Adiós a AMD: gracias, Yoyo Fernández

Siguiendo con los refranes, que le voy cogiendo el gustillo: “de bien nacidos es ser agradecidos”. En un artículo de hace unos días, “Historias corrientes“, relataba un problema con Ubuntu 14.04.3, que provocaba una congelación en el escritorio, imposible para mí de solucionar o depurar. Al no conocer la causa, no hay posibilidad de culpar a un componente en concreto, – salvo a mí, el de detrás del teclado – pero por alguna razón las miradas se fueron a posar, otra vez, en mi chip gráfico AMD. Es una GPU A8 que integra una Radeon HD 6550D, con un rendimiento aceptable en Windows y pésimo en GNU/Linux. Por no hablar de los problemas derivados de la tardanza en sacar controladores compatibles con cada nueva versión de Xorg, que dificulta el uso de los Catalyst (los propietarios) en distribuciones de carácter “rolling release”, como Arch Linux. Leer más “Adiós a AMD: gracias, Yoyo Fernández”

Windows 10: un buen sistema que apenas voy a usar

¡Atención! Artículo no apto para talibanes de GNU/Linux, también conocidos como “tuxlibanes”. El revuelo mediático que ha causado la decisión de Microsoft de dotar de supuesta gratuidad a su nueva versión de Windows bien merece unas líneas por aquí, por mucho que bajo el título de cabecera del blog rece “sobre GNU/Linux”. En la esencia de todo linuxero se halla, por naturaleza, la curiosidad. De lo contrario, probablemente casi ninguno habría abandonado el redil de la compañía de Redmond. No soy una excepción, como creo que de sobra conocéis los asiduos, de modo que allá vamos: un artículo sobre Windows 10, sometido a nuestra habitual batería de pruebas para evaluar su rendimiento y su idoneidad para usuarios noveles. Como si de una distribución más se tratase, pues, desgranaremos punto por punto sus virtudes, sus defectos y sus novedades, que tampoco son tantas como pueda parecer.

En primer lugar, y a ver si conseguimos que quede claro de una vez por todas, Windows 10 no es gratis. Lo es tanto como cualquier otra versión de Windows. La respuesta natural de una gran cantidad de usuarios del sistema al conocer la noticia fue: “¿acaso no lo era ya?”. Tal es el grado de desconocimiento de la mayoría de los que compra un ordenador y ni tan siquiera sabe que le están cargando el Windows en el precio total. Esto tiene mucho mérito, y es un logro que hay que apuntar en el haber de Microsoft: haber conseguido que el usuario corriente, sin muchos conocimientos, asocie el uso de un ordenador con el sistema operativo que alberga, de una forma indisoluble e inseparable. Veinte años de contratos de “partnership” tienen la culpa. Sus buenos dineros les habrá costado… Leer más “Windows 10: un buen sistema que apenas voy a usar”

Comparativa de navegadores en GNU/Linux y Windows

Por suerte o por desgracia no tengo demasiadas ganas de revisar distribuciones últimamente. No me llama ninguna en la actualidad, tras haber aterrizado y permanecido durante meses en la agradable isla de la tranquilidad informática, la que me procuran mis dos sistemas GNU/Linux, Chakra y Ubuntu por orden de utilización y preferencia. El sistema de Microsoft sigue relegado a mera utilidad de supervivencia para contadas pero muy necesarias ocasiones, como lo fuera el mes pasado la correcta cumplimentación del borrador de la declaración de impuestos, la de verdad, la que hacemos la gente honrada. Aunque algunos me habéis comentado que no tenéis problemas para hacerla desde GNU/Linux, no sé por qué razón, pero no es mi caso. Total, que en ésas estábamos, cuando me dije: “vamos a comparar otras cosas, que las revisiones de distros ya están muy vistas”.

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Windows vs Linux: allá vamos otra vez

Aunque Halloween ya pasó, hoy me voy a disfrazar de Artem S. Tashkinov, aquel que se les aparece a los linuxeros talibanes como los que ya me están maldiciendo por no escribir GNU en el título del presente artículo. Si no sabéis quién es os recomiendo echar un vistazo a este enlace. Uno, que ya es perro viejo y lleva usando GNU/Linux en sus distintas formas, colores y sabores, de modo casi exclusivo desde el año 2.007, por mucho que se empeñe en ocasiones en salir de su jaula dorada, termina por tener que volver a entrar con el rabo entre las piernas y muy a su pesar. De manera que, desde mi máquina que de nuevo arranca en dual, os cuento por qué he tenido que abandonar el uso exclusivo de GNU/Linux en mi ordenador y de Cyanogenmod en mi teléfono móvil. Si eres de los que opinan que dichos sistemas son perfectos y el tito Bill es el demonio, ya puedes dejar de leer.


La necesidad de actualizar la BIOS
Un buen día se me ocurrió que mis continuos problemas con los puertos USB del equipo tal vez habían encontrado remedio en alguna actualización de la BIOS de la placa base. Ocurre que Gigabyte dispone de una sencilla utilidad para hacer esta delicadísima operación, pero, oh sorpresa, dicho programa está escrito para Windows. Hay que tenerlos del tamaño del caballo de Espartero para atreverse a usar eso con Wine, una aplicación que tiene sus virtudes, innegablemente, pero de la que nunca puedes fiarte del todo, según mi experiencia personal.

Cuando comprobé que había nada menos que 7 actualizaciones para mi placa base en la web del fabricante, supe que no había remedio: necesitaba otra vez una partición con Windows. Escarmentado ya del modo en que obtuve mi último Windows 8, decidí instalar el que traía mi equipo, un Windows 7 Home Premium y “disfrutar” de sus prestaciones con todas las de la ley. Horas y horas después de instalar controladores, actualizaciones de seguridad, opcionales, importantes y esas cosas de Windows, tuve finalmente un sistema plenamente utilizable. Afortunadamente, la actualización de la BIOS con el programa de Gigabyte resultó un éxito por su sencillez y rapidez. Sobre si ello sirvió o no para arreglar las extrañas “desconexiones” de los puertos USB, me temo no estar todavía en posición de afirmarlo o negarlo, aunque por mis trasteos en Ubuntu y Chakra parece que sí.

