Crunchbang 11 Waldorf: trabajo bien hecho

Vamos a iniciar con el artículo de hoy una serie dedicada a distribuciones no ya desconocidas, sino con una menor repercusión mediática, tarea que emprendo motivado, en parte, por el aburrimiento que me produce revisar una y otra vez lo mismo y también, por qué no, para agradar a algunos lectores del blog que demandan una mayor atención para estos sistemas. Y lo voy a hacer apelando al clásico dicho de “lo prometido es deuda”. Allá por julio del pasado año, tal vez desorientado por la insoportable canícula  de la que tanto sabemos por el sur de España, me puse manos a la obra para revisar una distribución sin percatarme de que estaba ante una versión beta de la misma. No es algo que suela hacer, de hecho, era la única hasta la fecha (me voy a saltar esta norma próximamente, advierto), y debido a que no era mi intención escribir sobre una distro que no había sacado su versión definitiva, incluía en el texto mi firme propósito de volver a revisarla cuando dicho lanzamiento fuera un hecho consumado.

Partiendo de la premisa de que los escritorios minimalistas, como es el caso del Openbox que nos presenta Crunchbang, no son mi fuerte me dispongo a dar cuenta de los avances acaecidos en el último año en esta distro. No me enrollo maś y entramos en materia.

Instalación
En su muy noble objetivo de simplificar al máximo posible su distribución, Philip Newborough (corenominal) nos presenta el instalador de Debian tematizado con los distintivos colores negros de Crunchbang y parco en opciones. Se concentra en la instalación propiamente dicha y nos remite a la menor cantidad de elecciones posibles para dejar un sistema base funcionando con Openbox. Tras los cinco minutos de rigor que se tarda en instalar esta pequeña joya de distro llegamos al primer inicio del sistema, protagonizado como es habitual por el script de post-instalación. Con la única pega de que toda ella se realiza en inglés, Newborough vuelve a darnos una lección de minimalismo lógico, de tal suerte que en pocos pasos y tras descargarse varios paquetes convertimos el simplemente funcional Crunchbang recién instalado en una distro cien por cien operativa a todos los niveles.

El susodicho script nos va presentando, pantalla tras pantalla, las diversas opciones ajustadas a los distintos tipos de usuario. Lo primero que hace es actualizar el sistema, luego ofrece instalar el soporte de impresión, a continuación Java y Libreoffice, terminando con una serie de herramientas para desarrolladores. Como siempre, de chapeau.

La primera impresión visual que uno tiene de Crunchbang es de elegante sencillez. Con el negro como color protagonista y un escueto pero útil Conky a la derecha se nos permite concentrarnos únicamente en la tarea que vayamos a realizar, sin distracciones innecesarias. El sistema tiene un renderizado de fuentes envidiable (incluso he copiado el archivo de configuración para mi instalación de Chakra, mejorando bastante el que había) y ocupa la increíble cifra de 200 Mb de memoria RAM. Difícil de superar.

Arranque y apagado
En mi caso, el gestor de arranque reconoce la partición con Chakra sin dificultad. Se puede, no obstante, recurrir al prácticamente olvidado Startupmanager, que se encuentra en los repositorios oficiales, para cambiar ciertas opciones de Grub. Hay que recordar que, debido a características inherentes a la simpleza de Openbox, cualquier programa que se instale no aparecerá por defecto en el menú (menú que obtenemos, por si alguien lo ignora, haciendo clic con el botón derecho en cualquier parte del escritorio). Existen diversas opciones (en inglés, por cierto) dentro de dicho menú para configurar esto último y añadir de modo manual los programas. Tarea no ardua, pero que no es habitual realizar en entornos de escritorio. Son las cosas del minimalismo que conlleva usar un gestor de ventanas puro y duro.

Los tiempos de inicio y apagado son discretos, probablemente derivados de incorporar un kernel con alguna antigüedad y de la no utilización de systemd. En concreto, 28 segundos para iniciar y 9 segundos para apagar.

