Solucionar problema de batería en Cyanogenmod 11

Como comentaba recientemente he vuelto a instalar Cyanogenmod 11, versión Novafusion (también conocida como Maclaw, por su autor), en mi Samsung Galaxy S3 Mini. Mi primera experiencia con esta ROM no acabó demasiado bien, debido a que existía un problema de consumo excesivo de batería, con sobrecalentamiento añadido (ambas cosas relacionadas entre sí) que hacían inviable su uso. Confieso que, como en tantas ocasiones me ha ocurrido con las distribuciones de GNU/Linux, ciertos errores disparan en mí una sensación de malestar, seguida por la imperiosa necesidad de instalar otra cosa. En este caso lo que hice fue volver a la “stock ROM” del fabricante, que obtuve de la web de Sammobile.

Pero tras regresar a la libertad del mundo sin Google con una nueva instalación de Cyanogenmod 11, y tras constatar que el susodicho error continuaba presente, se me ocurrió que lo adecuado sería investigar por qué sucede y tratar de ponerle fin.

Era obvio que algún proceso se encargaba de mantener al móvil “despierto” todo el tiempo, impidiendo que entrase en modo de reposo, y consumiendo batería sin parar. Para averiguar de qué proceso se trataba hube de instalar una aplicación disponible en F-droid: BetterBatteryStats. Gracias a ella pude indagar en el tema y descubrir que el proceso maldito estaba asociado al “widget” del reloj de Android, conocido como cLock. Dicho “widget” trataba de averiguar la localización actual del teléfono, a través de la red wifi, para determinar la meteorología y, por algún tipo de error, entraba en una especie de bucle.

El tal cLock provoca en ciertas ocasiones, para más inri, la congelación del reloj del sistema. Sí, es una aplicación completita, la verdad. Puesto que el “widget” no es desinstalable, la solución pasa por denegarle los permisos para usar la red wifi y de datos. Esto se hace en “Ajustes –> Privacidad –> cLock”. Allí escogemos “Denegar” en la opción “Ubicación”, con lo que el “widget” ya no tiene permiso para hacer sus tropelías. Posteriormente opté por descargar un nuevo reloj con meteorología desde F-droid, en concreto uno llamado “Dash clock“. El programa cLock forma parte de Android y no se puede eliminar, o al menos yo no he sido capaz, pues lejos de limitarse al “widget” controla también el reloj del sistema, razón por la que no basta con quitarlo de la pantalla de inicio.

Una vez realizados los mencionados cambios, ni el reloj del sistema se ha vuelto a congelar ni la batería a calentar, lo que me permite disfrutar de un sistema rápido, fluido y que consume mucho menos que el del fabricante, a la par que está actualizado a la última versión de Android. Y, por supuesto, libre de Google y demás. Espero que el “tip” le sirva a alguien.

Salud, amig@s.

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Jaulas de oro

Normalmente cuando las ganas de escribir se hacen ya irrefrenables, las palabras suelen fluir de los dedos hasta el teclado y la pantalla con facilidad, como algo natural, que sigue su curso. Hoy, sin embargo, cuando tengo ante mí la inmensidad de una página en blanco, no sé cómo empezar. Oh, espera, si ya he comenzado… Pero dije que me retiraba del blogueo… ¿O eran unas vacaciones indefinidas? ¿Qué decir ahora? ¿Cómo vendo este enésimo cambio de parecer?

Espera, tranquilo, haz una pausa, respira. Es tu blog personal, no tienes que convencer a nadie más que a ti mismo. Casi lo había olvidado. Pues hala, convencido, vamos a continuar.


Os cuento hoy mi historia de resignación veraniega. Otra más, añadiría. Sabéis ya de sobra cuándo y por qué caí presa de la comodidad y la facilidad que da un sistema operativo propietario, uno que te lo entrega todo masticado a costa de pagar un doble precio: por un lado el dinero que cuesta y por otro el tener la seguridad de que tus datos son vendidos, reutilizados y tratados cual mercancía por varias empresas de renombre. Más adelante os explico cómo volví a tener conciencia de esto y el porqué no me apetecía seguir tapándome la nariz solo a cambio de… nada, en realidad.

Tras abrir la caja de Pandora linuxera en mi artículo de despedida comencé a hacer uso del sistema operativo propietario que mi distribuidor informático local me había instalado en el equipo de “aquella manera”. Pronto descubrí que el tiempo le había afectado en muy mala forma a Windows 7, y era momento de probar la novedosa versión 8.1. El cómo conseguí probarla lo dejo a vuestra imaginación. No me siento orgulloso de ello, ciertamente, y ése es otro de los motivos para volver a GNU/Linux.

