Ubuntu 13.10: una versión muy buena

Transcurrido un tiempo prudencial desde su lanzamiento y una vez vencida la tremenda pereza que me da volver a revisar lo tantas veces revisado, allá vamos con una nueva versión de Ubuntu, la distribución que a nadie deja indiferente. Siguiendo con la nomenclatura habitual que emplea Canonical, es el turno de la letra s, habiendo elegido Saucy Salamander, algo así como la atrevida salamandra, como nombre de guerra. Lo primero que cabe recalcar es que esta versión es el paso último antes de la publicación de una nueva versión de soporte extendido, prevista para abril de 2014, y que como tal únicamente brinda actualizaciones durante 9 meses.

Igualmente quisiera destacar, antes de enredarnos en los entresijos del último lanzamiento de Ubuntu, que me considero de algún modo admirador de las versiones LTS, por lo que suponen de estabilidad respecto al resto de lanzamientos de Canonical, y porque creo que dos años es un período de tiempo razonable para mantener un sistema operativo instalado, disfrutar de él  y no tener que preocuparse por una eventual ruptura del mismo durante una actualización. Sí, sé que esta última frase no casa muy bien con un fanboy de Chakra, pero el tiempo va pasando tan deprisa que uno se va agarrando a ritmos más tranquilos. Ese es el motivo de que siga manteniendo una partición con Ubuntu Precise, actualmente por su versión 12.04.3, que funciona cual reloj suizo.

Como advertencia final previa a la revisión, algo que ya he comentado en otras ocasiones, aquí no se va a tratar sobre temas que trasciendan la idoneidad de Ubuntu como sistema operativo para usuarios con pocos conocimientos previos de Informática. Con ello quiero decir que no entraré en el debate de Mir contra Wayland, de KDE contra Canonical, de Ubuntu contra el mundo GNU/Linux, ni voy a valorar a Mark Shuttleworth, sus decisiones y las implicaciones éticas de las mismas, o si su plan es dominar el mundo a lo Hank Scorpio… No, nada de eso se tocará en este artículo. Siento desilusionar a aquellos que buscan la confrontación en cada mención de Ubuntu que se hace en la red, pero ya hace tiempo que prefiero centrarme en lo que une a la comunidad GNU/Linux en lugar de en lo que la divide. Es lo que hay…

Instalación
¿Qué voy a contar? La instalación de Ubuntu 13.10 es casi calcada a la de anteriores versiones, con la excepción de que ahora se permite al usuario elegir si desea conectarse a su cuenta de Ubuntu One, o crear una en caso de que no la tenga. Insistiré en que se trata de algo opcional, por lo que se puede continuar sin hacer ninguna de las dos cosas. El proceso completo toma 20 minutos, incluyendo la descarga de las últimas actualizaciones y de los “codecs” multimedia. Es un tiempo muy bueno para lo que Ubuntu nos tiene acostumbrados, supongo que la fiebre inicial de descarga de la distro ha pasado ya, casi un mes después del lanzamiento, eliminando la saturación en los servidores. Aún así sigue siendo tremenda la diferencia entre descargar desde la réplica en España (lenta hasta la extenuación) y hacerlo desde cualquier otro lugar. No me explico el porqué, pero así ha sido siempre mi experiencia.

Tras finalizar, se nos indica que debemos reiniciar, algo que no sucederá si no pulsamos la tecla “Enter”. Recuerdo que en anteriores versiones se instaba al usuario a hacer esto, sería buena cosa continuar haciéndolo, sobre todo pensando en ese tipo de persona que no sabe qué hacer cuando el equipo parece no responder, como es el caso. Grub reconoce todos los sistemas y, una vez iniciado el nuevo Ubuntu, digamos que nos toparemos con la apariencia habitual, marca de la casa, predominando los tonos morados y marrones. En resumidas cuentas, el Ubuntu de toda la vida. Si bien se han descargado las pertinentes actualizaciones, éstas no terminan de instalarse hasta que así se lo indicamos al entrar por primera vez al escritorio. Cero problemas.

Respecto a los programas que nos encontraremos tampoco hay novedad en el frente. Tras la instalaciones de las mencionadas actualizaciones tendremos Firefox 25, Libreoffice 4.1.2, Rhythmbox 2.99.1… insisto, lo habitual de la distro, aderezado con el kernel 3.11.0, uno de los últimos disponibles.

Arranque y apagado
Espectacular mejoría en el tiempo de apagado de esta Saucy Salamander. Nada menos que 3 segundos, cronometrados. Realmente increíble. El tiempo de inicio, por el contrario, ha aumentado ligeramente (27 segundos frente a los 20 de la versión anterior), pero sigue entrando dentro de los parámetros que personalmente considero aceptables, teniendo en cuenta el equipo en el que nos encontramos. Como también viene siendo habitual, para poder modificar el Grub y sus parámetros vamos a precisar un programa externo, siendo mi recomendación el Grub Customizer de Daniel Richter.

Gestión de software
El Centro de Software de Ubuntu, que en sus inicios era tremendamente pesado y lento, ha mejorado una barbaridad. Destacaría la facilidad con la que una usuario sin apenas conocimientos de paquetería y forma de instalar programas en GNU/Linux podría lograr descargar y ejecutar cualquier cosa que se encuentre en los repositorios oficiales. Gracias a la función de búsqueda del Dash, en tres sencillos pasos se tiene la aplicación deseada en la barra lateral de Unity.

Reconocimiento de hardware
El que cabe esperar de Ubuntu. La única novedad viene dada por mi parte, al poder incluir en este análisis una nueva pieza de hardware, en concreto una impresora: la HP Laserjet 1018, una impresora láser monocromo que ha caído en mis manos tras una historia que no viene a cuento y que reemplaza para ciertas impresiones a mi obsoleta Epson Stylus Color 685.

El caso es que la instalación de la nueva impresora no resultó tan simple como en Ubuntu Precise, donde me bastó conectarla para que se abriese una terminal, se descargasen los controladores desde los servidores de HP y listo, a imprimir. Con Saucy esto no ocurrió así, aunque la impresora es reconocida y se puede añadir desde el módulo “Impresoras”, no realiza su función en principio. Intenté ejecutar la utilidad hp-setup, pero tampoco logré que la cosa marchase.

La solución pasa por descargar los últimos controladores para la impresora. Abrimos terminal con CTRL+ALT+T y escribimos:

wget http://prdownloads.sourceforge.net/hplip/hplip-3.13.11.run

Ejecutando dicho script se desinstala la versión anterior, al parecer incompatible con Ubuntu Saucy, y se instala la nueva. Tras el preceptivo reinicio… voilá. Impresora funcionando.

Todo lo demás, impresora Epson, escáner, webcam, tarjeta Ethernet y wifi no ofreció dificultad alguna.

Conectividad
Pues como siempre, esto es, absoluta conexión con el resto de mis dispositivos sin fisuras de ningún tipo. Buena velocidad en las transferencias mediante Samba, “streaming” de vídeo incluido, y reconocimiento de mi disco duro externo, mis pendrives y mi tarjeta SD.

Experiencia “out of the box”
Seguimos para bingo. Otra de las señas de identidad de Ubuntu continúa inalterable versión tras versión, siendo capaz el sistema de reproducir cada tipo de archivo que guardo en el disco. El único que requiere un paso adicional, bien sencillo por otra parte, es el archivo comprimido en rar, pero el propio sistema conduce al usuario a la instalación inmediata y la posterior descompresión.


Estabilidad
En otras ocasiones talón de Aquiles, con Saucy Salamander se nota que nos estamos acercando a la próxima LTS de Ubuntu. Mucho más estable en sus primeros días de vida que las anteriores, tan solo he de lamentar un par de errores en aplicaciones, concretamente en el HUD y en indicator-power, ambas tras sendos reinicios. Por lo demás, ni cuelgues del servidor gráfico ni congelaciones de Unity. En este sentido me confieso sorprendido, pero insisto en que el objetivo de estas versiones “entre LTS” se ha conseguido.

Fluidez
Si llevamos tiempo en GNU/Linux sabemos de sobra ya que Ubuntu no es un dechado de virtudes en cuanto a requerimientos mínimos del equipo. Es conocido y aceptado, por unos más que por otros. En mi equipo, recalco, se comporta absolutamente fluido y sin sensación de pesadez. Nada que envidiar a entornos mucho más ligeros en principio. Esto no va a ser así si se instala en un equipo más antiguo, para esos menesteres hay otras distribuciones más adecuadas y hay que ser consciente de ello antes de empezar a soltar barbaridades sobre lo lento y pesado que es Unity. Es mi opinión personal, claro está.

Gestión de energía
Poco que destacar en este apartado. Suspende a RAM y entra en modo de ahorro de energía sin más. Para hibernar, también como suele ser habitual, hemos de abrir una terminal  y escribir:

sudo pm-hibernate

Funciona perfecto, manteniendo abiertas las aplicaciones al volver a encender el equipo.

Personalización
El entorno de escritorio Unity es, por definición, poco personalizable, al menos sin esa gran aplicación que es “Ajustes de Unity”. Una vez instalada es sumamente sencillo adecuar la apariencia a nuestros gustos personales. En cuanto a programas que suelo emplear, no tuve problemas en encontrar ninguno de ellos. Instalé Variety, My-weather-indicator, Clementine y Spotify, todos ellos correctos en su funcionamiento.


Ya hace bastante que no utilizo los controladores propietarios de AMD en ninguna distro que instalo, salvo para lanzar la batería de pruebas de Phoronix, al seguir siendo indispensables para el empleo de aceleración 3D. En el caso de Saucy, la instalación de Catalyst no ofreció resistencia, basta iniciar “Software y actualizaciones”, donde encontraremos “Controladores adicionales” en forma de pestaña.

