias versiones, por fin tengo la sensación de que me encuentro ante un entorno de escritorio completo y original, que no parece ya un parche encima de Gnome 3 y que incorpora interesantes novedades como un esquema de sonido para acciones comunes (subir o bajar el volumen o insertar un pendrive), nuevos efectos de escritorio que hacen que ya no se eche de menos al vetusto Compiz, o un módulo de control de las esquinas activas del escritorio, entre otras cosas.

Sobre la reiteración en el uso del mismo tema de escritorio e iconos no voy a volver a incidir. Es algo secundario si se tiene en cuenta que la mayoría de usuarios proceden a cambiarlo cuando no les gusta, y me imagino que para la próxima versión de soporte extendido (LTS) los desarrolladores se plantearán la introducción de novedades.

Arranque y apagado
Tiempos de inicio y finalización prácticamente calcados a los de Ubuntu Saucy, lo que es algo muy bueno dada la rapidez con que ambas acciones se ejecutan en la distro de Canonical. Como tantos otros sistemas, sálvese Chakra y quien pueda, adolece de alguna forma de cambiar el aspecto y demás parámetros del menú de arranque, con lo que en caso de precisarlo o desearlo tendremos que recurrir al consabido Grub customizer.

Software
Tampoco hay grandes novedades en el apartado de programas incluidos con Mint Petra. Para ser exactos, ni grandes ni pequeñas, a excepción de las nuevas versiones de las clásicas aplicaciones que trae la distribución. Contaremos con Firefox 25, Libreoffice 4.1.2.3, VLC 2.0.8, Gimp 2.8, Banshee 2.6.1 o Nemo 2.0.8. El manejo de actualizaciones continúa siendo uno de los puntos fuertes, a pesar de la polémica suscitada por ciertas informaciones que apuntaban a una presunta vulnerabilidad en la forma de tratar estas cuestiones, acusaciones vertidas por Canonical que, a tenor de las contestaciones recibidas, no han sido demostradas. En cualquier caso, basta marcar los niveles de seguridad 4 y 5 en el gestor de actualizaciones si uno está preocupado por el asunto.

Reconocimiento de hardware
Experiencia casi idéntica a la vivida con Ubuntu Saucy Salamander, esto es, algún problemilla para echar a andar a mi impresora HP Laserjet 1018 y cero inconvenientes en el resto de periféricos que rodean mi equipo. El problema lo solventé tras iniciar el programa hp-setup desde la terminal, si bien dicha aplicación termina de forma inquietante con un mensaje en letras rojas que indica que no se pudo descargar el controlador necesario. Pues no hay que hacer caso a dicho mensaje apocalíptico, al menos en mi caso no hubo que hacer más para que la impresora funcionase.

Conectividad
Perfecta conexión del sistema con el portátil, pudiendo ver archivos de vídeo en “streaming” directo vía wifi. Los dispositivos conectados son reconocidos y se permite el acceso a todos los archivos sin restricción alguna.

Experiencia “out of the box”
Realmente excelente. La sensación de “instalar y listo” es plena en esta distribución, lo que la convierte sencillamente en la ideal para no iniciados. Sí, ya sé que Ubuntu ofrece algo muy parecido, pero con Cinnamon permanece el paradigma de escritorio clásico, por lo que alguien que venga de Windows prácticamente no notará el cambio, en sus connotaciones negativas claro, que para bien sí que lo va a notar en las muchas virtudes que los que llevamos años con GNU/Linux ya de sobra conocemos. Resumiendo: todo funciona, todo se reproduce y no hace falta instalar nada. No se puede pedir más.

Estabilidad
Si cogemos Ubuntu Saucy y eliminamos los cada vez más escasos mensajes de error al cerrar alguna aplicación obtenemos… un sistema tan estable como el mejor Debian. Nada más que añadir.

Fluidez y desempeño del sistema
La sensación de “atrancarse” que notaba en ocasiones cuando usaba versiones anteriores de Cinnamon ha desaparecido por entero. El escritorio se siente muy fluido y ligero, apenas ocupa 300 Mb de RAM de inicio y la experiencia de uso es una gozada.

Gestión de energía
La pantalla entra en modo de reposo cuando debe y la suspensión funciona perfectamente. Los problemas acontecidos en la hibernación, que me imposibilitaban retornar al entorno gráfico tras encender el equipo, resultaron ser responsabilidad del controlador libre de ATI/AMD, pues tras la instalación de Catalyst desaparecieron por completo.

