Arch Linux y el silencio

Para los que vivimos en el valle del Guadalquivir, sur de España, el pasar de la primavera al verano no solo representa un cambio de estación. Supone dar la bienvenida, a regañadientes siempre, a un calor asfixiante que no te deja respirar, pensar ni salir a la calle a según qué horas de la jornada. En especial se sufre mucho durante los primeros días de canícula, cuando el cuerpo no está todavía adaptado del todo. Si es que es posible imaginar que un ser humano se pueda acostumbrar a vivir a más de cuarenta grados día sí, día también. Este año, en el que he logrado mantener la promesa que me hice a mí mismo de convertirme en corredor popular, por una cuestión de salud y actividad física, la aparición del calor me obliga también a cambiar los hábitos de entrenamiento, porque a ver quién es el guapo que se pone a correr a las siete de la tarde por el parque.

No, no voy a cambiar un blog linuxero por otro de Meteorología. Lo que pasa es que mi casa, último piso en un bloque de cuatro alturas, recibe el solano en sus paredes y techos durante todo el día, convirtiéndose en un horno muy difícil de soportar. El ordenador también lo sufre y lo demuestra, con el ventilador funcionando a tope durante mucho tiempo. En Windows, mejor ni os lo cuento, pero ya os podéis hacer una idea: se dispara y hace un ruido ensordecedor todo el rato, ya que el sistema de Microsoft se pasa las horas muertas haciendo desfragmentaciones y otras prácticas que prefiero no conocer (serán indexaciones… o no) con el ventilador girando a toda velocidad. Lo mismo me da, puesto que solo entro en ese sistema de higos a brevas cuando me apetece jugar a algo.

¿Y qué pasa con GNU/Linux? Últimamente venía usando openSUSE Leap 42.1 y antes que éste llevaba ya unos meses fijo en Linux Mint 17.3 Cinnamon. Ambos son grandes sistemas, hecho irrefutable al que contribuye una gran cantidad de servicios preinstalados y que corren de inicio. Para entendernos: un pelín inflados de contenido para garantizar su funcionamiento en el mayor número de equipos posible. El ventilador, sin llegar ni de lejos a las cotas de ruido y actividad de Windows 10, también se movía a veces más de lo deseable.

De modo que decidí buscarme una distribución para el verano. Una liviana. Tenía que ser con Plasma 5, porque tengo visto y comprobado que con el resto de escritorios siempre echo algo a faltar. Cinnamon, al menos el que entrega Linux Mint, es lo más parecido a una buena experiencia de uso para mí, pero KDE sigue ganando. Chakra ya la tenía instalada en el disco externo y tampoco estaba del todo satisfecho como para pasarla al SSD. Y entonces me acordé de Arch Linux.

Más de tres años después, de vuelta a Arch

Mi última pelea de enamorados con Arch fue a cuenta de la dichosa tarjeta gráfica integrada en mi APU AMD A8. Me llovieron críticas en Taringa, por cierto, pues interpretaron el artículo como un ataque a la distribución, cuando en realidad era un lamento por mi incapacidad para mantenerla. Lo comentó precisamente un “archer”, Eugenio M. Vigo, en “3 maneras de instalar Arch“: es más difícil el trabajo de conservación de la distro que la propia tarea de configurarla al inicio. Sea como fuere, la APU queda ya fuera de la ecuación, gracias a la NVIDIA donada por Yoyo el pasado mes de noviembre.

Me planteé usar alguno de los métodos mencionados en mi artículo sobre la instalación de Arch, con preferencia por Antergos, pero al final decidí que merecía la pena echar unas horas y hacerlo a pelo. Yo es que soy un friki informático que disfruta con estas cosas, lo admito. En unos ratillos durante una única jornada tenía Arch a pleno rendimiento con KDE Plasma 5. Y pasados los primeros minutos en los que Baloo se pone a indexar, el ventilador está más calladito que nunca… qué alivio.

Al poco tiempo de empezar este blog, que por cierto en sus inicios tenía un nombre totalmente distinto (aplauso para el que lo encuentre en la captura de mi KDE de 2011), dediqué un primer artículo a mi devoción absoluta por Arch Linux. El paso de los meses y años me fue haciendo más cómodo y menos deseoso de leer manuales o wikis, de ahí que empezara a mirar hacia otras distribuciones más sencillas de utilizar y mantener. De vez en cuando me invadía la nostalgia y hacía una instalación en alguna partición olvidada, por los viejos tiempos. La maldición del “archer”, que no me termina de abandonar nunca: “Archer una vez, archer para siempre”.

 

Arch Linux KDE 2011
Mi primer Arch Linux con KDE data del año 2011

 

Así que ya sabéis, como aquel antiguo anuncio de aire acondicionado, Arch Linux es el silencio para tu ventilador. Y no te digo nada si encima eres fan de Openbox, eso ya debe ser gloria bendita. A mí, acérrimo entusiasta de KDE, me ha funcionado para bajar un poco el calor espantoso de mi habitación de trabajo y diversión, a la par que vuelvo a sentirme a gusto con la que fue mi distribución preferida desde que la descubrí. Que nadie se piense que openSUSE o Linux Mint convierten tu equipo en un tostador, que tampoco es eso. Sospecho, por unos problemillas a la hora de copiar archivos grandes a una unidad externa, que algo no estaba del todo bien configurado en mi instalación de la distro del Geeko. En cualquier caso, noto el KDE de Arch más ligero en general.