Lo que sí me sigue resultando molesto es el hecho de que Ubuntu dé por sentado que el usuario desea realizar búsquedas en Amazon o enviar información a Canonical sobre qué teclea en el Dash. No me chupo el dedo, ya soy mayorcito, y hasta cierto punto comprendo las necesidades que la empresa pueda tener de rentabilizar de algún modo su “producto”. Pero es evidente que este tema encaja muy mal dentro del mundo del FOSS y es por esto que genera la controversia que genera. Una opción para deshabilitarlo durante la instalación estaría incluso mejor que la alternativa existente (en el apartado “Privacidad” del menú). Pero entonces, muy probablemente, la multinacional que patrocina esto pagaría mucho menos…

Pruebas de rendimiento
Los resultados que arroja Ubuntu Saucy Salamander en los cinco tests de Phoronix a los que la sometí me resultan un tanto sorprendentes, al menos cuando los comparo con los obtenidos en mi partición con Precise Pangolin. Y es que la versión 13.10 que nos ocupa solamente resulta vencedora en la prueba de codificación de audio y en el banco de pruebas de Python. Por mi parte reconozco que esperaba una mejora general, sobre todo teniendo en cuenta la gran diferencia de tiempo entre la aparición de una y otra, especialmente en cuanto al kernel de Linux. Pero es posible que, bien el parcheado sucesivo a la LTS (vamos por 12.04.3) o bien el aumento en los requerimientos mínimos tengan la culpa de que el Pangolin se comporte mejor que la Salamandra.


Pese a todo ello, insisto en que el sistema se nota fluido, incluso más en Saucy si es que es posible apreciar una diferencia tan sutil. De igual manera se pueden señalar ciertas mejoras, como la perfecta integración de las barras de menú en el panel superior, incluso para aplicaciones Qt como Clementine, cosa que no sucedía ni sucede en Precise. La fuente tipográfica da la impresión de ser más fina, más clara, pero al igual que comentaba antes se trata de apreciaciones muy difíciles de hacer, tan subjetivas que igual no son ciertas y hay que tomarlas con precaución. Pero esto es un análisis personal, que aunque intento que sea lo más objetivo posible, nunca podrá despojarse de eso, de la persona que lo realiza.

Y esa persona, quien escribe estas líneas, encuentra la experiencia de uso de Ubuntu Saucy muy satisfactoria. Las mejoras que incorpora no me parecen suficientes, una vez más, para dar el salto desde la confortable y segura Ubuntu Precise Pangonlin, pero sé que hay muchos usuarios cuya “versionitis” les impide ver esto. Para todos ellos existe esta Salamandra. No me bajo del burro, insisto en que el mejor Ubuntu se encuentra en las LTS, sobre todo transcurrido algún tiempo desde su lanzamiento. Lo estoy experimentando actualmente, usando una versión robusta y que funciona muy bien, que cubre de sobra todas mis necesidades excepto una: la sensación de pertenencia a una comunidad, con posibilidad de aportar, aspecto por el que nunca fui capaz de abandonar Chakra.

Pero mi preferencia por las LTS no puede impedir que alabe a una versión 13.10 muy conseguida y que se encuentra solo un peldaño por debajo, como corresponde por otra parte, a lo que cabe esperar de las versiones de soporte extendido. Agoreros aparte, solo puedo desear que en abril de 2014 vea la luz otra excelente versión ubuntera, tras dos años de probaturas con el Quetzal, el Ringtail y la Salamandra. Esto está montado así por alguna razón desde que apareció la distro de Canonical y así continúa por ahora. Un saludo a todos.

LO MEJOR

  • Versiones bastante actualizadas de los programas y paquetes
  • Sistema fluido y que se siente ligero pese al entorno Unity
  • Muy fácil de usar para usuarios noveles

LO PEOR

  • Pequeños fallos en algunos programas
  • Tiempo de soporte muy limitado
  • El empeño en mantener las búsquedas en Amazon por defecto

FICHA TÉCNICA
Distribución: Ubuntu 13.10 Saucy Salamander
Entorno de escritorio: Unity 7.1.2
Kernel: 3.11.0-13
Xorg: 1.14.3
Driver gráfico: fglrx 13.10.10
OpenGL: 4.2.12337
GCC: 4.8

table.tableizer-table {
border: 1px solid #CCC; font-family: ;
font-size: 12px;
}
.tableizer-table td {
padding: 4px;
margin: 3px;
border: 1px solid #ccc;
}
.tableizer-table th {
background-color: #104E8B;
color: #FFF;
font-weight: bold;
}

UBUNTU 13.10 LSDH
Instalación 9,80
Arranque y apagado 8,75
Software 10,00
Hardware 9,50
Conectividad 10,00
Out of the box 10,00
Estabilidad 8,00
Fluidez 10,00
Gestión de energía 8,33
Pybench 2.982,00
Apache 22.541,78
Encode-flac 8,38
Unpack-linux 17,82
Unigine Valley 421,00
Corrección por rendimiento 0,36
CALIFICACIÓN 9,58

Ubuntu 13.04: progresa adecuadamente

Si bien es cierto que los lanzamientos periódicos con los que nos obsequia Canonical ya no levantan la expectación que solían, por una razón u otra, uno no puede resistirse a descargar y probar la recién salida del horno Ubuntu Raring Ringtail, así como sus correspondientes variantes mantenidas por la comunidad. Me gusta darle a cada distro el reconocimiento que se merece y no hago una excepción con Ubuntu, la que me re-descubrió Linux en todo su esplendor y me animó a inmiscuirme en el maravilloso mundo del software libre, allá por su versión 7.04. Le debo mucho a Ubuntu e igual que yo, posiblemente muchos de los que hoy la denostan.

Ahora bien, lo cortés no quita lo valiente, de manera que lanzo un aviso para navegantes: me dispongo a someter a Ubuntu Raring a un análisis todo lo objetivo posible, de manera que aquí no hallarán los odiadores su alimento (“haters gonna hate”, ya se sabe), del mismo modo que no contribuiré al regocijo de los acérrimos “fanboys”. Voy a contaros mi experiencia en estos cinco días de uso de la versión 13.04 de Ubuntu, nada más y nada menos. Como quiera que la tarea se hace un poco repetitiva y aprovechando el debate surgido en torno a las altas calificaciones obtenidas por las últimas distribuciones analizadas, Vicente y yo nos hemos puesto manos a la obra en la realización de un sistema de análisis más justo, más ponderado y que incluya un mayor número de puntos. El resultado, que podrá gustar más o menos, lo hemos plasmado en su correspondiente artículo, que podéis encontrar en las pestañas que adornan la cabecera del blog.

Hacemos, por lo tanto, tabla rasa en nuestra clasificación de distribuciones y comenzamos la nueva etapa con la distribución más insigne posible, por repercusión en todos los sentidos. Manos a la obra, pues.

Instalación
Si obviamos la desaparición de la posibilidad de hacernos la foto de usuario y la obligada aunque escueta remodelación de las diapositivas, tenemos el instalador de Ubuntu de siempre, lo cual no es algo negativo para nada. Funciona bien, como acostumbra, a la par que permite al usuario menos experimentado optar por particiones automáticas, dejando espacio para que los que saben algo más del tema se monten su sistema a medida. Vamos, lo habitual. En lo que creo que ha ganado Ubuntu Raring es en tiempo de instalación, en el sentido de que parece más corta y fluida. Recurriendo al reloj, se tomó veinte minutos para instalarse y otros quince para actualizarse, a pesar de haber efectuado la instalación el mismo día de su lanzamiento. Por no ir muy atrás en el tiempo, en la última versión me llevó una hora completar el proceso.

Tras acabar, elijo reiniciar el equipo. Me topo con la pantalla negra sin más indicaciones (¿problema de controladores gráficos AMD/ATI?), pero con solo presionar Enter el equipo reinicia. Al volver, además de comprobar con agrado que todos los sistemas se han añadido al menú de arranque, me encuentro con una estética de escritorio ya conocida: Unity a la izquierda (versión 7.0 ya), iconos con ligeras remodelaciones, fondo de pantalla de siempre, esquina superior izquierda desactivada por defecto. Línea continuista, al fin y al cabo.

Sobre los controladores propietarios Catalyst tan solo comentaré que el rendimiento de Ubuntu no empeoró ni mejoró al entrar estos en liza. La opción para instalar este tipo de controladores continúa escondida en una pestaña del programa “Orígenes de software”. De entre los dos controladores que aparecen para instalar en el caso de AMD/ATI, el primero de ellos provocó la aparición de una marca de agua en la esquina inferior derecha de mi escritorio, con la leyenda en inglés “unsupported hardware” (hardware incompatible). El segundo, que aparece como fglrx-updates, hizo desaparecer la incómoda marca y es, por tanto, el que recomiendo instalar si se desea un mejor soporte 3D que el que proporcionan los controladores libres.

Arranque y apagado
Ubuntu Raring, en mi equipo, se inicia en 20 segundos y se apaga en 14. No son los mejores tiempos posibles, pero no se hacen molestos en absoluto, lo considero un pequeño precio a pagar por tener más servicios en funcionamiento que faciliten las cosas. En cuanto a la posibilidad de editar el menú de Grub, Ubuntu no incluye una herramienta per se, pero podemos instalar Grub Customizer, que cuenta en su web con un paquete compatible con Ubuntu 12.04 que funciona sin problemas en esta versión.

Software
Con el centro de software de Ubuntu, que se encarga de la instalación y desinstalación de programas tomando incluso el control de los paquetes .deb que descarguemos, la tarea es bastante sencilla. Al hilo de los nuevas “App store”, contamos con descripciones de otros usuarios y podemos llevar un registro de qué instalamos y en qué fecha lo hicimos.

En lo que respecta a las actualizaciones automáticas, Ubuntu viene configurado para mostrarnos diariamente las de seguridad y semanalmente el resto. Esto se puede cambiar fácilmente en la correspondiente pestaña de “Configuración de actualizaciones”. Como novedad, tras una larga y tediosa comprobación manual me topé con una ventana donde se me preguntaba si deseaba instalar unas actualizaciones que ya habían sido descargadas en segundo plano (¿a qué me recuerda esto?).

El arsenal de aplicaciones incluidas por defecto con Ubuntu tampoco ha cambiado, contamos con Firefox en su versión 20 para navegar, Rhythmbox como gestor de colecciones musicales/reproductor, Tótem para el vídeo, Libreoffice como suite ofimática, Shotwell para las fotografías… Nada nuevo bajo el sol. A todo ello se añade la posibilidad de instalar cualquier programa con solo buscarlo en el dash de Unity, muy cómoda y de tremenda utilidad para quienes acaban de aterrizar en Linux y andan un poco perdidos.

Hardware
Curiosamente seguimos jugando a cambiar cosas… casi no recuerdo ya una versión de Ubuntu en que la impresora no se configurase de modo automático cuando… ¡zas! Con Raring Ringtail volvemos a los tiempos en que hemos de ejecutar el módulo “Impresora” del menú de configuración y pulsar en Añadir. Son dos simples clics de ratón, tampoco vamos a dramatizar e imagino que se tiene en cuenta a los usuarios que no precisan de impresoras en aras de sobrecargar un poco menos el sistema. Para todo lo demás, la acostumbrada perfección: escáner y webcam funcionando, basta ejecutar Simple Scan y descargar Cheese para comprobarlo, mientras que la red, ya sea en su versión cableada o con mi adaptador wifi, se comporta a las mil maravillas.