Personalización
Con el paso de las versiones Cinnamon va incorporando más y más añadiduras que lo complementan, en forma de extensiones, applets y desklets. No soy muy amigo de los dos últimos, pero he de decir que instalé cosas como el reloj de escritorio o el parte meteorológico sin más complicación. En cuanto a las extensiones, Cinnamon ya incluye las más usadas de serie, de modo que tan solo tuve que ocuparme de instalar la meteorología para la barra de tareas y el botón de apagado, que me gusta tenerlo a la derecha del reloj. Recuerdo que, en especial la extensión meteorológica fallaba más que una escopeta de feria, cosa que ahora no sucede. Trabajo bien hecho.

En lo referente a programas, tuve la oportunidad de comprobar el buen funcionamiento y fácil instalación (PPA mediante) de Spotify y Variety. Los controladores propietarios de ATI/AMD, vulgo Catalyst, se pueden descargar e instalar desde la entrada “Controladores adicionales” del menú principal de Cinnamon.

Pruebas de rendimiento
Puesto que prácticamente incorpora el mismo kernel, de la serie 3.11.0, que Ubuntu Saucy, era de esperar que los resultados fueran parejos a los logrados con la distro de Canonical. Mint empeora ligeramente en dos de las pruebas y mejora en otras tantas a Ubuntu. La quinta de ellas, el test Apache, no pude realizarla debido a divergencias en las versiones que la Phoronix Test Suite pretende descargar y las disponibles a día de hoy en los servidores de Apache. Pero, visto el patrón de resultados cosechado, cabe esperar que se asemeje al de la distro en que se basa, con lo que se indica el mismo valor. En cualquier caso no tiene un peso excesivo, más bien mínimo, en la obtención de la fantástica nota que otorgamos a esta versión de Linux Mint.

Una nota, la máxima posible, que es la primera vez en más de dos años de andadura de este blog que se la concedemos a una distribución. Desde sus inicios, LSDH se ha caracterizado por centrar sus análisis en un público concreto, el que a mi juicio precisa de más información y ayuda, que no es otro que el que se inicia en el conocimiento y uso de GNU/Linux. Este es el motivo de que nuestra plantilla de calificaciones dé la máxima importancia a unos aspectos y no a otros. Teniendo en cuenta estas premisas, a nadie debería extrañar que Linux Mint Petra, siendo como es una de las distribuciones más populares y enfocadas a este tipo de usuarios, alcance el cum laude.

Pero pensar que esto es únicamente mérito de Lefebvre y su equipo sería quedarnos cortos en nuestra apreciación. Lo cierto es que GNU/Linux, en su conjunto, ha avanzado de un modo tan impresionante en todos los ámbitos en un período de tiempo tan relativamente corto que tenemos, hoy por hoy, un sistema fantástico en su base, que aderezado con algunos toques personales (cada distro da los suyos) viene a resultar en esto que presenta el equipo de Linux Mint. Un sistema robusto, fácil de usar, gratuito y de una calidad suprema. Y esto se ha conseguido gracias a Debian, a Ubuntu, a Linux Mint y a todos los que colaboramos en lo posible con nuestros granitos de arena particulares. Estamos de enhorabuena.

Lástima que esta maravilla de sistema operativo peque de inconsistencia en el aspecto relativo al tiempo de soporte ofrecido, que finaliza en julio de 2014. Se podrá argüir que para eso existen las versiones de soporte extendido (Maya, en el caso de Linux Mint, que extiende el suyo hasta 2017). Pero no es de Maya de quien estamos hablando hoy, sino de Petra, y esta última tiene un ciclo de vida a todas luces muy corto, que sin embargo no ensombrece la gran experiencia ofrecida. Para finalizar, me dirijo a los posibles usuarios de otros sistemas que estén pensando en saltar a GNU/Linux: dejen de darle vueltas. Linux Mint 16 Petra es el sistema perfecto para empezar… y hasta para acabar. Un saludo a todos.

