Fedora 21: “déjà vu”

Si por algo se caracteriza la estación del año en la que nos hallamos ahora mismo es por desatarse la fiebre de los lanzamientos en el mundo de Tux. Casualidad o no, que no lo tengo yo tan claro, el caso es que esta vorágine de “versionitis” de periodicidad anual empieza despertando en mí el deseo de probar y degustar tanto sabor que se nos ofrece, para acabar, de manera invariable, en el hartazgo, la monotonía y la sensación de estar dando vueltas sobre sistemas que son, en suma, prácticamente lo mismo en cuanto a virtudes y defectos. Si acaso, lo que sí supone alguna diferencia es el rendimiento que da cada cual en mi sistema. Pero poco más allá de esta cuestión, el resto de aspectos resultan tan repetitivos que uno parece revivir una y otra vez lo mismo.

Cuando el que realiza la revisión no disfruta, existen muchas probabilidades de que el artículo resultante tampoco invite al goce. Os pido disculpas de antemano si os parece que el espacio dedicado a Fedora, insigne distribución que sirve de conejillo de indias a Red Hat, es escaso o carente de excesivo entusiasmo. Pero ya os digo que cansa encontrar los mismos errores en todas las distribuciones, y tener que volver a repetir los consabidos argumentos en contra de AMD, mi sistema, Samba, mi impresora, etcétera, etcétera. Comprendo que a la gran mayoría todo ello os importe un pimiento, en especial a aquellos que usan Fedora y les va de cine. Pero una revisión es una revisión, de modo que os contaré cómo me fue con Fedora 21, a punto de cumplirse dos años desde la última serie de artículos que dediqué a la misma. La versión explorada ha sido la recomendada para equipos de sobremesa y portátiles, denominada Fedora Workstation. El escritorio, como no podía ser de otra forma tratándose de esta distribución, es Gnome 3.

Instalación
Si bien la sesión de escritorio en vivo ha de desarrollarse por entero en inglés, a la hora de instalar podemos escoger nuestro idioma. El instalador de Fedora posee una serie de características y un aspecto únicos, sobre todo en la parte referente al particionado del disco. Se nota que la intención de los creadores es facilitar la tarea, un poco en la línea de lo que ofrece Gnome 3. Pero, de modo parecido a lo que ocurre con el escritorio, aquellos no acostumbrados a esta forma de hacer las cosas van a encontrar esta parte de la instalación más complicada, lo que viene siendo lograr lo contrario del objetivo que se perseguía. En mi caso particular, el particionador me obliga a estar más pendiente de lo habitual, pues no parece claro en determinados momentos qué se va a formatear y qué no, qué se monta y qué no.

Cuestión de habituarse, supongo. Al menos, mirado desde el punto de vista de los usuarios poco avezados en la materia, existe la posibilidad de optar por el particionado automático. La secuencia de imágenes que acompaña al proceso de instalación es sencilla, pero refrescante, pues también se aleja de lo tradicional para ofrecernos líneas modernas, con colores claros y distintivos, incluyendo el ¿perrito caliente? que aparece junto al enlace que invita a colaborar con la distribución de Red Hat. Aun no entendiendo muy bien la relación entre las salchichas y los sombreros tipo Fedora, queda resultón y divertido.

Tras reiniciar, un grub de texto plano que se podría adecentar un poco más nos da la bienvenida. Todos los sistemas reconocidos y funcionando, mi capitán. El escritorio Gnome, en versión 3.14, comienza su sesión con una serie de pantallas de configuración y ayuda para aquellos poco familiarizados con la forma de hacer las cosas un tanto especial que caracteriza a las versiones modernas del popular entorno. Vídeos incluidos, todo hay que decirlo.

El aspecto general es de un Gnome bastante “vanilla”, algo que se antoja hasta lógico, siendo Red Hat uno de los principales valedores del escritorio. Si queremos modificar algún aspecto del grub en modo gráfico, como es habitual, hay que tirar de programas externos como grub-customizer, el cual, en su versión para Fedora logré localizar en el genial buscador rpmfind.

Arranque y apagado
Un tiempo de encendido normal, de 40 segundos, y uno de apagado que supone un récord hasta ahora: 3 segundos. Menos, creo, es imposible salvo que se corte la corriente…

Gestión de software
Me ha gustado la integración del instalador de paquetería con el escritorio, a lo Ubuntu con Unity, esto es, que permite introducir cualquier programa en el campo de búsqueda, dando como resultado el enlace para iniciarlo cuando ya está instalado, o la posibilidad de descargarlo y añadirlo a nuestro sistema cuando todavía no lo está. Es algo que puede parecer trivial, pero facilita y mucho la tarea de instalar programas que para los recién llegados a GNU/Linux no son conocidos. Me quito el sombrero (rojo) ante esta característica.

¿Qué programas nos entrega Fedora por defecto? Firefox, Libreoffice, Rhythmbox, Vídeos, Shotwell… lo clásico, que si funciona, no tiene sentido cambiarlo. Y una peculiaridad referida a las actualizaciones que me resulta molesta: en cierta ocasión, cuando fui a reiniciar, el sistema me informó de la existencia de las mismas, dispuestas para ser aplicadas, al más puro estilo de Windows. Reinicié, apareció el “Installing updates…” y… ¡volvió a reiniciar! Lo dicho, estilo Redmond.

Reconocimiento de hardware
Podría hacer un “copia y pega” de todas mis últimas revisiones. Resumiendo la experiencia: uno intenta instalar la HP Laserjet 1018 con la utilidad entregada para tal efecto por el sistema, de nombre “Impresoras”. Se instala y no imprime. A continuación, se busca la utilidad gráfica de HP y se instala: la búsqueda del “plugin” no concluye nunca y tengo que matar el proceso. Finalmente, intento hacerlo desde consola con “hp-setup”. Se instala, pero sigue sin imprimir, aun mediando un reinicio. La utilidad de diagnóstico de HP me muestra que faltan gran cantidad de paquetes por instalar y recomienda deshabilitar “SELinux”. ¿Por qué, entonces, da la impresora por bien instalada? Total, resultado final: cero, nada, “niente”.

También es justo mencionar, por supuesto, que la webcam y el escáner, así como mi tarjeta de red inalámbrica van perfectas desde el inicio.

Conectividad
Venga, ¿hacemos otro “copia y pega”? Samba sigue diciendo que no, que no se conecta al portátil con Windows y eso es lo que hay. En los tiempos de acceso a dispositivos externos se produce un incremento preocupante, destacando los más de siete minutos que tardé en copiar los 1’7 Gb de la iso de Chakra a la tarjeta de memoria. ¿Por qué este rendimiento tan paupérrimo?

