FacturaScripts: contabilidad y facturas con software libre

Uno de los objetivos que me marqué al crear este blog fue dar a conocer, dentro de mis posibilidades y mis niveles de “audiencia”, cualquier sistema o aplicación de software libre cuyo creador así me lo solicitara. Tal ha sido el caso esta semana con el desarrollador de FacturaScripts, un completo software para llevar la contabilidad y realizar facturación en una empresa, que además de libre es gratuito en su versión básica, pudiendo completarse su funcionalidad con múltiples “scripts” (de ahí su nombre), algunos de los cuales son de pago. Los programadores, incluyendo a los que trabajan con software libre, no viven del aire, por si alguien se lo estaba preguntando. Como, además de entender más bien poco de este tema, llevo dos semanas aquejado de una conjuntivitis adenovírica que me impide ver con nitidez, mejor dejo que sea el propio autor del programa quien os lo cuente a continuación. Leer más “FacturaScripts: contabilidad y facturas con software libre”

Software libre en el móvil

Para salirme un poco de la rutina de revisiones de distribuciones GNU/Linux, veranos del camaleón y artículos similares, hoy me propongo abordar un tema algo distinto: la disponibilidad de programas y su validez – o no – para nuestros teléfonos móviles con Android. Me refiero, naturalmente, a software catalogado como libre, con código abierto que se puede revisar con objeto de cerciorarnos de que nuestra privacidad se mantiene, al menos, dentro de unos límites éticamente razonables. Asumiendo, desde la tristeza y la rotundidad “orwellianas”, que tal cosa no existe en términos absolutos en nuestro tiempo, todavía tenemos la posibilidad de utilizar una amplia variedad de programas que son respetuosos con nuestro derecho a la intimidad y a no ser usados como moneda de cambio publicitaria por grandes corporaciones multinacionales.

Desde la óptica de la máxima autoridad en estas cuestiones, que no es la NSA sino Don Richard Matthew Stallman, en el momento en que uno acepta usar un dispositivo de telefonía móvil ya está perdiendo este derecho. Una simple triangulación de señal permite saber a cualquiera con la tecnología adecuada – que existe desde la época de la Guerra Fría, de hecho – dónde nos encontramos. Si a tal capacidad se le añade el detalle de que nuestros terminales también poseen cámara y micrófono, no solo podrán localizarnos, sino hasta grabar imágenes y conversaciones enteras. Seguro que ahora estás pensando en tipos con gorrito de papel de aluminio… ya, si yo tampoco tengo nada que esconder, pero la realidad es que se pueden conculcar derechos fundamentales y tú ni siquiera te vas a enterar. Esto, mayoritariamente aceptado por la sociedad contemporánea, es una barbaridad se mire por donde se mire. Leer más “Software libre en el móvil”

Solucionar problema de batería en Cyanogenmod 11

Como comentaba recientemente he vuelto a instalar Cyanogenmod 11, versión Novafusion (también conocida como Maclaw, por su autor), en mi Samsung Galaxy S3 Mini. Mi primera experiencia con esta ROM no acabó demasiado bien, debido a que existía un problema de consumo excesivo de batería, con sobrecalentamiento añadido (ambas cosas relacionadas entre sí) que hacían inviable su uso. Confieso que, como en tantas ocasiones me ha ocurrido con las distribuciones de GNU/Linux, ciertos errores disparan en mí una sensación de malestar, seguida por la imperiosa necesidad de instalar otra cosa. En este caso lo que hice fue volver a la “stock ROM” del fabricante, que obtuve de la web de Sammobile.

Pero tras regresar a la libertad del mundo sin Google con una nueva instalación de Cyanogenmod 11, y tras constatar que el susodicho error continuaba presente, se me ocurrió que lo adecuado sería investigar por qué sucede y tratar de ponerle fin.

Era obvio que algún proceso se encargaba de mantener al móvil “despierto” todo el tiempo, impidiendo que entrase en modo de reposo, y consumiendo batería sin parar. Para averiguar de qué proceso se trataba hube de instalar una aplicación disponible en F-droid: BetterBatteryStats. Gracias a ella pude indagar en el tema y descubrir que el proceso maldito estaba asociado al “widget” del reloj de Android, conocido como cLock. Dicho “widget” trataba de averiguar la localización actual del teléfono, a través de la red wifi, para determinar la meteorología y, por algún tipo de error, entraba en una especie de bucle.

