Vamos de estreno: presentando el Colaboratorio

Por mi tierra, cuando algo se hace esperar más de lo deseable, se dice que ha tardado más que el parto de la burra. Hoy me complace anunciar que el proyecto en el que nos involucramos antes del verano varios blogueros y entusiastas colaboradores ve por fin la luz. Ha habido que salvar algunas dificultades, cosa lógica y normal cuando son tantos los pareceres, pero en general nos han hecho crecer como grupo y hemos aprendido de ellas. En este barco, además de un servidor, están David (ochobitshacenunbyte), Juan Luis (unade25), Juan Martínez (Digital y más) y Linuxmanr4 (linuxmanr4.com) como blogueros con sitio propio, junto a Aldobelus, Alejandro Ahumada, Clara, Ish Milán y Mauri, que se estrenan en esta faceta.

Este es el equipo actual, que no está ni mucho menos cerrado, pues la idea principal que hizo surgir este proyecto sigue ahí: estamos abiertos a todo tipo de colaboraciones, como el propio nombre del lugar deja bien claro. Os enlazo nuestra página de participación.

Si lo deseáis, podéis encontrarnos en nuestra nueva casa, que espero sea la de todos:

logo-colaboratorio

Salud

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Adiós a AMD: gracias, Yoyo Fernández

Siguiendo con los refranes, que le voy cogiendo el gustillo: “de bien nacidos es ser agradecidos”. En un artículo de hace unos días, “Historias corrientes“, relataba un problema con Ubuntu 14.04.3, que provocaba una congelación en el escritorio, imposible para mí de solucionar o depurar. Al no conocer la causa, no hay posibilidad de culpar a un componente en concreto, – salvo a mí, el de detrás del teclado – pero por alguna razón las miradas se fueron a posar, otra vez, en mi chip gráfico AMD. Es una GPU A8 que integra una Radeon HD 6550D, con un rendimiento aceptable en Windows y pésimo en GNU/Linux. Por no hablar de los problemas derivados de la tardanza en sacar controladores compatibles con cada nueva versión de Xorg, que dificulta el uso de los Catalyst (los propietarios) en distribuciones de carácter “rolling release”, como Arch Linux. Leer más “Adiós a AMD: gracias, Yoyo Fernández”

Historias corrientes

La leyenda de la estabilidad. Así voy a llamar a partir de ahora a las ediciones con soporte extendido de Ubuntu. Os aviso de que no pretendo escribir un artículo para “rajar” de la distribución de Canonical, porque de ésos, está la red de redes llena. Solo describo mi experiencia personal con Ubuntu Trusty, que ha vuelto a devenir en un fallo inexplicable y de complicada depuración. A decir verdad, el que la solución fuese sencilla de localizar tampoco iba a suponer un atenuante, porque uno anda ya cansado de solucionar errores. Regresiones, “bugs”, problemas derivados del uso de “PPAs”… qué sé yo. Ni soy un gurú ni lo pretendo. Soy un tipo con poca paciencia, eso sí. Leer más “Historias corrientes”

Elegir una distribución Linux

De vez en cuando suelo recibir correos electrónicos de lectores del blog con una pregunta que, en principio, podría parecer muy sencilla de responder para alguien que lleva usando Linux desde 2007 de forma ininterrumpida. Y escribo podría, en condicional, porque bastan unos minutos de reflexión para concluir que de fácil no tiene nada. Son tantas las distribuciones, tantos los escritorios y gestores de ventanas, tantísima posibilidad de elección que sin duda resulta abrumadora para personas que solamente han conocido Windows, y conocer no implica necesariamente dominar, por otra parte. Me preguntan, como ya habréis deducido, por “la mejor distribución Linux para principiantes”. O sin el “para principiantes”, también. Simple y complicada cuestión: “¿cuál es la mejor distribución Linux?”