Experiencia “out of the box”
Sin ser de las peores, Fedora tampoco es la mejor en este aspecto. De inicio ya sé, aunque un usuario novel no tiene por qué saberlo, que se va a necesitar al menos un repositorio adicional a los instalados de serie: el archiconocido “RPMFusion”. De no instalarse éste, los intentos de las aplicaciones multimedia por encontrar “codecs” para reproducir archivos serán infructuosos. A pesar de todo, si no añadimos dicho repositorio todavía seremos capaces de reproducir algunos de los formatos más populares, como “.avi” o “.dv”. Pero si queremos la funcionalidad completa, que es lo habitual, hay que optar por RPMFusion sí o sí.

Lo extraño, como se aprecia en las capturas de arriba, es que el sistema informa de los paquetes que se necesitan, pero a la hora de instalarlos los reconoce como si ya estuvieran en el sistema. Todo ello, repito, sin haber añadido el repositorio de RPMFusion.

Intenté también hacer uso de la utilidad que recomienda Tannhausser en su artículo dedicado a la misma: Fedy. Cuando lo leí me pareció que es justamente lo que le falta a Fedora, o más bien, aquello que no puede incluir por razones de espacio o de licencias. Pero el “script” anteriormente conocido como Fedora Utils todavía no se encuentra disponible para esta versión, y mis intentos de emplearlo terminaron con la cancelación por mi parte del proceso, toda vez que pretendía añadir repositorios de la versión 20, algo que no creo que sea recomendable para el sistema, la verdad.

Estabilidad
Muchas de las críticas que sus detractores hacen a Fedora se refieren a este aspecto, ya que se trata de una distribución que suele estar a la última y ello entraña sus riesgos. En el tiempo de uso, corto eso sí, no he tenido que lamentar fallos de estabilidad o cuelgues de aplicaciones, por lo que mi experiencia en este apartado es altamente positiva.


Fluidez
Las nuevas versiones de Gnome 3 se mueven perfectamente en mi sistema, sin sensación de pesadez ni “lags” que señalar.


Gestión de energía
Lamentablemente no encontré la manera de habilitar las opciones de suspensión e hibernación, pues me fue imposible instalar los controladores privativos. En ausencia de un repositorio con los Catalyst para Fedora 21, traté de hacerlo a las bravas y compilarlos con la utilidad que AMD pone a nuestra disposición en su web. Ni que decir tiene que fue un fracaso rotundo que me obligó a reinstalar Fedora, pues ni conseguí iniciar al entorno gráfico ni arreglar el tremendo desaguisado que yo mismo había creado. ¿Mensajes de error? Pues en concreto, tras la instalación del controlador propietario, uno que rezaba “DKMS part of installation failed”. Inquietante, tanto que ya me imaginaba que el posterior reinicio acabaría en tragedia. Y así fue en todos mis intentos, con los dos kernels (el de serie y el actualizado) y el modo de recuperación. Un “a reinstalar se ha dicho” de manual.

Rendimiento
Tengo poca experiencia con Fedora, de modo que no soy capaz de explicar el resultado tan pobre de las pruebas de rendimiento de Phoronix en mi sistema, al igual que tampoco tengo idea del porqué de los tiempos tan alargados de copia al “pendrive” y la tarjeta de memoria. Como es costumbre (la excepción fue KaOS), los controladores libres no me permiten correr el “benchmark” de rendimiento gráfico Unigine Valley, de modo que he tenido que obviar esa parte de las pruebas.

Esta revisión puede que no guste demasiado a los felices usuarios de Fedora. Ya lo siento, pero así son las cosas y esto es lo que la distro precursora de RHEL me ofrece a mí, con mi hardware y mis configuraciones particulares. Aspectos positivos, pues sí que los tiene: un Gnome de serie que hará las delicias de los muchos admiradores del escritorio de la huella y una gran base de usuarios a los que preguntar y a quienes acudir en busca de ayuda. Así mismo, gustará a todos a los que les gusta estar a la última, y como muestra un botón: ofrece la posibilidad de iniciar sesión utilizando Wayland. Ahí es nada.

¿Puntos negativos? No estoy muy seguro de qué parte de la problemática actual de mi equipo en GNU/Linux puede achacarse a Fedora, visto el resultado de las últimas revisiones. Pareciera que voy retrocediendo cual cangrejo, y que las nuevas versiones de paquetes causan regresiones en lugar de avances. Pero eso no explica el asunto del rendimiento, máxime cuando la siguiente revisión (estoy “on fire”, literalmente), se ha comportado mucho mejor a todos los niveles. Ello me lleva a concluir, y sigo insistiendo en que lo lamento, que Fedora está bastante por detrás en desempeño de otros sistemas ya analizados aquí. Si le unimos esa extraña sensación de vivir siempre al filo de la navaja con las constantes actualizaciones de paquetes de importancia crítica, tenemos que reconocer que Fedora no es una distribución que uno se aventure a recomendar a la ligera para usuarios noveles. Esa es mi opinión y así os la cuento.

Y en resumidas cuentas, que siguen existiendo distribuciones que no casan demasiado bien con según qué equipos. Lo mío con Fedora, lo tengo más que asumido, tiene poco arreglo.

Salud

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Fedora 21 LSDH
Instalación 10
Arranque y apagado 7,50
Software 10
Hardware 7,50
Conectividad 5
Out of the box 5,83
Estabilidad 10
Fluidez 10
Gestión de energía 3,33
Pybench 3.775
Apache 11.747,67
Encode-flac 13,40
Unpack-linux 18,70
Unigine Valley N/D
Browsermark FF 2.761
Browsermark GC 3.807
Transf. pendrive 5,46
Transf. disco USB 1,07
Transf. SD-card 7,25
Corrección por rendimiento -1,17
Corrección por errores 0,00
CALIFICACIÓN 7,17
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Fedora 18 KDE: notablemente mejor

He de reconocer que desde mi reencuentro con Chakra me está costando la misma vida separarme de ella aunque solo sea unas horas, tal es el estado de satisfacción con su uso en el que me encuentro en este instante. La rapidez, el descubrimiento de pequeñas nuevas joyas como Krita, la excelente comunidad donde siempre hay algo que aportar, todo ello contribuye a la genial experiencia de uso que proporciona, hoy por hoy, Chakra Benz. Pero esto es LSDH, un blog sobre Linux, de modo que es turno para la versión KDE de nuestra distribución del mes, que no es otra que Fedora.

Por experiencia, tanto propia como de otros usuarios, pienso que no es buena idea instalar KDE sobre el entorno con Gnome: se mezclan los programas, se multiplican las instalaciones y, en definitiva, no permite hacerse una idea clara de lo que es Fedora KDE. Mi preferencia, la que he llevado a cabo, pasa por hacer una instalación limpia de la variante fedoriana con el escritorio alemán. Dicha instalación la he realizado en la partición donde tenía la versión Gnome, cuyo rendimiento, sin tenerme descontento, no ha sido todo lo bueno que esperaba.