El tal cLock provoca en ciertas ocasiones, para más inri, la congelación del reloj del sistema. Sí, es una aplicación completita, la verdad. Puesto que el “widget” no es desinstalable, la solución pasa por denegarle los permisos para usar la red wifi y de datos. Esto se hace en “Ajustes –> Privacidad –> cLock”. Allí escogemos “Denegar” en la opción “Ubicación”, con lo que el “widget” ya no tiene permiso para hacer sus tropelías. Posteriormente opté por descargar un nuevo reloj con meteorología desde F-droid, en concreto uno llamado “Dash clock“. El programa cLock forma parte de Android y no se puede eliminar, o al menos yo no he sido capaz, pues lejos de limitarse al “widget” controla también el reloj del sistema, razón por la que no basta con quitarlo de la pantalla de inicio.

Una vez realizados los mencionados cambios, ni el reloj del sistema se ha vuelto a congelar ni la batería a calentar, lo que me permite disfrutar de un sistema rápido, fluido y que consume mucho menos que el del fabricante, a la par que está actualizado a la última versión de Android. Y, por supuesto, libre de Google y demás. Espero que el “tip” le sirva a alguien.

Salud, amig@s.

Instalar Cyanogenmod 11 en Galaxy S3 Mini

ATENCIÓN: para los problemas de batería comentados en este artículo, he encontrado una solución detallada aquí.

Seguimos con una nueva entrega de la serie “Camino a la libertad“, toca ponernos manos a la obra para sacar a mi teléfono de la jaula a la que lo someten, al alimón, Google y Samsung. Se trata de una vieja aspiración que nunca me atreví a acometer, no ya tanto por lo complejo de la tarea, sino más bien por la posibilidad, siempre presente, de convertir un elemento tan útil como un teléfono móvil en un simple pisapapeles de lujo. De ahí que haya demorado tanto el tema y no me haya lanzado a la piscina hasta tener todos los pasos a realizar completamente claros, sin atisbo de duda. Dos semanas de rebuscar y leer tutoriales de aquí y de allá, ni más ni menos, en las que me ha dado la impresión de que la mayoría de problemas que la gente dice sufrir al dar este paso vienen provocados por el seguimiento de instrucciones que no son lo suficientemente precisas y llevan a cometer errores, algunos de ellos, sin solución posible.

Os adelanto que no ha sido mi caso: ya disfruto de un terminal rejuvenecido, con Cyanogenmod 11 y sin haber usado mi cuenta de Google para nada. Puedo asegurar que el terminal agradece mucho la eliminación de esa pléyade de servicios que, corriendo en segundo plano, ralentizaban la experiencia de uso (la mayoría relacionados con Samsung y Google). Servicios que, en la versión estándar de Android, no era posible deshabilitar, ni tampoco desinstalar las aplicaciones que hacían uso de ellos.

Mi terminal es un Samsung Galaxy S3 Mini, que aún pago a plazos a Yoigo (permanencias y demás al margen) y que recientemente se había actualizado a Jelly Bean 4.1.2. Dicen las malas lenguas que la supuesta actualización a KitKat que anunció Samsung hace unas semanas para este móvil nunca se va a llevar a cabo. En cualquier caso no es el deseo de estar a la última lo que me mueve a instalar Cyanogenmod, sino el proseguir dando pasos en pos de alcanzar una mayor libertad en el uso del dispositivo. Vamos, pues, a entrar en materia.

Descargar aplicaciones necesarias
¿Qué necesitamos para instalar Cyanogenmod? Si bien hay algún que otro tutorial por ahí para hacerlo bajo GNU/Linux, es obvio, por razones de cuota de uso, que la gran mayoría se centran en cómo realizarlo bajo Windows. Dado que es un asunto delicado y que GNU/Linux y los puertos USB de mi equipo mantienen una relación un tanto especial (todavía hay ocasiones, raras eso sí, en que el kernel, en Arch y Chakra, no reconoce de inicio algún puerto) decidí que lo haría en mi partición con el sistema de Microsoft. Sí, igual parece un tanto hipócrita, pero no tengo dinero para reemplazar el terminal en caso de “brickeo”. Qué se le va a hacer, tengo que ir sobre seguro.