Software
El gestor de programas incluido es Synaptic, con la búsqueda de actualizaciones deshabilitada por defecto. En la opción “Orígenes del software” podemos cambiar eso. Los programas se instalan en inglés y nos corresponde a nosotros descargar los paquetes correspondientes para ponerlos en castellano. Trae Iceweasel 20.0, Thunar 1.2.3, VLC 2.0.3, Gimp 2.8, LibreOffice 3.5.4.2 entre otros.

Hardware
Un reconocimiento realmente impecable de mis periféricos. A destacar la gran velocidad con que se auto-configura la impresora. El escáner, sin problemas. Ídem para la red cableada y la inalámbrica. En cuanto a la webcam, para probar el funcionamiento opté por descargar, como suelo, el programa Cheese. Si bien funciona de manera excelente me sigue chirriando la forma de manejar las dependencias de Debian y alguna de sus derivadas (Crunchbang, más que derivar, es Debian con Openbox). Como decía, para instalar Cheese tengo que traerme incorporados programas como Brasero y Nautilus, cosa que no comprendo, la verdad, y que posiblemente tenga solución para quien se tome el tiempo de buscarla, ya sea en foros de la distro o en la wiki de Debian.

Conectividad
La conexión del equipo con mi portátil es perfecta, incluyendo la reproducción de contenidos de éste en aquél. El montaje y acceso a los dispositivos periféricos funcionó de manera algo extraña, pues si bien uno de mis pendrives se montó con permisos de escritura, el otro no lo hizo. De igual modo, la tarjeta SD tampoco obtuvo dichos permisos, mientras que el disco duro USB sí. Extraño e igualmente solucionable, insisto, para quien se tome el tiempo de buscar el modo de hacerlo. Son los pequeños “bordes rugosos” con los que se ha de lidiar en Debian.

Experiencia “out of the box”
Absolutamente incuestionable en este sentido. Para tratarse de una distro que promueve el minimalismo los resultados de la experiencia de “instalar y usar” son sorprendentes, viniendo ya preparada para reproducir cualquier archivo de vídeo o música que le arrojemos, al igual que documentos de cualquier índole (por ello ofrece la instalación de Libreoffice en su script, aunque ya incorpora Gnumeric y Abiword de serie). Ningún problema en afirmar que Crunchbang Waldorf es una distribución de bandera en este aspecto.

Estabilidad
Siendo una distro basada (insisto, más que basarse “es”) en Debian Wheezy no esperaba encontrar problema alguno de estabilidad. Y no lo encontré. Referente al carácter de distribución sólida cual roca de Debian creo que ya está todo más que dicho en su correspondiente artículo, de modo que no me extenderé sobre el tema.

Fluidez
Tendría un grave problema de hardware si una distro que incorpora Openbox de serie se arrastrara en mi equipo. Obviamente esto no ocurre, el sistema vuela en todos los sentidos, con una respuesta inmediata al inicio de aplicaciones o cambio entre las ventanas abiertas.

Gestión de la energía
Como ocurre con Debian funcionan a la perfección los modos de suspensión y ahorro de energía del monitor, pero si queremos utilizar la hibernación tendremos que hacerlo desde consola o pulsando Alt+F2 y escribiendo gksu pm-hibernate.

Personalizando Crunchbang
Ya decía más arriba que Openbox no es santo de mi devoción. Me explico: lo encuentro un gestor de ventanas excelente, rapidísimo y que funciona muy bien en combinación con los atajos de teclado, que por otro lado tenemos siempre presentes en la información que nos brinda el Conky de Crunchbang. Lo que ocurre es que, para mi gusto y ganas, requiere de excesivo trabajo de personalización, no tanto en la distro que hoy nos ocupa, que empaqueta un Openbox muy pulido y completo, pero aún así sigue siendo demasiado para alguien ya acomodado (sí, soy un carroza tecnológico, ya lo he dicho) como yo.