Conectividad
El antiguo Nautilus, llamado Archivos sin más, va perdiendo utilidad a medida que pasa el tiempo. Lo cierto es que esta pretendida simplificación parece ir empujando a los usuarios más tradicionales al uso del dash como localizador de archivos, programas o incluso productos (lens de Amazon dichosas) en detrimento de este Nautilus descafeinado. Supuesta modernidad o imposición de Canonical, el caso es que Archivos hace bien lo poco que hace. La conexión a mi portátil con Windows, vía samba, es satisfactoria. Puedo hacer “streaming” sin problemas y el sistema recuerda mi contraseña de acceso a las carpetas de red tal y como le pido que haga, lo cual puede parecer una perogrullada pero no siempre ocurre así. En cuanto a dispositivos que facilitan la conectividad no hay nada negativo que comentar, perfecta detección y desempeño de mi pendrive, mi disco duro USB y mi tarjeta SD.

Experiencia “out of the box”
No me gusta el anglicismo, pero no he conseguido encontrar una expresión en castellano equivalente que pueda resumir todo lo que expresa ese “out of the box”. Se admiten sugerencias. Ubuntu puede no ser un dechado de virtudes en según qué aspectos, pero no se le puede objetar nada a la facilidad de uso. Con su sola instalación podremos ver vídeos en Youtube, navegar perfectamente, reproducir todo tipo de archivos, leer pdf, comprimir y descomprimir en varios formatos… Todo ello sin que el usuario deba instalar nada o a lo sumo, como en el caso de los archivos rar, a un par de clic de distancia como indica el propio sistema.

Mi único pero viene en cuanto al sonido del sistema, que si bien funcionaba adecuadamente en el primer reinicio, dejó de hacerlo en los siguientes (tal vez alguna actualización truncó el servidor de audio). La cuestión es que el applet de sonido en la bandeja del sistema indicaba como activa la “Salida para torpes” (curiosa traducción, sin duda). La solución la encontré en dos comandos:

sudo apt-get purge linux-sound-base alsa-base alsa-utils
sudo apt-get install linux-sound-base alsa-base alsa-utils ubuntu-desktop

Con esta re-instalación se solucionó el problema, por si a alguien le fuese de utilidad.

Estabilidad
Llegamos al quid de la cuestión, la tan cacareada falta de estabilidad de las últimas versiones de Ubuntu. Aun no habiendo encontrado tantas dificultades como en anteriores ocasiones, reconozco que no termina de estar exenta de problemas, ya sea usando los controladores gráficos libres o los privativos. Mi experiencia se resume en un único cuelgue del sistema, consistente en la imposibilidad de arrancar en una de las ocasiones en que encendí el ordenador una mañana. Con el solo gesto de apagar y volver a encender se arregló el inconveniente. A este fallo he de añadir numerosos problemas a la salida de aplicaciones, son tantos que mejor no los enumero, afectando desde Spotify hasta Shotwell, pasando por My Weather Indicator e incluso el propio Centro de software. La cuestión es que uno pierde la cuenta de las veces en que Apport le informa de un problema en una aplicación y aún sabiendo que es posible desactivar esta herramienta, para mí sería como esconder la cabeza o mirar para otro lado: los errores, aunque no te enteres, siguen ahí. Finalmente puedo reseñar como, tras iniciar Libreoffice Calc por primera vez el escritorio se quedó como congelado, produciéndose un reinicio de Unity que me dejó el fondo de pantalla en negro.

Fluidez
Me considero afortunado poseedor de un equipo con suficientes garantías como para mover cualquier distribución con el entorno de escritorio que sea, Ubuntu con Unity no es una excepción. Noto el sistema muy fluido, la respuesta a cada acción es inmediata, cosa que no recuerdo que fuese exactamente así en anteriores ediciones, al menos hasta la instalación de los controladores propietarios. Ubuntu Raring, al menos en mi equipo, no se arrastra, pero a pesar de ello sí puedo constatar un aumento en el ruido provocado por el ventilador del equipo que parece ser indicativo de una mayor demanda de recursos. Y escribo parece, pues no dispongo de datos fehacientes que respalden esta impresión.

Gestión de energía
La suspensión a RAM va muy bien, la hibernación en cambio es preciso activarla si se desea usarla, como indica la propia ayuda de Ubuntu. Así mismo, la pantalla pasa a reposo en el tiempo que se marca en el apartado correspondiente de la configuración del sistema, viniendo desactivada dicha función en principio.

Personalizando Ubuntu
Durante las pruebas con Raring Ringtail me dediqué a dejar el entorno más o menos a mi gusto. Ya he comentado en alguna otra ocasión que Unity, lejos de disgustarme, me parece una buena idea con la que se puede ser tan productivo como con cualquier otra implementación, es solo que necesita de algún tiempo para estabilizarse. Y a fe que lo está logrando, pues edición tras edición se nota más asentado. Para personalizar Unity recomiendo la herramienta Unity Tweak Tool, con la que tenemos un completo editor no solo de la barra lateral sino del entorno de escritorio completo que nos permitirá, entre otras muchas cosas, activar la función de exposición de las ventanas con la esquina superior izquierda (“hot corner”) de la pantalla.

La instalación de mis programas habituales apenas encontró impedimentos dignos de reseñar. Instalé Chromium de los repositorios oficiales, Clementine (gran integración de esta herramienta Qt con Unity), Spotify, Gimp, Unity mail, Variety y los iconos Faenza. Nada destacable, salvo que Spotify hace saltar a Apport cada vez que se cierra. Por lo demás, chapeau.

Pruebas de rendimiento
Inauguramos con Ubuntu el banco de pruebas de rendimiento de distribuciones Linux, el cual fundamentamos en cinco tests de los muchos que componen la Phoronix Test Suite y con los cuales pretendemos evaluar cómo se comporta el sistema en general, el procesador bajo dicho kernel, el disco y la tarjeta o unidad gráfica integrada. Ubuntu Raring me ha sorprendido gratamente, sobre todo en las pruebas de rendimiento general donde ha obtenido unas puntuaciones muy destacables que superan las logradas con Chakra. En los aspectos donde apenas presentan diferencias, o si las hay son muy escasas, Ubuntu destaca por su rendimiento gráfico muy ligeramente superior.

Conclusiones
Ubuntu sigue avanzando, es la conclusión más diáfana que obtengo de estos días de prueba de la distro de Canonical en mi equipo, lo que no tengo tan claro es hacia dónde. Las noticias que apuntan en la dirección de un cambio de rumbo (Qt y Mir en lugar de Gtk y Wayland son un claro ejemplo) me hacen dudar de la utilidad de esta entrega, que sigue la línea de las anteriores y representa poco cambio más allá de las nuevas versiones de los programas que incluye. Aunque no vamos a criticar que Ubuntu tienda a estabilizarse, faltaría más, sigo sin ver claro que esta versión suponga una gran ventaja sobre la de soporte extendido, Precise Pangolin.

A destacar en positivo el gran rendimiento en las pruebas de Phoronix y el adecuado desempeño de los controladores gráficos, ya sean libres o propietarios. En negativo, aunque disminuyen los cuelgues e inestabilidad general no podemos librarnos del todo de ellos, un aspecto en el que Ubuntu sobresale, por desgracia, entre otras muchas distribuciones en las que no se presentan estos inconvenientes. Y este es, en mi opinión, el gran talón de Aquiles de la distro de Canonical, más allá de la falta de adaptación a una nueva forma de trabajar, (ojo, para mí cómoda) que propone Unity.

Para finalizar, si fuese usuario de Ubuntu no tengo muy claro si actualizaría mi hipotética Ubuntu Precise 12.04 LTS a esta versión. Supongo que, según soplaran mis vientos linuxeros, caso de necesitar imperiosamente una nueva entrega de alguno de mis programas favoritos, lo haría. Digamos sencillamente que entre actualizar a la 12.10 y hacerlo a esta 13.04, me quedo con la última. Más estable sí, ¿suficiente? Tal vez, no.

FICHA TÉCNICA
Distribución: Ubuntu 13.04 Raring Ringtail 64 bits
Entorno de escritorio: Unity 7.0.0
Kernel: 3.8.0-19-generic
Xorg: 1.13.3
Driver gráfico: fglrx 9.1.11
OpenGL: 4.2.12002
Gcc: 4.7

table.tableizer-table {
border: 1px solid #CCC; font-family: ;
font-size: 12px;
}
.tableizer-table td {
padding: 4px;
margin: 3px;
border: 1px solid #ccc;
}
.tableizer-table th {
background-color: #1B54A5;
color: #FFF;
font-weight: bold;
}

UBUNTU 13.04 RARING RINGTAIL LSDH
Instalación 10,00
Arranque y apagado 7,50
Software 10,00
Hardware 9,00
Conectividad 10,00
Out of the box 9,17
Estabilidad 0,00
Fluidez 10,00
Gestión de energía 8,33
Pybench 3.161,00
Apache 21.605,41
Encode-flac 8,26
Unpack-linux 17,82
Unigine Valley 420,00
Corrección por rendimiento 0,33
CALIFICACIÓN 7,54

Editado el 7/05/13 por un error en la fórmula de cálculo de la corrección por rendimiento

Conclusiones de mi mes con Ubuntu

En el artículo de hoy vamos a recapitular y hacer balance de la experiencia que ha supuesto pasar casi un mes usando el popular Ubuntu como único sistema operativo. Veíamos en la entrada anterior que me disponía a proceder a la actualización de Ubuntu Precise a Ubuntu Quantal y comentaba los temores que dicho proceso me suscitaba, a tenor de las experiencias anteriores tanto propias como de otros usuarios. Una vez pasada la prueba puedo concluir que no ha sido para tanto.


Actualizando Ubuntu 12.04 a 12.10
Puesto que la actualización de Ubuntu ha sido objeto de numerosas quejas en la red prácticamente desde que se generalizó el uso de la distro de Canonical, decidí empaparme de varios tutoriales y consejos antes de acometer la tarea. Encontré buena información al respecto en esta entrada del blog emslinux, escrita por David Gómez. Me fue especialmente útil la sugerencia que hace sobre deshabilitar los PPAs antes de actualizar, para lo cual utilicé una aplicación llamada Y-PPA-Manager, con la cual realicé una copia de seguridad de los PPAs que tenía activos para poder volver a ellos una vez finalizase el proceso, siguiendo instrucciones de El Atareao.