Más allá del poco apego que actualmente profeso hacia Gnome y aun considerando que se puede ser productivo usándolo, existía un error que no entiendo al que bauticé como el “arranque aleatorio”. Es muy sencillo, de cada diez arranques de Fedora Gnome, un par de veces el equipo se reiniciaba antes de llegar a GDM o, directamente, se quedaba colgado sin responder a nada. Como quiera que no hay controladores propietarios ATI de por medio a los que culpar, parece un error propio de Fedora. Sea como fuere creo que hay opciones más atractivas y más estables que Fedora 18 Gnome en las que confiar, sin ir más lejos… ¡Fedora 18 KDE! Vamos a verlo:

Instalación
No hay grandes diferencias con la versión Gnome, salvo la estética, que ya es cosa de los gustos de cada uno. Anaconda, con sus defectos ya reseñados en la entrada mencionada antes, completa la instalación del sistema en poco más de diez minutos. Tras el reinicio de rigor descubro la presencia de Apper como gestor de programas. Viejas heridas, en forma de problemas que tuve con este software en distintas distribuciones, vuelven a hacerse presentes, pero se queda todo en un temor infundado tras comprobar que el gestor ha mejorado bastante y no me plantea dificultad alguna.

Descargo más de 400 Mb en actualizaciones, kernel incluido. Tras reiniciar todo va como la seda, salvo por el detalle de la localización del sistema, que continúa en inglés. La solución: abrir Apper, buscar el paquete kde-l10n-sp e instalarlo. Luego abrimos Menú –> System Settings –> Locale –> Languages –> y movemos el español a “Preferred Languages”. Hacemos clic en “Apply” y cerramos la sesión. Al volver a entrar, KDE estará en nuestro idioma.

El siguiente paso que doy es el mismo que di en la versión con Gnome: descargar y ejecutar el script EasyLife. Instalo códecs multimedia, flashplugin y java. A continuación una nueva repetición de lo realizado con Gnome, al usar el tutorial de Xenode Systems para la optimización de los controladores libres de AMD. Todo perfecto.

Aunque en un principio pensé en instalar los controladores propietarios Catalyst estoy casi seguro de que las continuas actualizaciones que se producen en Fedora terminarían por dar al traste con el sistema. Prefiero quedarme como estoy, para el uso que doy al equipo los drivers libres me bastan y me sobran.

Navegación
Me sorprende la inclusión de Konqueror como único navegador predeterminado, en otro tiempo era lo normal, pero la mayoría de distribuciones actuales suelen decantarse por Rekonq, si desean incluir un navegador Qt puro, o Firefox o Chrome como opciones más mayoritarias. Konqueror en Fedora funciona muy bien, presenta los clásicos problemas de compatibilidad a la hora de mostrar ciertas páginas, pero en general va fluido y reproduce bien flash.

Vídeos
Con Dragon Player me ocurre lo mismo que con Tótem, que no es capaz de reproducir los archivos de vídeo digital (extensión .dv). La solución, la misma que en el caso de dicho reproductor, pasa por instalar el todo-terreno VLC.

Música
El reproductor habitual de cabecera en KDE, es decir, Amarok. Perfecto en su funcionamiento, ha ido ganando fluidez con las sucesivas versiones del escritorio y ya no parece arrastrarse como en sus inicios.

Ofimática
Fedora opta por dar una oportunidad a la incipiente Calligra, una suite ofimática orientada a KDE y heredera de KOffice que también mejora con cada nueva versión. Como siempre, para gustos colores, y quien lo desee puede instalar Libreoffice.

Fotografía e imágenes
De inicio solo contamos con Gwenview para visualizar. Prefiero el ShowImage de Chakra, que me recuerda bastante a Eye of Gnome. Podemos instalar Digikam para gestionar nuestras fotos y Gimp para editarlas, aunque últimamente me estoy acostumbrando a usar Krita con muy buenos resultados.

Gestión de programas
Apper, como comentaba antes, se ve muy mejorado. Me siguen molestando esas pausas en las que no se indica qué está descargando o procesando, pero por lo demás cumple su función. Una actualización del sistema con cambio de kernel incluido no supusieron contratiempo alguno, lo que ya es un logro de por sí. Una herramienta en la bandeja del sistema nos avisa de la existencia de actualizaciones puntualmente.

Reconocimiento de hardware
Tanto la impresora como la webcam fueron reconocidas automáticamente por Fedora KDE y puestas en funcionamiento tan pronto como las conecté. El escáner me dio algún problemilla, pues la instalación de Skanlite no fue suficiente para hacerlo funcionar. Lo arreglé con la instalación del paquete sane-backends-drivers-scanners y un reinicio.

Navegador de archivos
El siempre genial Dolphin no falla tampoco en Fedora. Las funciones de red van perfectas, pudiendo intercambiar archivos con mi equipo portátil con Windows. El auto-montaje y reconocimiento de mi pendrive, disco duro USB y tarjetas SD no planteó dificultades.

Gestor de arranque
Solo hecho en falta, como en muchas otras distros, lo que alguna ya trae por defecto (perdón por la reiteración, Chakra sin ir más lejos): un editor. Aparte de esto no hay nada que objetar al funcionamiento de Grub en Fedora, tanto Windows 7 como Chakra fueron reconocidos y perfectamente iniciables.

Estabilidad y suspensión a RAM
Durante el uso del sistema no se ha producido, por ahora, cuelgue o error alguno, ni siquiera de Plasma, lo que me lleva a concluir que estamos ante una edición mucho más estable que su homónima con Gnome. De la suspensión no voy a tratar, al no haber instalado los controladores propietarios que la permiten en el caso de mi hardware.

Ciclo de desarrollo
En Fedora se apuesta por la novedad y el “bleeding edge”, lo que lleva a los desarrolladores a sacar una nueva versión cada seis meses y darle soporte únicamente hasta transcurridos trece meses desde el lanzamiento. No es una distro para servidores, obviamente, pero a la velocidad a la que se actualiza todo hoy en día tampoco me parece nada descabellado. Aquellos que prefieren la seguridad y el largo soporte tienen muchas opciones donde escoger, pero Fedora no es una de ellas.

A una semana de transcurrir el mes de Fedora en LSDH puedo concluir que la experiencia ha resultado tal y como la esperaba. Fedora Gnome, incómoda para mí y con algún que otro fallo inexplicable. Fedora KDE, fácil de usar y estable. Si algo he aprendido de este tiempo fedoriano ha sido a apreciar el modelo que propone la comunidad. En mis revisiones puntuales de Fedora no había tenido tiempo de apreciar quizás el más importante valor que aporta esta distro, unas actualizaciones  frecuentes que dan la sensación de estar usando una rolling release, sin hacerlo.