Los juegos: vamos mejorando, pero…
Durante el último año he recuperado mi vieja afición, que data de los tiempos en que Sir Clive Sinclair dio vida a su primer ordenador: los videojuegos. Gracias a Valve y su Steam, GNU/Linux está recuperando terreno en esta materia, lo que me permite jugar, por ejemplo, a Football Manager en mi sistema preferido de forma nativa. Otra cosa distinta es la calidad a la que puedo hacerlo, pues los controladores AMD, sin ser nada del otro mundo en Windows sí que mejoran a sus homólogos de GNU/Linux.

Claro está, que siempre hay un pero. Y el que yo pongo tiene su origen en una oferta de la tienda Green Man Gaming, gracias a la cual pude conseguir el juego “State of Decay” por apenas 4 euros. Muy iluso habría que ser para pensar que un título en el que interviene Microsoft Studios va a funcionar bajo GNU/Linux. Ya os digo yo que no, y no será porque no intenté todo lo habido y por haber: Wine en diferentes versiones, Playonlinux, artículos en ruso de uno que logró, heróicamente, hacerlo correr en Ubuntu (lástima, tenía una Nvidia), etcétera, etcétera.

La historia en Windows, bueno, ya la conocéis: instalar y listo. Lo habitual, por otra parte. Por no hablar del sonido, de mucha más calidad y con todas esas chorradas de “Dolby Surround” y “Bass boost” que hacen que retumbe la habitación.

Cyanogenmod y sus inconvenientes
Turno ahora para mi triste regreso a la ROM original en mi Galaxy S3 Mini. Si bien el problema de sobrecalentamiento de la batería quedó resuelto por entero, como contaba en su artículo correspondiente, persistían dos molestos inconvenientes: el reloj que se congelaba de modo aleatorio y la imposibilidad de usar algunas aplicaciones que eran útiles para mí, concretamente Google Play Music y Appgree.

Reconozco que la culpa la tengo yo. Un día me levanto rebelde y reivindicativo, dispuesto a pelear contra los monopolios y las imposiciones. Ese día nada me parece una molestia. Pero pasa el tiempo, el viento sopla desde otro sitio, y ese mismo yo se pregunta por qué renunciar a cómodos servicios, a quién beneficia mi perjuicio y para qué sufrirlo. Así soy yo, y quien me entienda que me compre…

Revisando Windows 7 Home Premium
Aprovechando este nuevo golpe de timón que ha hecho que Windows y GNU/Linux vuelvan a coexistir en mi equipo de sobremesa, se me ha ocurrido aplicar mi baremo habitual para clasificar las distribuciones al sistema de Microsoft. La verdad es que no ha sido una prueba tan exhaustiva como hubiera deseado, pues a pesar de que lo intenté durante un largo rato, no fui capaz de hacer funcionar la Phoronix Test Suite bajo Windows. Resumiendo un poco la experiencia, pues tampoco es plan de extenderse con la cuestión, digamos que, a día de hoy, una instalación limpia de Windows proporciona una mejor experiencia de usuario de la que solía en el pasado.

De hecho, me esperaba unos resultados mucho peores, sobre todo en cuanto a reproducción de archivos “out-of-the-box”. Windows únicamente tuvo problemas con los archivos Matroska, los de vídeo digital (.dv) y los .3gp. En cuanto a otro tipo de formatos no multimedia, no se pueden abrir de serie los .pdf, ni tampoco descomprimir los .rar. En todo lo demás, da la talla.

En lo referente a resultados me sorprendió gratamente que la transferencia de archivos al pendrive fuese más lenta que en GNU/Linux… ¡por casi un minuto de diferencia! Claro está que, en el resto de parcelas gana Windows por goleada, sobre todo en cuanto al rendimiento gráfico medido por Unigine Valley, que arrojó un resultado de 511, casi 40 puntos más que en Ubuntu. Y en los navegadores, más de lo mismo, siendo muy superior el rendimiento de Chrome y solo algo mejor el de Firefox, sin tener en cuenta la insufrible velocidad de “scrolling” del ratón del primero en GNU/Linux, que no he encontrado forma humana de solventar.

Haciendo un somero repaso por las secciones que conforman la tabla de puntuación:

  • Instalación. Todo perfecto y en castellano.
  • Arranque y apagado. Bastante más lento que en GNU/Linux.
  • Software. Todo el que quieras y más, pero sin centro de aplicaciones.
  • Hardware. El escáner no lo reconoce por haber retirado el fabricante (Epson) los controladores para Windows. Ello hace completamente imposible su utilización bajo este sistema, salvo pagando a una tercera compañía llamada Hamrick Software.
  • Conectividad. Perfecto, incluyendo el “Grupo en el hogar” para comunicarse con el portátil.
  • “Out of the box”. No está mal para ser Windows, reproduce mp3 y otros formatos propietarios que en antiguas versiones necesitaban de códecs.
  • Estabilidad. Ni rastro de pantallazos azules que, la verdad, hace mucho tiempo que no veo.
  • Fluidez. Bastante bien, con el lógico retardo inicial cuando se entra al escritorio, pero nada grave.
  • Gestión de energía. La hibernación no viene habilitada por defecto, algo que ocurre también en muchos sistemas GNU/Linux.

Para finalizar, penalizo a Windows con un error grave: imposible reiniciar en algunas ocasiones, obligándome a usar el botón de apagado del equipo. Esto no repercute en la estabilidad, pues solamente sucede al reiniciar y no de un modo continuado, pero el fallo está ahí y no es la primera vez que me ocurre (si bien, en el tiempo que tuve Windows 8.1 instalado no sucedió nunca). El resultado final tras todas estas tribulaciones es de notable alto (8’06), puntuación que no esperaba, sinceramente, y que supera con creces a la que obtuvo su predecesor, hace ahora 3 años, en el artículo que le dedicaba al que era, por aquel entonces, el sistema de clasificación del blog (6’36 para el entrañable XP).