Usando Windows 8.1
En honor a la verdad, y esto es algo innegociable en mi forma de ser, tengo que admitir que la última versión de Windows constituye un buen sistema operativo. Por citar una virtud, aparte de las ya conocidas de tener acceso a la práctica totalidad de los programas, nos sirvan para algo o no (pero, ¿y lo bien que queda?), diría que se apaga muy rápido… si no fuera porque es una verdad a medias. La realidad es que hiberna en lugar de apagarse, lo que deja la partición NTFS en un estado de inestabilidad permanente que provoca errores a la hora de realizar el montaje desde GNU/Linux. Esto tiene solución, por cierto, desde el “Panel de control”, pero no es algo que nos ocupe hoy.

Retomando el tono serio, es cierto que sí, que es un buen sistema. Ha mejorado mucho desde versiones pretéritas, lo admito. Además de resultar más fluido que sus predecesores, pude reencontrarme con una antigua afición: los videojuegos. Disfruté durante el verano de “The walking dead“, de Telltale Games, una especie de aventura gráfica muy conseguida, en la cual el peso de las decisiones que vamos tomando se nota sobre los hombros de un modo fantástico y a la vez turbador. Muy recomendable para los amantes del género y a un precio bastante asequible en la tienda de la compañía (en Steam es un poco más caro). Fin de la cuña publicitaria.

Resumiendo mi experiencia: me abandoné a Windows de un modo absoluto. Outlook y su calendario, junto con Onedrive, reemplazaron a ownCloud, tanto en mi equipo como en mi móvil. Google tomó el relevo de DuckDuckGo. Cero dificultades, todo comodidad. Vamos ahora con el precio a pagar.

El correo de Amazon
Una tarde del este año no tan cálido verano, me acordé de una sugerencia de un libro que había recibido unos meses atrás. Ni corto ni perezoso la introduje en Google y rápidamente tenía toda la información disponible ante mí. Al final, por razones que no vienen al caso, desestimé la lectura del libro y me dediqué a otros menesteres.

A la mañana siguiente, puntual cual lechero de los de antaño, tenía en la magnífica bandeja de entrada de mi correo Outlook un mensaje de la tienda de libros de Amazon con recomendaciones para comprar, siendo la primera, oh maravilla, el libro sobre el que buscaba información la tarde anterior en Google. Enseguida me surgieron preguntas con respuestas inconvenientes, como por qué Amazon conoce mi correo Outlook de reciente creación, por ejemplo. Y por qué Google cede los datos de mi búsqueda a dicha tienda, lógicamente a cambio de dinero. Y por qué cojones (con perdón) tengo que aguantar que me vengan a vender libros a mi correo electrónico. Sí, lamento la expresión, pero sirva para reforzar el tremendo cabreo que tenía en su momento.

Esta fue la razón número uno para replantearme la idoneidad de la herramienta que estaba empleando para poder usar mi ordenador. Incluso la de mi móvil, ya de paso, pues desde hacía varios días venía notando una actividad inusual de intercambio de datos en el teléfono que no parecía obedecer a algo legítimo. Todo ello con los servicios de Google corriendo en segundo plano… Buen momento para replantearse la instalación de Cyanogenmod.

Piratas del Caribe
Los que me habéis leído con asiduidad sabréis que tengo un niño de 7 años. Como rama dichosa que al árbol sale, siente bastante interés por la tecnología en general y los videojuegos en particular. En concreto, desde que anunciaran la última versión de un conocido simulador de fútbol en la tele me pregunta si no sería muy caro. En un primer momento vienen a mi mente tres palabras: “The Pirate Bay”. Pero claro, luego hay que reflexionar: ¿qué educación quieres darle a tu hijo? Está en una edad en la que comienza a discernir con claridad el bien del mal, lo correcto de lo incorrecto, lo moralmente aceptable de lo que no lo es tanto. Sé de buena tinta que el software, en demasiadas ocasiones, es exageradamente caro para lo que ofrece. Pero también tengo buenos amigos que desarrollan programas como modo de ganarse la vida. Descargar y usar software pirata no es éticamente aceptable, aunque sean creaciones de enormes compañías norteamericanas.

Y esa es la razón número dos. Quiero que mi hijo sepa que cuando uso algo lo hago con todo el derecho a usarlo. Lo que compro, porque lo he pagado. Y lo que la comunidad del software libre me ofrece desinteresadamente, porque disfruto usándolo y compartiendo mis experiencias con los demás.