Y es a este respecto al que me pregunto si no sería más conveniente que Fedora adoptara ese modelo. Sé que se ha debatido intensamente en la red sobre el tema y mucha gente opina que para eso ya está Fuduntu, pero al fin y al cabo ésta no es Fedora. Ignoro el pensamiento de la comunidad de la distro sobre ello, si alguno de sus usuarios pasa por aquí me gustaría conocer su opinión.

Rolling release o no, Fedora es una excelente forma de estar actualizado en Linux y contar a la vez con una amplia comunidad de usuarios, un buen reconocimiento de hardware y un gran desempeño, mucho mejor en su versión KDE que en la de Gnome. O, al menos, así ha sido en mi caso particular. Traduciendo esto en nuestra habitual escala de puntuaciones, Fedora 18 KDE obtiene un 9’24, curiosamente la misma nota que… lo habéis adivinado, Chakra Benz.

Reintentando con Fedora

El enfado que me produjo el comportamiento de Fedora 18 en mi equipo, breve cual sobre de dinero negro en manos de un político español, se disipó ayer en cuanto me di cuenta de que la mayoría de opiniones señalaban al ya clásico problema de los controladores propietarios Catalyst con Gnome 3 como posible causante del desaguisado. No tengo pleno convencimiento de que así sea, pero como estamos a las alturas del mes que estamos, supongo que Fedora se merece una nueva oportunidad con los controladores libres. Tan insigne distribución lo merece.

De modo que ayer me puse manos a la obra para intentar solucionar lo que más tarde me demostré incapaz de arreglar. Al no arrancar en modo gráfico intenté, mediante consola, ingresar como root y tratar de resolver el problema. Como el cuelgue se produjo en plena actualización, lo primero era dejar que ésta finalizase:

yum-complete-transaction

Una vez completado este paso, vuelvo a reiniciar, pero el resultado sigue siendo el mismo. Ingreso de nuevo al sistema como root en consola y decido librarme de los drivers propietarios por si fueran éstos los culpables:

yum remove kmod-catalyst akmod-catalyst xorg-x11-drv-catalyst xorg-x11-drv-catalyst-devel xorg-x11-drv-catalyst-libs

Para, posteriormente, volver a los controladores libres:

yum install mesa-dri-drivers

Y aquí me encuentro una sorpresa al notificarme el sistema de que los citados controladores libres ya estaban instalados. No entiendo nada, recuerdo perfectamente haberlos desinstalado, como recomendaba el tutorial de Xenode Systems. ¿Habrá venido por aquí el problema?

En cualquier caso tras el reinicio todo sigue igual, o incluso peor, pues ya no consigo ni abrir una terminal. Intento añadir a la línea del kernel el parámetro xdriver=vesa para forzar el inicio gráfico con el controlador genérico sin éxito alguno. Quemados todos los cartuchos, al menos los que yo estoy dispuesto a quemar, no me queda otra que la reinstalación.

Reinstalando Fedora
En mi segundo intento con la distro elegida por los lectores para este mes me quedo con los controladores libres, con idea de optimizarlos según otro tutorial de Xenode Systems (idea de un lector, Maw, en los comentarios de la entrada anterior). Y la cosa no puede empezar peor: tras el primer reinicio llego a la pantalla de bienvenida y tras hacer clic en mi nombre de usuario el sistema se congela. Cero absoluto, la única solución, una vez más, es apagar con el botón.

Teniendo en cuenta que no había hecho nada todavía, ni actualizar, ni añadir repositorios, ni cambiar a controladores propietarios, yo me pregunto: ¿de quién es la culpa ahora? Tras el “hard reset” consigo, finalmente, entrar al escritorio y configurarlo a mi gusto, dentro de las limitaciones que Gnome 3 impone, claro está.

La primera actualización del sistema tampoco comienza demasiado bien, la hago mediante gpk-application y el programa se tira veinte minutos en la fase de “Obteniendo información…”. Que siga la fiesta, pienso. Cancelo y lo hago mediante terminal y yum, sin nada que objetar en este caso. Un sudo yum -update y 649 paquetes descargados después inicio en Fedora 18 completamente actualizada y con kernel 3.7.4.

Finalmente sigo el tutorial de Xenode Systems citado más arriba y optimizo los controladores Gallium. Los extraños parpadeos y errores gráficos en las ventanas han desaparecido por completo. Obtengo unos FPS en glxgears similares a los conseguidos por Vicente en su equipo siguiendo los mismos pasos de optimización, los cuales se corresponden con la tasa de refresco vertical del monitor (60 fps). Es un valor que está muy lejos de los 2000 logrados con los drivers Catalyst y más lejos todavía de los 5000 que he conseguido con Compiz en SolusOS (récord hasta la fecha en mi equipo). Pero en este tema, posiblemente porque no soy usuario de videojuegos más que muy ocasional, no sé discernir si se trata de un valor aceptable o no. En tareas mundanas, como reproducir flash o vídeos, no he notado ninguna diferencia a favor o en contra.

Por último vuelvo a emplear el script EasyLife para instalar códecs, flash, java y demás. Rápido y sencillo. Por el momento, en el día y medio que llevo redescubriendo Fedora Spherical Cow no tengo queja alguna, si obviamos el primer cuelgue. Solo espero que a ése no le sigan otros y sea capaz de completar mi mes fedoriano sin más sobresaltos. En tal caso puede que acabe por concluir que todo lo acontecido en el artículo anterior tuvo que ver con Catalyst, o más exactamente, con su combinación con Gnome 3 y pueda así seguir recomendando a los usuarios de Linux que opten por mantenerse alejados de todo lo que huela a AMD. Y acercarse un poco más a Fedora, por qué no. Claro que, el primer cuelgue, sin controladores propietarios de por medio me escama un poco. Será cuestión de tiempo de uso averiguarlo.

Fedora 18: fue bonito mientras duró

Febrero se escribe con f de Fedora, porque así lo han querido los lectores del blog, que han elegido a la distribución comunitaria base de Red Hat Enterprise Linux como la favorita para ser instalada y probada a fondo. Mis aventuras y desventuras con la distro del sombrero de Indy son conocidas por los habituales de por aquí: malas experiencias, malas sensaciones y cierta incomodidad a la hora de usar Fedora como distribución por unas pocas horas. Para mí, la prueba que nos ocupa era una suerte de consagración definitiva, para bien o para mal, de mi impresión de este sistema. Usarla durante un mes entero podía acabar por fin con los recelos que me provocaba. Nótese el tiempo verbal empleado…

Y lo escribo en pasado porque es eso, pasado, lo que Fedora representa en mi equipo. Ni dos días ha aguantado la distro. Eso sí, durante el día de ayer, que empleé en instalarla, configurarla y hacerla más usable para mí, Fedora 18 Spherical Cow se comportó con bastante estabilidad, quitando un par de reportes de error, simplemente incómodos, que no afearon del todo la experiencia. Hoy, cuando me aprestaba a continuar con el uso y disfrute, Fedora hizo “catacrac” y hasta aquí hemos llegado. Vuelta al redil de Chakra, donde me siento como en casa, para escribir estas líneas e intentar explicar qué conclusiones he sacado de Fedora y qué ha podido motivar que la distro se niegue a arrancar. Allá vamos.