Y hasta aquí mi pequeña excursión de hoy por el mundo “windowsero”. Si has llegado hasta este punto en tu lectura es porque no eres extremista, y te lo agradezco. Mas no temas, que enseguida retomo las revisiones “normales” con openSUSE y sigo usando Ubuntu para casi todo. Sin embargo, a mi parecer, aun hoy, en noviembre de 2.014, parece imposible huir de una partición del sistema de Microsoft si te gustan los juegos de ordenador, quieres actualizar tu navegador TomTom o hacer lo propio con tu BIOS Gigabyte. Esta es, como siempre, mi experiencia personal y mi conclusión, que no tiene porqué ser la tuya. Tú, tal vez, tienes otros motivos para seguir en arranque dual o para haber desterrado a Windows de tu disco duro para siempre. A tu disposición tienes los comentarios por si te apetece compartirlos.

Salud

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WINDOWS 7 HOME PREMIUM LSDH
Instalación 10
Arranque y apagado 1,25
Software 7,50
Hardware 7,50
Conectividad 10
Out of the box 6,25
Estabilidad 10
Fluidez 10
Gestión de energía 8,33
Pybench N/D
Apache N/D
Encode-flac N/D
Unpack-linux N/D
Unigine Valley 511
Browsermark FF 2.808
Browsermark GC 4.523
Transf. pendrive 4,46
Transf. disco USB 0,53
Transf. SD-card 3,56
Corrección por rendimiento +0,17
Corrección por errores -1,00
CALIFICACIÓN 8,06

Jaulas de oro

Normalmente cuando las ganas de escribir se hacen ya irrefrenables, las palabras suelen fluir de los dedos hasta el teclado y la pantalla con facilidad, como algo natural, que sigue su curso. Hoy, sin embargo, cuando tengo ante mí la inmensidad de una página en blanco, no sé cómo empezar. Oh, espera, si ya he comenzado… Pero dije que me retiraba del blogueo… ¿O eran unas vacaciones indefinidas? ¿Qué decir ahora? ¿Cómo vendo este enésimo cambio de parecer?

Espera, tranquilo, haz una pausa, respira. Es tu blog personal, no tienes que convencer a nadie más que a ti mismo. Casi lo había olvidado. Pues hala, convencido, vamos a continuar.


Os cuento hoy mi historia de resignación veraniega. Otra más, añadiría. Sabéis ya de sobra cuándo y por qué caí presa de la comodidad y la facilidad que da un sistema operativo propietario, uno que te lo entrega todo masticado a costa de pagar un doble precio: por un lado el dinero que cuesta y por otro el tener la seguridad de que tus datos son vendidos, reutilizados y tratados cual mercancía por varias empresas de renombre. Más adelante os explico cómo volví a tener conciencia de esto y el porqué no me apetecía seguir tapándome la nariz solo a cambio de… nada, en realidad.

Tras abrir la caja de Pandora linuxera en mi artículo de despedida comencé a hacer uso del sistema operativo propietario que mi distribuidor informático local me había instalado en el equipo de “aquella manera”. Pronto descubrí que el tiempo le había afectado en muy mala forma a Windows 7, y era momento de probar la novedosa versión 8.1. El cómo conseguí probarla lo dejo a vuestra imaginación. No me siento orgulloso de ello, ciertamente, y ése es otro de los motivos para volver a GNU/Linux.

Usando Windows 8.1
En honor a la verdad, y esto es algo innegociable en mi forma de ser, tengo que admitir que la última versión de Windows constituye un buen sistema operativo. Por citar una virtud, aparte de las ya conocidas de tener acceso a la práctica totalidad de los programas, nos sirvan para algo o no (pero, ¿y lo bien que queda?), diría que se apaga muy rápido… si no fuera porque es una verdad a medias. La realidad es que hiberna en lugar de apagarse, lo que deja la partición NTFS en un estado de inestabilidad permanente que provoca errores a la hora de realizar el montaje desde GNU/Linux. Esto tiene solución, por cierto, desde el “Panel de control”, pero no es algo que nos ocupe hoy.

Retomando el tono serio, es cierto que sí, que es un buen sistema. Ha mejorado mucho desde versiones pretéritas, lo admito. Además de resultar más fluido que sus predecesores, pude reencontrarme con una antigua afición: los videojuegos. Disfruté durante el verano de “The walking dead“, de Telltale Games, una especie de aventura gráfica muy conseguida, en la cual el peso de las decisiones que vamos tomando se nota sobre los hombros de un modo fantástico y a la vez turbador. Muy recomendable para los amantes del género y a un precio bastante asequible en la tienda de la compañía (en Steam es un poco más caro). Fin de la cuña publicitaria.

Resumiendo mi experiencia: me abandoné a Windows de un modo absoluto. Outlook y su calendario, junto con Onedrive, reemplazaron a ownCloud, tanto en mi equipo como en mi móvil. Google tomó el relevo de DuckDuckGo. Cero dificultades, todo comodidad. Vamos ahora con el precio a pagar.

El correo de Amazon
Una tarde del este año no tan cálido verano, me acordé de una sugerencia de un libro que había recibido unos meses atrás. Ni corto ni perezoso la introduje en Google y rápidamente tenía toda la información disponible ante mí. Al final, por razones que no vienen al caso, desestimé la lectura del libro y me dediqué a otros menesteres.