Imagen de Píllate un Linux

Así que en ésas estamos. Ya no hay rastro de sistemas adquiridos de aviesas maneras en mi ordenador. Tan solo queda Ubuntu (libre de Amazon, claro) y una partición de pruebas a la que no sé si volveré a darle uso. Ya iremos viendo. En mi móvil, Cyanogenmod 11 ha regresado con renovados bríos y sin problemas de batería (los hubo, pero la solución a los mismos la dejo para otro artículo). En mi portátil, un Windows 7 legítimo que va más lento que el caballo del malo (4 años sin reinstalar, todo un récord, pero vaya como se arrastra el pobre sistema) con un Xubuntu 12.04 que apenas uso.

Tengo dos motivos para estar muy contento: por una parte han regresado las ganas de escribir en mi tiempo libre. Y los que han sido inoculados con esta enfermedad saben que solo se cura dando rienda suelta a lo que te pasa por la cabeza. Cuando uno tiene un blog, ese es el mejor lugar para hacerlo. Claro que, tampoco sé cuánto durarán, pero de momento ahí están. Y, por otro lado, por haber abierto la jaula de oro y piedras preciosas, que te da mucha comodidad, mucho instalar y usar, etcétera. Pero hay un precio, uno que se puede estar dispuesto a pagar o no. Yo, de nuevo, no lo estoy. Se acabaron las vacaciones.

Salud, amig@s.

Instalar Cyanogenmod 11 en Galaxy S3 Mini

ATENCIÓN: para los problemas de batería comentados en este artículo, he encontrado una solución detallada aquí.

Seguimos con una nueva entrega de la serie “Camino a la libertad“, toca ponernos manos a la obra para sacar a mi teléfono de la jaula a la que lo someten, al alimón, Google y Samsung. Se trata de una vieja aspiración que nunca me atreví a acometer, no ya tanto por lo complejo de la tarea, sino más bien por la posibilidad, siempre presente, de convertir un elemento tan útil como un teléfono móvil en un simple pisapapeles de lujo. De ahí que haya demorado tanto el tema y no me haya lanzado a la piscina hasta tener todos los pasos a realizar completamente claros, sin atisbo de duda. Dos semanas de rebuscar y leer tutoriales de aquí y de allá, ni más ni menos, en las que me ha dado la impresión de que la mayoría de problemas que la gente dice sufrir al dar este paso vienen provocados por el seguimiento de instrucciones que no son lo suficientemente precisas y llevan a cometer errores, algunos de ellos, sin solución posible.

Os adelanto que no ha sido mi caso: ya disfruto de un terminal rejuvenecido, con Cyanogenmod 11 y sin haber usado mi cuenta de Google para nada. Puedo asegurar que el terminal agradece mucho la eliminación de esa pléyade de servicios que, corriendo en segundo plano, ralentizaban la experiencia de uso (la mayoría relacionados con Samsung y Google). Servicios que, en la versión estándar de Android, no era posible deshabilitar, ni tampoco desinstalar las aplicaciones que hacían uso de ellos.

Mi terminal es un Samsung Galaxy S3 Mini, que aún pago a plazos a Yoigo (permanencias y demás al margen) y que recientemente se había actualizado a Jelly Bean 4.1.2. Dicen las malas lenguas que la supuesta actualización a KitKat que anunció Samsung hace unas semanas para este móvil nunca se va a llevar a cabo. En cualquier caso no es el deseo de estar a la última lo que me mueve a instalar Cyanogenmod, sino el proseguir dando pasos en pos de alcanzar una mayor libertad en el uso del dispositivo. Vamos, pues, a entrar en materia.

Descargar aplicaciones necesarias
¿Qué necesitamos para instalar Cyanogenmod? Si bien hay algún que otro tutorial por ahí para hacerlo bajo GNU/Linux, es obvio, por razones de cuota de uso, que la gran mayoría se centran en cómo realizarlo bajo Windows. Dado que es un asunto delicado y que GNU/Linux y los puertos USB de mi equipo mantienen una relación un tanto especial (todavía hay ocasiones, raras eso sí, en que el kernel, en Arch y Chakra, no reconoce de inicio algún puerto) decidí que lo haría en mi partición con el sistema de Microsoft. Sí, igual parece un tanto hipócrita, pero no tengo dinero para reemplazar el terminal en caso de “brickeo”. Qué se le va a hacer, tengo que ir sobre seguro.

Las aplicaciones en cuestión que necesitamos son:

Odin. Herramienta principal que se encarga de “flashear” las ROMs en nuestro móvil.