LO MEJOR

  • Versión muy mejorada de Cinnamon
  • Gran cantidad de programas disponibles
  • La sencillez de uso

LO PEOR

  •  Sin duda alguna, el tiempo de soporte

FICHA TÉCNICA
Distribución: Linux Mint 16 Petra
Entorno de escritorio: Cinnamon 2.0.14
Kernel: 3.11.0-12
Xorg: 1.14.3
Driver gráfico: fglrx 13.10.10
OpenGL: 4.2.12337
GCC: 4.8

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color: #FFF;
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LINUX MINT PETRA LSDH
Instalación 10,00
Arranque y apagado 8,75
Software 10,00
Hardware 9,50
Conectividad 10,00
Out of the box 10,00
Estabilidad 10,00
Fluidez 10,00
Gestión de energía 8,33
Pybench 3.013,00
Apache 22.541,78
Encode-flac 8,37
Unpack-linux 17,60
Unigine Valley 424,00
Corrección por rendimiento 0,37
CALIFICACIÓN 10,00

Linux Mint 15 Olivia: canela en rama

Últimamente, cada vez que llega el momento de acometer la revisión de rigor de ciertas distribuciones tengo la sensación de ser un hámster atrapado en una rueda que da vueltas y vueltas sin llegar a ninguna parte. Por lo general me ocurre con las distros de periodicidad semestral o trimestral, que sacan sus nuevas ediciones sin que apenas se puedan detectar cambios en casi nada de lo que ofrecen. No es que este hecho en sí sea malo, pues si el resultado es adecuado se puede entender la continuidad del modelo, el problema soy yo, que como ser humano probador de sistemas GNU/Linux me canso de encontrar lo mismo una y otra vez.


Pasa con Ubuntu y, por lógica extensión, con una de sus derivadas, Linux Mint, una distro con idéntica apariencia y maneras desde la versión 10, que en su día decidió prescindir de Gnome para apostar por su propio entorno, un simple parche primero (MGSE) y un escritorio completo después (Cinnamon). En anteriores revisiones de Mint he optado por quedarme con lo más cómodo y conocido para mí, el escritorio heredero de Gnome 2 que es MATE. Sin embargo creo que ha llegado el momento de dar la oportunidad a Cinnamon, tras leer por activa y por pasiva que en sus últimas versiones ha madurado lo suficiente como para suponer, por fin, una alternativa seria. Mi principal interrogante era si, al mismo tiempo, habría conseguido dejar de lado los típicos problemas en tarjetas gráficas como la mía, mi “querida” AMD. La respuesta no está en el viento, sino en las líneas que siguen.
Instalación
¿Qué decir del instalador? Pues que es el mismo de siempre, absolutamente idéntico, tanto en apariencia como en rendimiento. Es decir, un buen instalador que cumple su función perfectamente. Todo en español, rápido (apenas diez minutillos de nada) y seguro. Lo único novedoso es el gestor de inicio de sesión, que ha sufrido un remozado bastante destacable y al que los desarrolladores han dotado de un impecable aspecto que, entre tanto esquema ya conocido, resulta ciertamente un toque muy refrescante.

El primer reinicio ocurre sin incidencias, con la excepción de encontrar algunas partes del escritorio en inglés, como es el caso del centro de control. No hallé solución, aunque tampoco la busqué en exceso, la verdad. Tenemos el clásico Linux Mint Cinnamon, con la posibilidad de añadir tres tipos diferentes de extensiones en pos de dotar de mayor funcionalidad a nuestro sistema. A saber: applets, desklets y extensiones propiamente dichas. En el apartado destinado a tratar la personalización del escritorio ampliaremos el tema.
Arranque y apagado
Con un tiempo de inicio correcto, sin ser espectacular, de 43 segundos en mi equipo, destaca especialmente lo poco que tarda en apagar: ¡3 segundos!. Casi no me da tiempo de poner en marcha el cronómetro… Creo que en este sentido Linux Mint 15 establece un récord, es impresionante. En cuanto al gestor de arranque Grub, decir que detectó Chakra y que, para quienes no tengan tanta suerte, existe la utilidad Grub Customizer, que se puede instalar desde su PPA.

Software
Contamos con todo lo habido y por haber, pues Linux Mint hace uso todavía (quién sabe si esto cambiará algún día) de los repositorios de Ubuntu, por lo que el usuario se beneficia de la gran cantidad de programas disponibles para la distro de Canonical. En esta edición, de inicio, los desarrolladores incluyen Firefox 21, VLC, Gimp 2.8, Banshee, LibreOffice 4.0.2… El centro de software sigue siendo MintInstall, para mi gusto bastante más rápido y efectivo que el de Ubuntu.