Las aplicaciones en cuestión que necesitamos son:

Odin. Herramienta principal que se encarga de “flashear” las ROMs en nuestro móvil.

– La ROM de Cyanogenmod. Existen varias alternativas, tantas como versiones de Android. Yo escogí la más moderna, basada en KitKat. Es necesario destacar que Cyanogenmod no soporta oficialmente el Galaxy S3 Mini, de modo que se debe emplear una ROM no oficial “cocinada”, en este caso por uno de los mejores y más prolijos “chefs”: Maclaw studio. Es un archivo “zip” que habrá que descomprimir, quedando en formato “tar.md5”.

– Una ROM oficial de Samsung, aquella correspondiente a nuestro operador y modelo, por si acaso algo sale mal o, simplemente, no nos gusta Cyanogenmod una vez instalada y deseamos regresar el teléfono a su estado anterior.

¿Hace falta ser root?
Haré especial hincapié en este aspecto, pues me costó bastante aclarar el concepto durante mis días de estudio del tema. La respuesta es NO. La ROM que vamos a instalar nos convierte automáticamente en “root”, por lo que no tiene sentido “rootear” el dispositivo para, a continuación, instalarle una ROM “rooteada”. Es una redundancia que tan solo aumenta las posibilidades de que nos equivoquemos en algún paso y la liemos. Por tanto, que quede claro y diáfano: NO NECESITAMOS SER ROOT PARA INSTALAR CYANOGENMOD.

La instalación, paso a paso
Una vez contamos con todas las aplicaciones descargadas en el ordenador, es el turno del hardware indispensable: no, no te asustes, se trata únicamente del teléfono y del cable USB. En algunos tutoriales recomiendan que el cable sea el original que viene con el terminal. Pese a que desconozco el motivo, y no entiendo qué diferencia puede haber, por aquello ya comentado del miedo al pisapapeles de lujo, opté por dicho cable.

Es conveniente que la batería del terminal esté cargada. No voy a aconsejar ninguna cantidad de carga en particular, tan solo apuntaré que el proceso, en mi caso, apenas si llevó diez minutos, por lo que tampoco entiendo el motivo por el cual algunos tutoriales aconsejan hasta un 85% de batería… En fin, allá cada cual.

1 – Conectar el teléfono al ordenador y abrir Samsung Kies. Con este primer paso nos aseguramos de que Windows reconoce perfectamente el terminal e instala los controladores precisos para su funcionamiento.


2 – Hacer copia de seguridad de los datos. Ya que estamos con el Kies, aprovechemos para salvaguardar nuestros preciados archivos. Si hay un caso en que está justificada una copia de seguridad, es éste. Los contactos, por su especial relevancia, son tal vez la parte más delicada del proceso. En mi caso, puesto que utilizo ownCloud, los tengo centralizados en la nube y más adelante explicaré cómo recuperarlos.

3 – Cerrar Kies y desconectar el teléfono del ordenador. Importante asegurarnos de que Kies se ha cerrado y no está minimizado en la bandeja del sistema.

4 – Una vez el teléfono está desconectado del ordenador, lo apagamos. A continuación, lo reiniciamos el modo descarga, pulsando a la vez 3 teclas: volumen abajo, menú (botón central) y botón de encendido.

5 – Ejecutamos Odin en el ordenador.

6 – Conectamos el móvil al ordenador. Aparecerá un “0:COM4” (los números pueden variar) sobre fondo celeste en la casilla ID:COM, y un “Added” en los mensajes. Las únicas casillas que deben estar marcadas en Odin son las que vienen así por defecto: “Auto Reboot” y “F. Reset Time”.

7 – Hacemos clic en el botón “PDA”. Se abrirá una ventana del explorador de archivos para que seleccionemos la ROM ya descomprimida (archivo con formato tar.md5).

8 – Pulsamos el botón “Start” en Odin. Veremos una barra de progreso con el tiempo restante para finalizar. Cuando acabe su tarea, el teléfono se reiniciará solo y podemos desconectarlo del ordenador.