Instalación
¿Qué decir del recién estrenado relevo de Anaconda como instalador de Fedora? Para resumir, podríamos catalogarlo de extremadamente sencillo en general y tremendamente complicado en parte. Sencillo en cuanto que bastan unas pocas preguntas para dejar configuradas la mayoría de opciones del sistema. Complicado porque la parte destinada al particionado es poco clara, ineficiente y conlleva un alto riesgo de pérdida de datos. Es mi opinión, forjada desde el rato que me llevé pensando qué tenía que formatear y montar y qué no. Tal vez sea el novedoso aspecto y lo reticentes que a veces somos al cambio, pero no me gustó la forma de abordar algo tan delicado como es dar formato y particionar el disco, especialmente para un usuario poco experimentado.

Salvada esta parte, el resto es una balsa de aceite. Una rápida instalación de menos de diez minutos y un par de pantallas de post-instalación nos llevan con celeridad al primer inicio de nuestro nuevo sistema fedoriano. Compruebo con satisfacción que Grub ha reconocido y configurado correctamente las entradas correspondientes a Windows 7 y Chakra. La entrada al sistema me muestra un fondo de pantalla de tonos azulados y mi viejo “amigo” Gnome 3, con su barra superior, sus favoritos y demás. Fedora ha reconocido mi gráfica integrada AMD/ATI y se inicia con los controladores libres, como no podía ser de otra forma, dada la filosofía de la distro. Por desgracia los drivers libres actuales son eso, una desgracia, y mi pantalla se llena de extrañas rayas y efectos oscuros en las ventanas que no son achacables a Fedora en sí, pues lo mismo me pasó en su día mientras probaba Gnome 3 en Arch Linux.

Esta misma filosofía que comento es la que nos entrega Fedora libre de códecs multimedia, flash y del resto de elementos que son imprescindibles para usar el ordenador. No es nada nuevo, no es nada malo, simplemente se precisa pasar un ratillo configurando cosas y descargando paquetes. En principio Fedora no me avisa de la existencia de actualizaciones, pero vaya si las hay: basta hacer un sudo yum update para darse cuenta. Con nuestro sistema ya actualizado, podemos proceder a usar alguna utilidad que nos haga más llevadera la tarea de dejar Fedora lista para la acción, aplicación que en mi caso se llama Easylife y es proporcionada por la comunidad brasileña. Este script habilita el popular repositorio RPMFusion y nos da a escoger qué queremos instalar desde el mismo.

Tras veinte minutos de arduo trabajo de mi procesador y mi conexión ADSL descargando e instalando paquetería reinicio el sistema sin mayor dificultad. Puesto que deseo librarme de las inconsistencias gráficas que aparecen en mi pantalla no me queda otra que instalar los controladores Catalyst, y lo hago siguiendo este tutorial de Xenode Systems. Pese a que en los comentarios al citado tutorial hay lectores que reportan incompatibilidades, todo salió bien y tras reiniciar tenía Fedora completamente operativa y con unos FPS en glxgears de 2000, aproximadamente, esto es, los mismos que obtenía con Unity y Compiz en Ubuntu 12.10.

Navegación
En Fedora me encontré con Firefox 17 que se actualiza a 18. En principio no trae flash, pero se instala fácilmente usando el script que veíamos más arriba. También probé Chrome y ambos funcionaron perfectamente bien.

Vídeo
El reproductor de vídeo, también conocido como Tótem, se quejaba de la falta de complementos para los archivos MP4. Pese a ofrecerse a buscarlos no encontraba nada. La solución fue instalar VLC y olvidarme de Tótem.

Música
Rhythmbox 2.98 es el reproductor de audio predeterminado de Fedora y funciona bien. Poco más que añadir.

Ofimática
Libreoffice 3.6.3 preinstalado pero en inglés. Ni siquiera tuve tiempo de buscar el paquete en español, tarea que pretendía realizar hoy cuando Fedora se inmoló.

Fotografía e imágenes
Como ya es habitual, Shotwell viene instalado y funcionando, en concreto su versión 0.13.1 y Gimp está disponible en los repositorios.

Gestor de software
Me costó un poco encontrarlo, se trata de gpk-application aunque viene con el nombre de “Software” a secas. Ayer no me avisó de ninguna actualización, pero sí lo hizo esta mañana y maldita la hora, vistos los resultados.

Reconocimiento de hardware
Muy bueno, como suele ocurrir con esta distro. Detección automática y veloz de la impresora, escáner y webcam.

Navegador de archivos
El nuevo Nautilus se denomina, simplemente, “Archivos”. No me molesta su excesiva simplicidad, incluso me gusta y no entiendo mucho que se le haya atacado tanto, la verdad. Pero bueno, es cuestión de gustos personales. En lo concerniente a su funcionamiento no tengo ningún pero que ponerle, conectó mediante Samba con mi portátil y fui capaz de reproducir vídeo en streaming. Los dispositivos de almacenamiento (pendrive, tarjeta SD, disco USB externo) los reconoció y montó de forma automática. Lo que me llamó la atención – también pasaba con Gnome 3 en Arch – es el chasquido que produce la inserción y extracción de cualquier dispositivo USB, un molesto sonido como de estática. Extraño como poco.

Gestor de arranque
Ya indiqué antes que Grub reconoció sin dificultad a los otros dos sistemas que había en el equipo. Sin embargo no fui capaz de encontrar ninguna utilidad que me permitiese editar el menú de arranque, ya que el Grub Customizer que intenté instalar no conseguí que iniciase.

Estabilidad y suspensión a RAM
En este apartado pretendía otorgar a Fedora la máxima puntuación, pues a parte de dos avisos de SELinux tras correspondientes errores en aplicaciones eran todo lo que podía poner en el debe de la distro a este respecto. Pero eso era ayer, hoy la cosa cambió del todo.

Y Fedora hizo “crack”
Tras iniciar esta mañana el equipo y entrar en mi escritorio se me advierte de la posibilidad de instalar varias actualizaciones, 46 para ser exactos. En un primer momento me extrañó, pues ayer no recibí notificación alguna en todo el día y ya pensaba que no estaba instalado o activado el avisador de actualizaciones. Acepto lo que se me propone, y mientras se descargan los paquetes abro Firefox. Pincho con el botón derecho en un enlace que me disponía a abrir en una nueva pestaña y… congelación absoluta. Ni responde el ratón, ni el teclado, ni nada de nada. Como compruebo que todo ha dejado de funcionar y no sigue adelante la descarga de paquetes (la luz del router está fija) hago un “hard reset” y cruzo los dedos.

