El síndrome del linuxero aburrido

Tal vez porque me dedico a la Enfermería o a lo peor porque soy muy novelero, el caso es que me encanta inventar nuevas definiciones patológicas para los comportamientos que observo en la gente que me rodea, además de en mí mismo. Esta semana se me ha ocurrido otra forma de proceder que se podría considerar de anómala o poco saludable, mientras dedicaba unos minutos a comparar mi actividad linuxera presente y la de hace 7 días. La diferencia entre ambos períodos de tiempo estriba en el trabajo que yo llamo “de la vida real”, ese que no se realiza frente al monitor sino en el particular campo de batalla de cada cual. El mío es un hospital, servicio de Urgencias, y cuando estoy allí, inmerso en el bullicio, nada más parece importar, hasta el punto que uno se adapta perfectamente a las herramientas informáticas de las que dispone. Y allí, os lo aseguro, todo es Windows. Cuando algo falla, por lentitud o por lo que sea, no dedico un segundo de mi valioso tiempo en pensar que con GNU/Linux todo sería diferente. Si hace falta recurro al viejo axioma informático: apaga y vuelve a encender, que ya se resolverá el problema por sí solo.

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Historias corrientes

La leyenda de la estabilidad. Así voy a llamar a partir de ahora a las ediciones con soporte extendido de Ubuntu. Os aviso de que no pretendo escribir un artículo para “rajar” de la distribución de Canonical, porque de ésos, está la red de redes llena. Solo describo mi experiencia personal con Ubuntu Trusty, que ha vuelto a devenir en un fallo inexplicable y de complicada depuración. A decir verdad, el que la solución fuese sencilla de localizar tampoco iba a suponer un atenuante, porque uno anda ya cansado de solucionar errores. Regresiones, “bugs”, problemas derivados del uso de “PPAs”… qué sé yo. Ni soy un gurú ni lo pretendo. Soy un tipo con poca paciencia, eso sí. Leer más “Historias corrientes”

Buscando distro desesperadamente

Ayer mantuve una pequeña conversación, si es que se le puede llamar así a lo que hacemos por la red social de Google, con Miguel-Anxo Varela. Él es uno de los pocos usuarios fieles a Chakra, junto conmigo y una panda de irreductibles que se cuenta, por desgracia, con los dedos de una mano. Y sobran dedos… Al menos en lo que a la comunidad hispanohablante se refiere. Con los datos en la mano, solo hay que echar una ojeada a la página de la distribución en español, donde aparecemos 13 usuarios como registrados en el foro. Por no mencionar aquel primitivo foro en nuestro idioma, el de Chaman-Linux, creado a la par que su homónimo para Manjaro y que actualmente ya no existe. Las cuentas de Twitter y Google +, así como las comunidades, apenas registran unas pocas entradas al mes, muchas veces ni tan siquiera eso. Leer más “Buscando distro desesperadamente”

Dando otra oportunidad a Linux Mint Rebecca

Anda que no llevo tiempo intentando usar Chakra como único sistema operativo. La “tira”. El “manso”. Y así podría seguir con un montón de términos de mi tierra, hoy que celebramos elecciones al Parlamento, ése ocupado por los mismos del puño y la rosa desde hace más de tres décadas porque así lo ha querido la gente. A ver qué pasa hoy. Parafraseando a Pérez-Reverte en una entrevista cercana en el tiempo: “país de golfos y gilipollas. Por cada golfo, cien mil gilipollas”. Palabra de Arturo. Volviendo a lo que iba, pues últimamente tengo una facilidad para cambiar de tema que me pierde, decía que nunca consigo quedarme en Chakra por culpa de la falta de programas que necesito en CCR, además de que las últimas versiones de KDE me exasperan con pequeños errores. El diablo está en los detalles, ¿verdad? Y a nosotros, linuxeros “distro hoppers” perfeccionistas, nos bastan unos cuantos pequeños problemas para salir corriendo a por la siguiente distribución.