9 – Al reiniciar se mostrará el logo de Cyanogenmod y el terminal comenzará a optimizar las aplicaciones existentes para la nueva versión de Android. En algunos tutoriales recomiendan quitar la batería del móvil en este instante. Yo no tuve tiempo de hacerlo, lo único que ocurrió, tras tratar de optimizar las 155 aplicaciones que tenía en mi móvil, fue que algunas de ellas se cerraron y punto. Se optimice o no, lo primordial es apagar el terminal, para poder realizar el siguiente paso.

10 – Encendemos el teléfono en modo “recovery”. La ROM que acabamos de instalar cuenta con la herramienta TWRP Recovery, que nos permitirá borrar la caché, principal fuente de conflictos al actualizar nuestro móvil a Cyanogenmod. Para iniciar en este modo, hay que encender el móvil pulsando volumen arriba, menú (botón central) y botón de encendido. No nos asustemos por la cantidad de opciones que aparecen (en inglés), basta pulsar “Wipe cache” (deslizar el botón azul hacia la derecha, nada más), lo que devolverá el terminal a su estado de fábrica (“factory reset”), pero con Cyanogenmod 11 en lugar de Android Jelly Bean. A continuación pulsamos “Reboot” para reiniciar el móvil.

Pues ya está, diez sencillos pasos. Tras el primer reinicio, el teléfono tardará un poco en llegar hasta el menú (pueden pasar hasta diez minutos, en mi caso, apenas un par). De inmediato se nota que algo ha cambiado, una sensación parecida a cuando pasamos de Windows a GNU/Linux, pero sin curva de aprendizaje, pues Cyanogenmod es Android, solo que sin encorsetar.

Mi móvil sin Google
Lo más notable de los primeros días de uso de mi “nuevo” móvil es la ausencia de “la gran G” en él. Ello implica no instalar la tienda de aplicaciones, si bien esto es una elección personal y quien así lo desee puede hacerlo, obteniéndola desde aquí. Sin embargo, yo os propongo una alternativa, el binomio F-Droid + APK Downloader.

F-Droid es una tienda de aplicaciones gratuitas y de código abierto donde podemos encontrar gran cantidad de programas muy útiles. Por citar algunos de los que tengo instalados: Firefox, Kdeconnect, Floating Stickies, Duck Duck Go, Telegram, ownCloud…

Pero claro, no están todas las aplicaciones a las que muchos estamos habituados. Para mí, por mi trabajo, resulta esencial Whatsapp, por poner un ejemplo. En este caso podemos optar por descargar la aplicación desde la propia web de la empresa desarrolladora. Para los casos en que esto no sea posible, podemos usar APK Downloader. Esta web funciona generando enlaces de descarga directa a las aplicaciones presentes en Google Play (siempre que no sean de pago, claro) sin tener que pasar por la tienda en sí. Basta introducir el nombre, que suele comenzar con “com.”, y que podemos averiguar si navegamos hasta Google Play y localizamos la aplicación en cuestión. Por ejemplo, con Runtastic, como hago en este vídeo:

Esto es algo que podemos hacer directamente desde el móvil, aunque en el vídeo lo he realizado en mi equipo de sobremesa con Arch Linux por pura comodidad. Una vez descargado el archivo “.apk” basta instalarlo en nuestro Cyanogenmod. Fácil, ¿verdad?

Recuperando mis contactos y mi calendario
Desde que
conocí el servicio de alojamiento en la nube de ownCloud y me fijé en la
posibilidad que brinda de sincronizar calendarios y contactos, tuve
claro que iba a ser pieza clave y fundamental en la liberación de mi
móvil. Y no me equivocaba.

Dos aplicaciones he empleado para este menester, ambas descargables desde F-Droid: CalDAV Sync Adapter (calendario) y DAVdroid (contactos). Si bien parece que la segunda de ellas es capaz de sincronizar también el calendario, decidí usar la primera para dicha tarea, pues ya la había instalado en el móvil cuando corría Jelly Bean, con bastante buen desempeño. En ambas aplicaciones basta añadir nuestras credenciales y el enlace que podemos obtener en la web de ownCloud en los respectivos apartados de Calendario y Contactos. Desde ese momento tendremos disponibles, en las aplicaciones del móvil, las cuentas de sincronización de ambos. No hay que hacer más… ¡y funciona!