– La ROM de Cyanogenmod. Existen varias alternativas, tantas como versiones de Android. Yo escogí la más moderna, basada en KitKat. Es necesario destacar que Cyanogenmod no soporta oficialmente el Galaxy S3 Mini, de modo que se debe emplear una ROM no oficial “cocinada”, en este caso por uno de los mejores y más prolijos “chefs”: Maclaw studio. Es un archivo “zip” que habrá que descomprimir, quedando en formato “tar.md5”.

– Una ROM oficial de Samsung, aquella correspondiente a nuestro operador y modelo, por si acaso algo sale mal o, simplemente, no nos gusta Cyanogenmod una vez instalada y deseamos regresar el teléfono a su estado anterior.

¿Hace falta ser root?
Haré especial hincapié en este aspecto, pues me costó bastante aclarar el concepto durante mis días de estudio del tema. La respuesta es NO. La ROM que vamos a instalar nos convierte automáticamente en “root”, por lo que no tiene sentido “rootear” el dispositivo para, a continuación, instalarle una ROM “rooteada”. Es una redundancia que tan solo aumenta las posibilidades de que nos equivoquemos en algún paso y la liemos. Por tanto, que quede claro y diáfano: NO NECESITAMOS SER ROOT PARA INSTALAR CYANOGENMOD.

La instalación, paso a paso
Una vez contamos con todas las aplicaciones descargadas en el ordenador, es el turno del hardware indispensable: no, no te asustes, se trata únicamente del teléfono y del cable USB. En algunos tutoriales recomiendan que el cable sea el original que viene con el terminal. Pese a que desconozco el motivo, y no entiendo qué diferencia puede haber, por aquello ya comentado del miedo al pisapapeles de lujo, opté por dicho cable.

Es conveniente que la batería del terminal esté cargada. No voy a aconsejar ninguna cantidad de carga en particular, tan solo apuntaré que el proceso, en mi caso, apenas si llevó diez minutos, por lo que tampoco entiendo el motivo por el cual algunos tutoriales aconsejan hasta un 85% de batería… En fin, allá cada cual.

1 – Conectar el teléfono al ordenador y abrir Samsung Kies. Con este primer paso nos aseguramos de que Windows reconoce perfectamente el terminal e instala los controladores precisos para su funcionamiento.


2 – Hacer copia de seguridad de los datos. Ya que estamos con el Kies, aprovechemos para salvaguardar nuestros preciados archivos. Si hay un caso en que está justificada una copia de seguridad, es éste. Los contactos, por su especial relevancia, son tal vez la parte más delicada del proceso. En mi caso, puesto que utilizo ownCloud, los tengo centralizados en la nube y más adelante explicaré cómo recuperarlos.

3 – Cerrar Kies y desconectar el teléfono del ordenador. Importante asegurarnos de que Kies se ha cerrado y no está minimizado en la bandeja del sistema.

4 – Una vez el teléfono está desconectado del ordenador, lo apagamos. A continuación, lo reiniciamos el modo descarga, pulsando a la vez 3 teclas: volumen abajo, menú (botón central) y botón de encendido.

5 – Ejecutamos Odin en el ordenador.

6 – Conectamos el móvil al ordenador. Aparecerá un “0:COM4” (los números pueden variar) sobre fondo celeste en la casilla ID:COM, y un “Added” en los mensajes. Las únicas casillas que deben estar marcadas en Odin son las que vienen así por defecto: “Auto Reboot” y “F. Reset Time”.

7 – Hacemos clic en el botón “PDA”. Se abrirá una ventana del explorador de archivos para que seleccionemos la ROM ya descomprimida (archivo con formato tar.md5).

8 – Pulsamos el botón “Start” en Odin. Veremos una barra de progreso con el tiempo restante para finalizar. Cuando acabe su tarea, el teléfono se reiniciará solo y podemos desconectarlo del ordenador.

9 – Al reiniciar se mostrará el logo de Cyanogenmod y el terminal comenzará a optimizar las aplicaciones existentes para la nueva versión de Android. En algunos tutoriales recomiendan quitar la batería del móvil en este instante. Yo no tuve tiempo de hacerlo, lo único que ocurrió, tras tratar de optimizar las 155 aplicaciones que tenía en mi móvil, fue que algunas de ellas se cerraron y punto. Se optimice o no, lo primordial es apagar el terminal, para poder realizar el siguiente paso.

10 – Encendemos el teléfono en modo “recovery”. La ROM que acabamos de instalar cuenta con la herramienta TWRP Recovery, que nos permitirá borrar la caché, principal fuente de conflictos al actualizar nuestro móvil a Cyanogenmod. Para iniciar en este modo, hay que encender el móvil pulsando volumen arriba, menú (botón central) y botón de encendido. No nos asustemos por la cantidad de opciones que aparecen (en inglés), basta pulsar “Wipe cache” (deslizar el botón azul hacia la derecha, nada más), lo que devolverá el terminal a su estado de fábrica (“factory reset”), pero con Cyanogenmod 11 en lugar de Android Jelly Bean. A continuación pulsamos “Reboot” para reiniciar el móvil.