 

Arch Linux KDE Plasma 2016
Arch Linux con Plasma 5 en la actualidad

 

Si el verano pasado fue el del camaleón, este ha de ser el del arquero. Sí, ya sé lo que estáis pensando. Y lleváis razón. Más pronto que tarde, algo se romperá y me iré corriendo a Linux Mint Sarah o a Chakra, según sople el viento. Ya lo digo yo, que me conozco bien… De momento, calma chicha.

Salud

Advertencia: este relato está basado en hechos reales en el equipo del autor. Cualquier parecido con la realidad en otros equipos es pura coincidencia. Vamos que, a lo mejor, a ti te va Ubuntu más ligera que Arch. Aunque lo dudo.

Geeko y compañía

Han sido dos semanas intensas. Uno, por muy crecidito que esté ya, sigue albergando en su interior a un niño que mamó de la teta del equipo de la casta y el coraje, curtidas las posaderas en aquellos escalones de cemento armado, con mucho sol y alguna que otra lluvia, junto a los mismos incoercibles, auténticos Guardianes de Nervión. Por mucho que pueda reconocer que el fútbol actual vive en la desmesura, que los problemas de muchas personas son de una infinita importancia al lado de este circo mediático y de millonarios, el niño del Sánchez-Pizjuán sigue estando ahí. Permítanme que me dé el gusto de utilizar este pequeño espacio personal en la red para gritarlo a los cuatro vientos: gracias Sevilla, por haberme dado tanto.

Pero, ¿esto no era un blog de Linux? Sí, de GNU/Linux, pero también un blog personal. Ya pueden mis lectores odiantes de la fe palangana y/o balompédica, si es que tengo alguno, borrarme con mueca de asco de sus marcadores. Hala, con Dios. Venía hoy a escribir acerca de mi experiencia con openSUSE como sistema único en mi equipo de sobremesa y el primer párrafo que me ha salido pues, qué quieren que les diga, ha resultado como ha resultado. Lo dejo ahí, pero es que tanto morderse la lengua y aguantar a anormales por las redes sociales cansa una mijita. No se arañen más la cara que hace pupa. Vamos con Geeko.

Lo primero es lo primero, así que lo suelto sin más dilación: Geeko vuelve a tener compañía. Recuerden que había hecho una copia de seguridad de mi disco duro SSD, el cual tenía instalados Windows 10 y Linux Mint 17.3 Cinnamon. La situación hoy ha cambiado. Han vuelto los de Redmond… pero Geeko no se ha ido. El reto consistía en aguantar con openSUSE Leap 42.1 como sistema para todo, recurriendo a Wine en caso necesario. Máquinas virtuales con Windows, pues como que no, porque no soporto la virtualización que se come los recursos con voracidad y no sirve para jugar. Si hay que ir se va, pero ir “pa ná” es tontería. Traducción: para instalar Windows en Virtualbox, lo instalo en hardware real y a otra cosa.

Lo que he echado en falta en openSUSE

Se podría resumir en dos palabras: muy poquito. Todo lo más, un par de cosas, pues al fin conseguí instalar Spotify en la distro del camaleón gracias a las siempre útiles indicaciones que uno encuentra en los foros comunitarios. Con Acestream no hubo suerte, aunque me sirvió para probar de primera mano lo que es tener un repositorio propio en OBS y lo frustrante que resulta el intentar durante horas hacer funcionar algo que no está hecho para la distribución que uno usa. Es lo que más me molesta de la diversidad linuxera… la existencia de unos mínimos estándares se me antoja ya imprescindible para avanzar. Algo que nunca llegará y, por eso, amén de otras cuestiones externas, el año de Linux en el escritorio siempre será el que viene. Le tenía fe a los paquetes Snap de Ubuntu, mas me da que va a tardarse una eternidad en convertir eso en un estándar, si es que alguna vez sucede.

Acestream es, por tanto, el único programa que empleo habitualmente que no fui capaz de instalar en openSUSE. Y es una falta menor, dado que suelo darle uso en el salón y no en la habitación donde tengo el equipo de escritorio. Mientras tenga Linux Mint en el portátil, donde Acestream funciona de fábula, no supone problema alguno. Cuestión diferente es la de los juegos. En concreto, aquellos de Steam que, no existiendo para GNU/Linux, se deben utilizar bajo la versión para Windows, que en mi caso anda en Wine con PlayOnLinux. El rendimiento es bastante bueno, si acaso un puntito por debajo, del que se logra en el sistema de Microsoft. Sin embargo, hay programas auxiliares y utilidades que no corren ni para atrás. Uno de estos ejecutables es el que permite actualizar la base de datos de Pro Evolution Soccer a la temporada actual, que recién acaba – seguimos hablando de fútbol, después de todo – lo cual es importante para jugadores quisquillosos como yo.

En resumidas cuentas: pelín menos de rendimiento e imposibilidad de lanzar ciertos programas, lo cual me lleva las típicas preguntas de siempre: ¿para qué molestarse? ¿Por qué auto-limitarse si se dispone de licencia de Windows? O aunque ésta no se tenga, Windows 10 se puede descargar y el único precio a pagar por no activarlo es una marca de agua que apenas se percibe. Por ideario… no sé, ya eso es harina de otro costal. Mi intención con este experimento no era satisfacer la demanda romántica del usuario exclusivo de un sistema operativo libre. Me centré únicamente en lo práctico y, en ese aspecto, creo que el arranque dual es mucho mejor.