A la mañana siguiente, puntual cual lechero de los de antaño, tenía en la magnífica bandeja de entrada de mi correo Outlook un mensaje de la tienda de libros de Amazon con recomendaciones para comprar, siendo la primera, oh maravilla, el libro sobre el que buscaba información la tarde anterior en Google. Enseguida me surgieron preguntas con respuestas inconvenientes, como por qué Amazon conoce mi correo Outlook de reciente creación, por ejemplo. Y por qué Google cede los datos de mi búsqueda a dicha tienda, lógicamente a cambio de dinero. Y por qué cojones (con perdón) tengo que aguantar que me vengan a vender libros a mi correo electrónico. Sí, lamento la expresión, pero sirva para reforzar el tremendo cabreo que tenía en su momento.

Esta fue la razón número uno para replantearme la idoneidad de la herramienta que estaba empleando para poder usar mi ordenador. Incluso la de mi móvil, ya de paso, pues desde hacía varios días venía notando una actividad inusual de intercambio de datos en el teléfono que no parecía obedecer a algo legítimo. Todo ello con los servicios de Google corriendo en segundo plano… Buen momento para replantearse la instalación de Cyanogenmod.

Piratas del Caribe
Los que me habéis leído con asiduidad sabréis que tengo un niño de 7 años. Como rama dichosa que al árbol sale, siente bastante interés por la tecnología en general y los videojuegos en particular. En concreto, desde que anunciaran la última versión de un conocido simulador de fútbol en la tele me pregunta si no sería muy caro. En un primer momento vienen a mi mente tres palabras: “The Pirate Bay”. Pero claro, luego hay que reflexionar: ¿qué educación quieres darle a tu hijo? Está en una edad en la que comienza a discernir con claridad el bien del mal, lo correcto de lo incorrecto, lo moralmente aceptable de lo que no lo es tanto. Sé de buena tinta que el software, en demasiadas ocasiones, es exageradamente caro para lo que ofrece. Pero también tengo buenos amigos que desarrollan programas como modo de ganarse la vida. Descargar y usar software pirata no es éticamente aceptable, aunque sean creaciones de enormes compañías norteamericanas.

Y esa es la razón número dos. Quiero que mi hijo sepa que cuando uso algo lo hago con todo el derecho a usarlo. Lo que compro, porque lo he pagado. Y lo que la comunidad del software libre me ofrece desinteresadamente, porque disfruto usándolo y compartiendo mis experiencias con los demás.

Imagen de Píllate un Linux

Así que en ésas estamos. Ya no hay rastro de sistemas adquiridos de aviesas maneras en mi ordenador. Tan solo queda Ubuntu (libre de Amazon, claro) y una partición de pruebas a la que no sé si volveré a darle uso. Ya iremos viendo. En mi móvil, Cyanogenmod 11 ha regresado con renovados bríos y sin problemas de batería (los hubo, pero la solución a los mismos la dejo para otro artículo). En mi portátil, un Windows 7 legítimo que va más lento que el caballo del malo (4 años sin reinstalar, todo un récord, pero vaya como se arrastra el pobre sistema) con un Xubuntu 12.04 que apenas uso.

Tengo dos motivos para estar muy contento: por una parte han regresado las ganas de escribir en mi tiempo libre. Y los que han sido inoculados con esta enfermedad saben que solo se cura dando rienda suelta a lo que te pasa por la cabeza. Cuando uno tiene un blog, ese es el mejor lugar para hacerlo. Claro que, tampoco sé cuánto durarán, pero de momento ahí están. Y, por otro lado, por haber abierto la jaula de oro y piedras preciosas, que te da mucha comodidad, mucho instalar y usar, etcétera. Pero hay un precio, uno que se puede estar dispuesto a pagar o no. Yo, de nuevo, no lo estoy. Se acabaron las vacaciones.

Salud, amig@s.

El hogar de los valientes

Resulta irónico que una de las cosas que más detesto en esta vida sea la ausencia de palabra, la falta de compromiso, la incapacidad de cumplir con lo que se promete o de mantener lo que se decide. Decía mi abuelo que un hombre que se viste por los pies cumple su palabra. Mantenía – y mantiene, por suerte – mi padre que si dices que vas a hacer algo has de hacerlo y punto. No valen excusas. Comprenderéis, ante estas premisas, lo difícil que resulta para mí hacer lo que estoy haciendo en este preciso momento. Dije que lo dejaba y lo dejé… durante menos de un mes. Y aquí estamos.

No es menos cierto que cuando uno comete un error debe hacer lo posible por subsanarlo, previo reconocimiento, claro está, de que se ha metido la pata. Por continuar con las frases célebres, dos equivocaciones no constituyen un acierto, de modo que es tiempo de levantarme, admitir mi error y continuar con la batalla. No sin antes agradecer las muestras de apoyo y comprensión recibidas en el centenar de comentarios suscitados por mi artículo de despedida. No es que los motivos que aduje en dicho texto no sigan teniendo validez. Incluso diría que los sigo manteniendo. Usar GNU/Linux es nadar contracorriente, aún hoy día y a pesar de las mejoras conseguidas entre todos. Ocurre que, a veces, uno se deja vencer por la tristeza y el cansancio y decide tomar el camino fácil. Enarbolé la bandera blanca de la rendición al modo sencillo de hacer las cosas, al instalar y olvidarse, seducido por la idea de descansar y acercarme a una mal entendida normalidad.

Pero hubo un factor con el que no conté, uno que me empezó a recordar Vicente Seguí en su correo electrónico de despedida: la sensación amarga de que abandonar GNU/Linux es, en cierto modo, cerrar los ojos, taparse la nariz y aparcar los ideales. “Ignorance is bliss”, dicen los anglosajones. “Ojos que no ven, corazón que no siente”, espetamos por aquí. Le pasó a él y, mientras lo leía, supe que también me pasaba a mí. Windows es un sistema operativo válido, con sus ventajas e inconvenientes, como GNU/Linux, como MacOS, como todo en la vida… Pero el sistema de Tux fomenta unos valores y defiende unas ideas que yo interiorizo como propias, mucho más próximas a mí que cualesquiera otras. Y ante eso no hay nada que hacer.