A continuación abrí Synaptic y utilicé la herramienta para escoger el espejo o “mirror” que mejor rendimiento me ofrecía. La razón es bien sencilla: una actualización de esta envergadura requiere la mayor velocidad posible, no en vano fueron más de 1’2 gigas los que tuve que descargar. El siguiente paso me llevó al Gestor de actualizaciones de Ubuntu, donde procedí a cambiar la notificación de nuevas versiones LTS para hacer que me fuese comunicada la aparición de cualquier versión. Tras pulsar “Recargar” ya tenía el mensaje que me avisaba de una nueva versión disponible y su correspondiente botón para actualizar.

Como decía antes, hay que armarse de paciencia, pues se descarga una ingente cantidad de paquetes. Una vez acabado el proceso se puede iniciar Y-PPA-Manager y restaurar la copia de seguridad que hicimos antes, para luego volver al Gestor de actualizaciones y recargar la información de los repositorios. Con estos dos pasos ya tendremos disponibles las versiones de los programas instalados vía PPA para el nuevo Ubuntu.

Usando el Quantal Quetzal
Nada más reiniciar ya cae uno en la cuenta de que algo va más lento de lo habitual. El simple hecho de pasar del Grub al escritorio ya se toma el doble de tiempo del que se tomaba en Precise. Además compruebo como se ha desactivado el “hot corner” que me mostraba las ventanas del escritorio actual (se puede volver a activar usando Ubuntu Tweak) y el FPS informado por glxgears ha caído de 2.000 a 500, aproximadamente.

Estas pequeñas molestias se quedan en agua de borrajas nada más que profundicemos un poco en el uso del sistema: congelaciones de Compiz que obligan a hacer un “hard reset” casi a diario, múltiples errores notificados por la herramienta Apport en un buen número de aplicaciones y un tiempo de apagado que, al igual que el de encendido, se ha duplicado o casi triplicado. Las lens de Amazon no me plantean problema alguno, pues aún tras llevar un mes con Ubuntu sigo sin usar el HUD para nada que no sea iniciar aplicaciones. Esto es así, mi forma de trabajar sigue siendo clásica, de manera que no aprovecho las supuestas ventajas que el dash de Unity me ofrece. Y mira que lo he intentado…

Resolviendo (o casi) los cuelgues de Compiz
Usar un sistema que se congela diariamente es perjudicial para la salud. Uno termina agarrándose unos cabreos curiosos cuando está haciendo algo tan trivial como cerrar una ventana y todo el escritorio se va al garete. Investigando sobre el tema de la caída en las FPS me dio por pensar que, tal vez, los controladores privativos no se habían recompilado al actualizar el kernel. De manera que decidí instalar los últimos controladores Catalyst disponibles que acababan de salir del horno: la versión 13.1.

Antes que nada es importante desinstalar el driver antiguo, es decir, el paquete fglrx y todas sus configuraciones, bien mediante Synaptic (opción de desinstalar completamente) o bien mediante terminal, con sudo apt-get purge fglrx. Luego, basta con ejecutar con sudo el script que contiene el paquete de la web de AMD y reiniciar. Para que todo salga bien se precisa el paquete linux-headers, que se hallaba en mi sistema, probablemente por tratarse de un equipo actualizado desde Ubuntu 12.04. Con esto quiero decir que el script arrojará un error si se pretende hacer esto en un Ubuntu 12.10 instalado desde cero, pues éste no incluye dicho paquete por defecto y tenemos que instalarlo manualmente.

Con los pasos anteriores conseguí que el desempeño gráfico mejorase, las FPS volvieron a su valor de 2.000 y pico y los cuelgues de Compiz desaparecieron casi por completo. De hecho pasé del cuelgue diario a un único cuelgue en todo el tiempo transcurrido desde que hice la susodicha actualización de los drivers de AMD.

En definitiva, ¿es recomendable actualizar?
Mi opinión a este respecto sigue siendo la misma que vertí en mi artículo de revisión sobre Ubuntu Quantal: no merece la pena. En unos días en los que la comunidad ubuntera debate sobre la conveniencia o no de que la distro se convierta al modelo “rolling release”, cosa que al parecer no sucederá, yo sigo enrocado en mi postura en lo referente a la periodicidad de las versiones de la distro. Si de mí dependiera, Ubuntu saltaría de LTS en LTS, pues en mi opinión son las únicas versiones con un acabado decente y un número de errores aceptable. No he encontrado, tras casi quince días de uso, nada en esta Ubuntu Quantal que mejore a Precise y sí algunas cosas que la empeoran. Luego la conclusión es obvia.

Y en cuanto a Ubuntu en general, como distribución, sin atender a la versión, podríamos decir que uno se acostumbra a usarla porque es cómoda. Unity no me disgusta, pero no le saco todo el jugo debido a que mi forma de trabajar con el escritorio es demasiado tradicional. Poniendo un ejemplo: si quiero buscar algo en Wikipedia, tiendo a ir al navegador, que casi siempre está abierto, y escribir en la barra de búsqueda, cuando podría ir al HUD de Unity y usar la lente de Wikipedia que tengo instalada. Pues no, el cerebro humano es así, somos animales de costumbres salvo que las novedades ofrezcan una destacada mejoría. Y es obvio que, al menos en mi caso, no es del todo así.

Para finalizar por hoy, algunas reflexiones en torno al nuevo enfoque del blog. No voy a negar que, como enfermo distro hopper que soy, me ha costado lo suyo quedarme con Ubuntu todo este tiempo. De hecho, dando por concluido el mes (día arriba, día abajo) de uso de la distro, estas líneas las escribo desde Chakra, otra distro que, como Arch, me sigue llamando, más aún cuando sigo colaborando en las traducciones y me gusta echar un vistazo a sus progresos. Pero no, no voy a desviarme una vez más de lo acordado, tan solo he reparticionado para poder contar con una distro fija, como solía hacer antaño, y tener a la vez una partición de pruebas a la que dedicar todo un mes. En esta nueva instalación “chakrera” le he dado una apariencia “a lo Unity”, tal vez Ubuntu sí que me ha dejado un poso, después de todo, aunque sea la conveniencia de tener la barra de aplicaciones a la izquierda y no en la parte inferior.

Lo cierto es que un mes es mucho tiempo para un distro hopper. El lado positivo es que se llega a conocer en profundidad la distro que toca, con lo que la opinión formada gana en calidad y de eso nos beneficiamos todos. Febrero se aproxima, con las votaciones aún abiertas, y tiene toda la pinta de que me espera la vaca fedoriana, que teniendo en cuenta las experiencias que he leído últimamente es muy posible que suponga todo un reto…

Dos semanas con Ubuntu: impresiones

El tiempo no corre, vuela, y ya son catorce días los que llevo usando Ubuntu 12.04 Precise Pangolin en mi equipo como sistema principal. Han sido dos semanas en las cuales me he dedicado a mis habituales quehaceres informáticos y alguna labor menos frecuente, como hacer copias de seguridad de muchos de mis CD musicales, todo ello sin ningún contratiempo importante que reseñar. No diré que me sorprende el hecho de que Ubuntu corra estable y fluido, no en vano ya analizamos en el blog esta versión con un buen resultado, lo que sí me es grato comprobar es que mi nivel de tolerancia para con la interfaz Unity ha alcanzado un alto grado.

Hablando claramente, me he acostumbrado a Unity y lo veo un buen sustituto de los clásicos docks – Docky siempre fue mi favorito – que además añade un plus de integración con el escritorio que me parece muy acertado. Ubuntu con Unity da una “imagen de marca” que lo identifica y diferencia, pero nada de eso valdría para nada si no funcionase de acuerdo a lo que uno espera de una distribución enfocada en hacer la vida más sencilla al usuario. Y he de confesar que a medida que se usa se le coge cierto aprecio.

Vamos a repasar los principales puntos de la instalación y puesta a punto de Ubuntu. La razón de hacerlo ahora, con dos semanas de uso, no es otra que poder comparar el sistema con su siguiente versión: en efecto, pretendo actualizar mañana a Quantal Quetzal y tener así argumentos suficientes para desvirtuar – o ensalzar, quién sabe – la versión 12.10 frente a la de soporte extendido. Muy a mi pesar, el artículo que dedicamos a Ubuntu Quantal se ha convertido ya en el más visitado del blog, con lo que se hacen necesarios más elementos de juicio, pues queramos o no los usuarios tienden a instalar siempre las últimas versiones.

Instalación y configuración

Nada especial que destacar, instalé Ubuntu en su tiempo habitual – largo – y decidí no retocar demasiado el aspecto original. Tan solo un par de aplicaciones de configuración, Ubuntu Tweak y My Unity, con los que reducir un poco el tamaño de los iconos del lanzador y así ganar espacio en la pantalla. Así mismo añadí una serie de repositorios que me permitieron instalar diferentes “lens” para el dash de Unity, algunas de las cuales me parecieron útiles (wikipedia o torrents) y otras meras curiosidades (tiempo meteorológico). Puesto que la mayor parte del tiempo que uso el ordenador mantengo Firefox abierto, la verdad es que termino usando el buscador de toda la vida. Simplemente, no acabo de acordarme de emplear esta función de Unity. Por si alguien las desconocía, toda la información está aquí. Como se podrá comprobar hay lens de todo tipo.

Mi habitual caballo de batalla, también conocido como drivers propietarios de AMD/ATI para Radeon, tampoco ofrece dificultad alguna. El sistema me informa mediante Jockey de la disponibilidad de los controladores y los instalo. La combinación de dichos controladores y el gestor de ventanas que emplea Unity (Compiz) consiguen unos FPS en las pruebas con glxgears de 2000, aproximadamente.

Uso de mis programas preferidos
Con Ubuntu no se plantean problemas a la hora de obtener software, casi todo está disponible a través del canal habitual (Centro de Software) y, lo que no, se obtiene añadiendo los PPAs correspondientes. He estado usando Firefox, que se actualizó a la versión 18, VLC, Shotwell, Gimp (2.6), Cheese, Libreoffice, Clementine, Spotify… Incluso he descubierto la existencia de alguna aplicación nueva para mí, en concreto Asunder, cuya capacidad de búsqueda de las pistas de un CD a ripear en la CDDB me ha sorprendido para bien. Un comentario de un usuario en el Centro de Software mientras trataba de instalar Sound Juicer me orientó hacia el referido programa.