Y sin embargo me quedo con el Geeko

Aunque restauré mi disco duro original gracias a Clonezilla, apenas un rato de uso de Linux Mint 17.3 Cinnamon – pedazo de sistema, estable y sencillo – me hicieron echar de menos al entrañable camaleón. Ya dispongo de Linux Mint en el portátil, donde me permite hacer aquello para lo que uso ese ordenador, con total libertad y sin cortapisas a la instalación de Acestream. Esto no ocurre en openSUSE, pero como sistema de escritorio con su Plasma 5 pulido y la adición de los geniales iconos de Fabián, se alegra la vista. Uno está hecho a KDE, después de todo. “¡Distro hop!” y ale, cambiamos Linux Mint por openSUSE. Santas Pascuas.

 

Plasma 5 en openSUSE
Mi escritorio Plasma 5 en openSUSE Leap 42.1 con los iconos Antü

 

Como ya estoy más quemado que los palos del churrero, no voy a empezar con la retahíla de motivos por los cuales openSUSE mola mucho y Linux Mint un poco menos. O Chakra y sus limitaciones, lo mismo da. Todos tienen algo que les falta a los demás. Grandes sistemas inacabados donde falta un punto para la cuasi perfección, eso que podríamos conseguir si atendiésemos un poquito a los estándares y no existiese la imperiosa necesidad de tirar cada uno para un lado, muchas veces mirando su ombligo sin importar nada más. Yo quiero un “FrankenLinux”, con el aspecto y la versatilidad del Plasma 5 de openSUSE, la buena integración con la nube de Gnome en Antergos, la popularidad y cuota de uso de Ubuntu o Linux Mint, la estabilidad de Debian, la vertiente innovadora de Fedora, la comunidad de Chakra… Nueve años después, sigo buscando sin hallar. Y lo que te rondaré, morena. Porque eso es algo que no existe. Y si existiera, sería perfecto para mí, pero no lo sería para otro.

Conclusión que saco de las dos semanas de experiencia exclusiva “opensusera”: me encanta la distro, tanto que sigo usándola. Su estabilidad y su Plasma 5 donde todo funciona bien me han ganado para la causa. En otras implementaciones del escritorio KDE, es decir, en otras distribuciones, sigo encontrando errores aquí y allá, a veces relacionados con el dichoso systemd (dichoso es un eufemismo para no afear demasiado el texto con términos soeces) y otras con el propio Plasma 5. En openSUSE todo parece ir bien, al menos por el momento. Otro gallo cantaría si tuviese que escoger un único sistema para usar exclusivamente, por narices. Tendría que ser, todavía a día de hoy, año 2016, el de Microsoft. Afortunadamente existe el arranque dual y uno puede disfrutar de lo mejor de ambos mundos a voluntad.

Salud y Geeko para todos

Después de instalar openSUSE Leap 42.1 KDE

Ayer fue un día de duro trabajo. No trabajo del de verdad, del que se hace para ganarse las habichuelas y seguir adelante en la jungla neoliberal en la que nos han metido algunos, sino aquel que los friquis de la Informática gustamos de realizar de cuando en cuando: la instalación y puesta a punto de un sistema operativo. Hay quien reinstala Windows y se maravilla con la velocidad que tiene recién colocadito en el disco duro. No sé si los “maqueros” harán algo parecido, no lo creo. Y luego estamos los “linuxeros”. Anda que no nos gusta toquetear y disfrutar de las múltiples opciones que la libertad nos proporciona por la gracia de Tux.

Ando ya cantando las alabanzas de mi nuevo openSUSE Leap 42.1, rey y señor del disco duro SSD, con el que hasta el momento no ha habido problema alguno que reseñar. Cierto es que he sido extremadamente cuidadoso en la instalación y configuración, atendiendo solo a aquellos que más saben de la distribución del Geeko. Está claro que no es un sistema de instalar y punto, tiene sus cosillas, bastantes en realidad, que pueden frustrar a usuarios noveles o que no estén familiarizados con la particular metodología que se emplea en openSUSE. Yo lo tengo ya todo funcionando – soy así, un cansino que no para hasta que todo queda a su gusto – pero hoy solamente os comentaré las pinceladas básicas. Ya iremos desgranando en sucesivos artículos las piedras y bordes rugosos que me he encontrado en el camino. Poquito a poco, que se llega más lejos.

Cosas que hacer después de instalar openSUSE Leap 42.1

Como el tiempo es oro y no es plan de repetir lo que ya está escrito y documentado en la red, este apartado tan importante se puede resumir en un enlace:

Tutorial de Diversidad y un poco de todo sobre openSUSE Leap 42.1

Escrito por Benjamín García, se trata de un compendio de tareas a realizar, explicadas con claridad meridiana y paso a paso, de modo que es imposible equivocarse. Lo he seguido en dos ocasiones y en ambas todo ha quedado listo y sin líos de dependencias, algo que era común en mis anteriores experiencias con openSUSE. Me levanto y aplaudo a Benjamín por su tremendo trabajo. La única parte del tutorial – opcional, por cierto – que no he querido seguir es la adición de los repositorios de KDE para tener las últimas versiones de Plasma 5. Y no lo hago por dos motivos: el primero, el Plasma que viene de serie con Leap, versión 5.4.2, si bien no es el más actualizado sí que lo encuentro lo suficientemente parcheado como para que sus pequeños errores – muy pocos y que no provocan que Plasma haga “crash”, como en otras distribuciones – me molesten en demasía. El segundo motivo, uno de peso, es que cuando intenté hacerlo en una ocasión anterior no fui capaz de resolver los líos de dependencias que se originaban. Y no, no tengo ganas de pelearme con el sistema por subir una versión los paquetes del entorno de escritorio. Ya no.