Como yo soy perro viejo en estas lides, mantengo siempre una partición con la última LTS de Ubuntu. Siempre digo, e insisto en ello, que Ubuntu me gusta. Me gusta su modelo de desarrollo a largo plazo y me gusta Unity. Fin de la cita. El problema es que con las recientes actualizaciones y la aparición de la versión 14.04.2, no sé qué ocurre pero el ordenador de sobremesa ha empezado a hacer cosas raras, como perder la conexión a Internet de forma aleatoria o demorarse más de la cuenta al apagar. Algunos programas que antes no fallaban, lo hacen ahora (los indicadores, mayormente). Cosas que, justo es mencionarlo, no me han ocurrido en mi equipo portátil, que también viste y calza un Ubuntu Trusty, aunque corriendo sobre Intel. Me siento tentado, y mucho, de culpar al hardware AMD, pero eso sería lo más fácil y tampoco tengo pruebas certeras, así que mejor no.

De modo que vuelta a empezar en la búsqueda de una distribución estable, que se actualice poco y que no sea la propia Debian Stable. La primera que se me vino a la cabeza, merced a un comentario de Juan Carlos Senar en mi último artículo, fue Linux Mint. La experiencia vivida con la revisión de Rebecca no fue buena, pero siempre cabía la posibilidad, como así ha sido, de que hubieran solucionado los problemas en el tiempo transcurrido desde que la instalé. Ni rastro de los extraños errores que menciono en dicha revisión.

Puede parecer una mala idea, en principio, debido a que Linux Mint se basa en Ubuntu y ésta me ha fallado. Por simple lógica, también puedo tener problemas. No obstante, el equipo de Mint se aproxima a las actualizaciones con mucha más prudencia que Canonical. Y tal vez, por ahí pueda salvarse la cosa. Expectante me hallo.

De momento, todo bien. Cinnamon ha mejorado una barbaridad, tanto en estética como en funcionalidad. A nivel de desempeño gráfico, con la posibilidad añadida recientemente de deshabilitar la composición y efectos a pantalla completa, los juegos han ganado en fluidez con respecto a Ubuntu. También lo noto sin usar la pantalla completa, todo hay que decirlo. Los partidos en “Football Manager” se sienten tan ligeros como en Chakra.

Y en lo que respecta a funcionalidad, varias mejoras respecto a Ubuntu. Cinnamon incorpora un cambiador de fondos de pantalla, con lo que no preciso instalar Variety. El indicador de Pushbullet funciona perfectamente y sus notificaciones se integran mejor que en Unity. Con solo encender la impresora apareció el diálogo de instalación del “plugin” propietario de HP. Y las esquinas activas funcionan siempre, error que en Ubuntu no consiguen arreglar y eso que está presente desde la versión 12.04.

Me parecía justo dedicar este pequeño artículo a Linux Mint, toda vez que el equipo capitaneado por Clem Lefebvre parece haberse puesto las pilas y alisado los bordes rugosos que afeaban la experiencia con Rebecca. Bien por ellos. Yo, como sabéis, no soy hombre de palabra ni compromiso en lo que a fidelidad linuxera se refiere, aunque estoy tratando de mejorar eso. Ubuntu llevaba instalada y en uso desde Octubre. Además, ahí sigue en el portátil. De todas formas, gracias a Clonezilla, será sencillo regresar y ver si, como en el caso de esta distribución, los errores han desaparecido en unos meses. Mientras tanto, disfruto de una buena experiencia con Linux Mint Rebecca que quería compartir con vosotros.

Salud

Un millón de gracias

Resulta que, como quien no quiere la cosa, hace casi un mes desde la última ocasión en que me puse frente al ordenador para redactar alguna entrada. El ánimo del ciclotímico linuxero al que tan estoicamente aguantáis es así, tan pronto se dispara la necesidad de probar distribuciones y compartir sus hallazgos con la comunidad como se asienta en él el desánimo y el aburrimiento, de un modo más acentuado cuando las últimas conclusiones que saca son casi todas similares. Leyendo estas líneas es muy posible que estéis pensando en que se avecina una nueva despedida… os equivocáis. Este es un artículo que sirve a un doble propósito: por un lado poneros al día de mis tribulaciones con mis sistemas preferidos, que las sigo teniendo y de todos los colores. Por otro, quizás lo más relevante, que este proyecto personal que viera la luz hace tres año y pico ha alcanzado la nada desdeñable cifra de un millón de visitas.