De manera que inicio nueva etapa, volviendo a la que siempre fue mi “casa informática”, con renovadas fuerzas y ganas de colaborar y compartir. Ello no implica seguir con el distro hopping, al menos eso espero, pues me parece mejor idea mantener mi partición con Windows para aquellos momentos en que un problema en mi GNU/Linux me impida hacer algo que corra cierta prisa. Siempre me molestó tener que reiniciar a un sistema distinto porque algo falla, pero si se piensa bien, esto es una tontería. Lo he vivido estas últimas dos semanas mientras ponía a punto mi partición con Chakra, donde ya todo funciona, por cierto.

Para finalizar, lamento que el hastío y cierta cobardía me llevaran a tomar la decisión de abandonar tanto el blog como mi sistema operativo preferido. De todos es sabido que todo acontecimiento en la vida puede equipararse a una situación ya vista en cualquier episodio de Los Simpson, así que, a modo de castigo por mi osadía, recibiré mi particular “placa” que me recuerde que estoy en GNU/Linux para siempre.

Escojo para ello una de mis citas preferidas. Ignoro el autor, solo sé que se la oí por vez primera a Enzo Maresca, en su lengua materna. “No hay derrota en el corazón de aquel que lucha”. GNU/Linux no es para todo el mundo, requiere ciertas ganas de aprender y, sobre todo, no rendirse cuando algo falla y seguir luchando para que el monopolio no lo engulla todo. Recojo, pues, la toalla que tiré y continúo con el combate.

Principales problemas de Linux en el escritorio

Hace algún tiempo me topé con la página personal de Artem S. Tashkinov, un administrador de sistemas que se define a sí mismo como un entusiasta del FOSS, y que a lo largo de los años ha ayudado a resolver multitud de errores y problemas que afectaban tanto al kernel como a otros componentes de GNU/Linux. Cuando lo leí quedé fascinado, pues me pareció que su crítica constructiva es precisamente el aspecto del que más adolece nuestro sistema operativo preferido. “Harían falta más Artems”, pensé. En los comentarios suscitados por mi último artículo, traje a colación este escrito, el cual no ha tenido excesiva difusión en el mundo de habla hispana, probablemente por carecer de una traducción correcta, pues emplear el “gadget” que incorpora la propia web para este menester nos da un resultado francamente ridículo. Encontré, no obstante, una mención en el blog Alcance Libre, pero algo desactualizada ya.

El artículo original es muy extenso y profundiza en aspectos que no todo el mundo domina. Con esto quiero decir que hay palabras técnicas y ejemplos que, tal vez, solo los Informáticos y personas que se dedican al desarrollo de aplicaciones podrán entender. No lo voy a traducir entero, pero creo que el resumen nos da un buen punto de partida para comprender lo que algunas personas sentimos hoy día que es mejorable en GNU/Linux. Algunos de los problemas que expone tienen solución; otros, sencillamente, son inherentes al mundo competitivo y salvaje en que vivimos. Ésos, creedme, no se arreglarán. Pero me callo ya, para que hable Artem:

Artículo original de Artem S. Tashkinov. Traducción de Enrique Bravo. El documento original, en constante revisión, se encuentra en este enlace.

Prefacio
En este artículo en continua actualización, que constituye sin duda alguna la lista de este tipo más fácil de entender en todo Internet, únicamente se discuten los problemas principales y las deficiencias de Linux, que podrían ser la razón por la que mucha gente dice que las distros Linux no están listas para su uso como sistema de escritorio. Si bien, todo el mundo debería tener en mente que hay parcelas donde Linux ya ha superado a otros sistemas operativos: un manejo de paquetes excelente, soporte para múltiples plataformas y arquitecturas “out of the box”, una excelente estabilidad (por lo general), inexistencia de virus o malware de amplia difusión, casi nunca se precisa una reinstalación completa del sistema, aparte de que Linux es altamente personalizable, resulta fácil crear “scripts” y es gratis.

Una vez más, debo reiterarlo, este artículo trata principalmente sobre distribuciones Linux, si bien muchos problemas de los que se citan afectan también al kernel.

No se trata de una comparación Windows contra Linux, aunque a veces se pueden tomar comparativas con Windows o Mac OS como punto de referencia (después de todo, su penetración en el mercado es, por mucho, mayor). La mayoría de problemas que se detallan son de naturaleza técnica, si bien otros son de tipo “político” (no lo digo yo, así los llaman otros) – como, por ejemplo, cuando las compañías se niegan a proporcionar datos, o los dan incompletos, sobre temas de hardware, de modo que los usuarios de Linux no pueden beneficiarse de todas las características, o los controladores tienen errores que casi nadie en la comunidad Linux es capaz de resolver.

Quisiera que una cosa quedara totalmente clara: Windows, en algunos aspectos, es incluso peor que Linux y tampoco está preparado para ser usado como sistema de escritorio. Por poner algunos ejemplos incontestables, cito de memoria: la creciente pesadez del sistema con el paso del tiempo, el sistema de ficheros y la jerarquía del registro (aún no he encontrado una sola aplicación seria que se pueda desinstalar de un modo limpio y completo), no existe un auténtico modo seguro, el uso como administrador del sistema no lo entienden ni lo entenderán la mayoría de usuarios, no existe un buen sistema de empaquetado (MSI es una abominación), no existe un modo de actualizar el sistema completo (incluyendo aplicaciones de terceros), la depuración de errores es muy complicada de hacer, en muchos casos en que Windows no arranca es casi imposible resolver el problema para un usuario normal… Windows depende del hardware (en especial, en sistemas con UEFI) y, en la mayoría de los casos no se puede actualizar el sistema de una forma segura (siempre quedarán miles de restos), etc.