Handbrake, programa que me presentó dificultades en mi última instalación en Arch con XFCE, funcionó sin problemas. Un punto a favor de los llamados sistemas preconfigurados, pues estoy seguro de que el fallo en Arch se debía a la no instalación por mi parte de algún paquete necesario. Aún reconociendo que es muy grato el poder instalar una distro desde cero y añadir solamente lo que se desea, hay ocasiones en que esto se vuelve en contra de uno, sobre todo cuando tienes prisa por realizar algo y te das de bruces contra el error. Ese momento en que se desearía haber optado por una opción más sencilla… como Ubuntu, por ejemplo.

Esta instalación de la distro de Canonical también me ha servido para conocer Variety, una aplicación que se encarga de ir cambiando el fondo de escritorio cada cierto tiempo. Nos permite optar por fondos en la nube (incluye varios sitios) o por nuestros propios fondos de escritorio y viene a realizar la función que en mi Arch con XFCE encomendaba a Desktopnova. Funciona perfecto, todo sea dicho.

Pequeños contratiempos que solucionar
Pese a que había sido usuario de Compiz en innumerables distros anteriormente, la primera vez que me percaté de la utilidad del plugin Scale fue cuando instalé Gnome 3 (creo que fue en Fedora). Aunque lo que el escritorio mexicano implementa no es Scale, sino Expo, que no es exactamente lo mismo, ya desde el inicio me pareció muy útil poder cambiar de ventana llevando el cursor a una esquina de la pantalla. Evidentemente esto es opinable, sé de buena tinta que el “hot corner” no es del agrado de mucha gente, pero a mí me resulta, en particular, muy útil y sencillo de usar.

El caso es que en Ubuntu viene deshabilitado por defecto y se necesita de Ubuntu Tweak para activarlo. El problema viene cuando, tras cada reinicio, Compiz parece olvidar esta opción y se desactiva sola. La solución pasa por instalar gconf-editor (o Editor de configuración), dirigirse a /apps/compiz-1/general/screen0/options/active_plugins y mover, mediante clic y arrastrar, el plugin Unityshell por encima de Scale y Expo. Mano de santo, oigan.

Aparte de este pequeño detalle he notado que ciertas páginas en Firefox parecen “atrancarse” ligeramente, supongo que debido al mal desempeño del plugin de Flash, y que algunas tipografías tienden a verse algo difusas. No he conseguido arreglarlo, pero lo cierto es que se da con poca frecuencia y no llega a resultar molesto para nada. También debo reseñar algún que otro informe de error en aplicaciones, normalmente al cierre de las mismas, pero solo en casos excepcionales (intentar cerrar Clementine mientras trata de leer un CD ya viejo, por poner un ejemplo). Y en cuanto a la barra de tareas, todo bien, destacando de nuevo la excelente integración de todos los componentes para ofrecer una experiencia real de escritorio completo, Unity Mail incluido. El plugin My Weather Indicator, de Lorenzo Carbonell, es el único de los indicadores meteorológicos disponibles para Unity que me ha funcionado sin fallos, por lo demás, perfecto.

En resumidas cuentas, una agradable experiencia esta Ubuntu Precise, sazonada además con unos tiempos de inicio y apagado realmente espectaculares, al nivel de mi Arch con systemd. Y no, Canonical no me ha incluido en nómina, solo cuento las cosas tal y como son, y mi opinión no difiere demasiado de muchas otras que he leído en el sentido de alabar las ediciones LTS de Ubuntu y denostar, por deméritos propios, el resto. También es cierto que no todo el mundo se acostumbra a Unity, eso es así. Pero, como indicaba al principio, a partir de mañana actualizaremos Precise a Quantal y ya veremos qué pasa. Obviamente, teniendo en cuenta experiencias pasadas, no espero nada bueno.

Reflexiones sobre el escritorio

A pesar de que este año 2012 que se acaba ha sido, en términos generales, fructífero para Linux en lo que se refiere al aumento de usuarios y otros pequeños logros (se me viene a la mente Steam, principalmente) también se han multiplicado las dudas. Me refiero a la, para muchos, traumática desaparición de un entorno de escritorio bien conocido y apreciado, como era Gnome 2, y la consiguiente búsqueda de algo parecido o mejor. Este es un camino que, como yo, han emprendido muchos usuarios de Linux, algunos de los cuales ni siquiera eran conscientes de lo que podía significar un cambio tan radical en el escritorio más utilizado.

Imagen de Genbeta

Cuando la nueva versión del escritorio de la huella está alcanzando su madurez me parece que es una buena ocasión para hacer una revisión sobre el momento en que se encuentran las diferentes alternativas que tienen los usuarios. El haber probado y saltado entre tanta distribución me ha hecho conocedor, en algunos casos con más profundidad que en otros, de todos los entornos de escritorio y algún que otro gestor de ventanas. Voy a dar hoy mi opinión sobre los mismos, no con ánimo de crear una de esas encendidas luchas que no hacen sino dividir más a los linuxeros, sino más bien para servir un poco de guía a esos usuarios que se han iniciado hace poco con este sistema operativo y están un poco perdidos al respecto.

¿Qué es un entorno de escritorio?
El concepto de entorno de escritorio, cuando se viene de Windows, es muy sencillo: ese sitio con un fondo de pantalla, donde coloco los iconos de mis aplicaciones favoritas, veo la hora y la fecha y consta de una barra de tareas en la parte inferior de la pantalla. Si bien todas esas cosas son configurables en Windows, poca gente lo sabe y menos aún da el paso de personalizar el entorno a su gusto. Windows, simplemente, se acepta tal y como es, a excepción quizás del wallpaper, que es lo que todo el mundo tiende a cambiar.

Estando todo tan claro en Windows, el usuario llega a Linux y la cosa es muy distinta. Depende, por supuesto, de la distribución de entrada que se haya escogido, pero a poco que se ahonda en los conocimientos se encuentra uno con un galimatías de palabras como entorno, gestor de ventanas, gtk, qt… Sin entrar demasiado a fondo en el tema, se podría decir que el entorno de escritorio es la interfaz gráfica que nos hace más fácil interactuar con el ordenador.

Cada entorno se compone de sus propias aplicaciones, iconos, gestores de ventanas, barras de tareas, widgets, etc. Muchas de estas cosas son intercambiables entre entornos, con lo que las posibilidades de configuración son enormes, pero en el artículo nos vamos a ceñir al conjunto predeterminado de cada uno de ellos.

Gnome, del uso masivo al rechazo
Vamos a empezar con el que siempre fue mi favorito: Gnome. Este entorno, creado por Miguel de Icaza y Federico Mena en el verano de 1997, nació como alternativa a otro ya existente, KDE, que empleaba unas librerías de software propietario por aquel entonces (Qt, de Nokia). Rápidamente se hizo muy popular y fue mejorando versión a versión, hasta alcanzar la plena madurez con la serie 2.20, lanzada en Septiembre de 2007. Gnome era ya entonces un escritorio muy eficaz y sencillo a la vez, no exento de opciones de configuración, todo ello apreciado por la mayoría de usuarios, lo que lo acabó convirtiendo en entorno predeterminado para las distribuciones más populares, caso de Ubuntu, Fedora y Debian.

Y justo cuando se encontraba en la cresta de la ola, los desarrolladores decidieron que era el momento de adecuarse a las nuevas tecnologías y cambiaron completamente el paradigma para la versión 3 de su escritorio. Gnome pasó a ser un entorno centrado en las aplicaciones para dejar de lado el resto de aspectos, en especial la configuración personalizada, con lo que ofrecía un “look” espartano y la necesidad de recurrir a extensiones para poder parecerse un poco a lo que era antes. Muchos, muchísimos usuarios huyeron despavoridos, algunas distribuciones crearon sus propios entornos (Unity en Ubuntu, Cinnamon en Linux Mint) y hasta Debian se planteó dejar de incluirlo como opción predeterminada.

Gnome en Fedora

En mi opinión todos los cambios conllevan un esfuerzo de adaptación, esto es incuestionable. Gnome 3 no es mal entorno, pero aún le faltan algunos retoques para mi gusto. Algunas opciones de configuración más, como permitir el cambio en el aspecto de la barra de tareas y conseguir que las actualizaciones no rompan la compatibilidad de las extensiones sería primordial. Lo he probado en Debian y Arch Linux y, si bien he llegado a acostumbrarme a la nueva forma de trabajar, sin minimizar ventanas, algunos problemas de estabilidad con mi gráfica hicieron que, por el momento, lo dejase a un lado. Pero he de reconocer que está progresando. Y si escucharan un poco más a los usuarios, probablemente progresarían más.

Gnome 2 en Zorin

KDE, la opción más completa
Quizás el entorno tradicional más antiguo aún en uso, KDE es la contrapartida actual a Gnome, con quien desde el “albor de los tiempos” linuxeros mantiene una batalla por la supremacía. De origen alemán, Matthias Ettrich comienza su desarrollo en el otoño de 1996. Probablemente por su atadura a las librerías qt, que durante mucho tiempo tuvieron partes que no cumplían con los estándares de la FSF, KDE no alcanzó la popularidad de Gnome en cuanto a ser incluido como predeterminado en las distros punteras. Igualmente, el cambio del estable y conocido KDE 3.10 a KDE 4 resultó, como ahora con Gnome, en una sarta de críticas y desbandada de usuarios.

El motivo, sin embargo, no era la poca usabilidad o productividad del entonces nuevo entorno, más bien la gran cantidad de errores (“¿quién no ha recibido un plasma crashes signal 11?”) que provocaba. Con el paso de las versiones la cosa fue mejorando hasta el punto en que se encuentra ahora, con la 4.9. lanzada el pasado mes de agosto. KDE, más que un entorno de escritorio, es una colección de software completa que proporciona una experiencia muy parecida en cada una de sus aplicaciones y que, además, es multiplataforma al proporcionar versiones para Linux, FreeBSD, Solaris, Windows y Mac.