Un millón, tan fácil de decir como difícil de creer. A este respecto solo se me ocurre decir “gracias”. Muchas gracias a todos por vuestra compañía, vuestros comentarios y vuestros ánimos en los malos momentos. El blog lo hacemos entre todos, y entre todos hemos alcanzado esa cifra.

No me prodigo mucho últimamente en estas lides por dos motivos: uno es el habitual, la falta del tiempo y la tranquilidad necesaria para poder instalar y analizar un sistema con objetividad y trasladaros así mis opiniones sobre el mismo. El otro motivo es que he tenido problemas con mis sistemas de uso habitual (Chakra y Ubuntu), con lo que el poco tiempo del que disponía para el blog se ha diluido tratando de resolver errores que, por repetitivos y ya conocidos, cansan una barbaridad.

Como odio las regresiones en GNU/Linux… Es algo insoportable para mí, y conforme pasan las hojas del calendario menos las entiendo y menos las tolero. ¿Cómo es posible que un año después de describir una experiencia con la congelación de la barra de tareas de KDE que casi me hace llegar tarde a una cita muy importante para mí, el error vuelva a hacer su aparición cual fantasma de las Navidades pasadas? ¿Por qué se me desconfigura el aspecto de las tipografías y Libreoffice deja de reconocer un tipo determinado que me era muy útil para poner deberes de caligrafía a mi hijo? Todo ello tras una actualización de KDE, dicho sea de paso.

Y Ubuntu Trusty tampoco se libra. ¿Por qué, si se supone que las impresoras HP son ideales para usar en GNU/Linux, por qué, insisto, tengo que reiniciar a veces hasta en tres ocasiones mi Laserjet 1018 para que se comunique con el sistema? ¿Por qué al quedarse con papel tienes que reiniciar el equipo como única solución posible para que la impresora vuelva a responder, tras intentar sin éxito toda suerte de tutoriales, habidos y por haber? Y, lo más inquietante, ¿por qué estas cosas siempre suceden cuando tienes prisa por terminar algo o tu mujer/suegro/hijo te esperan y te miran con cara de “esto te pasa por usar el sistema raro ese”? ¿Qué puedes hacer en estas situaciones?

Pues haces lo que has de hacer, valga la triple redundancia, reiniciando al sistema propietario y acabando la tarea. Y, a pesar de las caídas, me vuelvo a levantar y continúo luchando por aquello que mejor enarbola la bandera de unas ideas con las que me identifico plenamente. Este, y no la comodidad, desde luego, es el impulso que me empuja a seguir usando GNU/Linux. Porque yo no quiero más actualizaciones de KDE, ni de systemd, ni de ninguna otra cosa para que agreguen funcionalidades del tebeo o solucionen errores antiguos si van a crear otros nuevos. Estoy cansado, con todo el dolor os lo digo, muy cansado. Tenemos ejemplos a montones en los últimos lanzamientos, con errores que no solo me afectan a mí, pues ya he leido varias revisiones de distribuciones populares en las que los problemas con Samba y con los controladores gráficos están a la orden del día. Sencillamente, cosas que funcionaban en una versión anterior, en las siguiente ya no lo hacen o lo hacen mal.

Cuando empecé con este blog, hace un millón de visitas, me encontraba a la búsqueda de la distribución perfecta. Suponía, erróneamente, que los bordes rugosos que presentaban la mayoría de sabores de GNU/Linux se irían limando con el tiempo, dando paso a ese sistema soñado donde todo fuese como la seda. Pero aquí sigo, analizando y buscando algo que la mayoría de vosotros ya sabe que no existe. Una distro que no repita al cabo de un año errores que se suponían ya solventados estaría bien. Una donde la impresora funcione siempre y no cuando le da la gana, también.