Lo dicho, sigan ustedes el tutorial de Benjamín y todo saldrá bien. Palabra.

 

Escritorio KDE openSUSE
El primer paso hasta un bonito y funcional sistema es el tutorial de Diversidad y un poco de todo

 

Mejorar las tipografías de openSUSE Leap 42.1

Qué pesado el tío este de la sombra con las tipografías… lo sé. Soy muy sibarita con esa cuestión. Me encantan los suavizados redondeados y el buen acabado que se disfruta en Ubuntu, Linux Mint o Chakra. Y en openSUSE, tras retocar un par de cosas, también, por supuesto.

No he encontrado un tutorial en el que se deje claro lo que hay que hacer, imagino que este asunto, al ser tan subjetivo, provoca una gran variabilidad en las formas de afrontarlo y en la comparación de resultados finales. Hablando en plata, que habrá quien termine con unas tipografías peores, en su opinión, que las que trae la distribución de inicio. A mí nunca se me ha dado el caso y la mejora es significativa cada vez que lo he intentado.

Si buscáis el paquete “fontconfig” en la web de software de openSUSE y pulsáis en “Show unstable packages” vais a encontrar varias versiones del mismo. En mi instalación ha funcionado la primera que probé, la del repositorio “nick31”, que asegura incorporar los parches del famoso usuario Bohoomil de Arch Linux. Una vez se instala con el “1-click-install”, aseguraos de continuar suscritos al repositorio. Luego vais a Yast, al módulo de instalar software. Allí escogéis la pestaña “Repositorios”, os colocáis en el de nick31 y pulsáis la opción “Cambiar paquetes de sistema a versiones de este repositorio”. Fácil y práctico.

 

Infinality openSUSE
Hemos de asegurarnos de que cambiamos los paquetes de proveedor o no notaremos mejoría

 

A continuación abrimos las preferencias del sistema de KDE y pulsamos en “Tipo de letra”. Allí podéis escoger la tipografía que prefiráis, en mi caso he optado por Droid Sans. Si no están instaladas, como las fuentes de Ubuntu, por ejemplo, las encontraréis en la web de software de openSUSE. Suelo habilitar el suavizado de bordes, con una representación de subpíxeles RGB y un “hinting” suave. Es lo que mejor me funciona a mí, vosotros deberéis experimentar si el resultado no os convence, pues depende mucho de la tarjeta gráfica, el controlador (libre o propietario) y el monitor que tengáis.

Si optáis por cambiar la fuente predeterminada, conviene no olvidar abrir el módulo “Estilo de las aplicaciones” y cambiar también el tipo de letra a emplear en los programas que hacen uso de las librerías GTK, todo sea en pos de la uniformidad en el aspecto del sistema. Lo mismo sucede con las aplicaciones escritas en Qt4, es decir, que aún no han sido portadas a Qt5. Para este problema, openSUSE incorpora una entrada en el menú “Utilidades”, denominada “Ajustes de Qt4”, desde donde podremos seleccionar también el aspecto y el tipo de letra de estos programas.

Falta un paso más. Si no lo hacemos, cada vez que se abra alguna aplicación como superusuario no se aplicará nada de lo realizado en el párrafo anterior. De modo que pulsamos “Alt + F2” para ejecutar Krunner y escribimos la orden:

 

kdesu systemsettings5

 

Tras introducir la contraseña, estaremos cambiando las preferencias del sistema en modo “root”. Volvemos a repetir los pasos anteriores, esta vez para el superusuario. Ahora sí, todo correcto.

Instalar los iconos Antü en openSUSE Leap 42.1

Desde que conocí el trabajo de Fabián Alexis Inostroza para KDE no uso otra cosa. Tengo predilección por los temas claros, de ahí que no suela instalar la suite Antü completa, pero los iconos me parecen una auténtica maravilla. No están empaquetados para openSUSE, que yo sepa, pero su instalación no es para nada compleja. Desde la página de KDE-Look se puede descargar el pack. Basta copiar (como superusuario) a la ubicación predeterminada de los iconos para Plasma, que no es otra que “/usr/share/icons”, la carpeta Icons que está dentro de Antu-Master. Lo podemos hacer con Dolphin, si queremos, igual que antes, pulsando “Alt + F2” e introduciendo:

 

kdesu dolphin

 

Luego es cuestión de hacer un “copia y pega”, simplemente. Luego volvemos a las “Preferencias del sistema”, módulo “Iconos” y ahí los tendremos. Al igual que en el caso anterior de las tipografías, hay que tocar el módulo del aspecto GTK para que todo cuadre y repetir los pasos (salvo la copia a “/usr/share/icons”) como superusuario si queremos una apariencia homogénea en nuestro sistema.

 

Iconos Antü openSUSE
Detalle de iconos Antü en la barra de tareas de mi openSUSE

 

Por si no lo sabíais, el autor de esta suite sufrió un robo hace cosa de un mes que lo dejó sin equipos con los que seguir su trabajo. Buena oportunidad, si disfrutáis de su creación, de echarle una mano en el apartado “Donaciones” de su web.