Con distribuciones en las que es protagonista absoluto (Chakra) y otras en las que, por el buen trabajo de integración, se nota que es el preferido (openSUSE o Mageia) KDE ofrece en estos momentos el conjunto de aplicaciones-escritorio que me parece más completo y con un aspecto que se asemeja en parte al del sistema de Microsoft (una de las cosas que, no entiendo el motivo, siempre se le ha achacado en forma de crítica a este entorno). De igual forma es, por mucho, el más configurable de los escritorios. Lástima que algunos, como el que escribe estas líneas, cayeramos en su día enamorados de Gnome y sus sencillas aplicaciones…

KDE en Arch Linux

XFCE, el hermano pequeño se hizo mayor
El entorno de escritorio libre de colesterol, significado del acrónimo XFCE en inglés, siempre se tuvo por un sistema ligero, indicado para ordenadores más antiguos. Nació en 1996 de la mente y el teclado de Olivier Fourdan, pero no fue hasta 1999 cuando lo reescribió por entero y lo basó en gtk, las mismas librerías en que se basaba Gnome.

Contando con un equipo de desarrollo más limitado que Gnome o KDE, XFCE ha evolucionado, pero lo ha hecho bastante más despacio. En la actualidad va por la versión 4.10, justamente desde la que escribo, y ha ejercido de nuevo hogar para muchos refugiados de Gnome 3. Con las nuevas funciones que ha ido implementando con los años, en especial las que implican a su gestor de archivos Thunar, se ha convertido en un escritorio maduro, quizás no ya tan liviano, pero que ofrece un equilibrio entre consumo y prestaciones muy interesante.

XFCE en Arch Linux

Unity, o cómo tirar por la calle de en medio
Algo que ocurre con mucha frecuencia en Linux: cualquier cosa no nos gusta, o nos gustaba antes y ahora no, pues ya tenemos la coartada perfecta para cambiarla… o crear una nueva. Es lo que Canonical debió pensar cuando intuyeron que Gnome 3 no iba a ser lo que se esperaba, la evolución natural de Gnome 2, sino algo completamente diferente. Y como no les gustó, supongo, decidieron crear su propia interfaz, orientada al uso en distintas plataformas: Unity.

En mi opinión, Unity no es tan diferente de Gnome 3, se aferra a un modelo parecido con algunas modificaciones, siendo la más notable la barra lateral. Y, como señalaba del escritorio de la huella, uno se llega a acostumbrar a trabajar en Unity y a precisar aplicaciones de terceros para configurarlo. El problema que se me presenta es el mismo: la inestabilidad. Mis pruebas de Unity casi siempre arrojaron errores y cuelgues por todas partes, excepción hecha de la versión LTS, Ubuntu Precise, donde el entorno se comportó con más estabilidad y mejor desempeño.

Reconozco, más allá de filias y fobias, que Unity está mejorando y su uso en estos momentos no enerva tanto como en las primeras versiones. La integración de la barra lateral, el HUD y la barra superior es una opción interesante. Aun así, tema Amazon aparte, Unity no es en absoluto mi entorno preferido.

Unity en Ubuntu 12.04

LXDE, el entorno más liviano
Si pusiéramos el límite entre lo que sería usar únicamente un gestor de ventanas y un entorno completo de escritorio, LXDE sería la frontera. De origen taiwanés, escrito en C y usando librerías gtk, se trata de la mejor opción para equipos muy modestos, ocupando el lugar que en su momento ostentaba XFCE. Lo he usado poco y he sacado dos conclusiones: es, en efecto, muy rápido y ligero. Y se me queda corto, sobre todo en cuanto al aspecto, si bien se puede configurar con herramientas como la popular LXAppearance.

LXDE en Peppermint Os 3


E17, la beta interminable
Enlightenment lleva tanto tiempo desarrollando su versión 17 que todo el mundo lo conoce por ese nombre, E17. Desde diciembre de 2000 (12 añitos, nada menos) se encuentra en estado beta el entorno de escritorio basado en las librerías EFL. Sin embargo, todo tiene un principio y un final, y mañana mismo, si los Mayas estaban equivocados, verá la luz la versión definitiva que han tenido a bien en llamar Omega.

Se trata de un gestor de ventanas que ha evolucionado a entorno completo, muy liviano y a la vez muy bonito, diferente. Su configuración es un reto, pues no maneja los mismos conceptos conocidos de barra de tareas, plasmoides y demás, es algo totalmente distinto. Lo he probado en Bodhi y Snowlinux, con resultados dispares. Lo peor, los errores que “matan” el escritorio y me devuelven a la pantalla de login de cuando en cuando. Lo mejor, el aspecto y las posibilidades de configuración.

E17 en Bodhi

Cinnamon, lo que se esperaba de Gnome 3
Otro ejemplo de lo que comentaba sobre Unity. El equipo de Linux Mint decidió que ni ésta ni Gnome 3 encajaban en su distribución y había que crear otra cosa, dando pie a la aparición de Cinnamon, al que muchos han calificado como el heredero natural de Gnome 2, o lo que dicho escritorio debería haber sido de no haber mediado el brutal cambio de enfoque del equipo de desarrolladores.

Estoy de acuerdo con dicha afirmación pero, a pesar de todo, Cinnamon no me termina de agradar. Lo veo un poco forzado, sobre todo en mi ordenador con AMD/ATI, y da la impresión de ser “algo” que se mueve encima de Gnome 3. Es solo una impresión, pues emplean distintos gestores de ventana e incluso distintos navegadores de archivo, pero no deja de parecerme eso, una variante algo forzada.

Cinnamon en Cinnarch

MATE, seguir donde lo dejaron otros
La mayoría de usuarios de Gnome 2, una vez se supo del cambio tan drástico en el escritorio que supondría la nueva versión, optaron por el cambio. Un usuario de Arch Linux (Perberos), en cambio, optó por continuar el trabajo donde otros ya no querían seguir, renombrando el viejo Gnome 2 como MATE 1.

MATE va ya por su versión 1.4, alcanzando el punto en que no solo mantiene la apariencia y funcionalidad del entorno en que se basa, sino que ha comenzado ya a solucionar problemas que presentaba Gnome 2, es decir, ha empezado a evolucionar. En un principio me mostraba escéptico y pensaba que podría seguir el camino de Trinity, el fork de KDE 3, es decir, quedar relegado al ostracismo. Pero no ha sido así, sobre todo gracias al apoyo del equipo de Linux Mint, que mantiene a MATE como un escritorio de referencia en sus distribuciones.

MATE en Linux Mint 14

Sé que me dejo muchas cosas en el tintero, pero tampoco pretendo con esta reseña sentar cátedra sobre el mundo de los entornos de escritorio. Mi intención no va más allá de orientar un poco al usuario novel y dar mi opinión. He obviado, por eso y por no ser realmente “entornos”, los gestores de ventanas como Openbox.

Y, después de este tocho, ¿con cuál me quedo? Es una pregunta complicada, fui mucho tiempo usuario de Gnome 2 y, tras su desaparición, lo cierto es que me sentía perdido. Usé KDE también durante varios meses, pero estaba tan acostumbrado a Gnome y sus aplicaciones que no me hallaba completamente a gusto. Los entornos en los que obtengo mejores resultados y  donde mejor me muevo son, actualmente, XFCE y MATE.

XFCE en Arch Linux

La balanza se inclina ligeramente en favor de XFCE, debido sobre todo a que en MATE sigo encontrando problemillas derivados del hecho de que las aplicaciones más antiguas siguen tratando de interactuar con Gnome 2, y al haber cambiado muchos servicios de nombre se producen errores. Es algo que se va corrigiendo poco a poco, por eso sigo muy de cerca el desarrollo de MATE, aunque a veces me pregunto si merece la pena continuar por ese camino. En cualquier caso, XFCE se va adaptando a mí y viceversa, y en esas estamos el uno y el otro…

Nada más, espero vuestras opiniones y preferencias y aprovecho para desearos a todos una Feliz Navidad y un Próspero Año 2013.

Ubuntu 12.10: nada recomendable

Pasada la tormenta de la semana anterior creo que ya va siendo hora de acometer la revisión de rigor a la que nos obliga, cada seis meses, la aparición de una nueva versión de la distribución que empezó a convertir a Linux en un sistema “para seres humanos”. Y escribo que es una obligación, porque lo siento así, ya que hace algún tiempo que Ubuntu dejó de ser un sistema apetecible de probar. Motivos tengo de sobra para temer que las versiones que Canonical publica entre sus LTS (Long Time Support, Soporte Extendido, actualmente de cinco años) no son más que meras pruebas para dotar de madurez a su edición definitiva. Como escribía en el artículo anterior a este, mi instalación de Ubuntu 12.04 había durado más bien poco al no resultarme lo suficientemente estable y confiable para trabajar.

Por otra parte hay lectores que consideran que esto no es así y la ven como una muy buena opción a tener en cuenta. He de admitir que, si bien Unity me ha causado muchas reticencias desde un principio, con el tiempo es una interfaz que se puede sentir como cómoda y a la que se puede uno llegar a acostumbrar. Todo muy bonito, si no fuera porque se rompe, falla y se cuelga varias veces en cada sesión en mi equipo. Y sigue siendo para mi una tremenda decepción tener que apagar el ordenador, bajo Linux, usando el botón frontal de la caja. Totalmente antinatural.

Mas no adelantemos acontecimientos y veamos lo que dieron de sí las horas que pasé con Ubuntu 12.10 Quantal Quetzal. Voy a permitirme la licencia de no utilizar esta vez el típico esquema que acostumbro a la hora de revisar una distro (instalación, navegador, vídeos, etc.). Apenas se encuentra diferencia entre esta versión de Ubuntu y la anterior en cuanto a los programas escogidos y sería prácticamente una repetición del artículo dedicado a Precise Pangolin. De modo que vamos a simplificar la cuestión, a lo Barrio Sésamo, en lo bueno y lo malo de la nueva entrega de la distro sudafricana.

Lo bueno de Ubuntu 12.10

Facilidad de instalación
Si por algo destaca Ubuntu es por lo fácil que resulta instalarla, tanto o más que Windows. Un usuario sin conocimientos previos, ni siquiera de particionado de discos, puede instalarla sin mayores problemas gracias a la excelente detección del resto de sistemas que se encuentran en el disco duro y a la opción que permite que Ubuntu se acomode junto a estos. En el caso de mi equipo detectó a Windows 7, Manjaro y SolusOS. Grub se instala, por tanto, completo y si deseamos modificarlo podemos recurrir a grub-customizer, como aquí se indica.

Buena selección de programas
Ubuntu incluye Firefox 16 para navegar, Tótem como reproductor de películas, Rhythmbox como organizador y reproductor de música, Libreoffice como suite ofimática, Shotwell para gestionar la colección de fotografías… A todo el arsenal de programas se añade la gran cantidad de software disponible en los repositorios y accesibles mediante el Centro de Software de Ubuntu, amén de montones de PPAs que el usuario puede instalar a poco que busque un poco por la red.