Creamos que dicha distribución existe y sigamos tras ella. No nos ha ido tan mal, cuando tanta gente ha pasado por aquí. Y, después de todo, puede que la diversión esté en la búsqueda… Pero, aunque así sea, si alguno de vosotros ha conseguido encontrar esa distro que no falla nunca, le ruego que me diga cuál es. Y si la usa en hardware AMD, mejor que mejor. Yo, tras tres años y pico, todavía no he dado con ella.

Salud

Confesiones de un distrohopper (y III)

Continuamos con la serie iniciada hace ya más de un año con sendos artículos sobre la enfermedad que obliga a personas aparentemente normales, mentalmente sanas, a comportarse de un modo compulsivo con su ordenador en lo que respecta a instalar sistemas operativos libres, cambiando de distribución como quien lo hace de camisa. El presente artículo, crónica de una pequeña recaída, completa la trilogía del despropósito de quien escribe, con la certeza de que el modo tan rápido en que se ha resuelto supone la prueba que necesitaba para afirmar, por fin, que Chakra ha resultado ser la cura efectiva para este mal, la única forma de romper el bucle infinito.

Aviso, antes de continuar, que el presente artículo está exclusivamente cimentado en vivencias personales, en sentimientos propios que no todo el mundo tiene que vivir de igual modo. Con esto quiero decir que muchas personas disfrutan con la tarea de instalar sin parar, con la ávida búsqueda de novedades y la posibilidad de exprimir al máximo las oportunidades de cambio que GNU/Linux, con sus sabores, ofrece. Otros, como yo mismo, que en su día vivían esto como afición, comienzan en un momento dado a darse cuenta de lo absurdo y repetitivo que resulta este comportamiento, lo cual deviene en malestar interior, una extraña sensación de que se ha perdido un poco el control de todo esto. Es a estos últimos a quienes me dirijo en este episodio final de la saga.

Condicionante nº 1: tiempo libre
A nadie se le escapa que si uno está ocupado en su día a día el asunto de los cambios de distribución linuxera per se, sin que nada falle, se resuelve por sí mismo. El principal enemigo del distrohopper que pretende rehabilitarse es el tiempo libre, unido al uso no profesional de su equipo. Es sencillo de comprender, si el ordenador es tu herramienta de trabajo no tiene sentido arriesgarte a dejarla inservible en uno de tus arrebatos de cambio. Para mí, que soy alguien que usa el ordenador como elemento de distracción y entretenimiento principalmente, que además por mor de la dichosa coyuntura económica española no trabaja a tiempo completo, reuno las condiciones precisas para caer en esta dinámica.

Luego está el asunto de ser un poco “freak” y muy novelero, pero eso son ya rasgos personales míos que no voy a cambiar a estas alturas de la película.

Condicionante nº 2: siempre falla algo
Lo hemos repetido en este blog hasta la saciedad, la perfección no existe y lo que más se le parece es openSUSE… El distrohopper profesional que lleva ya un tiempo usando una distro, comienza a fijarse en lo que falla, que siempre lo hay, o en lo que le falta, de modo que puede ir montando la coartada perfecta para dar el salto sin sentirse demasiado culpable. Con mi distribución, que en mi equipo funciona de un modo fluido y sin fisuras, este aspecto es complicado de encontrar, pero el cerebro de un distrohopper es imparable en la búsqueda de su objetivo. Habitualmente es algún artículo que leo donde alguien emplea herramientas GTK puras para hacer algo que me interesa reproducir, y que no consigo trasladar a Chakra por su estricta filosofía. Es entonces cuando comienza el absurdo auto-bombardeo de ideas, a cual más convincente en su contexto, sobre la necesidad imperiosa de cambiar de distribución para poder hacer algo que es, a todas luces, innecesario.