Configurando las preferencias del sistema en openSUSE Leap 42.1

Para terminar estos primeros esbozos de personalización y adecuación del sistema a mis gustos personales, suelo abrir el poderoso “Preferencias del sistema” de KDE para cambiar aquello que no me gusta. No toco todo, pero casi. Os lo cuento punto por punto:

Tema del espacio de trabajo. En el caso particular de openSUSE, me gusta como queda el tema por defecto, por lo que no cambio nada aquí.

Iconos. Ya lo hemos visto antes: Antü es mi preferido para KDE.

Tipo de letra. Ídem de lo mismo, lo he explicado más arriba.

Estilo de las aplicaciones. Conviene revisar el módulo de aplicaciones GTK y adecuar el tema de iconos y la tipografía al resto del sistema. Si no nos gusta el aspecto de las ventanas por defecto aquí podremos ponerle remedio.

Comportamiento del escritorio. Suelo añadir, en “Bordes de pantalla”, la esquina inferior derecha para mostrar el escritorio. Utilizo la superior izquierda para el efecto “Exposé”, que viene habilitado de inicio. También desactivo el bloqueo de pantalla, pues no me gusta y no lo uso.

Accesos rápidos. Habilito normalmente un atajo común a Ubuntu y derivadas al que estoy habituado: CTRL + ALT + T para abrir una terminal. La fuerza de la costumbre es poderosa, joven padawan.

Arranque y apagado. Me gusta marcar “Comenzar con una sesión vacía” en el apartado “Sesión de escritorio”.

Preferencias regionales. Por alguna razón nunca aparece el español seleccionado en idiomas preferidos, algo que se puede solucionar en esta sección.

Pantalla y monitor. Importante para los jugones: en el módulo “Compositor” marcar la casilla “Suspender el compositor en las ventanas a pantalla completa” para ganar rendimiento y unos cuantos valiosos “FPS”.

KDE Connect. A pesar de que veamos el apartado para esta genial aplicación, el paquete que la aporta no viene instalado por defecto. Está en los repositorios oficiales y recomiendo su inclusión antes de configurar nada. Tampoco tiene sentido activar el plasmoide de barra de tareas, pues si lo hacemos estaremos duplicando la entrada de la aplicación, que queda minimizada sin que necesitemos añadir nada más. Además, el plasmoide no funciona correctamente.

 

Preferencias del sistema openSUSE
La pantalla de preferencias del sistema de openSUSE KDE

 

Pues esto es todo lo que hago nada más instalar openSUSE Leap 42.1 KDE. Os emplazo a próximas entradas para ir añadiendo importantes funcionalidades al escritorio con el noble objetivo final de conseguir un sistema capaz de cubrir todas nuestras necesidades informáticas. Que no es moco de pavo, ojo. Y con software libre, avalado por la excelente comunidad y equipo de desarrolladores que respaldan a esta distribución.

Salud y Geeko para todos

openSUSE como único sistema: ¿es posible?

Así, tal cual, sin anestesia ni nada me lanzaba su pregunta un lector la semana pasada a través del correo electrónico de contacto del blog. Inquietante, Iker, que diría aquel. Reconozco que mi reacción inicial fue de rechazo: no voy. Tranquilamente instalado en la dualidad, a veces trinidad, de emplear Linux Mint para el día a día, Windows para jugar y Chakra cuando me ataca el gusanillo empaquetador y traductor, no tiene sentido mirar más allá. Lo que funciona bien no se ha de tocar. Palabra de ley en GNU/Linux. Peeeero…

Quizás fue el exceso de cerveza en una celebración el pasado fin de semana, qué se yo. O la enésima final que mi equipo va a disputar en breve. El caso es que me hallé inundado por el optimismo y la imperiosa necesidad de responder afirmativamente a la pregunta del lector. Claro que se puede, por mis castas que lo voy a demostrar. Cuando se produce ese singular “clic” en mi cabeza ya no hay vuelta atrás, lo sé muy bien porque me conozco desde hace casi cuatro décadas.

Rememorando mis experiencias con openSUSE me di cuenta de que la última vez que la tuve instalada no la quité. Se produjo un error de lectura y escritura en disco que acabó desembocando en la adquisición de mi primer SSD. No consigo recordar qué me llevó a Linux Mint en detrimento del Geeko o la propia Ubuntu, la cuestión es que no hubo espacio para openSUSE en ese disco. Supongo que fue cosa de la inmadurez de Plasma 5 y los novedosos cambios que introdujo el salto a Leap, valga la redundancia. Con la versión anterior, 13.2, llegué a estar más que satisfecho, como atestigua el artículo final de la serie “el verano del camaleón”, que dediqué a conocer mejor esta venerable distribución GNU/Linux.

 

Mi centrocampista todoterreno marcando el gol de la victoria
Una instantánea del pasado verano: jugando a Football Manager en openSUSE 13.2

 

Volviendo a la preguntita de marras, es de suponer, y así se lo hice saber al lector, que la respuesta depende de aquello que queramos hacer con el equipo. De modo que, antes de acometer la machada conviene clarificar este tema. Desde el punto de vista del usuario exclusivo de GNU/Linux, la decisión no debe tener mucha miga. Hoy en día la mayoría de distribuciones cubren todas las necesidades, con diferencias más o menos notables en cuanto al camino utilizado para hacerlo. Pero, ¿qué pasa con aquellos que jugamos en el PC? ¿Se puede considerar a openSUSE una alternativa seria en este sentido?