En los días de uso y probaturas con Cyanogenmod 11 he de reconocer que se trata de un sistema operativo fantástico, que corre con total soltura y fluidez en el Galaxy S3 Mini. No echo en falta funcionalidad alguna: cámara, vídeos, redes sociales y, por supuesto, lo esencial, que tantas veces se nos olvida: hacer y recibir llamadas. Sirva mi experiencia por si alguien está dudando si merece la pena dar el salto: no dudes más, la merece. Termino recordando que esto no es un tutorial, sino un resumen de los pasos que me llevaron a realizar el cambio de sistema en mi terminal con éxito. No puedo (y no quiero, qué demonios) responsabilizarme de que alguien convierta su móvil en un ladrillo siguiendo dichos pasos. Por muy sencillos que estos sean, siempre se puede meter la pata. Documentarse, informarse, leer y releer suelen dar buen resultado. Recomiendo a quien quiera instalar este genial sistema que haga lo mismo.

ATENCIÓN: tras varios días de uso se me han presentado algunos problemas, para más información leer los comentarios del artículo. Recuerdo que se trata de una ROM no soportada por el equipo de Cyanogenmod y, como tal, su comportamiento no es generalizable a todas las ROMs creadas por dicho equipo.

Camino a la libertad: openmailbox y ownCloud

Un lobo flaco y hambriento se encontró en su camino con un perro gordo y bien cuidado.
– ¿Por qué será – le dijo – que, siendo yo más fuerte que tú, no encuentre qué comer?
– Se debe a que mi amo me cuida y me alimenta – dijo el can. – A cambio, yo vigilo su casa. Si quieres, puedes disfrutar de lo mío, cumpliendo las mismas obligaciones.
– De acuerdo. Estoy cansado de pasar hambre. Pero, oye, ¿qué tienes en el cuello?
– Es el collar de la cadena con la que me atan a la perrera durante el día. Por la noche me dejan libre y puedo correr.
– Pues si no eres libre – replicó el lobo – goza de tus bienes, que yo no los cambio por mi libertad.

Moraleja: es mejor la libertad que el lujo y la comodidad.

Esopo

A raíz de un interesantísimo artículo publicado por Eugenio M. Vigo en su excelente blog sobre software libre me planteé, de nuevo, pues llueve sobre mojado, mis hábitos de navegación y programas favoritos para el desempeño informático diario. Ya hace tiempo que concluí que Richard Matthew Stallman tenía razón, algo que, a poco que se hayan seguido las revelaciones de Edward Snowden y el escándalo de la NSA, cualquiera con ciertas luces puede llegar a comprender. El comportamiento de Stallman se suele situar en un extremo cercano a la enfermedad mental o la paranoia por aquellos que solamente saben recurrir al ad hominem a la hora de rebatir argumentos difícilmente discutibles. Para este tipo de gente debe haber sido un golpe muy duro descubrir que el manido “no tengo nada que ocultar” no es suficiente para hacer oídos sordos a la tremenda coerción de la libertad que suponen las informaciones reveladas en los últimos meses.

Navegar por la red, mantener conversaciones por Whatsapp, comprar en Amazon, y un largo etcétera de acciones normales y corrientes se han convertido, hoy día, en una forma sencilla de rastrear al usuario y usar sus datos personales con fines que casi nunca están del todo claros. No me voy a ir al extremo de dejar de usar la tecnología, único modo que garantiza la privacidad absoluta (o no), pero ya va siendo hora de arrimar un poco el hombro en la concienciación, mediante el uso propio, de que toda esta gran red de espionaje montada a nuestro alrededor sin un ápice de ética que la fundamente se puede desmontar. Hay que ir, como suele ser habitual, paso a paso, y todo comienza con una correcta elección de las aplicaciones que uno mismo utiliza y recomienda a sus conocidos.

En su artículo, Eugenio da unas pautas y menciona programas y extensiones para el navegador que puedo constatar que no interfieren en el normal desarrollo de mis actividades. Hablando claro: no noto lentitud ni pérdida de funcionalidad en Firefox desde que uso las susodichas extensiones.