Hardware
Para no variar, poner en funcionamiento mis periféricos y demás parafernalia en Linux Mint resultó una balsa de aceite, con cero contratiempos. Para utilizar la impresora basta ir al Menú –> Centro de control –> Printers –> Añadir. Todo lo demás, o sea escáner, webcam, adaptador inalámbrico y de red cableada funcionó sin requerir intervención alguna por mi parte. El buen reconocimiento de hardware, heredado de Ubuntu, continúa siendo uno de los puntos fuertes de la distro.

Conectividad
Y de un punto fuerte a otro: no encontré problema alguno para conectar con mi portátil “del lado oscuro” a través de samba. Los dispositivos extraíbles (pendrive, disco duro USB y tarjeta SD) se montaron y extrajeron con total ausencia de incidencias. Perfecto.
Experiencia “out of the box”
Seguimos hablando de facilidad de uso, al fin y al cabo, y seguimos constatando lo mismo. Linux Mint se esfuerza en allanar el camino al usuario de forma que no tenga que configurar prácticamente nada para tener un escritorio funcional desde un principio. Todos mis archivos de vídeo y sonido se reprodujeron sin problema, pude abrir mis documentos de todo tipo y extraer tanto archivos comprimidos en formato zip como en rar. Repetimos: perfecto.

Estabilidad
No puedo decir que me sorprenda, porque ya es un clásico en mi vida informática, pero de todos modos lo volveré a recalcar: hay algo en Gnome/Unity/Cinnamon que se lleva fatal con mi equipo. Ignoro si los afortunados que usen hardware Intel tendrán problemas similares, en mi caso no hay revisión con cualquiera de estos tres entornos que finalice sin tener que reiniciar alguna vez o, en menor medida, sin que en algún inicio o reinicio del sistema haya tenido que usar el botón frontal de la caja del equipo. Este último es el caso de Linux Mint 15 Olivia, que durante uno de los inicios no conseguí llegar al escritorio y tuve que reiniciar, si bien para ser justos diré que ocurrió en una única ocasión. No recuerdo haber sufrido nada parecido con el resto de entornos de escritorio, ni con KDE ni con XFCE, ni siquiera con Openbox o E17.

No obstante hubo una excepción a esta regla en la edición debianita de Linux Mint, revisada en su momento con Cinnamon sin cuelgue o reinicio alguno, lo cual me lleva a intuir que el problema viene derivado de Ubuntu.
Fluidez
Linux Mint Olivia “pesa” únicamente 360 Mb en memoria recién iniciado. Es un valor muy bueno para todo lo que ofrece, sin duda. En cuanto a fluidez en el manejo de ventanas y demás no noté nada especialmente lento, el sistema se comportó muy bien durante las pruebas. Los “artefactos” que he notado otras veces en Cinnamon se limitaron a los breves momentos en que modificaba algo en la barra de tareas, nada más.
Gestión de energía
Si bien la suspensión funcionó correctamente, no fue el caso de la hibernación, tras la cual no fui capaz de recuperar el sistema y hube de matar el servidor gráfico y reiniciar desde consola. En lo que respecta al modo de ahorro de energía del monitor tampoco puedo decir que funcione como debe. En cuanto la pantalla entraba en dicho estado se producía un aumento considerable de la velocidad de rotación del ventilador del equipo que se mantenía indefinidamente hasta volver a encenderse el monitor. Cualquiera sabe el motivo, el caso es que con este comportamiento se consigue justo lo contrario de lo que se persigue, es decir, aumenta el gasto de energía.
Personalización
Al contrario que Ubuntu, Linux Mint continúa manteniendo la opción de instalar los controladores propietarios en un lugar bien visible del menú principal, concretamente en Centro de Control –> Device Drivers. Haciendo caso omiso a la recomendación que en dicho módulo hacen, que no es otra que la de mantener el controlador libre, instalé el propietario sin ningún problema.