Reconocimiento de hardware
Otra de las facetas en las que Ubuntu se lleva el premio es la de detección de dispositivos. La impresora se configura de modo automático y con todas las opciones correctas para su funcionamiento. El escáner está disponible con tan solo enchufarlo y abrir Simple Scan y la webcam ya funciona desde el mismo momento de instalar el sistema, cuando se nos permite tomar nuestra foto de usuario. Igualmente no encontré problema alguno con mi disco duro externo, mis pendrives ni mis tarjetas de memoria. Todo reconocido al vuelo.

Códecs multimedia
Con la sencilla acción de pulsar en una caja de selección al principio de la instalación Ubuntu resuelve el problema que se plantea en otras distribuciones: la inclusión de códecs propietarios para la reproducción de determinados formatos (mp3, flash, mkv…). Todo funcionará sin preocuparse el usuario de nada.

Hasta aquí las bondades de Ubuntu. Como se puede observar, no hay ninguna característica que no acompañase a Ubuntu desde casi el principio de su andadura en Linux. Son las cosas que se le presuponen y que la hacen una distribución ideal para el usuario con escasos conocimientos del funcionamiento interno del sistema o de la terminal.

Lo malo de Ubuntu 12.10

La interminable instalación
Tengo la sensación de que cada versión de Ubuntu que instalo tarda más que la anterior. En esta ocasión empleé, medido, cuarenta y cinco minutos de reloj. Tal vez no sería tan malo si no fuese porque tengo que pasarme dicho intervalo de tiempo sentado moviendo el ratón de cuando en cuando por obra y gracia de los drivers libres de AMD/ATI, esos que no permiten al sufrido usuario poner la pantalla en reposo si es que pretende volver a usar el equipo sin tenerlo que apagar antes. El problema con la instalación está en los servidores de Ubuntu para España, que se auto-seleccionan sin que nadie los llame durante el propio proceso. ¿Tan difícil es hacer un rankmirror antes y alegrar al usuario con una rápida descarga desde el mejor espejo disponible? En serio, es algo insufrible y uno llega a odiar la frase “Esperando las cabeceras” más que a su peor enemigo.

La odisea de los drivers privativos
Se me escapa el motivo por el que los desarrolladores de Canonical han decidido prescindir de la siempre sencilla y útil aplicación Jockey, también conocida como “Controladores adicionales” en esta edición. Resultaba simple y directo que, tras el primer reinicio al sistema nos diese la bienvenida la típica ventana informándonos de que teníamos la posibilidad, que no la obligación, de instalar los controladores de código no abierto. Este sencillo gesto aliviaba en parte la ya de por sí pesada lucha que mantengo con este tema de los drivers de AMD/ATI.

Pues bien, en la presente edición de Ubuntu, dado que la opción no aparece por ninguna parte, tras buscarla con el dash se me remite a la instalación de jockey-kde, un paquete cuyo nombre no deja lugar a dudas. Lo gracioso es que, tras intentar ejecutar jockey-gtk, el sistema me informa de que no se encuentra instalado. “No hay problema”, pienso, “basta instalarlo y ya está”. Craso error. Me encuentro con una suerte de paradoja cíclica en la que si quiero ejecutar jockey-gtk el sistema me dice que lo instale y si lo quiero instalar el sistema me dice que ya está instalado. ¿Pero esto qué es?

Como no me queda más remedio que seguir lo que el dash me propuso en un principio, instalo jockey-kde. El asunto es peor de lo que me temía, pues no es que necesite algunas dependencias de KDE para hacerlo… ¡es que prácticamente me instala Kubuntu! Más de 120 Mb de paquetes para ejecutar unas líneas de código. Brutal.

Podría dar por buena la espera si al final hubiese conseguido algo. Tras ejecutar jockey-kde aparece, en inglés, la ventana con las dos opciones idénticas para escoger. Tan idénticas son que, efectivamente, ninguna de las dos funciona.

O eso parece en primera instancia, porque al reiniciar, a pesar de las ventanas que informaban del fallo en la instalación, han desaparecido dos cosas: los parpadeos que revelan la presencia de los drivers libres y Unity al completo. Así es, la nueva sesión me priva de la interfaz de escritorio, dejándome con un fondo de pantalla pelado en el que lo único que se me ocurre hacer es pulsar CONTROL+ALT+T para abrir una terminal y desinstalar el driver propietario que decía Ubuntu que no se había instalado pero resulta que sí. Por si alguien se mete en este laberinto:

sudo apt-get purge fglrx

Y a olvidarse de los drivers propietarios en esta versión de Ubuntu. Gracias.

NOTA IMPORTANTE: en los comentarios a la entrada se ha propuesto la solución a este problema. Los desarrolladores han incluido la opción de instalar los drivers propietarios en Orígenes de Software –> Controladores adicionales, en lugar de en el menú principal donde se encontraban anteriormente. De igual modo, antes de instalar los controladores es preciso que hagamos lo propio con el paquete linux-headers-generic, que no se incluye por defecto en Ubuntu cuando antes sí se hacía. Hay un enlace, referido a Nvidia pero que se puede aplicar también a AMD/ATI, donde explican el tema. Hacerlo así probablemente reduzca los problemas gráficos y de continuos cuelgues de esta versión de Ubuntu. Gracias a Álvaro Jesús y Vladimir D. Paulino por la aportación.

El cuelgue no es la excepción, sino la norma
No he probado ningún sistema Linux que me haya obligado a reiniciar tantas veces el equipo como Ubuntu 12.10. La primera vez que entré al escritorio tras instalarse, cuando me notificaba de varias actualizaciones disponibles, fue pulsar el icono correspondiente y listo, pantalla congelada. Al menos la combinación CONTROL+ALT+F1 me permitió abrir mi socorrida sesión de consola. Pensé que desde ahí podría entrar y hacer un reinicio. Segundo craso error. Ubuntu no reconoce mi usuario y contraseña cuando pretendo loguearme. Nuevamente tengo que parafrasear a Matías Prats: ¿pero esto qué es?

Ante la situación irresoluble con mis conocimientos, que a la vista está que deben ser bien escasos, pulso el botoncito de “hard reset”. Hubo más cuelgues, por desgracia, como al intentar reproducir con Tótem un archivo .avi. Igualmente imposible de solucionar, otra vez a darle al botón. Buff…

En otro momento se produjo un cuelgue con la simple pulsación del dash en la barra de Unity. Y ya se imaginan cómo terminó la cosa. Pues sí, botón y a reiniciar. Sencillamente lamentable, más allá de fanboyismos y odios absurdos, no es de recibo que un sistema Linux se comporte de este modo. Se llame como se llame la distribución es, simple y llanamente, inaceptable.

Por no hablar de las veces en que iniciar un programa hace aparecer la ventana de Apport para informar de un error, al más puro estilo de los cansinos avisos de seguridad de SELinux en Fedora. En resumen, fallos y errores por todas partes.

El asuntillo de las “shopping lens”
Si se pudiesen obviar todas estas grandes calamidades, Unity sería una interfaz productiva, incluso. O por lo menos lo era hasta ahora. Se ha escrito mucho en la red sobre el acuerdo entre Canonical y Amazon para la inclusión de resultados de la popular tienda online en las búsquedas hechas con el dash de Unity. Lo que no nos contaron era que dichos resultados iban a copar, de manera casi absoluta, la totalidad de los que el sistema nos muestra. ¿Busca usted un archivo que comienza con, pongamos, la palabra “verano”? Se va a encontrar con multitud de referencias a libros, discos, electrodomésticos y cachivaches varios que tengan que ver con dicha palabra. Afortunadamente el tema tiene una fácil solución. Solución que no habría que poner en práctica si Canonical, siendo honesto, permitiera al usuario elegir en primer lugar si quiere que le vendan cosas mientras está sentado ante el ordenador buscando un vídeo casero. Pero no, hoy en día hay muchos, demasiados, desarrolladores que opinan que el usuario no sabe lo que le conviene. Ellos sí que lo saben, faltaría más.

Puede que a estas alturas todavía haya quien se pregunte si vale la pena actualizar su Ubuntu LTS a la nueva Quantal Quetzal. Por si no queda claro con el artículo: “ni se le ocurra”. En primer lugar, es obvio, porque se trata de un sistema altamente inestable. Y, por otra parte, las presuntas mejoras o novedades que le pueden empujar a acercarse a esta versión brillan por su ausencia. No me canso de repetir que en Linux no hay realmente malos sistemas – o sí los hay, pero eso es harina de otro costal – sino malas combinaciones de hardware-usuario-sistema. ¿Por qué afirmo esto? Por dejar una rendija abierta a la esperanza de que las malas sensaciones que Ubuntu me deja estén relacionadas con mi equipo y los controladores gráficos.

Pero mucho me temo que no es el caso. Canonical sigue fiel a su cita bianual con los usuarios sin importar demasiado la calidad del producto (gratuito, esto siempre hay que destacarlo para no olvidarlo) que se pone en liza. Yo no soy nadie para decirle a Canonical cómo tiene que hacer las cosas, pero si mi opinión le importa a alguien, este modelo no es el adecuado. Aconsejaría a los usuarios no dejarse llevar por la “versionitis” y quedarse con Ubuntu 12.04, al menos, hasta que aparezca la nueva versión de soporte extendido allá por la primavera de 2014. Hoy por hoy, Ubuntu Quantal no merece la pena. Pese a todo, sus grandes facilidades para el usuario novel, aspecto en que se centra nuestro ranking, le otorgan un 8’14. En otras cuestiones, cero patatero. Un saludo.

Ubuntu 12.04: cumpliendo con las expectativas

Han pasado dos años desde la última edición LTS (Long Term Support, con soporte a largo plazo) de la distribución sudafricana más conocida. Ubuntu Precise Pangolin, animal raro donde los haya, por cierto, ha causado una gran expectación, cosa habitual por otra parte cada vez que se aproximan los meses de Abril y Octubre, cuando Canonical lanza sus nuevas versiones. En esta ocasión, al tratarse de una versión con cinco años de soporte extendido para el usuario doméstico, con más razón sin cabe. Y me complace decir que Ubuntu Precise está a la altura de lo que se esperaba.