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Comparativa de navegadores en GNU/Linux y Windows

Por suerte o por desgracia no tengo demasiadas ganas de revisar distribuciones últimamente. No me llama ninguna en la actualidad, tras haber aterrizado y permanecido durante meses en la agradable isla de la tranquilidad informática, la que me procuran mis dos sistemas GNU/Linux, Chakra y Ubuntu por orden de utilización y preferencia. El sistema de Microsoft sigue relegado a mera utilidad de supervivencia para contadas pero muy necesarias ocasiones, como lo fuera el mes pasado la correcta cumplimentación del borrador de la declaración de impuestos, la de verdad, la que hacemos la gente honrada. Aunque algunos me habéis comentado que no tenéis problemas para hacerla desde GNU/Linux, no sé por qué razón, pero no es mi caso. Total, que en ésas estábamos, cuando me dije: “vamos a comparar otras cosas, que las revisiones de distros ya están muy vistas”.

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Jaulas de oro

Normalmente cuando las ganas de escribir se hacen ya irrefrenables, las palabras suelen fluir de los dedos hasta el teclado y la pantalla con facilidad, como algo natural, que sigue su curso. Hoy, sin embargo, cuando tengo ante mí la inmensidad de una página en blanco, no sé cómo empezar. Oh, espera, si ya he comenzado… Pero dije que me retiraba del blogueo… ¿O eran unas vacaciones indefinidas? ¿Qué decir ahora? ¿Cómo vendo este enésimo cambio de parecer?

Espera, tranquilo, haz una pausa, respira. Es tu blog personal, no tienes que convencer a nadie más que a ti mismo. Casi lo había olvidado. Pues hala, convencido, vamos a continuar.


Os cuento hoy mi historia de resignación veraniega. Otra más, añadiría. Sabéis ya de sobra cuándo y por qué caí presa de la comodidad y la facilidad que da un sistema operativo propietario, uno que te lo entrega todo masticado a costa de pagar un doble precio: por un lado el dinero que cuesta y por otro el tener la seguridad de que tus datos son vendidos, reutilizados y tratados cual mercancía por varias empresas de renombre. Más adelante os explico cómo volví a tener conciencia de esto y el porqué no me apetecía seguir tapándome la nariz solo a cambio de… nada, en realidad.

Tras abrir la caja de Pandora linuxera en mi artículo de despedida comencé a hacer uso del sistema operativo propietario que mi distribuidor informático local me había instalado en el equipo de “aquella manera”. Pronto descubrí que el tiempo le había afectado en muy mala forma a Windows 7, y era momento de probar la novedosa versión 8.1. El cómo conseguí probarla lo dejo a vuestra imaginación. No me siento orgulloso de ello, ciertamente, y ése es otro de los motivos para volver a GNU/Linux.

Usando Windows 8.1
En honor a la verdad, y esto es algo innegociable en mi forma de ser, tengo que admitir que la última versión de Windows constituye un buen sistema operativo. Por citar una virtud, aparte de las ya conocidas de tener acceso a la práctica totalidad de los programas, nos sirvan para algo o no (pero, ¿y lo bien que queda?), diría que se apaga muy rápido… si no fuera porque es una verdad a medias. La realidad es que hiberna en lugar de apagarse, lo que deja la partición NTFS en un estado de inestabilidad permanente que provoca errores a la hora de realizar el montaje desde GNU/Linux. Esto tiene solución, por cierto, desde el “Panel de control”, pero no es algo que nos ocupe hoy.

Retomando el tono serio, es cierto que sí, que es un buen sistema. Ha mejorado mucho desde versiones pretéritas, lo admito. Además de resultar más fluido que sus predecesores, pude reencontrarme con una antigua afición: los videojuegos. Disfruté durante el verano de “The walking dead“, de Telltale Games, una especie de aventura gráfica muy conseguida, en la cual el peso de las decisiones que vamos tomando se nota sobre los hombros de un modo fantástico y a la vez turbador. Muy recomendable para los amantes del género y a un precio bastante asequible en la tienda de la compañía (en Steam es un poco más caro). Fin de la cuña publicitaria.

Resumiendo mi experiencia: me abandoné a Windows de un modo absoluto. Outlook y su calendario, junto con Onedrive, reemplazaron a ownCloud, tanto en mi equipo como en mi móvil. Google tomó el relevo de DuckDuckGo. Cero dificultades, todo comodidad. Vamos ahora con el precio a pagar.