Pese a mis reticencias hice varios cambios en el escritorio. El primero de ellos, la instalación de Docky, tuve que deshacerlo. Instalar este dock en una distro minimalista no pega nada, como pude comprobar una vez que lo tuve funcionando, es mucho más rápido y natural en Openbox el iniciar los programas desde el menú de clic derecho o directamente con atajos de teclado. Pero en fin, si alguien quiere usar Docky, que sepa que se puede usar sin problemas.

Para instalar los controladores propietarios, más útiles ahora que rebasamos ya los 35 grados por aquí si no queremos que el equipo salga volando impulsado por el ventilador de la gráfica, seguí con éxito las instrucciones que se nos proporcionan en esta entrada del foro de la distro. En cuanto a programas, Chromium, Clementine y Spotify (hay que instalar el paquete libssl0.9.8 desde aquí) instalados y funcionando.

Pruebas de rendimiento
En general, comparando el rendimiento ofrecido por Debian Wheezy con Gnome 3 con el que nos da Crunchbang Waldorf, digamos que la distro de Newborough gana por la mínima. Puede que muchos usuarios de Crunchbang la empleen para tareas que demanden gran cantidad de recursos del equipo, recursos que pueden utilizar en su totalidad sin que un entorno de escritorio les “robe” parte de los mismos. Vistos los resultados pueden estar tranquilos del rendimiento que obtendrán.

Conclusiones
En su momento, cuando mi equipo anterior (Pentium IV) estaba en sus últimos días, con una memoria de 512 Mb que unir al ya de por sí limitado rendimiento que ofrecía el procesador, Crunchbang Statler fue mi tabla de salvación. Y ésa es la función primordial que entiendo que debe desempeñar esta distribución, la de resucitar equipos cuyo hardware no se adapta a los requisitos más exigentes de sistemas más modernos y pesados. Pero no es la única, hay muchos usuarios con auténticos monstruos (en el buen sentido, claro) de equipos, con RAM y procesador de sobra, a los que no les gusta malgastar los recursos y encuentran en Crunchbang un perfecto aliado para su manera de entender esto.

Insisto en que no es mi caso, lo que no evita que reconozca el ingente trabajo que realiza Philip Newborough con esta distribución. Es uno más, junto con Ikey Doherty por poner un ejemplo de sobra conocido, que se arma de paciencia y pone sus incuestionables habilidades al servicio de la comunidad, entregándonos distribuciones tan bien acabadas y redondas como lo es esta Crunchbang Waldorf. Uno se pregunta a veces cómo es posible que un equipo humano tan reducido y con tan escasos recursos lance sistemas cuyo rendimiento, en muchos aspectos, supera al de otros respaldados por compañías enteras. Es el triunfo del romanticismo, de los muchos “llaneros solitarios” que pululan por GNU/Linux.

Si tienes algún equipo antiguo medio abandonado por ahí porque crees que no va a estar a la altura de los tiempos modernos, ya puedes limpiarle el polvo e instalarle Crunchbang Waldorf. Y si no lo vas a usar, regálalo, que con los tiempos que corren alguien te lo agradecerá. Quien quiera que lo use te va a estar muy agradecido.

LO MEJOR

  • Sistema muy ligero y, sin embargo, potente a la vez
  • La simplicidad del escritorio evita distracciones al trabajar
  • Hay una comunidad excelente en torno a Crunchbang, foros muy activos


LO PEOR
  • Al basarse en Debian estable algunos programas están anticuados
  • El script post-instalación y partes de Openbox no están traducidas al español
  • Requiere de algún tiempo para solucionar “bordes rugosos”

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Crunchbang 11 Waldorf LSDH
Instalación 10,00
Arranque y apagado 8,75
Software 8,75
Hardware 10,00
Conectividad 9,17
Out of the box 10,00
Estabilidad 10,00
Fluidez 10,00
Gestión de energía 8,33
Pybench 3.207,00
Apache 10.387,58
Encode-flac 8,17
Unpack-linux 17,56
Unigine Valley 429,00
Corrección por rendimiento 0,14
CALIFICACIÓN 9,78