Y hasta aquí llegó. No hay forma de entrar de nuevo a Fedora y lo único que obtengo es una pantalla negra. Si abro un terminal y entro, al intentar iniciar el servidor X se queja de la falta de no se qué librería. Me da igual, la que sea. La cuestión es que apenas se había iniciado la descarga de paquetes, con lo que no se había podido instalar nada nuevo. ¿Qué es lo que ha podido pasar?

Me hago la pregunta de modo retórico, pues ni en broma estoy dispuesto a investigar la cuestión, al menos no por el momento. Es lo que siempre me termina pasando con Fedora, simplemente falla. A mí personalmente me falla y ya pueden venir miles de felices usuarios de la distro a decirme lo equivocado que estoy que mi experiencia con ella no va a cambiar. Es la que es, la que ha sido siempre.

Con el tan debatido abanico de posibilidades que tenemos en Linux me resulta absurdo insistir una y otra vez con una distribución que no me funciona bien. Ni en este hardware ni en el anterior. Algunos sostienen que Fedora es poco más que el banco de pruebas que utiliza Red Hat para sacar mejores versiones comerciales. No lo sé, pero parece que la estabilidad de esta última versión está quedando un poco en entredicho, es algo que se comprueba con solo dar una vuelta por las numerosas revisiones que pululan por la red. Yo pretendía ser la nota discordante y “arreglar” mi relación con Fedora. No pudo ser, pero fue bonito durante el día que duró. Si de aquí a quince días se me pasa intentaré probarla con KDE, entre tanto estoy muy pero que muy a gusto en Chakra. 7’95 para la vaca esférica, solo ligeramente mejor que la ternera. Un saludo.

Fedora 17 Beefy Miracle: complicada

Casi siete meses después de Fedora 16 Verne la comunidad surgida en su día de Red Hat pone en circulación la última versión de su sistema operativo, que han llamado “Beefy Miracle”. Como reconocía en el artículo dedicado al anterior lanzamiento, no he sido nunca un fan de Fedora, por la sencilla pero poderosa razón de que jamás me ha funcionado correctamente. Parece ser que, al igual que todos tenemos en mente esa distribución Linux a la que irremediablemente terminamos regresando tras nuestras incursiones en otros terrenos, hay una distro maldita para cada uno, que nunca termina de cuajar. Pues Fedora es la mía.

Y no ha sido por falta de ganas, he probado varias versiones en los últimos años con suerte dispar, pero nunca una experiencia completamente agradable. Y, lo que es peor, dada la importancia que concedo a la sencillez para los usuarios noveles, lo difícil que resulta siempre poner Fedora a punto. Tenemos montones de posibilidades en Linux, ya lo sabemos, e intuimos que pasaremos mucho rato configurando en el terminal si queremos tener, por poner un ejemplo conocido, un Arch Linux funcionando a nuestro gusto. Esto es conocido y perfectamente asumible, si no quieres perder mucho tiempo debes optar por distribuciones más fáciles de personalizar.

Y si entendemos que entre estas distros está Fedora, estamos cometiendo un error, al menos desde mi experiencia. No afirmo que sea complicada de instalar, para nada lo es, lo que vengo a resaltar es que durante su puesta a punto se encuentran a menudo excesivos pequeños problemas, que terminan por exasperar. Problemas que uno no se encuentra en Ubuntu, por ejemplo, y que no espera encontrar en Fedora. Pero, como veremos, ahí están.

Instalación
He optado por utilizar el programa SUSE Studio Imagewriter  en detrimento de Unetbootin, el cual últimamente no me servía para nada ya que no era capaz de iniciar con normalidad casi ninguna distribución en pendrive. El resultado ha sido el esperado, Fedora se inicia y da a elegir, antes que nada, entre prueba o instalación. Hago como siempre, obviar la experiencia de escritorio en vivo e inicio el proceso de copia al disco duro.

El instalador es el típico “fedoriano”, con las opciones precisas, sin grandes alardes gráficos pero muy fácil de usar. Es por esto que no considero que la dificultad de Fedora estribe en el proceso de instalación, bastante sencillo per se, sino que el problema viene después. Cinco minutos para que finalice la copia de archivos, reiniciamos y, tras comprobar que Grub ha hecho bien su trabajo, la instalación concluye pidiéndonos los datos básicos del usuario.

El primer contacto con el escritorio, versión Gnome 3, por cierto, me recuerda inevitablemente a Debian (ese fondo de pantalla con estrellas y colores azules y rosas me trae memorias de aquel entorno Gnome 2 en Debian Testing que duró instalado mucho tiempo en mi viejo ordenador). Como todo aparece en inglés, me dirijo al menú de usuario, que es el que encontramos en la esquina superior derecha, para elegir desde ahí System Settings –> Language y cambiar al español. Debemos igualmente cambiar la distribución de teclado que por defecto habilita la inglesa. Tras hacer un cierre de sesión y vuelta a entrar, el sistema está en castellano.

Como llevo ya algún tiempo disfrutando de mi nuevo equipo sé reconocer la presencia de los problemáticos controladores libres para hardware ATI/AMD. Basta iniciar un sistema para que aparezcan los molestos parpadeos iniciales que lo delatan. No es un asunto importante, excepto cuando llega el momento de entrar en modo de ahorro de energía, en el que el monitor se queda en “stand by” para siempre salvo que reiniciemos el equipo. Por este motivo siempre intento, antes que cualquier otra cosa, instalar los controladores privativos conocidos como Catalyst.

Y aquí viene el primero de los inconvenientes a los que hacía referencia antes. Lo que en Ubuntu (e incluso en Arch, cuando sabes cómo, claro) es cosa sencilla, aquí en Fedora no encuentro el modo de conseguirlo. Distintos tutoriales referidos a Verne no sirven con esta nueva versión. Y en uno específico de Beefy Miracle ya advierten que, de momento, los drivers Catalyst no son compatibles en modo alguno con esta nueva Fedora. Por si alguien es “sufridor” de ATI como yo, la única solución pasa por quedarse con los drivers libres e instalar la extensión de Gnome que nos permita inhibir el modo de ahorro de energía del monitor.

Desde el punto de vista estético, pocos cambios en cuanto al aspecto visual. Versión muy parecida a la anterior, con el color azul predominando y el tema Adwaita presente en Gnome 3. La función que hace el Dash en Ubuntu aquí la hace el simple movimiento de desplazar el ratón a la esquina superior izquierda, dando paso así al lugar desde el que podemos acceder a casi cualquier cosa en nuestro escritorio e incluso en la web (barras de búsqueda en Google y Wikipedia incluidas). Destacaré, porque lo merece, el avance que ha experimentado Gnome en sus últimas versiones, aderezado por las siempre útiles extensiones que nos pueden facilitar la vida sobremanera. Ya es cuestión de gustos, en mi opinión sigue sin ser todo lo productivo que yo deseo, pero uno puede acostumbrarse a trabajar con Gnome Shell y no cambiarlo por nada, afirmación esta que en los primeros esbozos de la versión 3 me hubiera parecido una completa quimera.