Pues ya está, diez sencillos pasos. Tras el primer reinicio, el teléfono tardará un poco en llegar hasta el menú (pueden pasar hasta diez minutos, en mi caso, apenas un par). De inmediato se nota que algo ha cambiado, una sensación parecida a cuando pasamos de Windows a GNU/Linux, pero sin curva de aprendizaje, pues Cyanogenmod es Android, solo que sin encorsetar.

Mi móvil sin Google
Lo más notable de los primeros días de uso de mi “nuevo” móvil es la ausencia de “la gran G” en él. Ello implica no instalar la tienda de aplicaciones, si bien esto es una elección personal y quien así lo desee puede hacerlo, obteniéndola desde aquí. Sin embargo, yo os propongo una alternativa, el binomio F-Droid + APK Downloader.

F-Droid es una tienda de aplicaciones gratuitas y de código abierto donde podemos encontrar gran cantidad de programas muy útiles. Por citar algunos de los que tengo instalados: Firefox, Kdeconnect, Floating Stickies, Duck Duck Go, Telegram, ownCloud…

Pero claro, no están todas las aplicaciones a las que muchos estamos habituados. Para mí, por mi trabajo, resulta esencial Whatsapp, por poner un ejemplo. En este caso podemos optar por descargar la aplicación desde la propia web de la empresa desarrolladora. Para los casos en que esto no sea posible, podemos usar APK Downloader. Esta web funciona generando enlaces de descarga directa a las aplicaciones presentes en Google Play (siempre que no sean de pago, claro) sin tener que pasar por la tienda en sí. Basta introducir el nombre, que suele comenzar con “com.”, y que podemos averiguar si navegamos hasta Google Play y localizamos la aplicación en cuestión. Por ejemplo, con Runtastic, como hago en este vídeo:

Esto es algo que podemos hacer directamente desde el móvil, aunque en el vídeo lo he realizado en mi equipo de sobremesa con Arch Linux por pura comodidad. Una vez descargado el archivo “.apk” basta instalarlo en nuestro Cyanogenmod. Fácil, ¿verdad?

Recuperando mis contactos y mi calendario
Desde que
conocí el servicio de alojamiento en la nube de ownCloud y me fijé en la
posibilidad que brinda de sincronizar calendarios y contactos, tuve
claro que iba a ser pieza clave y fundamental en la liberación de mi
móvil. Y no me equivocaba.

Dos aplicaciones he empleado para este menester, ambas descargables desde F-Droid: CalDAV Sync Adapter (calendario) y DAVdroid (contactos). Si bien parece que la segunda de ellas es capaz de sincronizar también el calendario, decidí usar la primera para dicha tarea, pues ya la había instalado en el móvil cuando corría Jelly Bean, con bastante buen desempeño. En ambas aplicaciones basta añadir nuestras credenciales y el enlace que podemos obtener en la web de ownCloud en los respectivos apartados de Calendario y Contactos. Desde ese momento tendremos disponibles, en las aplicaciones del móvil, las cuentas de sincronización de ambos. No hay que hacer más… ¡y funciona!

En los días de uso y probaturas con Cyanogenmod 11 he de reconocer que se trata de un sistema operativo fantástico, que corre con total soltura y fluidez en el Galaxy S3 Mini. No echo en falta funcionalidad alguna: cámara, vídeos, redes sociales y, por supuesto, lo esencial, que tantas veces se nos olvida: hacer y recibir llamadas. Sirva mi experiencia por si alguien está dudando si merece la pena dar el salto: no dudes más, la merece. Termino recordando que esto no es un tutorial, sino un resumen de los pasos que me llevaron a realizar el cambio de sistema en mi terminal con éxito. No puedo (y no quiero, qué demonios) responsabilizarme de que alguien convierta su móvil en un ladrillo siguiendo dichos pasos. Por muy sencillos que estos sean, siempre se puede meter la pata. Documentarse, informarse, leer y releer suelen dar buen resultado. Recomiendo a quien quiera instalar este genial sistema que haga lo mismo.

ATENCIÓN: tras varios días de uso se me han presentado algunos problemas, para más información leer los comentarios del artículo. Recuerdo que se trata de una ROM no soportada por el equipo de Cyanogenmod y, como tal, su comportamiento no es generalizable a todas las ROMs creadas por dicho equipo.