No son pocos los que consideran que las ediciones que va lanzando Canonical entre versiones LTS son poco más que ensayos, lo cual coloca a los usuarios en la posición de inadvertidos probadores de sistemas operativos. En mi opinión esto no es cierto y no se sustenta en la realidad, como muestra el ejemplo de Ubuntu Maverick, probablemente la más estable y lograda versión hasta la fecha. Cierto o no, el caso es que la distro que hoy nos ocupa representa en todo su esplendor el consabido lema de “Linux para seres humanos” que popularizase Canonical en su día. Y es que no se pueden dar más facilidades para un usuario novato en el mundo del pingüino de las que da Ubuntu Precise, un auténtico despliegue de “plug and play” y sistema funcionando sin problemas. Antes de que alguien empiece a pensar que me he contagiado del “fanboyismo” ubuntero que pulula por la red, vamos a argumentar estas afirmaciones. Analicemos:

Instalación
Una versión LTS de Ubuntu bien merece el gasto de un CD, con lo que me salto el paso de intentar arrancar desde un pendrive. Grabo la iso y al lío. El entorno live inicia, que no es poco, pues detecta el hardware ATI de mi gráfica integrada e instalar los drivers libres. Algunos parpadeos molestos, habituales de estos controladores y que son comunes a casi todas las distribuciones que he probado hasta ahora. La resolución se ajusta automáticamente a la máxima posible, lo que también supone un logro. Como tengo costumbre, no pruebo demasiado el entorno en vivo y me dispongo a ejecutar directamente la instalación. Una vez elegimos el idioma castellano se mantiene durante todo el proceso y todos los mensajes aparecen traducidos a nuestra lengua.

El instalador es el típico de Ubuntu, sin que se pueda apreciar variación alguna con respecto a anteriores versiones. El slide show sí ha cambiado algo, cosa que suele ocurrir entre lanzamientos. Tuve dos problemas importantes al instalar: en primer lugar, la lentitud exasperante. Esto tampoco es nuevo y es una consecuencia de instalar al día siguiente de haberse producido el lanzamiento de la nueva versión. Los servidores de Ubuntu para España se ven completamente desbordados por las peticiones, lo cual provoca que la descarga de actualizaciones y del soporte multimedia (los códecs) que se puede realizar durante el proceso de instalación se demoren en demasía. El segundo inconveniente lo causan los drivers libres para mi gráfica, que la hacen incapaz de volver a encender el monitor tras caer en modo reposo. Si dejas de mover el ratón cada cierto tiempo estás perdido, pantalla negra y de ahí no hay forma de salir. La solución fue esperar y esperar, casi una hora, hasta que las luces del router dejaron de parpadear y las del disco duro hicieron lo propio por un buen rato. Supuse que en pantalla estaría entonces el típico mensaje que invita a reiniciar el equipo para disfrutar de la nueva instalación, pulsé Intro y se obró el “milagro”.

Tras el accidentado reinicio se presenta un completo grub con todos los sistemas instalados sin excepción. En este momento son Windows 7, Chakra Archimedes y LMDE con Gnome 3, además del nuevo Ubuntu. El escritorio con Unity (única opción disponible en 3D o en 2D) ha cambiado poco en lo estético, como se puede apreciar en la captura de pantalla.

Lo primero que aparece al entrar en el nuevo sistema es la ventana de Jockey que me informa de la posibilidad de instalar los drivers privativos de ATI/AMD para mi gráfica. Se presentan dos opciones muy parecidas entre sí, pero al intentar instalar cualquiera de ellas se produce un error poco descriptivo (“no se ha podido instalar el controlador”). Sospecho que se debe a un problema durante la instalación que ha dejado algunos paquetes de actualización a medio instalar, pues si se intenta correr el gestor éste se queda clavado en “esperando a apt-get”, como si el programa estuviese abierto. Cancelo, reinicio y hago un “sudo apt-get update” desde consola que arregla el desaguisado y ya consigo instalar los controladores propietarios de mi Radeon HD.

Todo el problema que acabo de describir viene causado, casi con toda seguridad, por la masiva descarga del día después del lanzamiento de Ubuntu Precise, con lo que es de suponer que dentro de algunos días, cuando la fiebre Ubuntu se calme, no se reproducirá.

Navegación
El navegador instalado es Firefox 11, que se actualiza a su versión número 12 nada más iniciar el gestor. Si hemos habilitado la instalación de los códecs multimedia y el soporte para Flash funcionará perfectamente, sin ningún tipo de inconveniente. Navegación fluida, Flash con sonido y funcionando incluso a pantalla completa.

Vídeo
Contamos con el reproductor de cabecera de Gnome, el popular Tótem. Reconoce todos los tipos de archivo de vídeo que pruebo (mpg, mkv, avi, mov, mp4) y los reproduce de forma impecable.

Música
Un remozado Rhythmbox que incluye un soporte mejorado para streaming desde los principales servicios online, incluyendo mi favorito, last.fm. Perfecto en todos los sentidos.


Ofimática
Como es habitual tenemos la suite Libreoffice instalada. Todo funciona como se espera, también las presentaciones en formato PowerPoint, que se reproducen sin problema alguno.

Fotografía e imágenes
El sencillo a la par que efectivo Shotwell sigue siendo el organizador fotográfico de elección en Ubuntu. GIMP no viene instalado pero está disponible desde los repositorios.

Gestor de software
El Centro de Software de Ubuntu es la pieza fundamental de instalación de programas. Synaptic ya ni tan siquiera viene por defecto, aunque sí que está disponible. El Centro de Software parece mejorar con cada nueva versión y además se integra con Unity, de manera que mientras se instala un programa el lanzador se incorpora automáticamente a la barra lateral, a la par que muestra el progreso de la instalación de manera parecida a lo que ocurre con algunos teléfonos móviles actuales. Además guarda la fecha y el historial de instalación de cada aplicación.


Reconocimiento de hardware
Es fundamental que esta parte vaya sobre ruedas dado el marcado carácter de Ubuntu como distribución “puerta de entrada” al mundo Linux. Y vaya, funciona perfectamente. La impresora, pese a no mostrarse mensaje alguno sobre su configuración al encenderla por vez primera, se instala automáticamente y aparece como disponible para imprimir en todas las aplicaciones. El escáner también funciona, basta abrir el programa Simple Scan, que viene instalado, para comprobarlo. Del funcionamiento de la webcam se tiene certeza desde el mismo instalador del sistema, cuando nos permite tomar una fotografía para emplearla como imagen de usuario. En cualquier caso, instalo Cheese, que funciona también. Mejor, imposible.

Programas de uso habitual
Para gestionar nuestra webcam podemos instalar Cheese, como veíamos, al tiempo que para usar el escáner tenemos ya en el sistema la aplicación Simple Scan. El resto de programas que suelo utilizar deben ser instalados, algunos desde los repositorios de Ubuntu, caso de Dropbox o Vagalume, otros desde sus propias webs, como ocurre con Skype y jDownloader. En el caso de este último, para que funcione el script de instalación es preciso que busquemos Java en el Centro de Software de Ubuntu y lo instalemos, pues necesita la máquina virtual de dicha plataforma.


Gestor de arranque
Si bien el gestor Grub funciona a las mil maravillas, reconociendo cada sistema operativo en el equipo, sí que echo en falta el tradicional startupmanager para manejar y configurar el mismo. No lo encontré en los repositorios, al contrario que en ediciones anteriores.

Estabilidad y suspensión a RAM
El sistema no se puede decir que sea un roca, pues en apenas tres horas de uso se produjeron dos errores, uno relacionado con los drivers de ATI y otro con un indicador del tiempo meteorológico disponible para descargar en el Centro de Software. En su descargo debo añadir que ambos errores vinieron acompañados de la correspondiente ventana de depuración y la posibilidad de enviar los datos a Canonical para ayudar a mejorar el desarrollo de Ubuntu y corregir los problemas. Ninguno de los errores me obligó a reiniciar. La suspensión a RAM, una vez instalados los drivers privativos de ATI/AMD funcionó perfectamente.


Ciclo de desarrollo
Bien conocido por todos, Ubuntu saca una nueva versión cada seis meses, en los meses de Abril y Octubre. La versión actual, al ser una LTS, seguirá recibiendo actualizaciones hasta Abril de 2017, con lo que es una muy buena opción para los amantes de la continuidad y los planes a largo plazo.

A decir verdad no esperaba tan buen resultado de esta Ubuntu Precise. La última revisión, la referida a Ubuntu Oneiric, no fue del todo satisfactoria, aunque la probé en un hardware distinto. Pero si nos atenemos a la opinión de la mayoría, esta versión supone un salto cualitativo importante en el desempeño de la interfaz de escritorio Unity. Sin ser en absoluto mi favorita, pues encuentro incómoda la barra lateral, uno puede llegar a acostumbrarse a esta nueva forma de trabajar. Para mi (dis)gusto, Unity comparte con Gnome Shell las escasas opciones de configuración. Por poner un ejemplo, es imperdonable que no se pueda cambiar la barra lateral a otra parte del escritorio, digamos, la parte inferior donde estorbaría mucho menos, siempre desde mi punto de vista, claro.

Aunque podemos hacer uso de herramientas de configuración como MyUnity o Ubuntu Tweak, sigo viendo algo escasas las posibilidades que ofrecen. Lo que en ningún caso se debe obviar es la tremenda facilidad de instalación y uso “sobre la marcha” del sistema operativo que nos presenta Canonical. Esto es algo irrefutable y reconocido incluso por sus detractores, que no son pocos. Pese a lo que pueda parecer, no me encuentro entre estos últimos, Ubuntu es un gran sistema que ha ido mejorando en aquello en lo que ha destacado desde un principio, por lo que considero que cumple con lo prometido y además, con creces. Me encuentro más cómodo con Chakra, pero siempre es bueno contar con una partición para Ubuntu, más si es una LTS.

Destaco como positivo, por encima de todo, la tremenda rapidez de inicio y apagado del equipo, realmente es sorprendente. Recién arrancada solamente consume unos 550 Mb de RAM, que dados los antecedentes de Unity no está nada mal. Los que prefieran Gnome 3 podrán instalar el paquete gnome-shell desde los repositorios. Como negativo, la cierta inestabilidad que en las últimas versiones se atribuye a Ubuntu parece tener su continuidad en esta. Si bien, un par de errores menores no son bagaje suficiente para afirmar esto rotundamente. Habrá que probarla más. Obtiene un 8’94 y un lugar en mi disco duro antes ocupado por Ubuntu Lucid. Saludos.