Es posible que hayas oído muchas veces que Android supone el modo en que Linux ha conquistado el mundo, pues lo incorporan la mayoría de teléfonos inteligentes (que son, ciertamente, pequeños ordenadores especializados, mas no sistemas de escritorio). Sin embargo, hay dos cosas importantes que conviene considerar: primero, Android no es Linux (¿conoces a alguien que use Android en su ordenador de sobremesa o portátil?). Android solamente contiene un componente Linux: el kernel (en concreto, es una versión antigua para el año en que estamos, mantenida y soportada únicamente por Google). Segundo, Android no es un sistema de escritorio, es un sistema operativo para dispositivos móviles, tablets y otros artilugios táctiles. De modo que este artículo no trata sobre Android, sino sobre la plaga de distribuciones Linux y software libre y de código abierto incluido en dichas distros.

Miguel de Icaza, el creador de Gnome y Mono (N. del T.: sería más bien, co-creador de Gnome, en cualquier caso), opinaba sobre los problemas de Linux en términos parecidos. Dejó de usar Linux en 2012, y decía lo siguiente sobre su Mac: “Desde el punto de vista tecnológico, estas vacaciones de tres semanas han resultado muy relajantes. Mi equipo suspende y vuelve de la suspensión sin problemas, el WiFi funciona, el sonido nunca ha dejado de funcionar, he pasado tres semanas sin tener que recompilar el kernel para arreglar esto o aquello, sin pelearme con los controladores gráficos, o hacer frente a la extraña y aleatoria pérdida de velocidad que sufría mi ThinkPad”. De este modo subrayaba alguna de las áreas más problemáticas de Linux. Recientemente, Linus Torvalds expresaba su absoluto descontento con el estado actual de Linux en el escritorio.

Los desarrolladores de Ubuntu decidieron impulsar a su sistema como una plataforma de juegos viable, identificando los problemas que deben resolverse para alcanzar dicha meta. Increíblemente, la lista que han publicado coincide con la que vas a leer más abajo, casi palabra por palabra.

Algunos desarrolladores de Fedora propusieron realizar cambios en la distro en aras de proveerla de APIs y ABIs estables que evitaran regresiones en la medida de lo posible.

Algunas consideraciones importantes a tener en cuenta antes de leer esta lista:

– Si crees que Linux es perfecto y no tiene problemas, por favor, cierra esta página.

– Si crees que cualquier crítica a Linux solo busca perjudicarlo, por favor, cierra esta página.

– Si crees que el propósito de este artículo es probar que “nunca funciona nada en Linux, o que Linux es casi inutilizable”, te equivocas, por favor, cierra esta página.

– Si crees que Linux y sus usuarios pueden vivir y trabajar bien sin programas y juegos comerciales, por favor, cierra esta página.

– Si crees que estoy aquí para promocionar Windows o Mac OS, por favor, cierra esta página.

– Si crees que estoy aquí para proclamar mentiras  y sembrar miedo, incertidumbre y dudas sobre Linux, por favor, cierra esta página inmediatamente y no vuelvas nunca más. ¿Qué estás haciendo aquí, a todo esto? Por favor, vuelve a tus “flame wars” y tus difamaciones.

Ten en cuenta que esta lista sirve al propósito de descubrir qué hay que arreglar en Linux, más allá de solo señalar los fallos que tiene.

La lista (resumida) de problemas
(N. del T.: tenéis la lista completa, completísima de hecho, en el enlace original)

1. Falta de estabilidad, errores, regresiones, regresiones y regresiones. Hay una increíble cantidad de regresiones, tanto en el kernel como en las aplicaciones de escritorio. Cuando las cosas parece que funcionan bien, se rompen de un modo inexplicable; algunas regresiones pueden conllevar la pérdida de datos. Básicamente no existe el control de calidad sobre las regresiones en la mayoría de proyectos de FOSS (kernel incluido). Microsoft, por ejemplo, informa que Windows 8 fue probado durante 1.240.000.000 horas, mientras que cada nueva versión del kernel recibe, calculo yo, menos de 10.000 horas. Y cada nueva versión del kernel de Linux puede compararse a una nueva versión de Windows. Los errores graves, los que impiden el flujo de trabajo normal, pueden estar años sin resolverse. Un montón de hardware de crucial importancia, como GPUs y tarjetas WiFi, no funcionan correctamente.

2. Problemas de hardware. Bajo Linux, muchos dispositivos y sus características asociadas están mal soportadas, o no soportadas en absoluto. Hay hardware (adaptadores WiFi Broadcom, por ejemplo) que no se puede usar a menos que ya poseas una conexión a Internet que funcione. El hardware nuevo es soportado, a veces, meses después de su aparición. Los programas especializados, para el manejo de dispositivos como impresoras, escáneres, cámaras, webcams, reproductores de sonido, teléfonos inteligentes, etc. casi nunca están disponibles, de modo que no serás capaz de acceder con plenas garantías a tu nuevo iPad o actualizar el firmware de tu Galaxy SIII. El soporte gráfico en Linux es un maldito embrollo porque las APIs/ABIs del kernel/X.org cambian constantemente, y las compañías como Nvidia, ATI, Broadcom, etc. no desean destinar recursos adicionales y desperdiciar su dinero solo para mantenerse al día con el continuo y absurdo ritmo de los cambios en el FOSS.

3. La falta de estandarización, la fragmentación, la falta de garantías y la excesiva variedad. Hay demasiadas distribuciones Linux con configuraciones, librerías y sistema de empaquetado incompatibles entre sí. Distros diferentes que emplean entornos de escritorio totalmente distintos, aplicaciones gráficas y de consola diferentes para configurar el escritorio, etc. Debian y derivadas, por ejemplo, te obligan a usar la utilidad de texto “dpkg-reconfigure” para hacer ciertas tareas relativas al mantenimiento del sistema.