Teniendo en cuenta que debo instalar los controladores propietarios de NVIDIA, no parece buena idea optar por la edición “rolling” de la distro, la ya famosa “Tumbleweed” que probé en cierta ocasión. Leap 42.1, que ya tiene varios meses de recorrido, me parece la mejor elección. Y en cuanto a escritorio, bueno, a estas alturas no descubro nada nuevo cuando elijo KDE. Creo recordar además un intento de instalación con Gnome en el cual fui incapaz de levantar la red inalámbrica después de horas lidiando con el tema. Mejor me quedo en lo conocido que bastante arriesgada es ya la aventura por sí sola.

La lista de tareas que pretendo poder acometer con la ayuda de openSUSE la conformarían, más o menos, los siguientes puntos:

Cotidianas: navegar, escuchar música, descargar fotos, escribir en el blog…

Ofimática: solo uso LibreOffice, y de higos a brevas, así que poco problema veo aquí.

Deportes online: esto sí puede ser un reto, considerando que Acestream no está empaquetado para openSUSE. Veremos qué tal.

Juegos: pretendo usar también los exclusivos de Windows, mediante PlayOnLinux.

Uso del hardware: han de funcionar las dos impresoras, el escáner, los auriculares Bluetooth, la webcam y la conexión con el Moto X, vía KDE Connect.

 

¿Os creíais que era un farol? Clonezilla salvaguardando mi disco SSD

Armado con la potente Clonezilla – ya estoy cansado de reinstalar Windows – he realizado una copia del estado actual de mi SSD Samsung, con el fin de poder regresar fácilmente a aquello que actualmente me funciona. Claro, pensaréis con razón que cuando hago esto es que no estoy muy seguro de que el experimento resulte bien. Tenga o no un final feliz, pienso disfrutar y divertirme por el camino, además de ir dejando constancia por aquí del proceso. Ya sabéis que a veces me canso de probar distribuciones y decido dedicarme a otros menesteres. A ver cómo va la cosa, hagan ustedes sus apuestas. Cualquiera diría que hay preguntas de los lectores que las carga el diablo… del “distro hopping”.

Salud y Geeko para todos

Ubuntu 16.04 Xenial Xerus: un futuro prometedor

Hay cosas que nunca cambian y una de estas es la cita bienal que tenemos los usuarios barra simpatizantes de GNU/Linux con el lanzamiento de soporte extendido que nos trae Canonical. 2016 no podía ser una excepción, de manera que ya tenemos entre nosotros a Xenial Xerus, la nueva LTS de Ubuntu que ha de servir como base para cosas tan importantes como la tan esperada – por algunos – convergencia entre dispositivos y, lo que a mi juicio es más significativo aún, la presunta solución al eterno dilema entre estabilidad y novedad que parece supondrá la irrupción de Snap a modo de torbellino en los mundos de Tux, acerca del cual podéis leer más en este artículo de La mirada del replicante. Ya que estamos con enlaces, os dejo otro, una interesante reflexión de Eugenio M. Vigo acerca de este tema en su blog.

Pero vamos con Ubuntu. Aquellos, que haberlos, “haylos”, que se hayan apresurado a la instalación y configuración de la nueva versión como quien suscribe, tal vez estén a estas alturas un pelín decepcionados. En el sentido de que las cacareadas novedades no están aquí, al menos por el momento. Ubuntu 16.04 es más de lo mismo. De hecho costaría, para el ojo poco avezado, distinguir de primeras esta versión LTS de las dos anteriores. Tal y como os lo cuento. Este hecho no es por sí mismo necesariamente negativo. Canonical es amigo de los cambios graduales, cocinados a fuego lento, y no hace más que aquello a lo que nos tiene habituados: lanza una edición LTS que ha de servir como sólida base para implementar todas las mejoras de las que tanto hemos oído hablar últimamente.

Así que, ¿qué tenemos a día de hoy? Os cuento qué me han parecido mis primeras horas de uso de Ubuntu Xenial Xerus, nombre que cuesta recordar ahora pero que en nada recitaremos con suma facilidad. Así ha sido siempre.

Instalación

Amigo instalador de Ubuntu: ¿desde cuándo llevas con nosotros? Ubiquity y su interfaz gráfica es ya como de la familia. A excepción, claro está, de la presentación de diapositivas que se va cambiando con cada lanzamiento, volvemos a ver el sencillo y archiconocido programa que realiza su función sin demasiados contratiempos. Porque alguno he encontrado. De hecho, el primer intento de instalación salió rana y todavía no sé el motivo. Se quedó colgado justo antes de presentarme las particiones disponibles. Tras cancelar la operación y volver a iniciarlo, todo fue bien. Incluso me pareció que la instalación tomaba menos tiempo del habitual, a pesar de encontrarnos en plena vorágine de novedad, ésa que impulsa a miles de usuarios de todo el mundo a abalanzarse sobre cada nueva Ubuntu en cuestión de horas. O tal vez sean millones, este es un asunto mil veces discutido.

 

Diapositivas Ubuntu Xenial
La ardilla, un nuevo animal que se une al amplio zoológico de Ubuntu

 

Estimaciones aparte, en el rato que estuve probando el escritorio en vivo encontré un error muy feo, de esos que echan atrás a los usuarios noveles que tienen su primer contacto con GNU/Linux. El veterano reproductor Totem – llamado simplemente “Vídeos” desde hace tiempo – no funciona, de modo que es imposible reproducir siquiera los archivos de ejemplo como “Ubuntu through the years”. Malísima primera impresión, la verdad. ¿Es que nadie prueba estas cosas?