El correo de Amazon
Una tarde del este año no tan cálido verano, me acordé de una sugerencia de un libro que había recibido unos meses atrás. Ni corto ni perezoso la introduje en Google y rápidamente tenía toda la información disponible ante mí. Al final, por razones que no vienen al caso, desestimé la lectura del libro y me dediqué a otros menesteres.

A la mañana siguiente, puntual cual lechero de los de antaño, tenía en la magnífica bandeja de entrada de mi correo Outlook un mensaje de la tienda de libros de Amazon con recomendaciones para comprar, siendo la primera, oh maravilla, el libro sobre el que buscaba información la tarde anterior en Google. Enseguida me surgieron preguntas con respuestas inconvenientes, como por qué Amazon conoce mi correo Outlook de reciente creación, por ejemplo. Y por qué Google cede los datos de mi búsqueda a dicha tienda, lógicamente a cambio de dinero. Y por qué cojones (con perdón) tengo que aguantar que me vengan a vender libros a mi correo electrónico. Sí, lamento la expresión, pero sirva para reforzar el tremendo cabreo que tenía en su momento.

Esta fue la razón número uno para replantearme la idoneidad de la herramienta que estaba empleando para poder usar mi ordenador. Incluso la de mi móvil, ya de paso, pues desde hacía varios días venía notando una actividad inusual de intercambio de datos en el teléfono que no parecía obedecer a algo legítimo. Todo ello con los servicios de Google corriendo en segundo plano… Buen momento para replantearse la instalación de Cyanogenmod.

Piratas del Caribe
Los que me habéis leído con asiduidad sabréis que tengo un niño de 7 años. Como rama dichosa que al árbol sale, siente bastante interés por la tecnología en general y los videojuegos en particular. En concreto, desde que anunciaran la última versión de un conocido simulador de fútbol en la tele me pregunta si no sería muy caro. En un primer momento vienen a mi mente tres palabras: “The Pirate Bay”. Pero claro, luego hay que reflexionar: ¿qué educación quieres darle a tu hijo? Está en una edad en la que comienza a discernir con claridad el bien del mal, lo correcto de lo incorrecto, lo moralmente aceptable de lo que no lo es tanto. Sé de buena tinta que el software, en demasiadas ocasiones, es exageradamente caro para lo que ofrece. Pero también tengo buenos amigos que desarrollan programas como modo de ganarse la vida. Descargar y usar software pirata no es éticamente aceptable, aunque sean creaciones de enormes compañías norteamericanas.

Y esa es la razón número dos. Quiero que mi hijo sepa que cuando uso algo lo hago con todo el derecho a usarlo. Lo que compro, porque lo he pagado. Y lo que la comunidad del software libre me ofrece desinteresadamente, porque disfruto usándolo y compartiendo mis experiencias con los demás.

Imagen de Píllate un Linux

Así que en ésas estamos. Ya no hay rastro de sistemas adquiridos de aviesas maneras en mi ordenador. Tan solo queda Ubuntu (libre de Amazon, claro) y una partición de pruebas a la que no sé si volveré a darle uso. Ya iremos viendo. En mi móvil, Cyanogenmod 11 ha regresado con renovados bríos y sin problemas de batería (los hubo, pero la solución a los mismos la dejo para otro artículo). En mi portátil, un Windows 7 legítimo que va más lento que el caballo del malo (4 años sin reinstalar, todo un récord, pero vaya como se arrastra el pobre sistema) con un Xubuntu 12.04 que apenas uso.

Tengo dos motivos para estar muy contento: por una parte han regresado las ganas de escribir en mi tiempo libre. Y los que han sido inoculados con esta enfermedad saben que solo se cura dando rienda suelta a lo que te pasa por la cabeza. Cuando uno tiene un blog, ese es el mejor lugar para hacerlo. Claro que, tampoco sé cuánto durarán, pero de momento ahí están. Y, por otro lado, por haber abierto la jaula de oro y piedras preciosas, que te da mucha comodidad, mucho instalar y usar, etcétera. Pero hay un precio, uno que se puede estar dispuesto a pagar o no. Yo, de nuevo, no lo estoy. Se acabaron las vacaciones.