Comentaba en un párrafo anterior la existencia de tres tipos distintos de extensiones para personalizar nuestro Linux Mint. Por una parte están los applets, parecidos a los de Plasma en KDE, que añaden funcionalidad al escritorio. En mi caso no añadieron nada de nada, pues de los tres que estimé necesarios e imprescindibles para instalar, únicamente me funcionó uno (el de apagado). Ni el notificador de correo electrónico ni el de meteorología conseguí que realizaran su función. En lo que respecta a los desklets, aparte de que hay muy pocos por tratarse de algo relativamente nuevo en Cinnamon, su apariencia me recuerda a la de los tradicionales gDesklets de Gnome 2, muy por debajo en calidad, para mi gusto, de los que siempre nos ha proporcionado KDE, ya sea con Plasma o con Superkaramba en su día.
Por último, tenemos también las clásicas extensiones en la línea de las existentes para Gnome 3 y que, en mi opinión, claro está, resultan un poco redundantes. Pero ahí están, para quien guste de instalarlas.
En mi Linux Mint Olivia instalé sin dificultades Clementine, Spotify e incluso el conocido “dockbar” Docky. Sin embargo, algo tan simple como escoger mi propio fondo de escritorio derivó en un comportamiento errático de la esquina superior derecha (el “hot corner” que presenta las ventanas activas en modo “Expo”), que a partir de entonces, y mediando incluso el reinicio del sistema, se negó a mostrar más que un fondo negro en lugar del escogido.

Pruebas de rendimiento
Resultados muy en la línea de los obtenidos por la distro en que se basa, Ubuntu Raring. Apenas diferencias, ninguna destacable, desde luego. Son buenos resultados, sobre todo en lo referente al rendimiento general del sistema.
Conclusiones
Se me hace complicado sacar alguna conclusión de interés de mi revisión de Linux Mint Olivia. Una está clara para mí, y es que me aburre probar una y otra vez lo mismo, pero nada provechoso puede sacar el lector de esta queja. Si acaso, que me dedique menos a quejarme y más a probar otras distros diferentes, qué caramba.
Quizás podríamos llegar a preguntarnos, al igual que con Ubuntu, por el sentido que tiene sacar versiones una detrás de otra sin apenas aportar nada nuevo. También podría, de mi experiencia personal con esta distro, concluir que en otros tiempos proporcionaba algo que Ubuntu no tenía, como era  el traer instalados de serie todos los códecs multimedia y demás software propietario pero indispensable. Desde que Canonical incluyera la opción de descargar todo eso durante la instalación de Ubuntu resultan estar empatadas en esta cuestión. Entonces, ¿qué aporta Linux Mint al usuario?
Pues Cinnamon, para empezar, una alternativa muy válida para los que no se han acostumbrado ni a Unity ni a Gnome, no les gusta KDE y encuentran XFCE parco en opciones. No estoy entre los amantes de Cinnamon, es un secreto a voces, pero entiendo que ofrece un paradigma distinto al resto de opciones GTK y creo que su existencia es necesaria y beneficiosa. Por lo demás, pues algo tendrá el agua cuando la bendicen, y Linux Mint lleva muchísimo tiempo entre las distros más populares del mundo linuxero. Otra cosa es que, particularmente, opine que deberían dejar Ubuntu de lado y centrarse en exclusiva en LMDE.

No deja de ser mi opinión, expresada en un blog de opinión. Clem y compañía, faltaría más, seguirán haciendo lo que les parezca mejor para la distro y sus usuarios, y a tenor de lo que se puede captar en los ambientes foreros de Mint continúan acertando en sus decisiones y en su actitud de, al menos, escuchar lo que la comunidad tiene que decirles. Bien por ellos. Por mi parte, aprovechando el nombre que en su día decidieron ponerle a su entorno, concluyo que Cinnamon podría ser canela fina, pero de momento se queda en canela en rama. Un saludo para todos.

LO MEJOR

  • Absoluta facilidad de instalación y uso
  • Gran cantidad de software disponible
  • Mucha información y recursos sobre la distro en la red
LO PEOR
  • Algún problemilla de estabilidad con Cinnamon
  • Ciertos applets que no funcionan como deberían
  • El estilo visual se hace un poco repetitivo
FICHA TÉCNICA
Distribución: Linux Mint 15 Olivia
Entorno de escritorio: Cinnamon 1.8.6
Kernel: 3.8.0-19-generic
Xorg: 1.13.3
Driver gráfico: fglrx 9.1.11
OpenGL: 4.2.12002
Gcc: 4.7

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background-color: #104E8B;
color: #FFF;
font-weight: bold;
}

Linux Mint 15 Olivia Cinnamon LSDH
Instalación 10,00
Arranque y apagado 7,50
Software 10,00
Hardware 9,00
Conectividad 10,00
Out of the box 10,00
Estabilidad 5,00
Fluidez 10,00
Gestión de energía 5,00
Pybench 3.156,00
Apache 21.727,62
Encode-flac 8,26
Unpack-linux 17,92
Unigine Valley 419,00
Corrección por rendimiento 0,33
CALIFICACIÓN 8,45