Para colmo, a los dos minutos de reiniciar y sin haber hecho nada del otro mundo, tenemos cuelgue a lo bestia. Había abierto Firefox y navegaba por mi propia web cuando se produjo una paralización total del sistema, de la cual hube de salir con la combinación mágica de teclas, ALT + ImprPant + REISUB. Esto me había ocurrido en anteriores versiones de Ubuntu y se debe a Nouveau, el controlador libre para gráficas NVIDIA. Ni que decir tiene que en cuanto volví al escritorio instalé, mediante la aplicación “Controladores adicionales”, el último controlador privativo para la tarjeta que, además, es el recomendado por los desarrolladores de Canonical. Problema resuelto.

 

Error Vídeos Ubuntu Xenial
Violación de segmento. Así no hay manera de reproducir vídeos en la sesión en vivo

 

Diseño

Imagino que para un diseñador gráfico el aspecto de Ubuntu debe ser lo más parecido a aquello que jamás diseñaría. A mí no me desagradan los tonos anaranjados y violetas, si bien es verdad que llevamos unos cuantos años con ellos y están más vistos que el tebeo. Los iconos, otro tanto de lo mismo, demasiado trillados para lo que es el novelerío actual que nos invade. No es que sea algo de suma importancia, pues se pueden cambiar fácilmente con la herramienta “Unity Tweak Tool”, pero de nuevo entra en juego el asunto de las primeras impresiones, que son las que quedan. Digamos que Ubuntu, como Linux Mint, va necesitando un lavado de cara.

Pocas novedades, por tanto, en el aspecto gráfico. Ventanas más redondeadas y una barra de desplazamiento más estilizada y moderna son los únicos cambios que han llamado algo mi atención. La tipografía, como siempre, excelente en su renderizado. No comentaré gran cosa acerca de la posibilidad de mover la barra de Unity a la parte inferior de la pantalla. Sinceramente, me parece ridículo el revuelo que ha levantado esta opción. Tan solo diré que semejante maravilla (¿cuántas líneas de código les habrá costado implementar eso?) se puede hacer mediante la herramienta “Unity Tweak Tool” o bien con un comando en la consola:

gsettings set com.canonical.Unity.Launcher launcher-position Bottom

 

Lo probé y el resultado, que tenéis más abajo, no me convenció. Consecuencias de llevar tanto tiempo viendo Unity a la izquierda, supongo. El caso es que me parece más feo todavía como barra inferior.

 

Unity en borde inferior
No sé a vosotros, a mí se me hace raro ver a Unity ahí abajo

 

Software

Entre las modificaciones que trae esta Ubuntu Xenial hay una que se ha comentado últimamente por la red: la desaparición del Centro de Software de Ubuntu, que ha sido reemplazado por la herramienta habitual en Gnome, rebautizada aquí como “Ubuntu Software”. Si bien se trata de una alternativa aceptable, que funciona con cierta celeridad y fluidez, aprecio en ella fallos groseros que me hacen seguir prefiriendo, por el momento, a su predecesora. Por ejemplo, tras añadir los repositorios de los socios de Canonical, y mediando un reinicio, no hay manera de que aparezcan aplicaciones de uso tan común como Skype o Steam. Y estar, estaban, como demuestra el hecho de que pude instalarlas usando la consola. Pero para Ubuntu Software parece que no existieran. Una vez más, un error que condiciona, para mal,  la experiencia del usuario novel.

 

Ubuntu Software en Xenial Xerus
Ubuntu Software, la nueva aplicación para instalar programas en la distribución

 

Entre los programas, ningún otro cambio significativo: Firefox, Thunderbird, Transmission, LibreOffice, Shotwell, Rhythmbox, Vídeos… Lo típico en Ubuntu desde hace eones. Vídeos, por cierto, sí que funciona una vez instalado, al contrario que en el escritorio en vivo. En lo que respecta a la reproducción de contenidos todo pasa por haber tenido la precaución de marcar la correspondiente casilla durante la instalación del sistema. Si lo hemos hecho así, no habrá archivo que se le resista a nuestro Ubuntu Xenial. Y si lo hubiera, basta instalar el paquete “ubuntu-restricted-extras” para dar solución al problema.

Rendimiento

He repetido hasta la saciedad en mis revisiones que Ubuntu 14.04 Trusty Tahr es la distribución GNU/Linux que mejor rendimiento saca a mi hardware. Esta afirmación está lejos de ser gratuita y se cimenta en el puñado de pruebas de Phoronix Test Suite y el “benchmark” gráfico Unigine Valley a las que he sometido a tantos sistemas que han pasado de modo efímero por mis discos duros. Sorprendentemente, parece ser que ni siquiera Ubuntu es capaz de batir a Ubuntu. Los resultados de Ubuntu 16.04, instalada desde cero en la “mismita” partición en la que habitaba la versión anterior, son inferiores en todos los casos salvo en el rendimiento gráfico, donde prácticamente son iguales (1 punto de diferencia). ¿Dónde está el truco aquí? Tal vez, y esto que hago es elucubrar, mi equipo va cumpliendo años y no se ajusta tan bien a las exigencias de los nuevos kernels (Ubuntu 16.04 viene con el 4.4 mientras la LTS anterior contaba con los de la serie 3.13). Otra explicación no le veo, salvo que Canonical nos entregue una versión de peor rendimiento que la anterior, algo que no parece ser así a poco que uno usa el sistema un rato, ya que se nota incluso más fluido y con respuestas más rápidas a la apertura de programas. Misterios de los “benchmarks”…

En la experiencia de uso diría que Ubuntu 16.04 merece un sobresaliente. Como os comento, no se notan apenas retardos en ningún aspecto del empleo habitual del sistema. Teniendo en cuenta que he instalado la distribución en mi disco externo (un disco duro tradicional) y que ahora me hallo habituado a la tremenda rapidez con la que se desenvuelve mi Linux Mint 17.3 en el disco de estado solido (SSD), entiendo que este Ubuntu se maneja bastante bien en todos los aspectos. 680 Mb de RAM al inicio y un encendido y apagado realmente rápidos para la primera versión LTS de la distro que implementa plenamente systemd.