Tras un par de días de retrasar lo inevitable, el hecho se produce: vuelta a re-particionar el disco duro, quitando espacio de la partición de datos para acoger a la nueva fantástica distro que devolverá la diversión y permitirá hacer todo aquello que ahora no se puede.

Pero esta vez, como digo, va a ser diferente. Porque tengo tantos lazos con Chakra que no me planteo abandonarla en principio, por eso no sobreescribo la partición. Porque en el fondo sé que será un simple escarceo por otras tierras del universo linuxero para acabar volviendo a casa. Sabia decisión, que ya iba siendo hora…

De paseo por un par de distros
Decido que, puestos a ser repetitivos podemos serlo hasta el hastío. Por enésima vez desde que uso Chakra pretendo dar el salto a Arch Linux con KDE. Controladores libres, faltaría más, otra cosa sería perseverar en el error. Con la rapidez de quien ha instalado más de veinte “Archs” tengo el equipo funcionando. Pero a la hora de la verdad, cuando he de instalar el escritorio, pienso que ya llevo un tiempo usando KDE y es momento de ver qué tal lo está haciendo el equipo de Gnome. Instalo, pues, el escritorio de la huella, que iba por su versión 3.8.

Tras la clásica tarde perdida en adecentar el sistema, instalar extensiones, preparar los enlaces simbólicos y demás zarandajas, tengo un Arch con Gnome y el último kernel disponible. Todo funciona bien y el cerebro segrega endorfinas para recompensarte por el trabajo (inútil, eso sí) bien hecho. Todo se complica a la mañana siguiente, cuando entra Gnome 3.10 en los repositorios y llega el caos más absoluto. La nueva versión rompe con todo, no ya extensiones, sino hasta el tema GTK que estaba usando (Zukitwo creo recordar). Más minimalismo para Gnome y más convencimiento para mí de que van en dirección opuesta a lo que dictan mis gustos. Si la versión 3.8 se me hizo usable y hasta productiva, el hecho de tener que prescindir de extensiones muy necesarias para mí o de tener que quedarme con el tema Adwaita a la fuerza se me antoja insoportable. Recuerdo, una vez más, por qué dejé de usar Gnome en su momento y guardo un minuto de silencio por la experiencia de usuario que todos perdimos al morir Gnome 2.

La siguiente genialidad que se me ocurre es tratar, otra vez, de rememorar aquellos días pasados con la instalación de Mate. Resulta del todo infructuoso, pues lo pasado, pasado está. Unas horas de uso de este escritorio me demuestran que el avance en los paradigmas informáticos difícilmente tiene vuelta atrás, todo me parece tan arcaico que el simple hecho de carecer de algo tan útil para mí como es la exposición de ventanas da al traste con toda la experiencia. Por no hablar del galimatías de temas GTK2-GTK3 que hace imposible encontrar un “look” uniforme para el escritorio.

Así que, qué remedio, vuelta a KDE. Mientras instalo el tercer escritorio en Arch Linux pienso que por fin voy a poder volver a disfrutar del poder de Chakra sin renunciar a mis programas GTK favoritos… que a la sazón se reducen a Shotwell. Ya veis, lo absurdo vuelve a hacer su aparición, cuando uno supedita el uso de un sistema y su escritorio a la utilización esporádica, cada vez más, por cierto, de un organizador de fotos que es perfectamente suplido por Gwenview. Me recuerda a un artículo escrito por Vicente Seguí en este mismo blog, donde se preguntaba para qué quería programas de ripeo si ya nunca alquilaba DVDs…

Ni qué decir tiene que la cosa no funcionaba. Sí, Arch sigue siendo una absoluta maravilla, sobre todo por cosas como pacman y AUR, ¡que también los tengo en Chakra! Y el KDE “vanilla” que empaquetan apenas ocupa 600 Mb al iniciar, frente al giga y poco que se come Chakra. Sin embargo, no es lo mismo para mí, ya no. No noto el mismo rendimiento, igual son paranoias, pero me va más fluido Chakra y hace saltar menos el ventilador del equipo. Vaya usted a saber por qué, pero ocurre. Nota: si has llegado hasta aquí, querido lector, te ruego que no uses estas apreciaciones personales para iniciar una guerra Arch vs Chakra. Encarecidamente te lo pido.