Además de lo apuntado por el artículo de Eugenio, tuve hace unos días una desagradable experiencia personal que sirve como ejemplo de por qué no se pueden confiar datos personales a “La gran G” y olvidarse del tema. Mi hijo recibió como regalo de Reyes el pasado mes de Enero una tablet Bq Maxwell 2 Plus. Las tablets, regalo estrella en los últimos años para los niños, no son un juguete, y nos corresponde a los padres establecer límites en su uso si no queremos convertir a nuestros hijos en zombis desde temprana edad. Fin del consejo, seguimos con la anécdota.

Desde la primera vez que se inicia un dispositivo con Android uno ya se ve en la tesitura de tener que conectarlo a su dichosa cuenta de Google. Las prisas no son buenas consejeras, y el tener que configurar el dispositivo a escondidas para preservar la feliz inocencia infantil tampoco ayuda demasiado. Resumiendo, que cometí el error de vincular la tablet a mi cuenta de correo personal. Añadan a este imperdonable descuido la Google Wallet, un juego donde se puede comprar contenido a través de dicha cartera virtual y un niño de 6 años y medio. Tremenda combinación que hace muy probable la ocurrencia de algún desastre.

La cosa no pasó a mayores gracias a que los “amigos” de Google tuvieron a bien informarme, correo mediante, de que se habían comprado productos por valor de unos 4 euros para mi dispositivo Bq. Rápidamente corrí a anular la puñetera “wallet” y me dediqué a aleccionar a mi hijo de por qué eso no se puede hacer, lo que cuesta ganar el dinero, etc. Pero, en el fondo (y en la superficie, qué demonios) no es culpa suya, sino de su padre y de unos señores de Mountain View, estado de California… Repartamos las culpas, en un 80-20, para el padre.

Este desafortunado incidente que pudo ser mucho peor (en el jueguecito de marras puedes comprar cosas por valor de más de cien euros, sudores fríos solo de pensarlo) me llevó a terminar de decidirme por prescindir de ciertos servicios. Será duro cortar con Google, probablemente no pueda hacerlo del todo, pero poco a poco lo voy a intentar. Entre tanto lo consigo, se me ha ocurrido haceros partícipes de la experiencia de pasar la mayoría de mis aplicaciones y utilidades a opciones cien por cien software libre. Comenzamos hoy este particular camino a la libertad con la combinación de una cuenta de correo libre con openmailbox y una nube personal de 1 Gb alojada en los mismos servidores de dicha cuenta, usando para ello la solución, también libre, que propone ownCloud. Al lío.

Abrir una cuenta de correo openmailbox
Para documentar gráficamente el proceso voy a emplear capturas de pantalla realizadas en una máquina virtual corriendo Arch Linux con KDE bajo Chakra.

1º Entramos en la web de openmailbox.

2º Pulsamos en “Registro” y completamos los datos. Podéis elegir cualquier nombre de usuario que no esté ya en uso, excepto “sombra” que ése ya lo tengo yo 🙂

3º Si todo ha ido bien, que irá, ya estamos registrados y tenemos 250 Mb de espacio en nuestra nueva cuenta de correo. Sé que no es mucho, más bien todo lo contrario, pero no hemos llegado hasta aquí por la comodidad, sino por algo bien distinto, cercano a los ideales (ver fábula que encabeza el artículo). En cualquier caso, se está trabajando en la posibilidad de ampliar dicho espacio por un módico precio.

4º Pulsamos en “Conectar” y nos aparece la pantalla de inicio de sesión.

5º Y ya estamos en la interfaz web. Como se puede apreciar, está en inglés, algo muy fácil de remediar pulsando en “Settings”.

6º Desde la pantalla de “Ajustes”, podremos cambiar muchas cosas, entre ellas el idioma de la aplicación y el intervalo de tiempo entre comprobaciones de la llegada de nuevos correos.