Linux Mint Debian Edition: reconciliándome con Cinnamon

Si hay una distribución a la que no le auguraba futuro alguno esa es la conocida en el mundillo Linux por su acrónimo: LMDE, versión de la distro de Clem y su equipo que se basa directamente en Debian y no en Ubuntu. La razón era el creciente descontento entre sus usuarios habituales por lo que se había dado en llamar una especie de “traición” a los principios por los que se suponía se iba a regir la distro, muy especialmente a su carácter de “rolling release”. Para los que no estén familiarizados con LMDE, digamos que se trata de una distribución con una periodicidad y método de actualización algo peculiar, pues retienen los paquetes nuevos en pruebas durante meses, para luego lanzarlos todos juntos en un pack (“update pack”), al estilo de los “service pack” de Windows.

Imagen de Desde Linux

Como ya desarrollábamos en la última revisión de LMDE, era este estilo de manejar las actualizaciones lo que tenía a muchos usuarios molestos. Fue, a su vez, uno de los motivos que llevaron a Ikey Doherty, a la sazón uno de los creadores, si no el alma máter, de esta versión de Mint, a abandonar el barco e iniciar su propia aventura con SolusOS. Personalmente no encuentro tan dramático el asunto, observo que LMDE viene a situarse en un punto intermedio entre la tardanza en actualizarse de Debian Stable y el vertiginoso ritmo de las “rolling release”. No veo nada malo en ello. Y a juzgar por la continuidad del proyecto hay más gente que no lo considera tampoco un modelo tan nefasto.

El caso es que ahí sigue LMDE, que alcanza ya su versión 2013.03, correspondiente al pack de actualizaciones número 6 (UP6). Como quiera que ha desaparecido ya la advertencia que solía adornar cada nuevo lanzamiento de la distro referente a la conveniencia de usar MATE en lugar de Cinnamon, parece buen momento para tratar de probar un poco más a fondo la variante de Gnome 3 que más está calando entre los ex-usuarios del escritorio de la huella. Mis escarceos con Cinnamon han sido más bien escasos (un par de días en Debian Wheezy, creo recordar) debido sobre todo a la explosiva combinación de los controladores gráficos AMD/ATI y todo lo que huela a Gnome 3. Algo de eso ha habido, como vamos a ver a continuación.

Instalación
Procedo a iniciar LMDE 2013.03 desde mi pendrive de siempre, grabado con el socorrido comando “dd” desde Arch Linux con KDE. Como es habitual, parpadeos al iniciar que denotan la presencia de los controladores AMD/ATI libres. Inicio al escritorio en vivo sin dificultades, salvo la imposibilidad de escoger el idioma, que llevará a realizar todo el proceso de instalación en inglés. En veinte minutos cronometrados tenemos LMDE instalado en la partición de pruebas del disco duro.

El reinicio me confirma que Grub, por una vez, sí que ha identificado todas las particiones del disco, de manera que tengo disponibles para iniciar tanto Arch como Windows 7. Es un detalle que últimamente no ocurría con frecuencia, la verdad. Todo el escritorio aparece traducido a nuestro idioma, sin fallos o ausencias parciales. La sensación general que produce el entorno recién instalado es la de hallarnos en Linux Mint (cosa que es cierta, claro), con el “artwork” ya habitual de la distro, su fondo de pantalla, iconos y temas de siempre. No insistiré en el tema, ya desgranado en la entrada sobre Linux Mint Nadia, de la conveniencia de dar un refrescante lavado de cara al aspecto de la distro. Es una cuestión de gustos, por supuesto, y como tal es algo subjetivo.

Tan solo 3 paquetes requieren actualizarse tras la instalación, siendo uno de ellos el que contiene la lista de espejos (“mirrors”) desde los que podemos descargar las actualizaciones. Dicho paquete realiza, tras la descarga de su nueva versión, una comprobación de los mirrors más cercanos y nos permite ajustar, de modo automático, para que las sucesivas descargas se realicen desde dicho espejo. Un detalle muy interesante.

Controladores propietarios: un infierno
¿Qué voy a contar a estas alturas del cariño que le tengo a mi gráfica integrada AMD/ATI? Los lápices vienen con goma de borrar, lo sé, pero cualquiera se aventura, tal y como están los tiempos, a darse el capricho de comprar una Nvidia… si, a fin de cuentas, los problemas pueden ser parecidos. Sobra decir que, si las cosas no cambian mucho de aquí a unos años, mi próximo equipo será Intel con toda seguridad.