El segundo de los problemas inherentes a Fedora es la falta de software en los repositorios oficiales. Se trata de un asunto de licencias y de filosofía, tema este último que no me interesa en absoluto en su vertiente referida al software libre. Lo que sí que me interesa es que sea sencillo para el usuario instalar un programa. Y para poder optar a algo tan banal como reproducir un sitio web con contenidos en Flash, hay que tener un plugin. Como quiera que en Fedora no está disponible tal cosa, debemos una vez más añadir el repositorio por antonomasia de esta distribución, RPMFusion.

Navegación
Se opta por la versión 12 de Firefox, que no trae el plugin flash por defecto. La adición del repositorio que veíamos en el párrafo anterior solucionará el problema una vez instalemos el paquete correspondiente.

Vídeo
Seguimos con los problemas. El reproductor de películas de Gnome, también conocido como Tótem, no solo no es capaz de abrir ninguno de los archivos de vídeo sino que se cierra de forma abrupta. Si lo inicio desde consola me informa de un error en las X que no consigo descifrar. Afortunadamente, y con RPMFusion al rescate una vez más, la instalación de VLC colma todas las necesidades de reproducción de vídeo del usuario.

Música
El elegido es Rhythmbox. Como no podía ser de otra forma, al abrir un archivo en mp3 no se reproduce absolutamente nada. Esto empieza a recordar a cierto sistema operativo que requiere instalar de todo para poder llamarse, oh ironía, operativo. En esta ocasión, el paquete que precisamos es gstreamer-plugins-ugly y (lo habéis adivinado) lo añade RPMFusion.

Ofimática
Tampoco encontraremos suite ofimática en Fedora. Si hacemos clic en un archivo de texto en formato odt, el sistema nos informa de que no hay aplicaciones disponibles para abrirlo. Eso sí, punto a favor, nos presenta una lista de aplicaciones instalables desde los repositorios para solucionar el problema. Entre estos programas tenemos Abiword, Calligra y, por supuesto, Libreoffice.

Fotografía e imágenes
El gestor fotográfico, que incluso viene con un acceso directo en la barra de favoritos del shell, es Shotwell. Para editar y trabajar con imágenes podemos instalar Gimp 2.8 desde los repositorios.


Gestor de software
Para mí, que no estoy muy familiarizado con yum (el comando de instalación y desinstalación de paquetes en Fedora) se hace especialmente necesario el gestor de aplicaciones. Los desarrolladores siguen apostando por gpk-application, un sencillo gestor del estilo de Synaptic, que es funcional y ligero. Ofrece, así mismo, la posibilidad de programar actualizaciones automáticas.


Reconocimiento de hardware
Es en este crucial apartado donde Fedora se comporta como se espera de ella. La distribución pone las cosas fáciles al usuario al reconocer la impresora, el escáner y la webcam sin más trabajo que pulsar el correspondiente botón de encendido. Es especialmente significativo, por positivo, el tiempo de configuración de la impresora, que se auto-prepara en 5 segundos. En cuanto a los programas de gestión de los dispositivos señalar que Simple Scan viene instalado. Cheese también, pero arroja un error en las X similar al que tuve con Tótem. Tampoco me funcionó fswebcam, pero a la tercera fue la vencida con Camorama.


Programas de uso habitual
Con Cheese y Simple Scan ya instalados, el resto de programas precisa la adición de RPMFusion para poder optar a conseguirlos. Dropbox, además, requiere de un repositorio adicional. Vagalume sí que está en los repos oficiales, curiosamente, pues quizás es el menos conocido de los programas que uso. Skype debe instalarse desde su web, aunque a mí no me funcionó al provocar un error al ejecutar el proceso hijo (ni idea de a qué se refiere). Por último, el popular jDownloader lo encontré como siempre en su propia web. El script funciona siempre que instalemos además una máquina virtual Java.

Gestor de arranque
Otro aspecto positivo de Fedora lo encontramos en el Grub, que no falla en el reconocimiento de ninguno de los sistemas de mi equipo. Lamentablemente no fui capaz de hallar software parecido a startupmanager para poder editar gráficamente el menú.

Estabilidad y suspensión a RAM
No he notado problemas de estabilidad con Fedora 17, no hay cuelgues, pero sí fallos puntuales de aplicaciones (Skype, Tótem, Cheese) que afean un poco la experiencia. La suspensión a RAM es imposible con mi APU A8 de AMD, como explicaba en la parte dedicada a la instalación.

Ciclo de desarrollo
Suele aparecer una nueva versión cada 6 meses, aproximadamente, dándose soporte a las antiguas hasta un mes después de las aparición de la segunda versión posterior. Es decir, Fedora 17 estará soportada hasta un mes después de que Fedora 19 vea la luz. Parece un mantenimiento excesivamente corto para mi gusto, pero dado que es una característica muy relacionada con el mundo empresarial, es lógico que no deseen tirar piedras contra el tejado de RHEL, quien sí ofrece soportes más prolongados.


La conclusión que me deja esta Fedora 17 Beefy Miracle es de continuismo. Sigue pareciendo Fedora, sigue siendo complicado y trabajoso poner a punto el sistema excepto en determinados puntos (reconocimiento de hardware, por ejemplo) y sigue sin ser una distribución de mi agrado. Me ha servido al menos para tomar conciencia de los avances de Gnome 3, que parece ir mejorando poco a poco aunque persevera en su estilo; sigue precisando de extensiones para hacerse más productivo.

No quisiera concluir la revisión sin resaltar un punto por el que siempre se ha destacado a Fedora, y es la inclusión de software “bleeding edge”, esto es, muy novedoso, en forma de las últimas versiones de los paquetes disponibles en el momento de su lanzamiento. Puede ser esto la causa de los errores que encontré en algunos programas. En cualquier caso, el sistema en sí es estable. Lo que yo echo en falta entra en el terreno de lo intangible, los pequeños detalles que hacen la vida más fácil no están presentes en Fedora. Tal vez algún día deje de ser mi “distro maldita”. De momento, le otorgo un 7’73. Saludos.

Fedora 16 Verne: excelente pese a GNOME 3

La distribución con nombre de sombrero de Indiana Jones nunca fue de mis favoritas. Los problemas con los repositorios, la lentitud del gestor de software y problemas puntuales en la detección de mi hardware eran las piedras que solía encontrar en el camino con cada versión de la distro derivada de Red Hat. Sumándole a esto que su edición principal opta por GNOME 3 como entorno de escritorio, la revisión que ahora escribo tenía todas las papeletas para suponer una nueva decepción. Nada más lejos de la realidad.