Hasta aquí han transcurrido varios días, Chakra dormita plácidamente en su partición y yo sigo rizando el rizo. En mis esquemas de razonamiento durante las crisis distrohopperas el siguiente paso suele ser abominar de todos los escritorios (Gnome ya no me gusta, KDE lo tengo muy visto, XFCE no da la talla, el resto menos todavía…) y echarme en brazos de algo distinto. Por eso, la locura llega a su fin con la instalación y configuración de Elementary OS (en mi portátil todavía perdura, por cierto) solo para darme cuenta, tras perder otro día de mi tiempo de asueto, de que ningún escritorio consigue que me encuentre tan a gusto como me encuentro en Chakra. Lo escribí en su momento, soy un fanboy, y asumido lo tenía hasta la llegada de esta pequeña crisis que os he relatado aquí.

Decálogo de Distrohoppers Anónimos

1. Si disfrutas instalando y probando distribuciones GNU/Linux no sigas leyendo, no estás enfermo.

2. Si acabas de llegar al mundo GNU/Linux y aún no has encontrado tu distribución ideal, de nuevo, no sigas leyendo, tú tampoco estás enfermo.

3. El primer paso para solucionar un problema es reconocer que el problema existe. Si te incomoda no ser capaz de quedarte con una distro (o dos, o a lo sumo tres, venga va) es que, efectivamente, tienes un problema.

4. Si eres experto distrohopper, lo más probable es que tu distro sea esa a la que acabas volviendo una y otra vez. No le des más vueltas, tu distro es esa y solo tienes que darte cuenta.

5. Proclámate fanboy de tu distro. A ser posible, públicamente.

6. Colabora en lo que puedas con tu distro: empaqueta. Si no sabes empaquetar, ayuda en los foros. Si no te gustan los foros, ayuda en redes sociales. Si no te gusta ayudar, difunde. Si el espíritu comunitario no es lo tuyo, instala otro sistema operativo que no sea GNU/Linux…

7. Deja siempre alguna partición libre para esos momentos de debilidad. Pero mentalízate de que solo es para pruebas, la partición buena es la otra, la que tiene tu distro instalada.

8. Sé consciente de lo valioso de tu tiempo libre. Está bien tener la Informática como hobby, si no eres profesional, pero uno cosa es que te gusten los ordenadores y otra cosa es convertirte en un adicto. ¿Cuántas veces has repetido los mismos pasos en la personalización de tu escritorio? ¿Merece la pena hacerlo una vez más? La respuesta es un no tajante.

9. Sal, respira aire libre, juega con el perro, haz deporte… cualquier cosa que te aleje del equipo en los momentos de necesidad imperiosa de saltar de distro. Vive, en definitiva.

10. Si nada funciona y vuelves a caer, pide ayuda. El resto de distrohoppers anónimos te echaremos un cable cuando flaqueen las fuerzas.

Conclusiones

Está visto que no sé contar experiencias reveladoras sin escribir tochos, de modo que vamos a ir echando el cierre. Te felicito y te agradezco sobremanera si has sido capaz de llegar leyendo hasta aquí, en ocasiones he afirmado que una de las razones para tener un blog es el poder contar vivencias personales, que para quien no las ha vivido pueden parecer ridículas. Pero ya decía más arriba que el objetivo de las líneas de hoy era compartir una historia con aquellos que se han sentido alguna vez incómodos con esta forma compulsiva de usar GNU/Linux. Estoy seguro de que ellos sí que lo van a entender.

Y, si puedo sacar algo en claro es que sigo siendo ese fanboy de Chakra. También que es probable que me equivocase al pensar que el dejar de revisar distribuciones iba a aniquilar por completo el deseo de ver qué se cuece en otros entornos y sistemas, pero lo cierto es que ha ayudado bastante. En fin, voy a poner en práctica el decálogo de arriba, salir y respirar aire libre. Os dejo este artículo como referencia para los momentos a los que hago mención en el punto 10 y la promesa fehaciente de que no volveré a tratar este tema en el blog. Un saludo.