Tras el cambio, ya tenemos todo en nuestro idioma. El manejo de la cuenta de correo es similar a los ya conocidos servicios que ofrecen las empresas, intuitivo y muy sencillo. De igual modo, para los que prefieren acceder a su correo a través de programas gestores, como Thunderbird, Evolution o Kmail, existe la posibilidad de hacerlo. En la página principal de openmailbox.org están los protocolos de conexión correspondientes para configurar los clientes de correo. Desde dicha página también se puede acceder a opentrashbox, una utilidad para crear direcciones de correo temporales que podemos emplear para registrarnos en sitios sin dar nuestro correo personal.

ownCloud: nuestro espacio gratuito en la nube
Como funcionalidad añadida a openmailbox, dispondremos de 1 Gb de espacio en la nube gestionado a través del servicio gratuito y de código abierto de ownCloud. Desde este espacio en la nube podremos sincronizar y compartir archivos como lo haríamos con Dropbox, Copy y la ya extinta Ubuntu One.

1º Accedemos a nuestro espacio en ownCloud.

2º Entramos con nuestra dirección de correo completa y nuestra contraseña de acceso a dicho correo.

3º Tendremos la pantalla de bienvenida, donde se nos informa de las distintas aplicaciones con las que extender las posibilidades de nuestro nuevo espacio en la nube. También encontraremos información sobre el modo de sincronizar nuestros contactos, libretas de direcciones, e incluso calendarios y agendas. Un servicio muy completo.

4º Finalmente, nuestra pantalla con los directorios predeterminados y archivos de muestra.

Si bien es muy sencillo gestionar nuestra nube ownCloud desde aquí, lo es más aún si utilizamos las herramientas correspondientes para el escritorio y el móvil o tablet. Respecto a estos últimos, se encuentra disponible una aplicación en la tienda Google Play, por tan solo 0’78 euros, con los que contribuimos al esfuerzo de los desarrolladores. Pero claro, no todo el mundo se siente cómodo dando los datos de su tarjeta de crédito o débito a Google (huelga reincidir en lo que puede pasar). En este caso, podemos descargar su correspondiente alternativa gratuita en F-droid.

Instalar la aplicación de escritorio ownCloud
Para tener nuestro ownCloud completamente operativo e interconectado con nuestro escritorio, podemos instalar el cliente correspondiente.

1º En Arch está en AUR, de modo que se instala con yaourt, pacaur, o el script preferido de cada cual. En Chakra lo tenemos en CCR, y se instala con ccr -S owncloud-client. Para otras distribuciones, los paquetes pre-compilados se alojan en el “Build service” de openSUSE.

2º El paquete se compila e instala para nuestro sistema, gracias a yaourt, pacaur, ccr o lo que sea que usemos.

3º Y ya está disponible entre nuestras aplicaciones de escritorio. Procedemos a iniciarlo por primera vez.

4º La dirección del servidor en la nube es https://cloud.openmailbox.org.

5º De nuevo, los datos de acceso son los mismos que para nuestra cuenta de correo de openmailbox.

6º A continuación, podemos escoger la carpeta de nuestro disco donde se alojarán los archivos. Esta será la carpeta sincronizada con el contenido de nuestra nube personal.

7º Todo listo, todo perfecto.

8º Si abrimos nuestra carpeta, nos encontramos ya con nuestros archivos sincronizados.

9º Finalmente, una vista de la ventana que se abre al hacer clic sobre la pequeña nube que nos aparece en la barra de tareas, desde donde podemos configurar las opciones del cliente de escritorio, incluyendo las velocidades de subida y descarga de archivos.

Como veis, poco o nada que envidiar a otro tipo de soluciones privativas, por mucho que sean gratuitas también. Facilidad de instalación y uso por doquier en una excelente opción con software libre. El camino a la libertad es pedregoso y difícil (a los carceleros les conviene que lo sea) pero muy satisfactorio a la postre. Los que somos asiduos del mundillo GNU/Linux lo sabemos bien, traiciones e “idas de olla” temporales aparte. Espero continuar esta serie de artículos con nuevos pasitos hacia la completa libertad informática, o al menos, algo parecido (Trisquel ya sería demasiado pedir para un usuario de ATI/AMD, en su momento lo intenté pero…uff).

Y termino con un pequeño homenaje al recién desaparecido Gabo que bien podría aplicarse a aquello de lo que pretende tratar este artículo. “He aprendido que el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada” – Gabriel García Márquez (1927-2014).