De hecho, mi experiencia con Fedora 16 no comienza muy bien. Tras cargar la iso desde un pendrive e iniciarse el escritorio, una ventana me da la bienvenida con un mensaje indicando que GNOME 3 se inició en modo “fallback” por incompatibilidades con la tarjeta de vídeo. Y añade la ventana: “su sistema no permite una experiencia GNOME 3 completa”. Vaya, qué lástima. Se ha vuelto muy exigente Gnome, qué le vamos a hacer, ya no se junta con cualquiera. A pesar de esto, decido continuar, para ver qué me depara una experiencia Gnome “incompleta”. Pese a elegir como idioma el español, toda la instalación se realiza en inglés, dura unos 10 minutos y da paso, después de reiniciar, a una interfaz que te guía por los últimos elementos de la misma, como elegir el nombre de usuario y contraseña. Una vez hecho esto, arrancamos al escritorio.

Dada la filosofía de Fedora, lo primero que uno tiene que hacer es añadir algún repositorio de la comunidad. De lo contrario habrá gran cantidad de cosas que no podremos hacer, desde escuchar mp3 a ver vídeos en formato mpg. Añadir uno de estos repositorios es sencillo, basta iniciar el navegador por defecto – Firefox en este caso – y entrar en la siguiente dirección:

http://download1.rpmfusion.org/free/fedora/rpmfusion-free-release-stable.noarch.rpm

Seguimos los pasos indicados para instalar el repositorio y, a continuación, hacemos lo propio con la rama non-free del mismo:

http://download1.rpmfusion.org/nonfree/fedora/rpmfusion-nonfree-release-stable.noarch.rpm

Listo, con dos sencillos clicks tenemos el repositorio RPMFusion habilitado. Si entramos en el gestor de software, el sencillo y muy intuitivo gpk-application, podremos ahora instalar muchos paquetes que antes no teníamos disponibles. Veamos, paso a paso, como se comporta la distro:

Navegación
Como mencioné antes, el navegador “de cabecera” de Fedora 16 es Firefox, en su versión 7. Para poder disfrutar de flash es preciso instalarlo desde el repositorio de Adobe, en el enlace siguiente:

http://get.adobe.com/es/flashplayer/completion/?installer=Flash_Player_11_for_other_Linux_(YUM)_32-bit

El enlace anterior habilita el repositorio, de modo que podremos encontrar en el gestor de software el paquete flash-plugin, que es preciso instalar, así como el nspluginwrapper. Una vez hecho esto, Firefox va fluido y reproduce los vídeos normalmente. El trabajo a realizar es simple, pero hay que saber hacerlo. 4 puntos.

Vídeo
Incluye el reproductor Totem. Al intentar reproducir un vídeo en mpg el propio reproductor te avisa de que necesitas instalar los complementos, cosa que hace sin problema alguno. Como es habitual, descargo VLC, que está disponible en RPMFusion, e intento reproducir vídeos en alta definición. Para mi sorpresa, no hay problemas de color ni de saltos. Perfecto, 5 puntos.

Música
Se incluye Rhytmbox, mi reproductor gtk favorito, quizás algo por detrás de Banshee. En este caso, al contrario que con Totem, al intentar reproducir un archivo mp3 no se oye nada y el programa no te avisa de que precisas instalar un complemento. El complemento en cuestión es el paquete gstreamer-plugins-ugly, que tendrás disponible en el gestor de software si has habilitado, como se indica más arriba, el repositorio RPMFusion. 4 puntos.

Aplicaciones de oficina
Fedora 16 no incluye ninguna aplicación ofimática por defecto. Tan sencillo como abrir el gestor de software e instalar Libreoffice. 5 puntos.

Fotografía
El gestor que incluye la distribución es Shotwell, mi preferido. Gimp se instala desde los repositorios. 5 puntos.


Impresora y escáner
Con el sencillo gesto de encender la impresora y en apenas 10 segundos, la tienes instalada y preparada para funcionar. Esta sencillez es lo que más echo de menos en distribuciones como Arch Linux. Con el escáner es más de lo mismo, lo enciendes, ejecutas el programa Simplescan y a escanear. Más sencillo, imposible. 1 punto.

Webcam
Para probar la webcam se puede usar Cheese, que viene instalado por defecto, pero en mi caso no logre hacerla funcionar. Me tiraba el error “could not negotiate format”, lo que viene a ser “incapaz de negociar el formato”. Sospechando que, quizás, podría ser un error del propio programa, decidí instalar Skype. Efectivamente, la cámara se detecta y funciona bien. 1 punto.

Gestor de arranque
GRUB se instala sin mayores dificultades durante la instalación, detectando tanto Windows XP como Arch Linux. 1 punto.

Software disponible
Si bien no todos los programas que suelo emplear están disponibles directamente en el gestor de software (tan solo Vagalume lo está), todos los demás tienen en sus respectivas webs un enlace en el que, con solo hacer click, tendremos instalado tanto Skype como Dropbox, Google Earth o jDownloader. En el caso de este último será preciso escribir dos sencillas instrucciones en la terminal, las cuales vienen especificadas en su web. 0’6 puntos.

Estabilidad y suspensión a RAM
En lo referente a la suspensión no hay ningún problema, basta elegir la opción tras pulsar en Apagar en el menú de configuración que se abre a la esquina derecha de la barra de tareas superior. Pero, lastimosamente, con Fedora 16 me ocurre lo mismo que con Ubuntu 11.10, el sistema se cuelga de forma extraña tras un tiempo de inactividad. Se dispara la CPU y ahí se queda. Debe tratarse de algún problema con GNOME 3. Solo puedo darle 0’5 puntos en este apartado.


De no ser por el problema de los cuelgues, que no hay manera de resolver de otra forma que pulsando el botón de apagado (y esto en Linux duele mucho, la verdad), Fedora 16 sería una perfecta distribución para mi equipo. Y eso a pesar de optar como escritorio principal por GNOME 3, entorno que para mí, y para muchas otras personas que siguen el mundillo Linux, ha dado un enorme paso atrás. Las opciones de configuración son casi inexistentes, es como si los desarrolladores del entorno de escritorio decidieran por el usuario cómo debe verse su equipo. Este es para mí el gran inconveniente de GNOME 3. Pero en fin, es algo ajeno a Fedora 16 como distribución, la cual me ha sorprendido para bien. No sé cómo resultará una “experiencia GNOME 3 completa”, pero la verdad es que Fedora 16 se integra muy bien con el entorno y es estéticamente agradable aunque exageradamente simple para mi gusto. Pese a todo, 8’7 puntos para Fedora 16, a la altura que merece una distribución clásica, de fácil instalación y uso.