4. La falta de cooperación entre los desarrolladores de software libre y las guerras internas. No existe un organismo central que regule el desarrollo de las distintas partes del software libre, lo que a menudo conduce a una situación en que los cambios introducidos por un proyecto termina por romper otros proyectos (el mismo problema se refleja en las APIs/ABIs inestables, que veremos ahora). Aunque el movimiento del software libre carece de suficiente mano de obra,las distintas distros siempre encuentran los recursos necesarios para realizar “forks” o proyectos alternativos (los desarrolladores de Gentoo van a crear una alternativa a udev; un desencuentro en ffmpeg llevó a la aparición de libav; la situación en OpenOffice y LibreOffice; la nueva alternativa a X.org/Wayland llamada Mir) y para usar sus propias soluciones (Ubuntu no usará systemd).

5. Un montón de rápidos cambios. La mayoría de distros tienen unos ciclos de actualización y lanzamiento demasiado cortos, tanto como seis meses en algunos casos. O, por ejemplo, Arch, que es una “rolling release”, o Fedora, que se actualiza cada seis meses. Te bombardean constantemente con cambios que ni esperas ni deseas. Las distros LTS (de soporte a largo plazo) no son usables en la mayoría de los casos, debido a la política que emplean de mantener versiones muy antiguas de las aplicaciones de escritorio. Y, normalmente, no hay manera oficial de instalar versiones más nuevas (por favor, no me habléis de los PPAs y los backports, estos no son soportados oficialmente ni se garantiza que funcionen bien). Otro problema de las distros LTS es que los kernels que incorporan, muchas veces, no soportan el hardware más nuevo.

6. APIs/ABIs inestables y la falta de compatibilidad real. Es muy complicado usar software antiguo, ya sea libre o privativo, en las distros modernas. En muchos casos resulta imposible, debido a cambios en los componentes principales del kernel, en el compilador GCC o en glibc. La casi inexistencia de la retro-compatibilidad entre versiones hace que sea increíblemente difícil y costoso crear aplicaciones de código cerrado para distros Linux. El software libre que se queda sin desarrolladores activos o mantenedores, simplemente no sirve si sus dependencias no pueden cumplirse debido a librerías antiguas y obsoletas que ya no están disponibles. Por este motivo, por ejemplo, montones de aplicaciones de KDE3/Qt3 ya no están disponibles en las distros modernas, aunque no exista una alternativa válida. El desarrollo de controladores, más allá del kernel de Linux, supone un esfuerzo insoportable y caro. No hay alternativa a WinSxS para Linux, pues no hay un modo sencillo de instalar las librerías con conflictos.

7. Problemas de software. Hay pocos juegos, y muy pocos son grandes producciones. Los esfuerzos de Valve y la colaboración con los desarrolladores de juegos están llevando a la reciente aparición de juegos para Linux, sin embargo, miles de títulos se lanzan cada año exclusivamente para Windows. No existen programas de aspecto parecido a los de Windows, no existe MS Office (LibreOffice aún presenta graves problemas cuando se trata de abrir correctamente documentos escritos en MS Office), no hay un CIF nativo, que sea simple de configurar y usar, así como un sistema de compartición de archivos en red encriptado y protegido por contraseña, ni hay un equivalente para “Active Directory“.

8. Dinero, entusiasmo, motivación y responsabilidad. Predije, hace años, que los desarrolladores de software libre comenzarían a alejarse de esta plataforma debido a que ya no es un juego de niños, como antes, ya requiere cuantiosos esfuerzos y mucho tiempo. Digamos que la diversión se acabó, y los desarrolladores necesitan dinero real para que se pueda terminar el trabajo duro. El desarrollo de software libre, que carece de un respaldo financiero real, comienza a mostrar signos de fatiga y desilusión. Después de todo, se requieren desarrolladores motivados económicamente, pues los proyectos sin fondos comienzan a desaparecer y a dejar errores críticos sin resolver durante años. Siempre se puede decir que proyectos así no se echan de menos, pero el problema, en muchos casos, es que estos proyectos moribundos no tienen alternativas válidas o sus sucesores no están a la altura.

9. No hay brillo, no hay consistencia y no se siguen las HIG. Hasta los desarrolladores de KDE lo admiten.

Comentarios del autor (Artem S. Tashkinov)
Un montón de nuevos usuarios de Linux o aquellos que usan muy pocas aplicaciones, rápidamente desacreditan la lista completa diciendo cosas como “el sonido en Linux a mí me funciona bien” o “nunca he tenido problemas con el vídeo en Linux”. ¿Sabes qué? Hay miles de usuarios que tienen grandes problemas porque tienen un hardware o usan un software diferente. Haceos un favor, visitad los foros de Ubuntu o Linux.com y contad el número de entradas que contienen “he borrado PulseAudio y solo ahora me funciona el sonido” o “finalmente he descubierto que puedo usar Nouveau en vez de los controladores privativos de Nvidia (o viceversa) y he arreglado el problema”.

Hay otro punto importante que los críticos no comprenden. Si algo no funciona en Linux, a la gente le da igual de quién es la culpa. Automáticamente asumen que es culpa de Linux. Para el usuario medio, Linux es solo un sistema operativo más, y no le importa que la compañía X no dé soporte a Linux o no desarrolle controladores plenamente operativos para Linux. El hardware que han pagado, simplemente, no funciona, ergo Linux no funciona. A la gente no le importa que Skype se cuelgue cada cinco minutos en determinadas circunstancias, aunque en realidad Skype es un pésimo programa con montones de errores y cuelgues incluso bajo Windows y Mac OS.

Quisiera aclarar un concepto normalmente mal entendido sobre que el soporte a hardware antiguo es mucho mejor en Linux que en Windows. En parte es cierto, pero también falso. Por ejemplo, ni los Nouveau ni los controladores propietarios de Nvidia tienen buen soporte para las antiguas GPUs de Nvidia. La aceleración de hardware en Nouveau no existe, y el blob de Nvidia no soporta muchas características esenciales de Xandr o funciones requeridas por los escritorios modernos de Linux, como Gnome 3 o KDE 4. En el caso de que tu hardware antiguo aún esté mágicamente soportado, los controladores Linux casi siempre ofrecen solo una pequeña porción de las características que encuentras bajo Windows, de modo que decir que el soporte es mejor en Linux, solamente porque no has de pasarte 20 minutos instalando controladores, es, como mínimo, injusto.