Persiguiendo un sueño: la diversidad en GNU/Linux

No son pocas las ocasiones en que leemos a lo largo y ancho de la blogosfera opiniones encontradas acerca de lo que algunos llaman fragmentación, con la consiguiente reprimenda y rechinar de dientes de quienes detestan la palabrita de marras. Se han abierto con demasiada frecuencia encendidos debates, apasionadas diatribas tanto en un sentido como en otro, por parte de quienes defienden la libertad creativa y el espíritu altruista y comunitario que lleva a algunos desarrolladores a emprender el camino por su cuenta, frente a los que esgrimen lo equivocado de esta idea, argumentando que se trata del principal causante del supuesto estancamiento de GNU/Linux como sistema de uso masivo.

Por mi parte, si es que me he posicionado alguna vez, y como enemigo que soy de los extremismos, he defendido una postura intermedia. Diversidad sí, pero con matices, sin crear distribuciones que únicamente aportan fondos de pantalla distintos a los de aquella en la que se basan. Tal vez me equivoco, no lo sé, por aquello de la imposibilidad de vallar el campo, pues dentro de la bendita libertad que existe en GNU/Linux, ¿quién soy yo para decirle a alguien que no cree su “distro-wallpaper”?

Al hilo de estas reflexiones me encuentro esta mañana con un comentario en Google + de Ikey Doherty, desarrollador casi en solitario de SolusOS, quien a tenor del tono de su discurso empieza a estar cansado de que le digan qué puede y qué no puede hacer, si debe continuar su aventura o debe unirse a otros, si SolusOS es un intento estéril que debería quedarse en aportar Consort para que otras distribuciones lo incluyan entre la nómina de escritorios como alternativa al tantas veces denostado Gnome 3. Pues sí, Ikey se ha cansado y utiliza la popular red social para desahogarse y expresar su postura sobre el tema. Como me parece una deliciosa lectura, os la sirvo traducida:

Empiezo a estar algo confundido acerca de la actitud que se está tomando sobre la diversidad en el software libre hoy día. Había una época en que la gente se mostraba entusiasmada ante la oportunidad de probar “cosas nuevas” sin razón, por puro interés pueril.

En la actualidad uno debe justificarse sobre cada pequeño programa que hace (aunque se trate de una pieza de código de 20 líneas, test.py, para pruebas). Tengo que admitir que esto me desconcierta bastante. Llevo algunos años ya en este “juego de las distros” y en muchas ocasiones he visto artículos o posts (en foros, g+, etc) que predicen la defunción inminente de todos y cada uno de los proyectos en los que he trabajado o con los que he contribuido.

Me he dado cuenta de que no estoy solo. Volviendo la vista atrás hacia mis primeros días construyendo distros (LMDE, por ejemplo) uno recuerda un punto de vista completamente distinto. LMDE era “algo excitante” y mucha gente se congratulaba de su aparición. Es la misma reacción que (inicialmente) se dio cuando presenté SolusOS 1 al mundo.

Entonces, ¿qué ha cambiado? ¿Acaso las distros y proyectos de software libre se han vuelto impopulares de repente? No precisamente. Incluso en mi experiencia particular, cuando recibo preguntas sobre SolusOS 2, veo comentarios de gente que en principio apoyaron a LMDE y SolusOS 1, que parecen ahora tirarse a la calle en manifestación, a menudo (demasiado a menudo) gritando cosas como “¿Por qué? ¿Por qué no te unes a todas esas distros para crear una SuperFantástica Fedebiantu, para que todos podamos beneficiarnos de esos programadores que realmente no están haciendo aquello que adoran?”

 Y entonces lo veo. No es que los usuarios hayan cambiado en absoluto, son los medios en Internet. Echando la vista unos años atrás teníamos las mismas fuentes de información sobre distros de Linux (y proyectos de software libre en general) donde la gente solía encontrar desde cambios apasionantes hasta utilidades aleatorias, totalmente absurdas y sin sentido.