Salud, amig@s.

El hogar de los valientes

Resulta irónico que una de las cosas que más detesto en esta vida sea la ausencia de palabra, la falta de compromiso, la incapacidad de cumplir con lo que se promete o de mantener lo que se decide. Decía mi abuelo que un hombre que se viste por los pies cumple su palabra. Mantenía – y mantiene, por suerte – mi padre que si dices que vas a hacer algo has de hacerlo y punto. No valen excusas. Comprenderéis, ante estas premisas, lo difícil que resulta para mí hacer lo que estoy haciendo en este preciso momento. Dije que lo dejaba y lo dejé… durante menos de un mes. Y aquí estamos.

No es menos cierto que cuando uno comete un error debe hacer lo posible por subsanarlo, previo reconocimiento, claro está, de que se ha metido la pata. Por continuar con las frases célebres, dos equivocaciones no constituyen un acierto, de modo que es tiempo de levantarme, admitir mi error y continuar con la batalla. No sin antes agradecer las muestras de apoyo y comprensión recibidas en el centenar de comentarios suscitados por mi artículo de despedida. No es que los motivos que aduje en dicho texto no sigan teniendo validez. Incluso diría que los sigo manteniendo. Usar GNU/Linux es nadar contracorriente, aún hoy día y a pesar de las mejoras conseguidas entre todos. Ocurre que, a veces, uno se deja vencer por la tristeza y el cansancio y decide tomar el camino fácil. Enarbolé la bandera blanca de la rendición al modo sencillo de hacer las cosas, al instalar y olvidarse, seducido por la idea de descansar y acercarme a una mal entendida normalidad.

Pero hubo un factor con el que no conté, uno que me empezó a recordar Vicente Seguí en su correo electrónico de despedida: la sensación amarga de que abandonar GNU/Linux es, en cierto modo, cerrar los ojos, taparse la nariz y aparcar los ideales. “Ignorance is bliss”, dicen los anglosajones. “Ojos que no ven, corazón que no siente”, espetamos por aquí. Le pasó a él y, mientras lo leía, supe que también me pasaba a mí. Windows es un sistema operativo válido, con sus ventajas e inconvenientes, como GNU/Linux, como MacOS, como todo en la vida… Pero el sistema de Tux fomenta unos valores y defiende unas ideas que yo interiorizo como propias, mucho más próximas a mí que cualesquiera otras. Y ante eso no hay nada que hacer.

De manera que inicio nueva etapa, volviendo a la que siempre fue mi “casa informática”, con renovadas fuerzas y ganas de colaborar y compartir. Ello no implica seguir con el distro hopping, al menos eso espero, pues me parece mejor idea mantener mi partición con Windows para aquellos momentos en que un problema en mi GNU/Linux me impida hacer algo que corra cierta prisa. Siempre me molestó tener que reiniciar a un sistema distinto porque algo falla, pero si se piensa bien, esto es una tontería. Lo he vivido estas últimas dos semanas mientras ponía a punto mi partición con Chakra, donde ya todo funciona, por cierto.

Para finalizar, lamento que el hastío y cierta cobardía me llevaran a tomar la decisión de abandonar tanto el blog como mi sistema operativo preferido. De todos es sabido que todo acontecimiento en la vida puede equipararse a una situación ya vista en cualquier episodio de Los Simpson, así que, a modo de castigo por mi osadía, recibiré mi particular “placa” que me recuerde que estoy en GNU/Linux para siempre.

Escojo para ello una de mis citas preferidas. Ignoro el autor, solo sé que se la oí por vez primera a Enzo Maresca, en su lengua materna. “No hay derrota en el corazón de aquel que lucha”. GNU/Linux no es para todo el mundo, requiere ciertas ganas de aprender y, sobre todo, no rendirse cuando algo falla y seguir luchando para que el monopolio no lo engulla todo. Recojo, pues, la toalla que tiré y continúo con el combate.