Algunos comentarios me dejan de piedra: “Es horrible, el artículo está lleno de medias verdades y opiniones personales. Si Nvidia no funciona bien, no lo uses, usa Intel o cualquier otra cosa”. ¡Y una mierda, señor mío! ¿Me compré el portátil para disfrutar de juegos con Wine o hacer arranque dual con Windows y usted me dice que no me lo tendría que haber comprado? Le sugiero, cortésmente, que no imponga su opinión a otras personas que a lo mejor encuentran diversión jugando a juegos de gran calidad. Decir que SSHFS puede reemplazar a Windows File Sharing es lo más ridículo que he oído en toda mi vida.

Es preciso recalcar que los participantes que más se hacen oir en la comunidad del software libre son extremadamente insidiosos y gente exageradamente idealista, que demandan continuamente que todos los programas sean de código abierto y gratis, o de lo contrario, no hay razón para que existan en Linux. Con actitudes como esta no sorprende que un montón de compañías ignoren y rehuyan al escritorio Linux. Linus Torvalds habló en una ocasión sobre esto: “Hay extremistas en el mundo del software libre, ése es uno de los motivos principales por los que ya nunca digo que hago software libre. No quiero que se me asocie con gente para la que el software libre representa exclusión y odio”.

Lo más importante es que esta lista no es una opinión. Casi cada punto listado aporta enlaces a los respectivos artículos, hechos y discusiones que prueban mi afirmación. (N. del T.: se pueden consultar dichos enlaces en el extensísimo artículo original).

El lado positivo
Si por leer este artículo tienes la impresión de que Linux es un asco, estás completamente equivocado. Si tuviera que crear una lista de los problemas de Windows sería casi tan larga como esta. Los problemas inherentes a Windows son casi imposibles de solucionar, a menos que Microsoft volviera a reescribirlo desde cero. Los problemas de Linux son, en realidad, abordables.

Por fortuna, en la actualidad hay varios proyectos en desarrollo que pretenden unir el escritorio Linux y hacerlo verdaderamente moderno y unificado. Como son systemd, Wayland, el sistema único de ficheros propuesto e implementado por Fedora, y otros más. Valve ha desarrollado Steam (plataforma de distribución de juegos) para Linux, abriendo la puerta a la posibilidad de que se hagan verdaderos juegos de primera clase para este sistema (han prometido portar todos los grandes juegos de Windows a Linux a lo largo de 2014, la mejor noticia en el mundo de Tux en los últimos 10 años). Nvidia está estudiando opciones para soportar Optimus bajo Linux. Linus Torvalds cree que las APIs en Linux se han vuelto mucho más estables, aunque yo no comparto su optimismo. Los desarrolladores de Ubuntu me han escuchado y han creado un formato de paquetería unificado.

Postdata
A veces encuentro motivos de sobra para decir que Linux es un asco y que lo odio con todas mis fuerzas. A Lennart Poettering le importa un carajo cómo quiero usar mi sistema (N. del T.: se refiere a dos errores reportados por él que no han obtenido respuesta satisfactoria, en su opinión). “Soy desarrollador, sé mejor que nadie lo que quieren los usuarios y cómo usan su sistema y sus programas”, es lo que dice el desarrollador medio en Linux. El resultado final es que la mayoría de novedades provocan el asco y el enfado general. Gnome 3, Unity y KDE 4.0 son los ejemplos perfectos de esta tendencia a fastidiar al usuario en Linux.

Fin de la traducción del artículo original —————————————-

Bueno, se podrá estar más o menos de acuerdo con lo que expone, pero no me negaréis que el artículo está trabajado y que sabe de lo que habla. Desde mi punto de vista hay cosas que no soy capaz de rebatir por falta de conocimientos, pero hay otras muchas que no tengo más remedio que aplaudir, aunque no me gusten. En realidad, Tashkinov inició esta lista hace varios años, y con el transcurrir del tiempo ha ido eliminando gran cantidad de cosas que ya se han conseguido solucionar. No obstante, la lista sigue siendo muy larga.

En particular, por rebatir algo, no entiendo por qué considera que cada versión del kernel de Linux es comparable a un nuevo Windows. Diría que no cabe comparación posible, del mismo modo que el cálculo que presupone de las horas dedicadas al testeo del kernel no sé de dónde lo saca.

Quizás la parte con la que estoy más de acuerdo es aquella en que expone el problema que un lector señalaba en los comentarios del artículo anterior publicado en este blog. Tú puedes instalar con total comodidad la versión más actualizada del programa X en Windows XP (trece años después de su lanzamiento), pero te las ves y te las deseas para hacer lo mismo en Debian estable. Mucha gente, y me incluyo, desea un kernel y unos componentes centrales del sistema estables y duraderos, pero también quiere poder usar las nuevas versiones de aplicaciones, cuando éstas incorporan funcionalidades que no traen las versiones anteriores. En su opinión, backports y PPAs no funcionan bien… algo que también es rebatible, según qué casos.

El objetivo de publicar esta traducción/resumen en LSDH es mover a la reflexión y al debate. Soy plenamente consciente de que es muy fácil que dicha discusión derive en “flamewar”, pero estoy dispuesto a correr ese riesgo. Señalar los defectos de aquello que disfrutas, con el noble propósito de que pueda mejorar algún día, no me parece una mala práctica. Siempre podremos optar por ponernos una venda y arremeter contra todo aquello que supone una crítica constructiva hacia nuestro sistema operativo preferido, aun cuando dicha crítica provenga de personas que han dedicado muchas horas de su vida al desarrollo del mismo. Ello nos convertiría, en mi humilde opinión, en parte del problema.