Pero, a día de hoy, me toca lidiar de nuevo con los controladores privativos y su instalación. Los quebraderos de cabeza que provocan son independientes de la distro que uno use. Por poner un ejemplo, actualmente tengo habilitado el repositorio [xorg113] en mi Arch (gracias, Vi0l0), debido a la conocida tardanza de AMD en sacar controladores que soporten las nuevas versiones de xorg (hace poco salió la 1.14). En LMDE el proceso fue largo y penoso…

En primer lugar decidí buscar algo de información al respecto, para ello me dirigí a blogs especializados en la distro, como LMDE cosillas y me dispuse a seguir los tutoriales, que básicamente se limitaban a describir el proceso de instalación de un par de paquetes de fglrx que tiraban del resto de dependencias necesarias. Tras instalar con Synaptic (¿estuvo aquí el error al no usar la consola?) la salida del paquete me indica hacer lo de siempre, un “sudo aticonfig –initial” y es lo que hago. Tras cruzar los dedos, reinicio al canto.

Aunque se muestra el escritorio, lo único que veo son los iconos. Cinnamon no se ha cargado, como se encarga de mostrarme un mensaje en la esquina superior derecha, por ausencia de aceleración gráfica 3D. Comienzo mi particular “ensayo-error” para depurar responsabilidades con la eliminación de los paquetes “xserver-xorg-video-ati” y “xserver-xorg-video-radeon”. Reinicio y obtengo más de lo mismo.

Decido, pues, que más vale prueba con controladores libres que ausencia de prueba. Sigo las instrucciones que encontré para regresar a ellos, pero obtengo como único resultado el fallo del servidor X que me obliga a entrar en LMDE en modo consola. Vuelta a los propietarios y como obviamente no he cambiado nada sigo sin tener aceleración 3D.

Se me enciende una bombillita y decido que va a ser la última intentona, pruebo a descargar el último controlador privativo disponible en la web de AMD, Catalyst 13.1, elimino y purgo cualquier resto de los controladores anteriores y ejecuto el script de instalación. ¡Eureka! Definitivamente, decir “no” a AMD en Linux te alarga la vida, seguro.

Navegación
En esta nueva versión de LMDE contamos con la versión 19 de Firefox. Como es la norma en cualquiera de los sabores de Mint, los códecs están instalados por defecto, proporcionando una experiencia de navegación sin sobresaltos.


Vídeos
El sencillo reproductor de Gnome, Tótem, cumple de sobra con la misión para la que fue creado. Insisto, la inclusión de todos los códecs necesarios tiene mucho que ver en ello.


Música
Banshee, al igual que en la versión derivada de Ubuntu, es el reproductor multimedia escogido. Sin problema alguno.


Ofimática
Libreoffice, versión 3.5. No es la última disponible, pero ciertamente los cambios acaecidos en la versión 4 de la suite ofimática no son tantos como para que la incorporada en esta LMDE resulte obsoleta en modo alguno.


Fotografía e imágenes
Echo en falta Shotwell (el gestor de fotos predeterminado es gThumb), pero nada que no se solucione con el gestor de programas. Gimp sí viene instalado de inicio. Ambos programas funcionan muy bien.


Gestor de software
El archiconocido mintInstall, que si bien parece ir un pasito por detrás del Centro de Software de Ubuntu, me da la impresión de funcionar con más fluidez que éste. Las actualizaciones automáticas están garantizadas con el script mintUpdate.


Reconocimiento de hardware
Al encender mi impresora aparece un mensaje que aduce la falta de un controlador como excusa para no completar la instalación. La solución es bien simple: Menú –> Impresoras –> Añadir. Desde esta ubicación se elige el modelo correspondiente y se acabó. Impresora funcionando a las mil maravillas. Con Simple Scan compruebo que el escáner marcha igualmente bien y con Cheese hago lo propio con la webcam. Fácil y rápido.


Navegador de archivos
El equipo de Linux Mint creó hace algún tiempo un derivado de Nautilus, llamado Nemo, que es el que incorpora LMDE. Resumiendo, no es más que el Nautilus de siempre, antes de que los desarrolladores de Gnome decidieran qué funciones no eran ya útiles en su navegador de cabecera y las eliminaran. Pensar (y decidir) por el usuario, vaya. En Linux Mint no estuvieron muy de acuerdo, y yo que me alegro, de modo que crearon su “fork”. Nemo funciona perfecto, no tuve problemas para la navegación remota en mi portátil con Windows, ni siquiera para la reproducción en “streaming”. El montaje de todos los dispositivos externos que probé funcionó como un reloj.