Lo que en realidad ha cambiado es cómo la gente usa servicios como Blogger, Google+, etc. Unos pocos elegidos se volvieron populares demostrando, al principio, una mente abierta. Después de algún tiempo, algunos de estos blogs (o incluso feeds de G+) se volvieron completamente venenosos, clamando contra todo. Tras unos cuantos años de proliferación de ese tipo de artículos, hoy día es una “Cosa Totalmente Terrible” iniciar un proyecto en solitario. De igual modo es una “Idea Absurdamente Estúpida” ser independiente.

Pues bien, puede que yo sea un completo idiota, pero cualquiera que repase la historia del software libre, y de Linux, se dará cuenta de inmediato que muchos grandes proyectos se tomaron como “Locuras En Principio”, y fueron creados por un “Ejército De Un Solo Hombre”.

De modo que, resumiendo, no soy yo el que en realidad está haciendo nada diferente, o dividiendo nada. Sí, estoy creando una distro a mi manera, pero lo estoy haciendo con exactamente la misma idea que aquellos que me precedieron. Y aún ando por aquí, y eso es SolusOS. Tal vez todos tengamos que recapacitar un poco y decidir qué pensamos realmente del software libre, y quizás no permitir que unas ideas erróneas lanzadas por unos pocos blogs envenenados afecten a nuestra propia percepción de las cosas. Recordemos, incluso aunque un proyecto termine siendo público, nueve de cada diez veces ese proyecto se inicia por razones totalmente egoístas. El desarrollador tenía sus razones para desarrollar “Lo Que Sea”, así que tal vez no fuese una idea tan estúpida. Lo que hay que preguntarse es ¿por qué/cómo esa idea era útil para ese desarrollador, y por qué la gente sigue realmente ese proyecto? Eso nos dirá qué tiene de bueno y podremos decidir a partir de ahí (sin la influencia de blogs, posts, etc) si merece la pena. Los desarrolladores no están creando ese software para ti, pero han decidido que quieren compartir su trabajo con el mundo, si es que el mundo está un poco interesado al menos (Si no es así, no se ha perdido nada. Los desarrolladores solo están persiguiendo su sueño 🙂 )

Tenéis la reflexión original, libre de mi imperfecta traducción (no me dedico a eso, aunque siempre será mejor que el traductor de la “gran G”, pido perdón de antemano), en este enlace. Merece la pena tomar una buena bocanada de aire, al menos yo la he tomado, tras su lectura y el modo tan apasionado en que Ikey Doherty defiende su idea. Que, a fin de cuentas, es la misma idea de libertad y hacer lo que le gusta, además de compartirlo con el mundo GRATIS, que muchos de los que leemos blogs como este tenemos. No me doy por aludido cuando se refiere a que hay mucha gente “envenenada” por ciertos blogs que atacan continuamente la diversidad de GNU/Linux, como comentaba antes si algo he apoyado ha sido cierta moderación en la creación de distribuciones. Nunca he ido más allá. Tampoco me veo en disposición de defender “una distro para gobernarlos a todos”, sobre todo teniendo en cuenta que soy usuario de una distribución minoritaria que poca gente utiliza.

Aun así, la parrafada de Ikey me ha hecho pensar y creo que tiene toda la razón. Defendamos la libertad por encima de todo, a nadie daña el que un programador quiera realizar su sueño, su propia distribución a su manera y sin injerencias de nadie más. Sigamos defendiendo nuestra libertad para usarla o no, ignorarla o no, criticarla – en esta parte creo que Ikey falla en su razonamiento un poco, solo un poco – o no. Pero no esgrimamos la “dichosa fragmentación” como la causa de todos los males en GNU/Linux, no es ese el enemigo, si es que hay alguno. Como no es el uso masivo de nuestro sistema preferido el objetivo marcado. Nunca lo ha sido y, a poco que uno conozca como funciona el mundo, nunca lo será.