 

Phoronix Test Suite Ubuntu

Phoronix Test Suite Ubuntu

Unigine Valley Ubuntu 14.04
Resultado de Unigine Valley en Ubuntu Trusty

 

Unigine Valley Ubuntu 16.04
Resultado de Unigine Valley en Ubuntu Xenial Xerus

 

Estabilidad y errores

Una lástima el cuelgue provocado por Nouveau. En su momento, cuando usaba la anterior versión LTS, dicho error me llevó a salir corriendo de Ubuntu para no volver. No fue hasta más tarde, con Linux Mint ya en el equipo, que descubrí dónde estaba el fallo. Este problema recurrente me hace pensar que debe haber tal cantidad de errores en el ecosistema GNU/Linux que ni siquiera una empresa como Canonical es capaz de lidiar con algunos, de modo que ahí permanecen durante años, espantando a los usuarios. Podría ponerme en plan despotrique y considerar que estamos ante una situación inaceptable, pero entonces recuerdo que esto es software libre y aquí no existen las obligaciones. Aunque dadas las pretensiones de Canonical, este error que cuelga únicamente Ubuntu en mi equipo al usarlo con los controladores libres es lo suficientemente grave como para que se hubiera podido solucionar ya. En fin…

Obviando, aunque me cueste, este fallo, el resto de la experiencia es positiva. En uno de mis reinicios me encontré con la famosa ventana que informa de un error en el sistema del que ni siquiera me había percatado. Esto también es habitual en Ubuntu. Si nos molesta demasiado, siempre podemos desactivar apport. En cualquier caso, no podemos olvidar una característica común a los lanzamientos de Ubuntu en los últimos años, que también haría extensiva a otras distribuciones: no conviene tirarse como un poseso a descargar e instalar la nueva versión tan pronto como está disponible. Es mejor dejar pasar unos días, o un par de semanas, hasta que el uso masivo dé lugar a una buena cantidad de informes de error que ayuden a paliar los principales fallos. Es mi recomendación, la cual me salto en lo que a los análisis se refiere, por aquello de estar al pie de la actualidad.

 

Error Ubuntu Xenial
Las famosas ventanas de error suelen abundar en los primeros días de vida de una nueva Ubuntu

 

Mi opinión sobre Ubuntu 16.04 Xenial Xerus

Se podría resumir en la frase que encabeza el artículo. Creo que esta edición LTS de Ubuntu sienta las bases para todo lo que ha de venir, en especial Unity 8 y el nuevo paradigma que supone Snap para la distribución de software. Es indudable la capacidad que tiene Canonical para la innovación aunque a muchos les duela reconocerlo. Ya sé que existen propuestas similares, basta leer el artículo de Eugenio al que hacía referencia más arriba. Pero casi siempre es Canonical la que da el paso necesario para popularizar la novedad. Espero y deseo que tenga éxito también en esta empresa, pues si algo envidio de Windows es la diferenciación clara entre el sistema en sí y sus aplicaciones. En GNU/Linux hemos de renunciar muchas veces a las novedades en estas últimas con tal de no comprometer la estabilidad, debido a las diferentes versiones de librerías que, hasta ahora, no parecían poder convivir en armonía. De momento, Mozilla ha sido de las primeras en sumarse a la iniciativa. Veremos si esto no cambia en el futuro y hay muchos más apoyos. Todo sea por ir tachando líneas de la famosa lista de Tashkinov.

 

Probando cámara Ubuntu Xenial
Probando la cámara en Ubuntu 16.04 Xenial Xerus. Todo OK.

 

Y es precisamente en el porvenir en lo que parece pensar Canonical con este Ubuntu 16.04. Misma versión de Unity, mismo diseño gráfico y mismas aplicaciones de uso habitual dejan a las claras que se apuesta por la continuidad y la sobriedad, en espera de ir desarrollando todo lo que se nos ha prometido. A los usuarios de la versión LTS anterior no puedo recomendarles que actualicen, salvo necesidad extrema de algún programa en su última versión o algún problema con su hardware que pueda arreglar un nuevo kernel. Salvo eso, no veo motivo para cambiar por el momento. pues se van a encontrar con más de lo mismo. Pero qué demonios, ya nos conocemos todos, así que de sobra sabemos que vamos a actualizar. ¿O no? Difícil resistir el magnetismo de una nueva Ubuntu, para qué nos vamos a engañar. Que ustedes lo disfruten, moderadamente ahora y es probable que mucho más en los meses venideros.

Salud

Puntos fuertes: facilidad de uso y gran cantidad de programas. Ubuntu es, para muchos, un estándar.

Puntos débiles: fallos diversos, como en otras ediciones LTS, que suelen acabar por arreglarse en unas cuantas semanas.

Recomendada para: usuarios noveles.

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