Gestor de arranque
Un Grub funcional y completo, por primera vez en varias revisiones es motivo de alegría. Por si fuera poco contamos con el viejo y útil Startupmanager en los repositorios, programa que nos permite, entre otras cosas, cambiar el sistema predeterminado de inicio.


Estabilidad y suspensión a RAM
Se puede afirmar taxativamente que LMDE con Cinnamon es estable. No hay cuelgues del sistema ni mensajes de error en las aplicaciones que he probado. Sí que noto pequeñas cosas que me resultan molestas, pero ninguna de ellas se puede poner como ejemplo de inestabilidad del sistema.


Rendimiento gráfico
Las pruebas con Unigine Valley reflejan resultados algo por debajo de los obtenidos con otras distros, si bien es una diferencia muy poco notable y que no supone una gran pérdida de eficacia en el rendimiento. 415 puntos logra LMDE Cinnamon, solo 2 puntos menos que Arch KDE o Chakra.

Ciclo de desarrollo
Queda bastante claro en el resto del artículo que el modelo que sigue LMDE es exclusivo de la distro, como comentaba más arriba, y se basa en la edición de paquetes de actualización sin una periodicidad establecida de antemano. Salen cuando están listos, con lo que la etiqueta “rolling release” no se puede aplicar a la distribución, claramente. Se basa en la rama Testing de Debian, por lo que esta versión todavía incorpora el kernel 3.2, por ejemplo.

El principal caballo de batalla lo he tenido con los controladores propietarios, nada nuevo bajo el sol. Me gustaría destacar de esta experiencia la notable mejoría que ha experimentado el entorno de escritorio Cinnamon, que se ha convertido en santo y seña de los desarrolladores de Linux Mint y cuyo uso se está haciendo extensivo a muchas otras distribuciones. Encuentro al Cinnamon actual mucho más usable que al de antaño, más fácil de configurar (cada vez se encuentran más extensiones, applets y temas en la web del entorno) y en definitiva supone una considerable mejora en la experiencia de usuario con respecto a sus anteriores versiones y, por descontado, con respecto a Gnome 3.

Sin embargo… no me convence del todo. Por un lado está la necesidad heredada del entorno en que se basa de tener que añadir extensiones para cosas que deberían proveerse de serie, a mi entender. Por otro, esos pequeños problemas gráficos que siguen presentes, esos “glitches” (no sé como nombrarlos en español, tal vez artefactos) que aparecen de cuando en cuando, las capturas de pantalla que no me funcionan bien (a veces solo captan un fondo negro) ni con el programa predeterminado ni con Shutter, el extraño renderizado de fuentes… Son eso, pequeños detalles, pero detalles al fin y al cabo que normalmente terminan por dar al traste con la experiencia de uso.

Como sé, y me consta, que todo ello no tiene por qué darse en otros equipos, especialmente si no tienen la “fortuna” de “disfrutar” de gráficos AMD/ATI, concluyo que es preferible quedarse con lo positivo de esta prueba, que en realidad es mucho. Cinnamon ha madurado y lo sigue haciendo con cada nuevo lanzamiento, demostrando que el equipo de Linux Mint que auspicia el proyecto tiene muy en cuenta la opinión de sus usuarios y en base a ella, junto con otras consideraciones, faltaría más, va perfilando y retocando su entorno de escritorio. Es la diferencia, obvia, con otras actitudes y otras aproximaciones con las que no estoy tan de acuerdo.

Añado, para acabar, que de ser usuario de Linux Mint Debian Edition probablemente seguiría optando por la nostalgia productiva que proporciona MATE. El tema de lo idóneo de la continuidad de este escritorio se ha debatido ya en la red, con opiniones que lo comparan con seguir usando Windows XP en la actualidad. Bueno, es cuestión de adaptación o no, a mí me sigue pareciendo una estupenda solución de escritorio. Para todo lo demás, este Cinnamon tampoco está nada mal. 9’81 de valoración para LMDE, una distro cuya filosofía y forma de trabajar tengo que admitir que me encanta. Es por ello que sigo aconsejando a los “minteros” que aún no la han probado que lo hagan. Un saludo.